miércoles, diciembre 2, 2020
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CONTRA UN DELITO, LA INMUNIDAD DIPLOMÁTICA NO EXISTE

– Autor: Benjamín Forcano –
 
En nuestra sociedad no hay piedad para el transgresor o delincuente. Por eso, habríamos de tener en mucho el consejo de D. Quijote: «No es bien, sin tener conocimiento del pecado, llamar al pecador, sin más ni más, mentecato y tonto».

Dominique Strauss Kahn, antiguo director del FMI, ha confesado en pantalla pública: «Cometí un fallo moral, una falta, una herida. Sé que he hecho mucho daño a mi entorno, a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos». En el mismo escenario confiesa: «No hubo violencia, ni agresión, ni coacción, ningún acto delictivo». Y, en su apoyo, trae las palabras del fiscal neoyorquino: «La camarera Diallo mintió, no hay una sola acusación suya que se sostenga».

Si el Sr. Strauss confiesa haber cometido un fallo moral, es mentira su afirmación de que no hubo ningún acto delictivo. Si no lo cometió, va contra su conciencia confesar que hizo mucho daño. Las dos cosas se repelen.

Conocimiento del «pecado» lo hubo, y se aireó por la prensa hasta en detalles morbosos. Los calificativos, exagerados o ajustados, han sido incontables. Pero todo el mundo concluye que la agresión sexual a la empleada Diallo fue agresión, resultando además de agraviada, afrentada. Agraviada porque se le fue encima sin mostrarle ninguna consideración ni respeto; afrentada, precisamente porque le resultaba difícil defenderse, la ofendió sosteniendo deliberadamente que ella consintió la agresión o que fue todo un montaje por dinero.

Nada de esto hubiera ocurrido si DSK, caballero de la economía mundial, hubiera hecho suya la norma de D. Quijote: «Por el ejercicio de la Caballería desprecio la hacienda; mis intenciones siempre las enderezo a hacer bien a otros y mal a ninguno».

Pero se trata del exdirector del FMI. Su caso está pasando de un hecho inmediato y brutal a un montaje superrefinado de hipocresía. La agresión y violación por el Sr. Strauss (62 años) a Mafissatou Diallo (32 años), viuda, africana, empleada de limpieza, en la suite 2806 del hotel Sofitel de Nueva York, es un hecho comprobado.

El hecho sobrevino tan inesperado que cayó como un mazazo sobre las cabezas de quienes podían reaccionar y no lo hicieron, el primero de todos el Sr. DSK. La víctima sí que lo vivió, lo registró y lo contó. Todo instantáneo, sin segundos para descubrir conexiones externas, ni fabular conspiraciones, ni lanzar rastreos sobre la vida de Diallo. En el director del FMI el hecho produjo tal tormenta que el cielo de su vida se rasgó y comenzó a estallar con destacados jirones de dinero, de mujeres, de acosos y agresiones sexuales.

Después, ha seguido lo periférico, lo artificial, lo inventado, lo que en virtud del poder, del dinero y del prestigio, superdotados abogados y otros personajes saben hacer: sembrar dudas, sospechas, incredulidad sobre la debilidad e insignificancia de la víctima y exculpar como sea al enaltecido director del FMI y dar el caso como sobreseído. ¿Lo están logrando? La Justicia –en cuántos casos!– es rígida con los pobres y permisiva y complaciente con los ricos.

Y ahora nos van llegando otros detalles: que el Sr. DSK no debiera ser juzgado como un ciudadano corriente por tener inmunidad diplomática. Se ve que los argumentos anteriores para defender su inocencia se tambalean o carecen de consistencia. Y el Sr. DSK apela, tardíamente, a su inmunidad diplomática.

No la tiene, en primer lugar; y, aunque la tuviera, su conciencia y las de sus abogados saben que un delito, de haberse cometido, no lo encubre ni borra ninguna inmunidad.

Más de última hora: en Francia, vista la causa de la periodista Tristane Banon, 32 años, fiscales y jueces concluyen que ciertamente hubo agresión sexual contra Banon, que los hechos por ella narrados no son imaginarios y que pueden ser considerados como un delito. Pero el exdirector declara que solamente intentó besarla en la boca. Los jueces sentencian: el Sr. Straus queda absuelto por falta de pruebas. Su abogado, muy conocedor de la legalidad, ya no tiene que inventar pruebas exculpatorias: «El caso, dice, ha prescrito por haber pasado más de tres años y ha sido archivado».

Hay leyes, elaboradas para gente de poder y dinero, que les sirven, cuando las infringen, para proteger su inmoralidad, no para hacer justicia. Sin embargo, no dejarán de resonar doloridas las palabras con que Banon ha calificado a su agresor: «El cerdo que me robó la vida».

Sea cual sea el veredicto oficial, el veredicto popular parece dado: el Sr. Dominique Strauss Kahn está muerto políticamente.

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