sábado, agosto 20, 2022
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VISIÓN ACTUAL DE LA RELACIÓN CIENCIA Y RELIGIÓN

Exodo 105 (sept.-Oct. 20101)
– Autor: Agustín Udías –
 
DOS VISIONES DEL MUNDO

La ciencia, término que tomamos aquí en el sentido restringido de las ciencias naturales, y la religión constituyen, sin lugar a dudas, las dos grandes visiones sobre el mundo. Aunque hay otras visiones, como la artística, estas dos tienen una extensión y fuerza que las sitúan como las dos más importantes maneras de mirar al mundo. En general, podemos decir que la ciencia trata de comprender la naturaleza del mundo material que nos rodea, cómo ha llegado a ser, cómo lo conocemos y qué leyes lo rigen. La religión, por otro lado, trata de lo que trasciende el mundo material y pone al hombre en contacto con lo que está más allá, lo numinoso, lo misterioso, en una palabra con el misterio de Dios y su relación con el hombre y el universo.

Nadie puede dudar hoy de la importancia de la ciencia y sus consecuencias prácticas para la vida del hombre. La vida del hombre moderno se ve cada vez más influida por las ciencias y su vertiente aplicada, la técnica. En la práctica es este último aspecto el que más nos impresiona. Es difícil al hombre de hoy concebir la vida sin los adelantos que la técnica va poniendo a su alcance y que le proporcionan posibilidades antes desconocidas, que van penetrando todos los aspectos de su vida. Por mencionar algunos, consideremos el transporte y las comunicaciones que han convertido la Tierra en una aldea global. La rápida extensión del teléfono móvil aun en países no desarrollados; el ordenador personal y el acceso a Internet son hoy instrumentos imprescindibles. No digamos nada de los enormes progresos de la medicina que han alargado la esperanza de vida del hombre a cotas hasta hoy nunca logradas. Detrás de la técnica se encuentra la ciencia en la que se encuentra el fundamento que hace posible el funcionamiento de todos estos adelantos. La ciencia, sobre todo, proporciona al hombre la imagen del universo, el conocimiento de la estructura de la materia, de los mecanismos de la vida, de lo que él mismo es, en una palabra de toda la realidad que le rodea. Términos que hasta hace unos años nos eran desconocidos, como la fuerza nuclear, los quarks, el big-bang, el ADN y el genoma, se nos han hecho familiares, aunque la mayoría de las personas tenga sólo una idea confusa de lo que significan. No podemos hoy dudar de la primacía de la ciencia y la tecnología en la vida de los hombres. Vivimos en una cultura que depende profundamente de la tecnología para su funcionamiento y bienestar y de la ciencia para la comprensión y conocimiento de la realidad que nos rodea y de nosotros mismos.

La religión, cuyas raíces se extienden hasta los primeros vestigios que tenemos del hombre primitivo y que jugó un papel determinante en las primeras culturas, sigue siendo hoy un factor importante en la vida del hombre. Estructurada en las diversas tradiciones religiosas y formando comunidades unidas por creencias y ritos compartidos, las religiones siguen ofreciendo al hombre otra visión del mundo, que no se limita al ámbito de lo puramente natural, sino que se abre a realidades trascendentes, con las que el hombre puede entrar en contacto. En el horizonte, reconocido por diversos nombres según las tradiciones, se encuentra la realidad de lo misterioso e inefable a la que damos el nombre de Dios, al que se reconoce como fundamento de toda existencia y fuente de la experiencia religiosa. A pesar de las tendencias secularizantes presentes hoy en los países más desarrollados y más influidos por el fenómeno científico técnico, la religión sigue siendo hoy una fuerza viva que no puede ignorarse.

¿SON ESTAS DOS VISIONES INCOMPATIBLES?

La existencia de estas dos visiones del mundo, la ciencia y la religión, lleva a la consideración sobre el tipo de relación que se puede establecer entre ellas. La primera pregunta que podemos plantearnos es si ciencia y religión son entre sí compatibles o incompatibles. Es decir, si una y otra pueden convivir o necesariamente la una excluye a la otra y entre ellas sólo puede haber una continua guerra tratando de eliminar una a la otra. No es raro encontrar hoy la opinión, a veces generalizada en ciertos ambientes, de que ciencia y religión son mutuamente incompatibles y la relación entre ellas ha sido siempre una cuestión de inevitable conflicto. Se las considera como dos visiones contrapuestas del mundo, que no pueden menos que chocar siempre entre sí. No sólo esto, sino que cada una de ellas trata de negar la validez de la otra. Hoy, además, se mantiene que sólo la visión de la ciencia puede ser la verdadera, con lo que la visión religiosa tiene que ir poco a poco desapareciendo. Desde este punto de vista, el avance de la ciencia implica siempre un retroceso de la religión. Para apoyar esta posición se hace a menudo una interpretación sesgada de la historia y se traen siempre los mismos casos de Galileo y Darwin.

Aunque se hace retroceder esta posición hasta los orígenes de la ciencia moderna, indicando con ello que la ciencia misma no puede más que estar en conflicto con la religión, en realidad empieza en el siglo XIX, aunque se pueden encontrar algunas raíces en el XVIII. Dos libros publicados a finales del siglo XIX que tuvieron una gran difusión contribuyeron de una manera especial a extender esta postura de total incompatibilidad fueron los de John W. Draper y Andrew D. White. En ellos se argumentaba, sobre todo a partir de la historia interpretada de una manera sesgada, la idea de la incompatibilidad como único tipo de relación entre ciencia y religión. Esta idea ha sido recientemente presentada en una serie de libros de gran difusión en los que con argumentos pretendidamente científicos se defiende una visión totalmente naturalista de la realidad y se niega toda validez a ningún tipo de visión religiosa. En ellos se va más allá de presentar ciencia y religión como incompatibles, sino que se argumenta que la ciencia revela el engaño y la ilusión de toda religión. Entre ellos hay que destacar por la difusión que han tenido las obras de Richard Dawkins, Sam Harris, Christopher Hitchens, Victor J. Stenger y Daniel Dennet. El enfoque ahora es demostrar que no hay ninguna base racional para la creencia religiosa y se hace una defensa de lo que podemos llamar el naturalismo científico, en el que sólo se admite la realidad del mundo sensible sin conexión con nada sobrenatural. Se trata, por lo tanto, de una postura totalmente materialista de la que se sigue que la ciencia aporta el único conocimiento válido del mundo. Ante la persistencia y extensión del fenómeno religioso se trata de dar a ello una explicación naturalista basada en los mecanismos evolutivos y en los resultados de la neurociencia. La religión es presentada como un virus maligno que ha aparecido en el proceso evolutivo y se mantiene a pesar de no aportar nada positivo y se insiste en las consecuencias negativas que ha tenido la práctica de la religión a lo largo de la historia. Desde esta postura se busca encontrar sentido a la realidad desde la pura naturalidad con la aceptación de la finitud de todo lo natural (muerte del individuo, de la humanidad, del universo) y se niega toda realidad trascendente (Dios). Se defiende la no necesidad de la religión para apoyar la ética o moral y se hace una propuesta de una ética e incluso religiosidad puramente natural, basada en el sentido de reverencia por la naturaleza. Se hace finalmente una propuesta para el futuro de un mundo feliz basado en la ciencia y la razón.

En la postura opuesta que defiende la mutua compatibilidad entre ciencia y religión, se parte, generalmente, de un reconocimiento de una mutua autonomía dentro cada una de su propio campo, sin interferir negativamente la una en la otra. Dentro de la compatibilidad se dan muchos modelos de relación que van desde la total independencia, al diálogo y complementariedad, hasta las propuestas de algunos tipos de integración.

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