OTRA ESPIRITUALIDAD ES POSIBLE

Varios Autores

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Varios Autores –
 
HACER hoy día una reflexión seria y serena sobre la espiritualidad parece un empeño delicado y complejo. Delicado porque supone, para quienes están en posesión pacífica de una idea suficientemente clara en este tema, levantar una tormenta de incertidumbres y descalificaciones del agresor. Delicado también porque la misma palabra espitualidad, amén de las sospechas que levanta en ciertos sectores por su historia, se muestra insuficiente para abarcar toda la semántica que la nueva visión proyecta sobre esta dimensión del ser humano. No obstante, nos vemos forzados a seguir utilizando este vocablo hasta que otro nuevo llegue a ser capaz de sustituirlo.

Pero, además de delicado, se trata también de un intento ciertamente complejo. Raíz fontal de toda civilización y fundamento esencial de las culturas diversas, la espiritualidad casi siempre se ha presentado estrechamente vinculada a las religiones. Éstas le han prestado a la espiritualidad una visibilidad concreta de la que ella carece; le han dado, además, verticalidad y horizontalidad y han proyectado sobre ella diversas axiologías y hasta una teodicea. En contrapartida, la espiritualidad le ha prestado a las religiones arraigo y fundamento en el ser humano sin lo cual serían imposibles, y le ha proporcionado historicidad y la posibilidad de ir relativizando, con el cambio propio del ser humano, sus creencias más cerradas y paralizantes.

Durante muchos siglos se ha mantenido este matrimonio casi indisoluble que se ha mostrado socialmente eficaz, aunque no siempre humanamente ventajoso y justo. Con la llegada de la modernidad y el acelerado ritmo de la ciencia y los saberes actuales este matrimonio secular ha entrado en crisis. La nueva racionalidad ha ido bajando a la religión desde la cumbre de la aceptación social hasta sumirla en la perplejidad y la incertidumbre. Sólo para el 34% de los españoles, según el último eurobarómetro sobre la Realidad Social Europea, la religión es importante, lo que representa el porcentaje más bajo entre los 25 miembros de la UE, exceptuadas Dinamarca y Suecia . Por más que algunos diagnósticos quieran ver en la floración de expresiones religiosas, surgidas del pentecostalismo protestante y del carismatismo católico, un “retorno a lo sagrado”, los analistas más críticos descubren, más bien, un crecimiento constante del ateismo y de nihilismo, es decir, del abandono de la religión.

Pues bien, si la crisis de la religión es tan cierta como parece, será legítimo que nos preguntemos por la suerte que está corriendo su contraparte, la espiritualidad. Y por una serie de indicadores, como veremos, la situación en este campo se muestra más halagüeña.

Para aclararnos sobre estos temas de enorme importancia hemos añadido a la clave meramente especulativa o racional, en la que generalmente nos movemos, otra que, siendo muy real, le va muy bien a este tema: el sentir o la emoción, la experiencia. Por esta ruta, vamos a preguntarnos sobre el sentir al otro como experiencia de lo sagrado; sentir la tierra como casa común y madre de la vida; sentir el cuerpo como vía para recuperar el gozo, el placer y la ternura; sentir las religiones como maestras del camino a seguir hacia la Realidad. Ante la dificultad de hacer con nuestros medios un diagnóstico completo y acabado sobre un problema tan delicado y complejo como el que abordamos, sólo pretendemos apuntar modestamente hacia el foco u origen del desconcierto actual.