jueves, diciembre 3, 2020
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REGENERACIÓN DE LA POLÍTICA

Éxodo 104 (may.-jun)

CADA día va quedando más en evidencia que la grave crisis económico-financiera que se nos ha venido encima es todo menos inocente. No es una crisis reducida y delimitada en la economía y las finanzas. Esa es la alucinación en la que asombrosamente nos tienen envueltos los responsables del sistema y de la catástrofe que ha desencadenado. Asombra, en efecto, que no se haya producido un levantamiento masivo, una rebelión en toda regla de la ciudadanía contra el cinismo repugnante, pero vestido de seriedad y elegancia, de los que nos quieren convencer, es decir, engañar, de que esta crisis solo es económica y no se supera, por ello, con más, sino con menos política.

Pero tal vez no debamos asombrarnos. Lo que tenemos que hacer es analizar lúcidamente lo que ha pasado, hacer memoria, y pensar seriamente en sus consecuencias: a dónde puede conducirnos, está ya conduciéndonos.

Son ya muchos analistas lúcidos y críticos que lo están diciendo bien alto: esta crisis está asestando un duro golpe al Estado de Bienestar alcanzado en nuestras sociedades democráticas avanzadas y terminará afectando gravemente a nuestras propias democracias. «Es la democracia, estúpidos», recordaba con toda razón, y con seria preocupación, hace unos días uno de los colaboradores más asiduos de nuestra revista en un artículo de periódico.

Pero la verdad no es solo que esta crisis terminará minando nuestra democracia. La verdad entera es que esta crisis ha sido posible porque ya se le había dado un golpe mortal a la democracia en la oleada de neoliberalismo económico que invadió nuestras democracias tras el derrumbe del socialismo soviético. El mercado fue dejado a su aire, sin control democrático, político, y, convertido en ídolo, terminó sofocando y sometiendo a la propia democracia.

La vergonzosa perversión y corrupción de la vida política y social que nos invade son lodos que vienen de aquellos polvos. No son inocentes y meramente coyunturales, como tampoco lo es la crisis que padecemos. Son serias y graves. Por eso, es profundamente engañoso –cínico y provocador– pensar que esta crisis se atajará con medidas económicas y financieras pensadas y promovidas por los mismos responsables de aquella intolerable negación de la política. Por algo algunos se opusieron tan fanáticamente a un programa serio de educación para la ciudadanía.

Urge una regeneración profunda de la política, de la democracia, una reivindicación insobornable del control democrático de la economía por parte de la soberanía del pueblo. Es hora de una renovación radical del impulso, del ethos y del compromiso democrático. A ello quiere contribuir, modestamente, este número de nuestra revista.

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