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CRISIS DE VALORES

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Víctor Codina –
 
COMPOSICIÓN DE LUGAR

Siempre he pensado que todo escritor, también el teólogo, antes de redactar sus textos debería decir dónde vive, en qué trabaja, cuánto gana, cuáles son sus amistades y afinidades…

Por esto, antes de hablar de la crisis de valores del capitalismo neoliberal, quiero afirmar que escribo estas páginas desde Bolivia, donde hace 29 años que resido y trabajo, alternando mi actividad de profesor de teología en la Universidad Católica Boliviana con pastoral en sectores populares, comunidades de base, formación de laicos; gano una miseria y menos ahora que me acabo de jubilar como profesor de teología.

Decir Bolivia, quizás para muchos no signifique nada especial, muchos en España confunden Bolivia con Colombia, pero Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina, aunque ahora está viviendo un histórico proceso de cambio político, social y popular, que en medio de sus claras ambigüedades, ideologizaciones, contradicciones, polarizaciones y exageraciones, está intentando revertir su situación de pobreza, dependencia, exclusión, marginación y enclaustramiento marítimo y social.

Pero, sin embargo, Bolivia, es un país de riquezas inmensas, con yacimientos de oro, plata, estaño y litio, con autoabastecimiento petrolífero y de gas, cultivos de todo tipo, maderas preciosas, rica ganadería, energía hidráulica, etc. Pero además Bolivia posee una gran riqueza y diversidad étnica y cultural que la Nueva Constitución ha reconocido al definir a Bolivia como un “Estado plurinacional” (expresión que la progresista España nunca ha conseguido aceptar, pues identifica Estado y nación…).

Por esto Bolivia es un caso típico para preguntarse por qué tanta riqueza no consigue que la gente viva una vida digna, por qué hay tanta pobreza, por qué una tercera parte del país vive en situación de marginación, por qué tantos bolivianos y bolivianas han tenido que emigrar al exterior y concretamente a España, donde los hombres trabajan en el campo o la construcción, mientras que las mujeres cuidan a niños y a personas ancianas, a las que pasean por la calle en su silla de ruedas…

Escribo este artículo en vísperas de Navidad, las calles de las ciudades están iluminadas, hay ferias navideñas, la gente compra para preparar la cena de Nochebuena, adquieren regalos para los niños, buscan su arbolito de Navidad y su pesebre. Hay atascos de coches y autobuses por las calles, por todas partes gente con paquetes y cestas de aguinaldo. Parecería que todo es como en los países ricos del primer mundo…

Pero las calles de Cochabamba, donde resido, están inundadas de mujeres de Potosí (de cuyo Cerro rico de plata España extrajo inmensas riquezas), que con sus niños piden limosna y esperan algunos dulces, regalos y juguetes de la gente de la ciudad. En La Paz, una campaña de la radio católica Fides “por la sonrisa de un niño” ha recolectado 50.000 juguetes que mañana distribuirá en el estadio y en un coliseo cerrado de La Paz. No quiero ahora juzgar si esta campaña es asistencialista y paternalista, sino que solo quiero señalar un dato significativo: desde la noche de ayer y durante la noche de hoy, centenares de niños con sus madres duermen en la calle, a las afueras del estadio arropados con cartones y mantas, pues las noche de La Paz (3.700 metros) son siempre frías, para asegurarse que mañana, cuando a las 5 abran las puertas del estadio, serán los primeros en entrar y podrán asegurarse un lugar para poder recibir sus juguetes: un camioncito para los niños, una muñeca para las niñas…

Desde esta composición de lugar intentaré hacer un análisis coprológico, en expresión acuñada por Ellacuría, sobre el capitalismo, lo que ha destruido y lo que está absolutizando.

DESDE LAS VÍCTIMAS

No es lo mismo hablar del capitalismo desde Europa que desde África o América Latina. Desde las víctimas del sistema capitalista se comprende mejor lo que es el capitalismo. Los países pobres no son simplemente pobres sino empobrecidos, son víctimas de un sistema injusto, que explota a personas y pueblos. A los antiguos imperios coloniales han sucedido luego las empresas multinacionales capitalistas que explotan los recursos naturales con su tecnología avanzada y su capital, a costa del empobrecimiento de los pueblos y la destrucción de su suelo…

Pero a esto se une la imposición de una cultura globalizada, la american way of life, que destruye las culturas tradicionales y que a través de los medios de comunicación impone unos valores y pautas de consumo totalmente ajenas y deshumanizadoras. ¿Qué sentirán y pensarán los campesinos y habitantes de los barrios marginales de las ciudades al ver continuamente en sus pantallas de TV coches de último modelo, ciudades norteamericanas modernas, productos de belleza femenina antiarrugas, alimentos selectos, métodos para adelgazar, universidades famosas… cuando ellos no tienen agua corriente, ni letrinas, ni a veces luz todo el día, han de atravesar caminos polvorientos o embarrados, sus centros de salud y educación son de baja calidad o inexistentes? Este modelo de vida se les presenta como apetecible, deseable, el ideal a alcanzar. No es extraño que intenten emigrar al exterior para participar de estos paraísos de bienestar.

Al grito de los pobres se añade ahora el grito de la tierra, explotada, malherida, mercantilizada, polucionada, con todos los cambios climáticos y desastres ecológicos que conocemos. El capitalismo no solo es salvaje y cruel con las personas sino con la misma naturaleza, sin tener en cuenta sus consecuencias actuales y futuras para las nuevas generaciones. No es casual que los grandes países capitalistas se nieguen a firmar los protocolos que exigen cambios en sus emisiones de gases contaminantes. Está dentro de su lógica mercantilista.

ENFOQUE ESTRUCTURAL

Evidentemente no se trata de problemas meramente personales sino sistémicos. No se trata de una persona concreta que sea abusiva, ni de que una empresa determinada explote a otros, sino de un sistema de valores que se encarnan y cristalizan en estructuras de poder y de ideología que impregnan todo el ambiente social, en el cual sin duda viven personas honradas y de buena voluntad pero que se sienten impotentes ante esta estructura global. La ideología de la ganancia a toda costa, del dinero y del capital, de la libertad omnímoda y salvaje son las que contaminan toda la sociedad.

Los valores que se propugnan son el individualismo total, el consumo, la explotación inmisericorde, la mercantilización de todo, la ganancia y el lucro por encima de todo. Todo esto se encubre bajo la ideología del progreso, de la modernidad, de la ilustración, del bienestar, de la técnica, del futuro… frente a oscurantismo y subdesarrollo de los países tradicionales y de sus culturas ancestrales. Con la caída del socialismo del Este hemos llegado al fin de la historia (F. Fukuyama). Es más, el capitalismo tiene una inmensa capacidad de resistencia, de reforma, de resiliencia, de camuflarse, de revivir, de adaptarse ante las continuas crisis, siempre diciendo que en adelante todo va a mejorar.

No quisiéramos caer en el mito contrario del “bon sauvage”, como si las culturas tradicionales fuesen un modelo ideal, sin defectos ni abusos. En las culturas originales y tradicionales, rurales, campesinas, indígenas, además de atraso económico y de subdesarrollo hay defectos y errores personales, abusos de todo tipo, egoísmos, excesos, violencia de las personas y grupos. Sin embargo perviven una serie de valores comunitarios y estructurales que el capitalismo neoliberal ha ido destruyendo. Estos pueblos, aunque de hecho sean hoy pobres y empobrecidos, poseen una sabiduría milenaria, anterior al mismo cristianismo.

Frente al sentido comunitario y solidario de muchas de estas culturas tradicionales, su sentido del compartir y de la reciprocidad, el capitalismo ha introducido un individualismo feroz, un egoísmo a ultranza.

Frente a una vida sencilla y frugal contenta con lo más elemental, se ha introducido el valor consumo.

Frente a un sentido de armonía cósmica con la naturaleza, la madre tierra, la Pachamama andina, el capitalismo ha introducido el valor mercantilista de la tierra, abusando de los recursos naturales, con un antropocentrismo egoísta y salvaje.

Frente a un sentido sencillo y pudoroso de la sexualidad y una visión humana del sexo, del matrimonio y de la familia, el capitalismo ha invadido con una ideología del sexo como juego, del placer por el placer, de la pornografía y del abuso de la mujer, con una concepción egoísta y muy poco seria de la familia y el matrimonio.

Frente a un sentido de la gratuidad y de la fiesta como celebración comunitaria y sueño utópico de la sociedad del futuro, el capitalismo ha pervertido la fiesta, ha absolutizado lo útil, el ahorro y el trabajo como lo único valioso, del cual la fiesta sería una interrupción desagradable pero necesaria para poder luego trabajar más y ganar más.

Frente a un sentido integral de la persona y de la vida, que valora lo afectivo, lo simbólico y lo gratuito, el capitalismo defiende un racionalismo frío y calculador, la razón instrumental frente a la razón simbólica.

Frente al valor de la honestidad, de la autenticidad y transparencia, el capitalismo defiende bajo capa de progreso la doble moral, la hipocresía, el silencio bancario, los paraísos fiscales, el blanqueo de dinero.

Frente a un sentido pacifista de los pueblos, el capitalismo, tremendamente machista, defiende el armamentismo, vende armas a los países pobres y se aprovecha de sus luchas y rencillas tribales para ganar a costa de vida humanas, fabrica minas personales y luego ofrece la tecnología antiminas para eliminarlas, sin que le importen las víctimas inocentes, muchas veces niños y niñas, que quedan sin piernas o sin brazos.

En un palabra, frente al “vivir bien” que las culturas tradicionales defienden, es decir una vida humana, sencilla, igualitaria y compartida, el sistema capitalista defiende el que algunos “vivan mejor” a costa de que otros vivan inhumanamente. Frente a la civilización que Ellacuría llama de la pobreza (sencillez y austeridad compartidas) el capitalismo ofrece la civilización de la riqueza: lucro, desigualdad, consumo, abuso, discriminación

DESHUMANIZACIÓN

Pero los valores del capitalismo no sólo causan víctimas hacia fuera, sino que deshumanizan a sus mismos defensores. Estos antivalores capitalistas deshumanizan y convierten la vida en algo a la larga insoportable, no es raro que aumenten los suicidios en estos países tan “avanzados”, que el dolor, el sufrimiento, el fracaso y la muerte resulten incomprensibles e inaceptables. Existe como un tedio de la vida, una tristeza y una náusea existencial (tipo Bonjour tristesse de Françoise Sagan), una depresión, que se busca vencer a toda costa con el alcohol, el sexo (el turismo sexual en Tailandia o Cuba) y sobre todo con las drogas. El fenómeno del narcotráfico con grandes ganancias, con la lucha de los cárteles, el ajuste de cuentas y la violencia constantemente en aumento, supone que sobre todo en los países ricos hay gente drogadicta, que necesita drogas para sobrevivir, para soportar la vida, una vida que cada vez carece más de sentido y de ilusión.

IDOLATRÍA

Detrás de esta economía de mercado neoliberal se halla una antropología donde el capital está por encima de la persona humana, del trabajo y de la dignidad humana. El capitalismo, como el comunismo del Este, no sólo contiene errores económicos sino antropológicos y teológicos.

En efecto, detrás de estos antivalores del capitalismo se esconde algo más grave, una idolatría del capital, del dinero, verdadero dios al que se ofrecen sacrificios sangrientos de víctimas que mueren cada día. Hay también sacerdotes, templos y víctimas como en los antiguos sacrificios rituales. Son esos dioses desconocidos que los profetas de Israel denunciaban (L. Sicre), a los que se ofrecen sacrificios, los que dominan el panorama económico, cultural y espiritual del mundo capitalista. El capitalismo es una idolatría de la tierra y de sus valores mundanos, frente a los valores humanos, religiosos y espirituales de las personas. El dios de la codicia, el dios sirio Mammón de los negocios (Mt, 6,24; Lc 16,9.11.13), pasa por delante de los pobres. Bíblicamente hay una alianza entre Yahvé y los pobres y hay un pacto entre Mammón y la idolatría de la riqueza (A. Pieris).

Frente a las culturas tradicionales que son profundamente religiosas, el capitalismo alza la bandera del placer terreno, de la libertad total, del poder económico y el dinero como supremos valores, del egoísmo individualista sin ningún control social, del mundo enemigo de Dios.

Pero el capitalismo neoliberal no quiere aparecer como ateo o materialista y lo que hace es camuflarse con el ropaje de la civilización cristiana occidental. No critica la religión, la manipula, secuestra sus símbolos y fiestas religiosas como la Navidad, para convertirlas en fiestas del consumo al servicio del mercado y de los ricos. La caída del comunismo de los países del Este ha servido para afianzar el mundo del capitalismo como el único que trae salvación, el único correcto y útil al progreso, el más afín al cristianismo.

De nada han servido las críticas al capitalismo que hace la encíclica Centesimus annus (vg. 19, 36,39,41..) de Juan Pablo II, ni sus anteriores advertencias en Laborem exercens y Sollititudo rei socialis sobre el grave riesgo de subordinar el trabajo humano y el bien común de la sociedad al capital y al mercado neoliberal. El capitalismo es visto por algunos cristianos como el Reino de Dios (Camdessus), como el único que salva, aunque la gente le vuelva el rostro como ante el Siervo de Yahvé (como afirma el teólogo neoconservador Michael Novak). José María Mardones ha demostrado ampliamente la contradicción e incompatibilidad entre la teología neoconservadora que pretende justificar teológicamente la razón capitalista, con la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. Esto se ve claramente cuando se reflexiona desde las periferias.

La misma encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI, a pesar de sus grandes valores, no hace una crítica frontal al neoliberalismo. ¿Somos más sensibles a los errores marxistas y comunistas que a los del capitalismo neoliberal, sin advertir que ambos sistemas son materialistas y ateos, uno teórico y otro práctico, aunque el capitalismo lo disimule? ¿Por qué se ha criticado y condenado a la teología de la liberación y no se dice nada de los teólogos como Novak que sacralizan el capitalismo como fuente de salvación? ¿Por qué los que como Hans Küng critican, con razón, los defectos, incoherencias y falta de apertura de la Iglesia son tan poco críticos frente al sistema capitalista dominante? ¿Por qué la moral clásica ha sido tan sensible a los pecados sexuales hasta llegar a decir que no hay parvedad de materia en los asuntos del sexo y es tan amplia, elástica, y poco concreta en temas sociales y frente al capitalismo, como ya afirmaba Ives Calvez?

EPÍLOGO: “¿ESTOS NO SON HOMBRES?”

El día 21 de diciembre de 1511, cuarto domingo de Adviento, el dominico Fray Antonio de Montesinos, al comentar en su homilía las palabras de Juan Bautista “una voz clama en el desierto”, pronunció en isla La Española (actual Santo Domingo, capital de la República Dominicana), en presencia del almirante Diego de Colón, hijo de Cristóbal, y de los españoles que le acompañaban, el siguiente sermón:

“Esta voz dice que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tantas infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos de sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y criador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado que estáis no os podéis salvar más que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Cristo”1

En el 2011 se cumplen 500 años de este sermón profético que indignó a Diego de Colón y su séquito y en cambio despertó de su sueño letárgico a Bartolomé de las Casas, hasta entonces cura español encomendero con eslavos indios.

Ciertamente la colonia española y el capitalismo neoliberal de hoy no se identifican, pero los valores en juego son los mismos: la idolatría del oro por la cual se somete, se oprime y al final se mata a los seres indefensos, la usurpación de las riquezas de la tierra, la manipulación de la religión como cobertura ideológica para encubrir sus verdaderos intereses de codicia de riquezas, la insensibilidad ante las víctimas, la destrucción de la tierra y de las culturas originarias, el sueño letárgico con que se vive y se autoengañan y deshumanizan los defensores de la primacía del dinero sobre las personas. A esto se puede añadir el racismo, el machismo y la violencia sexual sobre las mujeres.

¿Surgirá algún Antonio de Montesinos o Bartolomé de las Casas hoy que sea capaz de denunciar todo lo que estos antivalores capitalistas han destruido y los valores que han absolutizado? ¿Surgirán economistas honestos capaces de buscar alternativas al actual sistema? ¿O nos contentaremos con simples adaptaciones y remodelaciones del sistema capitalista?

Los 50.000 niños de La Paz han sonreído al recibir sus juguetes. ¿Se habrán dado cuenta de que sólo se les devuelve una miseria frente a lo que se les ha robado durante siglos?

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