jueves, diciembre 3, 2020
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La Justicia desahuciada, de Elpidio José Silva

Éxodo 124
– Autor: Benjamín Forcano –

Venimos siguiendo desde hace unos años los agitados recovecos de la economía y de quienes son dueños de la misma. La economía es pieza clave en determinar el rumbo a seguir por los pueblos; la economía, no la ética. Y esto explica la temeridad del juez Elpidio José Silva que se propuso recoger pruebas que atestiguasen la mala gestión de la economía en nuestro país. Y lo hizo atreviéndose a atacar una de las caras más visibles del poder financiero, político y social: “Recorrimos los protocolos, irregularidades y vericuetos de la gestión bancaria, desvelamos intenciones y resultados. Nos entregamos a fondo… No nos cabe duda: tarde o temprano llegará el deshielo de la verdad congelada en estas causas procesales” (La Justicia desahuciada, pg. 236).

Aunque algo sabemos de lo ocurrido, nada como sumergirse en la lectura de quien revela datos de primera mano en toda la aventura sufrida por reabrir (finales de noviembre de 2012) las Diligencias Previas sobre el caso Blesa.

Será difícil encontrar otro caso en el que el acoso institucional y mediático se haya desplegado con tanta intensidad. Acoso que provenía de la Fiscalía y del mismo Consejo General del Poder Judicial, ampliado luego por otros cauces mediáticos. Se trataba de abrir al juez expedientes (hasta cuatro le tocó sufrir) para lograr incapacitarlo y apartarlo de su función jurisdiccional.

El Juez Elpidio tuvo certeza de las pruebas y no duda en reabrir el caso Blesa, con lo que provocó gran alarma en un determinado sector del poder. Las investigaciones y espionaje estaban motivadas por haber abierto en su Juzgado las diligencias contra determinadas actuaciones realizadas en la entidad Caja Madrid. Había que encontrar un punto de apoyo para apartar al Instructor del Juzgado. Las inspecciones se llevaron a cabo, aun sin cumplir los requisitos necesarios, pero nunca se le pudo sancionar disciplinariamente.

“A estas alturas, escribe el Juez, a tenor de cuanto ha sucedido, estoy en condiciones de asegurar que mi error fue acertar demasiado” (Idem, pg. 235).

En medio de la gran crisis, el acoso despertaba mayor indignación, pues la verdad ya no se la podía encubrir ni callar: “Ha ido creciendo la conciencia de que la gestión de las Cajas de Ahorro ha constituido una de las claves de nuestro desastre financiero… Los casos Blesa, Banco de Miami, Bankia, tal vez Gürtel, o la posible estafa a cientos de miles de preferentistas constituyen procesos alrededor de la pésima gestión de Caja Madrid” (Idem, pg. 237).

Todo esto restallaba con fuerza contra la misma Constitución que establece que el ministerio fiscal tiene por misión “promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la Ley y velar por la independencia de los Tribunales” (Idem, Tit. 124, Art. 1).

Demasiado sabía el Juez Elpidio que “El poder judicial debe asegurar la total independencia de los jueces” (Tit. 127, Art. 2). ¿Podía dejar de investigar, someterse a las calumnias y acusaciones, optar por la resignación y esperar a que pasen los años? Le contesta: “ Sentado en ese banquillo de fría piedra, reproches disciplinarios y acusaciones falsas, decidí escribir este libro y en él describo la sarta de trucos y manipulaciones que los guardianes están urdiendo” (Idem, pg. 239).

Desde el momento en que fue apartado en el Juzgado de Instrucción nº 9 de Madrid, el caso Blesa y del Banco de Miami han quedado totalmente paralizados.

“Nuestro festín de burbujas y ladrillos nos ha sumido en un sueño del que no acabamos de salir. Ni jueces, ni fiscales ni gran parte de la ciudadanía termina de aceptar lo que sucede ni, sobre todo, las consecuencias que nos aguardan. Todos hemos contribuido a la llegada de la crisis, pero otros se han beneficiado principal y manifiestamente” (Idem, pg. 240). 

Hay que refomar profundamente ciertas instituciones, superar el abatimiento y la desconfianza, porque si bien es cierto que “Deambular por la justicia española es divagar por tierras extrañas, y aunque vociferes nadie te escuchará, la ciudadanía sí parece dispuesta a entonar un cántico de exigencia e indignación” (Idem, pg.12).

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