martes, octubre 19, 2021
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Red Solidaria de Acogida (RSA) Lavapiés

Éxodo 145
– Autor:  Pampa en Madrid –

1ª Descripción del grupo/colectivo: ¿quiénes son, dónde y desde cuándo intervienen, a quiénes se dirigen?

2ª ¿A qué problemáticas intentan responder?

3ª ¿Qué papel juegan las administraciones implicadas en esta situación?

4ª ¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrentan?

5ª Soluciones que proponen y realizan.

6ª ¿Cómo ven en un futuro próximo la situación que están abordando?

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1ª Somos la Red Solidaria de Acogida (RSA), un espacio ciudadano, de vecinas y vecinos, apartidista, autogestionada y feminista. Trabajamos en red en forma colaborativa y de apoyo mutuo con otros colectivos que luchan por los Derechos Humanos. Defendemos la libertad de circulación por el mundo de todas las personas.

Denunciamos las leyes migratorias de España y la Unión Europea, con especial atención a la Frontera Sur, las leyes de acogida y extranjería de nuestro lugar de residencia, las múltiples transgresiones de los Derechos Humanos que hay detrás de los movimientos migratorios forzados (guerras, cambio climático y desastres medioambientales, el hambre, el capitalismo, la persecución a las personas LGTBI y otras manifestaciones del patriarcado, etc.). Todo ello a través de manifestaciones, charlas, campañas en redes, acción directa, etc.

La RSA nació a finales de agosto de 2015, cuando ante la innumerable cantidad de noticias que hablaban de la llegada de personas migrantes y refugiadas a la isla griega de Lesbos, decidimos auto convocarnos para evaluar posibilidades de acción y denuncia.

La idea inicial fue juntarnos unas 10 o 12 personas que habían compartido otros espacios de militancia en la lucha contra las fronteras, en especial contra los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), pero el interés era tanto que a la convocatoria inicial concurrieron unas 200 personas, lo cual hizo imposible sesionar en el local previsto y se decidió hacer las asambleas en un espacio público: la Plaza de Agustín Lara, en el barrio de Lavapiés.

Entre la primera y segunda asamblea se conoció la muerte del pequeño de origen sirio Aylan Kurdi, lo cual aumentó la necesidad visceral de hacer algo. Esto coincidió con una iniciativa europea de manifestaciones en todas las ciudades, así que la primera acción denuncia a desarrollar fue, precisamente, organizar en Madrid la manifestación en coincidencia con las ya previstas en otras ciudades para aprovechar y fortalecer la idea común existente en el pueblo español de que “algo había que hacer”, impotentes ante la dramática situación que vivían miles de personas, en especial mujeres y menores de edad.

Transcurrida una semana, llego a la Red la noticia de que familias de personas migrantes y refugiadas que habían ingresado por frontera sur, estaban llegando a la estación de buses de Méndez Álvaro y muchas de ellas con niños y niñas, pernoctaban a la intemperie a la espera de poder continuar viaje.

Rápidamente montamos un dispositivo vecinal que nos permitió durante cada semana acoger en nuestras casas a entre 120 y 200 personas. El dispositivo vecinal lo integraban más de una quincena de vecinas y vecinos que cumplían funciones de traducción, y mucha gente que cubría turnos desde las 6 de la madrugada hasta la 1 del otro día, a la espera de las personas refugiadas y migrantes que llegaban en autobuses desde diferentes ciudades del sur del Estado español.

Esta iniciativa en cierta forma marcó el devenir de la RSA, ya que nos demostró capacidad de reacción inmediata sin perder de vista que más allá de ese voluntarismo lo importante, lo mejor que podíamos hacer por estas personas, era reivindicar su legítimo derecho a ser incluidos en el sistema de acogida y o, en su defecto, a no tener que pernoctar en las calles en su paso por Madrid.

La diversidad de las personas que llegaban, sumado a la práctica política diaria de muchas de las personas que comenzaron el transitar por la Red Solidaria de Acogida, nos llevó a reconfirmar que nuestro trabajo político debía ser la defensa de los derechos de las personas en movimiento, con independencia de la categorización política que desde otros lugares se hacía y se hace, de si son consideradas migrantes o refugiadas.

Para nosotras se trataba y se trata de personas en movimiento y como tal Madrid no podía quedarse en una pancarta de “Refugees Welcome”, sino que esa bienvenida debía convertirse también en acogida. De esa forma, la denuncia mediática y social obligó a las autoridades a habilitar un nuevo dispositivo que, aunque insuficiente, desde ese momento sirve para dar respuesta a la situación de aquel momento.

2ª Procuramos dar respuesta a diferentes problemáticas derivadas de las leyes de extranjería y asilo, siempre desde la óptica de ejercer presión política y hacer denuncia social ante una realidad que excluye a las personas en movimiento, sin abandonar los acompañamientos –siempre necesarios- de las personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Estas situaciones han sido cambiantes en intensidad y en el tipo de gestión. Cuando hablamos de acompañamientos es tanto para una asesoría legal, como empadronamiento, visita médica, búsqueda de empleo, de vivienda, cita en la oficina de atención al refugiado o cualquier otra tramitación en que la persona lo solicite.

Una de las problemáticas más preocupantes que afrontamos es la búsqueda de una solución habitacional temporal –hasta que sean incluidas en el sistema oficial de acogida o de ayuda humanitaria– para personas que lo necesitan. Ya sea en viviendas particulares o a través de organizaciones que puedan tener espacios o recursos para ello.

El sistema y –por ende– gran parte de las ONG que reciben fondos para la acogida, no consideran susceptibles de ayuda a las personas que aún esperan cita para presentar su solicitud de protección internacional, por cuanto las dejan sometidas a dos posibilidades: la calle o los recursos de noche del Ayuntamiento de Madrid, destinados para un perfil de personas en situación de calle, con realidades completamente diferentes y que solo dan techo desde las 22:00 a las 8:00 de la mañana. Luego vuelven a la calle.

Preocupa en especial la situación de personas que han sido devueltas de otros países de la Unión Europea en virtud de la aplicación del Reglamento de Dublín. Son personas a quienes si bien el Estado español acepta recibir, se niega a reincorporarlos al sistema de acogida, por cuanto se encuentran de nuevo una situación de calle si es que no se logra incorporarles dentro de algunos de los programas de ayuda humanitaria. La única opción, en su defecto, puede ser recaer en uno de los albergues de noche del Ayuntamiento.

En estos casos, además, se está haciendo un asesoramiento e intervención legal, presentando demandas administrativas y jurídicas en caso de considerarse necesario.

3ª Consideramos que el papel que juegan es determinante. Si bien las competencias en extranjería y en asilo son del Estado español, es vital una coordinación entre todas las administraciones. Ciudades como Madrid, que se han declarado públicamente como ciudades de acogida, no pueden permitirse tener personas en situación de calle ante el olvido de la administración central, ni tampoco enviar a estas personas a recursos de noche ya de por sí saturados.

Asimismo, el reiterado deseo acogedor manifestado por la ciudadanía en diferentes encuestas debe verse reflejado en una acción directa de los gobiernos municipales y autonómicos por presionar a las autoridades del Estado español a que realmente se implemente una política de acogida digna.

Lamentablemente, en una parte de importante de los dispositivos puestos en marcha en todos los órdenes de la administración, hemos detectado serias falencias estructurales y de funcionamiento que hacen que el sistema de asilo se convierta en un sistema expulsor, del que muchas personas quieren huir.

Contrariamente a la creencia colectiva de que “nadie se quiere quedar en España, todos quieren irse”, la práctica nos demuestra que cuando las familias son bien atendidas y se les brinda las posibilidades de alcanzar un desarrollo personal y familiar, con la escolarización de sus hijos e hijas, un techo digno, aprendizaje del español, y un acompañamiento que facilite su incorporación a la nueva sociedad de acogida, sí desean quedarse.

Por eso, reiteramos, el rol de todas las administraciones es fundamental porque de la coordinación entre ellas, con el tejido asociativo y la sociedad civil movilizada, dependerá que un día realmente podamos alcanzar un sistema de acogida inclusivo que dé cobertura a todas las personas sin distinción alguna.

4ª A la hora de hacer incidencia política, el mayor reto es la creciente xenofobia y el aumento de los discursos de odio fomentados desde un sector importante de la clase política y difundido sin miramientos por medios de comunicación. Ideas como que estamos sufriendo una invasión y de que las personas migrantes vienen a quedarse con nuestro trabajo y beneficios sociales, alimenta todo tipo de conductas que van en el sentido de negar el derecho a una vida digna a estas personas y a que el Estado y las diferentes administraciones se hagan cargo de las responsabilidades que les competen.

Lamentablemente, los discursos cada vez más radicalizados exigiendo un cierre de fronteras y los evidentes réditos electorales que están dando a la extrema derecha en diferentes países de la Unión Europa (Italia, Alemania, Hungría, etc.) están creando un clima en donde cada día es más difícil explicar y concienciar sobre la necesidad de reconocer derechos a las personas en movimiento.

Es cierto que distintas encuestas dan cuenta de que en el Estado español aún persiste una convicción acogedora, una cierta predisposición a abrir las puertas que invita a ilusionarse, pero no menos cierto es que suele acabarse en una visión meramente caritativa, de ayuda, que no comparte una determinación por exigir a las administraciones el cumplimiento de sus obligaciones.

5ª Es difícil enumerar las soluciones. Lo primero es de un orden más bien macro y tiene que ver con modificar en forma total la legislación de extranjería y también la de asilo. Es fundamental que vuelvan a abrirse vías seguras para llegar al Estado español, que se pueda solicitar protección internacional en nuestras embajadas y consulados, que se cierren los centros de internamiento de extranjeros (CIE), se acabe con las devoluciones ilegales en nuestra frontera sur (conocidas como devoluciones en caliente), se retiren las concertinas, se anule la exigencia de visado de tránsito aeroportuario para ciudadanos de origen sirio, se elimine a nivel europeo el reglamento de Dublín o, en su defecto, al ser devueltos a España, la administración admita su reinserción en el sistema de acogida.

El abordaje de las políticas de extranjería y de asilo se hace siempre bajo una óptica de seguridad, se aborda la situación migratoria como una cuestión de seguridad, y eso hace que la implementación de políticas y su gestión esté atravesada siempre por un prisma que no tiene a las personas como centralidad, sino a una idea de invasión y de que los recursos son escasos ante la misma.

Desde la Red hemos presentado varios documentos ante las autoridades municipales, que cubren los diferentes ámbitos que tienen que ver con el trabajo de calle, pero que necesitan fundamentalmente de una articulación entre las diferentes administraciones y un abordaje humanitario no asistencialista de la situación de las personas en movimiento.

6ª En estrecha relación con el punto cuatro, el futuro se presenta difícil, muy difícil. Bajo el paraguas de la xenofobia, la creciente externalización de fronteras y persecución de las personas migrantes hace cada vez más difícil soñar con sociedades de mayor inclusión y entendimiento.

Los acuerdos con los países de origen y de tránsito de los procesos migratorios cada vez respetan menos los derechos humanos y la situación de las personas, y en nuestra frontera sur la represión es creciente.

Por otra parte, en tanto no se garantice el reconocimiento de derechos básicos para las personas migrantes, no podremos salir del limitado círculo del voluntarismo y la compasión. Es necesario construir sociedades entre iguales, sólo los derechos harán posible una vida digna de las personas que arriben a nuestro país.

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