ZENDO BETANIA

Ana María Schlüter Rodés

Éxodo 115 (sept.-oct.) 2012
– Autor: Ana María Schlüter Rodés –
 
CÓMO NACE Y QUÉ PRETENDE EL CENTRO ZENDO BETANIA

El centro de espiritualidad Zendo Betania1 está ubicado en las afueras de Brihuega (provincia de Guadalajara). Fue fundado por un miembro del instituto religioso de las Mujeres de Betania, que inspiradas por el Espíritu que impulsó a Jesucristo, con mentalidad universal y abiertas a los signos de los tiempos, en medio del mundo y con gran respeto por cada ser humano y toda creencia religiosa, se dedican a promover el arte de “abrir los ojos a la realidad divina”, dando frutos concretos en la sociedad.

El Concilio Vaticano II exhortó a los cristianos que reconozcan, guarden y promuevan los bienes espirituales así como los valores socio-culturales de otras religiones (cf. Nostra Aetate, § 2) y que asuman las tradiciones ascéticas y contemplativas de las antiguas culturas en que el Espíritu ha obrado antes de la proclamación del evangelio (cf. Ad Gentes, § 18).

En este contexto hay que entender la actividad de Zendo Betania. No se practica zen cristiano ni cristianismo zen. Por el contrario, zen y fe cristiana entran en un contacto de tensión fructífera, enriqueciéndose e interpelándose mutuamente, en base a sus equivalencias y diferencias.

De esta manera, a través del zazen, se desea ayudar al hombre moderno al reencuentro con sus propias raíces profundas, en un clima de ecumenismo y de respeto hacia todas las personas y creencias. En armonía con la fe cristiana y por ende con el núcleo auténtico de toda religión. Se proyecta en una actividad cultural y solidaria con personas y poblaciones desfavorecidas. Acoge, sin distinción de sexo, de religión o de ideas políticas, a cuantos buscan su ayuda en aras del crecimiento espiritual personal, para convertirse en personas más valiosas para su entorno social y ecológico.

¿QUÉ ES ZEN?

Según unas palabras atribuidas al Bodhidharma, primer patriarca zen de China (s. VI) el zen es:

Una transmisión especial al margen de toda doctrina.

No se basa en palabras ni letras.

Apunta directamente al corazón humano y lleva a ver la realidad (kensho) y a conseguir vivir despierto (jobutsu).

Es una transmisión especial, porque no se trata de transmitir nada, sino de despertar a lo que ya está desde siempre. Es un camino de práctica, en el que prevalecen:

Zazen: sentarse a solas con el misterio.

Samu: trabajo manual hecho con devoción.

Teisho: orientación grupal por parte de quien guía.

Dokusan: acompañamiento personal. Se transmite dentro de un marco de vida ética. El zen sin vida ética lleva al desastre.

No se basa en palabras ni letras. La Realidad Última es inefable, es una y la misma siempre y a la vez, sin embargo, desde el despertar de Shakyamuni Buda (India s. V a. C.) la práctica ha ido discurriendo en un marco de enseñanzas y gestos característicos. “Si una enseñanza fuera de toda escritura no admite la enseñanza dentro de las escrituras, no es verdadera enseñanza” 2.

Si bien el cauce del zen lo constituyen una vida ética y una enseñanza correcta, el cauce, por necesario que sea, no hace al río. El agua de este río es una fuente que brota en el mismo corazón humano. La práctica del zen lo hace aflorar en la superficie. El arte zen, o zen-do, es el arte de asentarse en el hondón del alma, y su primer fruto es joriki, una fortaleza que surge de este abismarse, una mayor capacidad de concentración, de superar las distracciones de la mente y de vivir en paz en cualquier circunstancia. Pero la práctica continuada del zen, que de sata un proceso de purificación, sobre todo lleva a ver la realidad (ken-sho), es decir, a despertar, y a conseguir vivir despiertos (jo-butsu).

¿QUÉ ES VIVIR AUTÉNTICAMENTE DESPIERTOS?

Hay una ceguera o miopía que consiste en ver la realidad de un modo superficial, solamente en lo que alcanzan a comprender los sentidos y el entendimiento. Pero eso es percibir una realidad sesgada, y moverse a partir de esta percepción es obrar a ciegas, desde donde campan a sus anchas la codicia, el odio y el orgullo. Zen elimina los elementos venenosos e ilumina los sentidos, decía el Sexto Patriarca zen de China, Hui-neng (637-713).

La dimensión espiritual se escapa de los sentidos y del entendimiento, los rebasa. Es una dimensión constitutiva del ser humano, no un añadido piadoso. Ethos anthropo daimon, “la morada habitual para el hombre es lo divino”, decía Heráclito. Un filósofo ateo, André Comte- Sponville, afirma abiertamente que “la espiritualidad es el aspecto más noble del ser humano”. El olvido de la dimensión profunda conduce a una “anemia espiritual” insoportable (Mónica Cavallé), que hace que “la epidemia más grave del mundo moderno sea la superficialidad” (Raimon Panikkar), cuya consecuencia es la egocentración y el vacío.

La práctica del zen lleva al despertar, a caer en la cuenta de esta dimensión profunda. Pero un momento de caer en la cuenta no hace todavía un despierto. Si antes se era ciego por no percatarse de la realidad invisible, de res non nata, nada, no cosa, vacío para los sentidos, después de un primer momento se puede caer en un deslumbramiento y dejar de ver las cosas concretas. Todo es lo mismo, no se ven las diferencias. Todo da igual. Todo está bien. En lo social y político lleva a una inhibición desastrosa.

Por el contrario, si no se percibe la igualdad, la unidad de cuanto existe, la dualidad se pervierte en dualismo. Entonces las relaciones personales se vuelven destructivas y aparecen el dominio y la explotación. Pero, por otra parte, si se deja de percibir la dualidad, es decir, las diferencias, la unidad se pervierte en monismo, en falsa igualdad, y lleva a ignorar a la persona individual no tomándola en serio, no respetándola. No se toleran las diferencias. También en este supuesto, se deterioran las relaciones personales, pues en el fondo se niegan; y, en cuanto a la naturaleza, se la destruye porque, en semejante percepción distorsionada de la realidad, no hay nadie que destruya ni nada que pueda ser destruido.

Una percepción auténtica de la realidad en el marco de una interpretación correcta (orto-doxa dentro del marco religioso cultural respectivo) lleva a una actuación correcta (orto-praxis).

LOS CINCO RANGOS DEL DESPERTAR

El maestro zen Tosan (807-869) en sus “Cinco Rangos” 3 describe lo que es un auténtico despertar, un despertar que lleva a la acción. Habiendo llegado a un primer momento de percatarse de la realidad sin forma es necesario llegar a ver las formas en el “vacío” (primer rango). Como quien ha cogido un abanico, lo ha conseguido colocar en vertical sobre la mesa y ahora lo abre un poco, eso sería en imagen: en la vertical la inclinación. Ver las diferencias en lo uno. En el lenguaje cristiano equivale a “ver todas las cosas en Dios”.

Otro matiz es el ver en todas las cosas, formas o las diferencias lo uno (segundo rango). En lenguaje cristiano: “ver a Dios en todas las cosas”. Con la imagen del abanico sería sostenerlo hacia abajo algo abierto: en la inclinación la vertical.

Despertar auténtico siempre es en la vertical la inclinación y en la inclinación la vertical. Estos dos primeros rangos son la base para un actuar iluminado o despierto. Son la base para toda acción compasiva, no egocéntrica, en la política y en cualquier otro ámbito. No hay que quedarse en los dos primeros rangos, en el mejorarse a sí mismo sino salir afuera, hacia el otro. Entonces el abanico se abre del todo y está preparado para actuar de forma beneficiosa, aportando alivio a los demás. Se llama “salir de la vertical” (tercer rango). Se entiende a veces como unentrar- en-el-mundo-del-polvo, otras veces también como salir-del-mundo- del-polvo. Juntos significan llegar a estar en el mundo sin quedar atrapado por el mundo. Dicho en lenguaje evangélico: en el mundo pero no del mundo (cf. Jn 17,16-18).

De hecho solo en el cuarto rango se acaba de abanicar llevando frescor y solaz a quienes sufren. Se ha “llegado a la consistencia” (cuarto rango). En medio del mundo, libre del mundo. “Como loto en el fuego”, según lo expresa la tradición zen. Aquí no actúan la codicia, el odio y el orgullo que están en la raíz de las devastadoras políticas que sufre nuestro mundo.

Se ha llegado verdaderamente a casa (quinto rango”). Se actúa sin actuar. Una instancia más profunda actúa, una instancia que está en armonía con el universo. Ya no actúo yo, es Cristo quien actúa en mí, cambiando un poco lo dicho por el apóstol Pablo. Es el final, y es el principio. Fernando Urbina, en un retiro sobre San Juan de la Cruz para curas obreros, insistía en cómo la contemplación, cuando libera realmente a la persona de sus ataduras internas, la lleva a “insertar sus esfuerzos en la verdadera y real profundidad de la acción divina que impulsa silenciosamente la historia”4.

Santa Teresa dice en las Séptimas Moradas, que de la unión más íntima con Dios, “del matrimonio espiritual deben nacer obras siempre obras” 5. Para el Maestro Eckhart, Marta, una de las dos hermanas de Betania, aúna la contemplación con la acción, es virgen totalmente abierta a Dios y mujer que constantemente da a la luz obras 6.

¡Qué espectáculo tan triste y nefasto el de una política sin dimensión espiritual auténtica!

Sentarse (en zazen o de otra manera) – ver – actuar – juzgar – actuar – sentarse – ver – juzgar – actuar –sentarse – ver ….

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1 www.zendobetania.com.

2 Isshu Miura & Fuller Sasaki, The Zen Koan. Harcourt Brace Jovanovich Publishers, San Diego/New York/London 1965, 54.

3 Hisamatsu Hôseki Shinichi (trad. A. Schlüter), Los cinco rangos del maestro zen Tosan. Herder, Barcelona 2011.

4 Fernando Urbina, Comentario a Noche oscura del espíritu y Subida del Monte Carmelo de San Juan de la Cruz. Marova, Madrid 1982, 131.

5 Santa Teresa de Jesús, Las Moradas, “moradas sétimas”, capítulo 2º.

6 Meister Eckehart, Intravit Jesus in quoddam castellum, en: Deutsche Predigten und Traktate. Carl Hanser Verlag, München 1963; Predigt 2, 159-164. En: Tratados y sermones. EDHASA, Barcelona 1983, 271-280.