martes, diciembre 1, 2020
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La teología de la liberación, 50 años después

Éxodo 153
– Autor: Víctor Codina –

¿Cuál es la presencia actual de la Teología de la liberación (Tdl) en América Latina, 50 años después de su inicio?  

50 es un número no solo aritmético sino simbólico que abarca e incluye la reunión episcopal latinoamericana de Medellín (1968), los libros del teólogo evangélico brasileño Rubem Alves Toward a Theology of liberation (1968) y de Gustavo Gutiérrez, Teología de la liberación (1971) y la reunión de teólogos de la liberación en El Escorial (1972)[1]. Estos acontecimientos marcan el comienzo teológico liberador latinoamericano.

No nos corresponde aquí hacer una historia de estos 50 años de la Tdl y remitimos a los libros clásicos: Mysterium liberationis[2], Y El mar se abrió[3] y a la colección Teología y liberación.

  1. ¿Qué permanece de la corriente teológica latioamericana de la liberación?

Después de 50 años, permanece un modo nuevo de hacer teología, una ruptura epistemológica, una teología que no es mero reflejo de la teología europea como hasta ahora, sino que es una teología post-colonial, del Sur, que parte de la realidad histórica del pueblo pobre y oprimido de América Latina, que lucha por un cambio social, porque cree que otro mundo es posible, un mundo libre de estructuras injustas y dependientes.

Permanece la dimensión espiritual del encuentro con Cristo en el pobre (Mt 25) y la exigencia de un quehacer teológico que no reduce la salvación a lo socio-económico y político pero afirma que la salvación es histórica y acontece a través de mediaciones históricas liberadoras. En este sentido, la Tdl es espiritual y un acto segundo, pero sin que se sustituya a Cristo por el pobre.

Permanece el carácter de una teología no parcial, ni de genitivo, que no se reduce a una moral política o a la Doctrina social de la Iglesia, sino que es una visión global de la fe cristiana desde otro lugar teológico, desde los pobres, orientada a la praxis liberadora, una teología que abarca desde la Trinidad a la escatología.

Permanece una teología que parte de un pueblo que es a la vez pobre y con raíces profundamente religiosas y cristianas, muy diferente del mundo occidental desarrollado y secularizado.

Permanece la metodología de partir  de la realidad para reflexionar sobre ella a la luz de la fe y promover un compromiso liberador ver, juzgar, actuar

Permanece el recurso socio-analítico a las ciencias sociales, no como motor de esta teología, sino como un instrumento de mediación que se debe usar con discernimiento crítico y a la luz del evangelio, sin sacralizarlo ni demonizarlo, como Santo Tomás utilizó la filosofía aristotélica.

Permanece el paradigma del Éxodo: un pueblo esclavizado y oprimido que busca su liberación de la dependencia y de la esclavitud.

Permanece la actitud profética de denuncia de las estructuras injustas que oprimen al pueblo pobre y sencillo

Permanecen las dos líneas evangélicas que animan esta teología, el seguimiento del Jesús histórico en su proyecto del Reino y la opción por los pobres

Permanece el deseo de una eclesiología desde abajo, desde las comunidades de base, verdadera eclesiogénesis en una reinterpretación radical del poder y del ministerio en la Iglesia, en relación con el Reino y el mundo

Permanece el singular testimonio de los obispos que han sido verdaderos Santos Padres de la Iglesia de los pobres como Helder Cámara, Manuel Larraín, Aloysius Lorscheider, Oscar Romero, Pedro Casaldáliga, Samuel Ruiz, Leónidas Proaño, Eduardo Pironio, Jorge Manrique, Juan Landázuri, Luciano Almeida, Enrique Angelleli, Sergio Méndez Arceo, José Dammert, Juan Gerardi, Enrique Alvear, Raúl Silva Henríquez, Ramón Bogarín, Jorge Nóvak, Jaime de Nevares, etc.

Permanece el testimonio de los mártires, desde los más conocidos (Chico Mendes, Romero, Ellacuría, Dorothy Stang, etc.) a los muchos campesinos, mujeres y niños, universitarios e indígenas, anónimos, víctimas de la represión, verdaderos “santos inocentes” de hoy.

2.  Cambios sociopolíticos y eclesiales

En estos 50 años, ha cambiado la situación mundial: caída del muro de Berlín y del comunismo del Este europeo, el capitalismo liberal se proclama como la única salvación universal, Francis Fukuyama afirma que hemos llegado al final de la historia.

El atentado contra las Torres gemelas y el Pentágono manifiesta que no solo hay problemas económicos sino también culturales y religiosos en nuestro mudo.

Las crisis bélicas, climáticas y de la pobreza han provocado millones de refugiados y emigrantes hacia Europa y Estados Unidos, que se defienden de ellos con puertos cerrados, muros y vallas con concertinas.

La crisis climática ha despertado la gravedad del problema ecológico que atenta al futuro del planeta, ante la cual los dirigentes mundiales o niegan el hecho o no toman medidas radicales urgentes necesarias.

Se añade la pandemia del corona-virus que desde China ha contaminado letalmente a Europa y muchos otros países, provocando una grave crisis económica mundial y un futuro muy incierto.

Pero también ha cambiado radicalmente la situación socio-política de toda América Latina que en estos 50 años en los ha vivido profundas mutaciones: de dictaduras a democracias, el llamado socialismo del siglo XXI, la actual vuelta a las derechas: de Allende a Pinochet y de Pinochet a Aylwin, de Somoza a Ortega, de Bánzer a Evo Morales, de Videla a los Kirschner, de Castelo Branco a Lula, etc; hay un renacer de la derecha autoritaria y prepotente: Ortega asume actitudes dictatoriales, como Maduro sucesor de Chávez, de Lula se pasa a Bolsonaro, de Evo Morales a Jeanine Añez, de Correa a Lenín Moreno; se levantan los jóvenes chilenos contra un sistema económico fiel a la escuela de Chicago,  hay más muertos de maras que en luchas guerrilleras, miles de jóvenes y familias latinoamericana emigran a México camino de Estados Unidos, millones de venezolanos salen de su país, en México aumentan los homicidios y feminicidios,  por lucha entre los cárteles de narcotráfico, la guerrilla colombiana no acaba de dejar las armas, etc.

También a nivel eclesial se han vivido profundos cambios: a la primavera conciliar ha seguido un largo invierno eclesial, que iniciándose con Pablo VI ha durado hasta la dimisión de Benedicto XVI; durante los dos últimos pontificados más de 100 teólogos han sido censurados, bastantes de ellos, latinoamericanos. Se hizo pública la reprimenda de Juan Pablo II a Ernesto Cardenal que arrodillado le pedía la bendición, así como el silencio penitencial impuesto durante un año a Leonardo Boff por Josef  Ratzinger, quien lanzó duras críticas a la teología de la libración (Libertatis nuntius,1984 y Libertatis conscientiae, 1986).

Con el pontificado de Francisco, que venía del fin del mundo, el clima ha cambiado radicalmente: gestos y viajes muy significativos y un magisterio que continuamente propone una Iglesia pobre y de los pobres, que opta por los descartados, Iglesia en salida, que callejea la fe, que va a los márgenes existenciales y geográficos, hospital de campaña, Iglesia samaritana y misericordiosa, poliédrica, pirámide invertida, sinodal, con protagonismo de laicos, de jóvenes y mujeres. Afirma que la realidad es más importante que la idea y que no se puede hacer teología desde un laboratorio. La alegría del evangelio, Laudato sí y Querida Amazonía abren panoramas pastorales realmente nuevos.

Por otra parte, Bergoglio hereda la tradición teológica latinoamericana de la rama de la Teología de la liberación argentina, hasta ahora un tanto marginada. Es la teología del pueblo (Lucio Gera, Rafael Tello, Justino O’Farrell, Gerardo Ferrell, Fernando Boaso, Mateo Perdía, Juan Carlos Scannone, Carlos Mª Galli, etc..) que ve al pobre no solo como un marginado económicamente, sino como  sujeto de cultura y espiritualidad, núcleo del pueblo-nación, que lucha contra el anti-pueblo destructor y se convierte para la Iglesia y la teología en un verdadero lugar teológico.

Es una teología menos dialéctica e ideológica que la clásica Tdl, más simbólica, popular, religiosa, incluso más femenina.

3. Un autoexamen crítico

Desde algunos años han surgido voces críticas dentro de la Tdl que en un sincero examen de conciencia se preguntan si esta teología no ha sido demasiado ingenua y optimista acerca del cambio social, demasiado utópica y poco realista, un tanto milenarista, excesivamente paternalista, “voz de los sin voz”, con una visión demasiado ideologizada de la realidad, muy crítica con sus opositores como si gozase de infalibilidad.

Un texto de Carlos Cabarrús lo formula lúcidamente:

”A los que vivimos en estas latitudes (de América Latina), en épocas no muy remotas, se nos han caído muchos sueños: se nos han muerto proyectos, se nos han venido abajo idealizaciones, se ha perdido mucha gente  -y de las más valiosas- en aras de todas estas utopías que quisimos realizar. Nos equivocamos en muchos análisis que creíamos correctos. Hay que reconocer que eran cerrados, muchas veces apoyados no en datos científicos sino en simples anhelos. Satanizamos en muchas ocasiones a los que “no estaban con nosotros”; de alguna manera también idealizamos al pueblo, lo ideologizamos, sacamos a los (las) pecadores(as) de ser también principales destinatarios del mensaje de Jesús y del Reino.

Todo esto nos hizo generar una espiritualidad concentrada únicamente en eso: cambiar estructuras, pero descuidando el trabajo personal complicado de la transformación del corazón humano. De alguna manera revivimos un cierto pelagianismo: conquistábamos todo con la voluntad, con la organización, con la fuerza. No conocimos espacios autónomos entre la fe y la justicia, vivimos la aparente síntesis entre estos dos elementos como algo que se conquistaba, no como algo que se recibe y se celebra. Olvidamos en todo esto la fiesta, la alegría, el saber descansar. Generamos un talante de espartanos que tendía a quemarnos; no le dimos espacio a la oración personal y seria. Olvidamos la práctica del discernimiento; no aprendimos a trabajarnos a nivel personal, no nos dimos a la tarea de vivir en caravana. No hicimos siempre un ejercicio de descubrir falacias y mentiras”[4].

Ha surgido también una fuerte crítica de parte de las mujeres al constatar que desde sus inicios la Tdl ha sido muy patriarcal, elaborada solo por varones.

Tampoco han sido actores de esta teología los sectores populares e indígenas, ha faltado el diálogo intercultural e interreligioso con las culturas y espiritualidades originarias de los pueblos latinoamericanos, así como también con la religión y piedad del pueblo cristiano.

El movimiento ecológico ha sorprendido positivamente a la TdL y al mismo tiempo le ha señalado caminos nuevos.

La Tdl en su optimismo inicial tuvo poco en cuenta una teología de la pasión y de la cruz.

Se ha constatado que en la Tdl ha habido un déficit de Pneumatología, lo cual produce una polarización del cristianismo, sin espacio para el silencio, la oración, la esperanza, la alegría y el gozo, la novedad, con riesgo de activismo y pelagianismo, impactada  por los fracasos, con un déficit de esperanza teologal.

Tampoco la dimensión trinitaria se ha elaborado mucho, lo cual incide en un cierto individualismo poco comunitario.

4. Un mirada al presente y hacia el futuro

Todo esto explica que la Tdl en estos años haya cambiado.

Se ha abierto a nuevos actores, en primer lugar a las mujeres: Ivonne Gebara, María Clara L. de Bingemer, Elsa Támez, Ana María Tepidinho, Teresa Porcile, Carmelita Freitas, Georgina Zubiría, Maricarmen Bracamontre, Luzia Weiler, Sofía Chipana, Isabel Barroso,  Antonieta Potente, Gisella Gómez, Adriana Curaqueo, Marcela Bonafede, María José Caram, Bárbara Bucker, Margot Bremen, Vilma Moreira, Vera Bombonato, Virginia Azcuy, Consuelo Vélez, Rosario Hermano, Martha Orsini, Erika Aldunate, Teresa Rossaza, Bernardeth Caero, Martha Urioste, Tania  Avila, Geraldine Céspedes, etc. Todas ellas presentan un nuevo rostro teológico, más humano, cercano, sencillo, cordial y alegre, son las más originales y creativas.

El tema ecológico, ligado al Dios Padre creador de cielo y tierra, ha sido profundizado por Leonardo Boff que une el clamor de los pobres al clamor de la tierra, en una ecología ecológica liberadora, en sintonía con la Laudato sí. También crece una teología eco-feminista de la liberación (Marilú Rojas, Geraldine Céspedes..).

Tanto Leonardo Boff, como José Comblin y María José Caram, han trabajado la Pneumatología latinoamericana, sobre el Espíritu que actúa desde abajo y llena de vida la creación, la sociedad y la Iglesia.

Ha surgido una teología india, en sus diversas ramas: india originaria y teología india cristiana (Eleazar López, Rigoberta Menchú, Tania Ávila, Vicenta Mamani, Enrique Jordá,..).

En síntesis, se está pasando del entusiasmo profético y liberador del Éxodo a la dura situación del pueblo de Israel en el Exilio: tiempo de gracia, de conversión y de espiritualidad, de reafirmación de la fe y fortalecimiento del sentido comunitario, de apertura a culturas y religiones extranjeras. En el contexto del Exilio y del post- Exilio surgen los cánticos del Siervo de Yahvé, la fe en el Dios creador del cielo y la tierra, los libros sapienciales, el protagonismo de las mujeres, la apertura a la dimensión erótica del amor, las primeras reflexiones sobre el sufrimiento, el mal y la muerte.

Mirando al futuro, la Tdl tiene que responder a nuevos interrogantes: ¿cómo explicar la crisis de las izquierdas y el actual giro hacia las derechas eclesiales y políticas? ¿A qué se debe, la escasa participación de jóvenes en congresos y reuniones sobre Tdl? ¿Es que la Tdl es propiedad de los viejos “dinosaurios” teológicos? ¿Qué pasa con las comunidades de base, en franca decadencia? ¿Cómo responder a los grupos de renovación carismática católica y movimientos pentecostales y neo-pentecostales? ¿Se ha reflexionado sobre el impacto de la modernidad secular y la postmodernidad en los jóvenes, sobre la religiosidad popular, sobre la fe vacilante del pueblo y el creciente agnosticismo? ¿Se puede seguir pensando que América Latina es la reserva espiritual de la Iglesia católica, una especie de Amazonía espiritual?

Lo importante no es la teología de la liberación sino la salvación y liberación del pueblo. La Tdl que ha cumplido una función profética en estos 50 años, ahora se abre a nuevos actores, a nuevos contextos y a nuevos horizontes. Quizás le tocará un rol más humilde, como el del terrón de azúcar que una vez ha azucarado gran parte de la taza de café, se diluye y desaparece. En realidad, siempre la Tdl ha sido una minoría abrahámica y nazarena dentro de la misma Iglesia, muchas facultades de teología actuales se inspiran más en la teología europea y noratlántica que en la Tdl latinoamericana, aunque la Tdl sigue animando a grupos muy concretos como Amerindia, la CLAR, las CEBs, etc.

Estamos ante un cambio de época, ante un nuevo tiempo axial. Es tiempo de búsqueda honesta, de discernir los signos de los tiempos, de no perder la memoria del pasado  sin mirar siempre atrás a los 50 años ya recorridos.

Corresponderá a la nueva generación de teólogos y teólogas, sobre todo jóvenes, laicos, mujeres, indígenas y afros, no repetir lo dicho, sino abrirse a la novedad del futuro, en colaboración con otros y otras, con otras Iglesias, con las religiones y culturas, con la sociedad. Quizás no les toque ser fulgurantes lumbreras sino multitud de pequeñas luces que iluminan la oscuridad de un camino nocturno.

En esta tarea no estamos solos, confiamos en la fuerza del Espíritu de Jesús, presente en la Iglesia y en toda la historia, que muchas veces, como el viento, no sabemos ni de dónde viene ni adónde va (Jn 3,8).

[1] Fe y Secularidad, Fe cristiana y cambio social en América Latina, Sígueme, Salamanca 1973

[2] I.Ellacuría, J. Sobrino, (eds), Mysterium liberationis , Conceptos fundamentales de la teología de la liberación, Trotta, Madrid 1990, Vol I y II/[2]

 

[3] L.C.Susin, Y el mar de abrió, Treinta años de Teología en América Latina, Sal Terrae, Santander 2001

[4] C.Cabarrús, Cuadernos de Bitácora para acompañantes caminantes,  DDB,  Bilbao, 3ª ed  2001, p 21

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