Mujeres cristianas y economía

Pilar Yuste
  1. Hambre de justicia

Danos hoy el pan nuestro de cada día (Mt 6,11)

Siempre ha existido pobreza y necesidad. Pero actualmente nuestras crisis económicas y vitales se suman a una desigualdad extrema y estructural. Enviamos sondas a Marte, pero no evitamos que al menos 8.500 niños y niñas mueran cada día a causa del hambre. Esto no es un problema, es un crimen [1].

Por otro lado, el desastre ecológico, que también conlleva hambruna, va tomando forma de apocalipsis, con fecha límite de intervención en 2030. Como dice Cristina Gallach, Alta Comisionada para la Agenda 2030, “Somos la última generación que puede parar el desastre” [2].

Esta situación es fruto de un sistema neoliberal y patriarcal. Ecofeministas como María Mies afirman que es la consecuencia de la explotación de las mujeres (feminización de la pobreza), de la Naturaleza y del Sur. Una alienación, un despojamiento de vidas, cuerpos, tiempos, en manos de poderes económicos obscenamente ricos y fuera de todo control.

Un apocalipsis que en cristiano nos empeñamos rotunda y proféticamente en compensar con Esperanza. Y ahí estamos las mujeres (no todas) cimentando con nuestras vidas y compromiso esa Esperanza. Y ahí se suman los varones (no todos) que apuestan también, como Jesús, a renunciar a sus privilegios de género y romper con un sistema en el que todos perdemos a golpe de estereotipo, discriminación y violencia.

Oikós (casa y familia en griego). Porque todos y todas conformamos una unidad, una casa que configura la familia humana. Oikós, eco-nomía, eco-logía, ecu-menismo (y diálogo interreligioso). Mundo y Humanidad. Todo en todos… y todas.

Las mujeres hemos amado, cuidado, engendrado, alimentado y sostenido Vida, vidas, familia… No es para nosotras algo nuevo hacerlo, pero sí está siendo nuevo visibilizarlo, darle valor, compartirlo.

  1. Iglesia, signo de un mundo nuevo… ¿o mejor?

Tampoco es nuevo para la Iglesia que, más o menos fiel al mandato de Jesús, ha alimentado, visitado, acogido, cuidado (Mateo 25, 31ss.), construyendo un Reinado de Dios que incomodaba a muchos.

Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva (…) Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres. (…) Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado. Entonces dijo el que está sentado en el trono: «Mira que hago un mundo nuevo.» Apocalipsis 21,1-5.

Pero mejor que un mundo nuevo, éste redimido, en paz, liberado de dependencia y violencia; un mundo justo y feliz. Y la Iglesia está llamada a ser signo profético y fiel de ese Reinado.

  1. Dar pan. Dadles vosotros de comer (Mc 6, 37)

Solucionar los problemas, vivir, requiere conciencia personal y responsabilidad global. En el caso del hambre, por ejemplo, y más allá de los Objetivos del Desarrollo Sostenible marcados por Naciones Unidas, un auténtico Pacto Global con compromisos de los gobiernos y de los poderes económicos. El descuelgue de D. Trump del Acuerdo de París contra el Cambio Climático (2016) deja patente la fragilidad de las imprescindibles políticas globales y la urgencia y necesidad del trabajo individual y político que las impulsen.

A esta responsabilidad histórica social sumamos nuestra responsabilidad evangélica.

La Iglesia de Cristo, Pan de Vida, y especialmente las mujeres, siempre han repartido pan. Pero eso no es suficiente. La caridad no es lástima, no es sólo dar. Implica justicia…

Imitar al Buen Samaritano no es suficiente. Es necesario actuar combatiendo las estructuras de pecado que producen ladrones y víctimas [3].

  1. Luchar por el pan y la justicia

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados (Mt 5,6)

La Iglesia de Cristo, siempre sensible a esta situación a pesar de incoherencias y errores, ha dado pan. Pero en no pocas ocasiones no ha sabido luchar por él.

No es fácil. Es un enemigo gigantesco y sin cabeza visible. Avaricia personal, y macroempresas que no tienen que rendir cuentas ni ante generaciones futuras, ni ante organizaciones internacionales, ni ante la conciencia ni ante Dios, sino ante consejos de administración que anualmente piden un aumento de beneficios económicos a costa de quien sea o de lo que sea.

Pero ha habido grandes cambios que han demostrado que la Esperanza tiene fundamento. Utopías transformadas en realidades como la abolición de la esclavitud, el voto de las mujeres, etc. Son pasos históricos que, en un sistema global y globalizado, acaban beneficiando a todo el mundo. Por ejemplo, con mujeres como destinatarias de la intervención y como agentes del cambio.

El fortalecimiento económico de las mujeres podría reducir la pobreza de toda la población en su conjunto. Para lograrlo, en primer lugar debemos corregir el modelo fallido que rige nuestras economías, que socava la igualdad de género y alimenta una desigualdad económica extrema.

El modelo neoliberal dificulta que las mujeres ocupen empleos de más calidad y mejor remunerados; también impide hacer frente a la desigualdad en la carga de trabajo de cuidados no remunerado, y limita la capacidad de influencia y el poder de decisión de las mujeres. Para alcanzar el fortalecimiento económico de las mujeres, necesitamos una economía humana que beneficie tanto a hombres como a mujeres, y que esté al servicio de todas las personas, no sólo del 1% más rico de la población [4].

Una nueva situación requiere soluciones nuevas. Las alternativas provienen muchas veces de experiencia de mujeres y perspectivas feministas. No hay que idealizarlo ni generalizarlo. No pocas mujeres son origen o cómplices de los problemas estructurales. Aunque si el origen del problema tiene tintes patriarcales (tener más, parecer más, incluso con violencia), cuadra una alternativa feminista.

Cuesta poner en valor lo que socialmente no cotiza. El voluntarismo puede influir pero no determinar el peso de la realidad. ¿Cómo hacer que los cuidados, lo cotidiano y lo doméstico se valoren en una sociedad tan jerárquica y materialista? Pero mucho está cambiando.

Pero si el cambio económico social requiere un cambio de paradigma cultural y social, más difícil aún resulta dentro de la Iglesia, donde las mujeres, mayoría aplastante de fieles realmente comprometidos, no están representadas sino más bien ninguneadas como el propio Papa ha reconocido.

El sumo pontífice criticó que las mujeres todavía sean consideradas de “segunda clase” y admitió que desde clérigos hasta obispos han abusado de monjas dentro de la Iglesia. Reconoció que la institución debe hacer más para abordar la situación [5].

Las mujeres cristianas, como María de Nazaret (Lc 1, 51-53) han estado siempre presentes en la lucha por el pan. Un buen ejemplo es la Declaración de la UMOFC (Organización Mundial de Mujeres Cristianas) de 1955. Fue detonante de la Campaña contra el Hambre, y comienzo de Manos Unidas en 1960 de mano de la matriarca Mary Salas: Nosotras, mujeres del mundo entero, llamadas por la naturaleza a dar la vida, protegerla y alimentarla, no podemos aceptar por más tiempo que las fronteras del hambre se inscriban en nuestro globo con trazos de muerte.

Mujeres católicas, llamadas por Jesucristo para dar testimonio de un amor universal y efectivo por la familia humana, no podemos resignarnos al hecho de que la mitad de la humanidad sufra hambre (…).

Un solo obstáculo en la lucha contra el hambre sería insuperable: creer la victoria imposible.

Ahora bien, todas unidas y en conexión con todos aquellos que se consagran a la misma tarea, po­demos mucho más de lo que creemos. No se necesita más para acometer la empresa.

Declaramos la guerra al hambre.

  1. Ser pan. Pan de vida

Yo soy el Pan de Vida, bajado del Cielo; si uno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo (Jn 6,51).

De hecho, el devenir eclesial sigue marcado por la línea amorosa del sentir, hacer y decir de un Jesús feminista e incluso escandalosamente femenino. Un Jesús que se refería a Dios y a sí mismo con imágenes femeninas, compasivo. Un Jesús que cuida, sana, alimenta, lava los pies…

Y esa misericordia y compasión asociadas a Dios provienen etimológica y simbólicamente del útero materno (rhm). En su matriz nacemos, vivimos, y seremos acogidos, y por ello se nos llama a recrear nuestras vidas desde esa divina misericordia matricial.

Misericordia compartida por hombres de buen corazón, como Jesús, y por mujeres que, lejos del resentimiento, no han querido dejar la Buena Noticia en manos de jerarcas muchas veces alejados de la realidad cotidiana de las personas, y más aún de quienes sufren.

Y así las mujeres han aportado al bien común, al Mundo y a la Iglesia no sólo su poder productivo (peor pagado aún que el de los varones), sino su poder reproductivo (gestadoras principales y cuidadoras de vida), y más aún, los cuidados a los demás. A costa de su dinero, su tiempo y esfuerzo, su cuerpo, su sueño, sus vidas.

Y ahora, en el momento en que comienzan a empoderarse, a pedir su espacio en el reservado lugar masculino, es cuando los varones están llamados a desaprender privilegios y aprender recursos descubiertos en ese secular segundo plano femenino.

  1. Claves políticas y económicas tanto alternativas como feministas o tradicionalmente asociadas a las mujeres

Porque, como decía San Vicente de Paúl: El amor es creativo hasta el infinito.

  • Sostenibilidad, pensar en futuro. Desarrollo sin esquilmar recursos naturales. Compensar huella ecológica. La primeras comunidades cristianas (Hch 2, 42-47) y las comunidades de personas consagradas son ejemplo de sostenibilidad. Una sola casa, mesa y bienes.
  • No derrochar, reducir, reutilizar, reciclar:

 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido (Lc 15, 8-9).

  • Sistemas nutricionales sostenibles. Como reducir el consumo de carne en Occidente. Un kilo de músculo animal requiere al menos de 9 kilos de cereal. Esta alimentación no es universalizable, ni sostenible, ni sana. Sería mejor consumir más productos agrícolas locales y de temporada, más sanos y con menos consumo energético de producción y transporte. La abstinencia cuaresmal es signo de sostenibilidad y solidaridad con los hambrientos.
  • Soberanía alimentaria y agroecología.
  • Educación. Mejor que dar peces, enseñar a pescar
  • Pensamiento colectivo.
  • Economía circular: para optimizar el ciclo de uso de materiales y revertir los desechos.
  • Controlar la producción para que haya equilibrio entre persona y naturaleza y entre los seres humanos.
  • Lo privado es político. Visualización e intervención en dinámicas domésticas y personales de exclusión.
  • Conciliación laboral y familiar, para facilitar, desde la opción libre, la incorporación de las mujeres al ámbito laboral y público y de los varones al ámbito doméstico y familiar.
  • Universalización y valoración política y económica (no mercantil) de los cuidados.
  • Frente a dependencia, inclusión y no paternalismo. Mayoría de edad y reciprocidad.
  • Horizontalidad en la solidaridad. La solidaridad como intercambio de necesidades y recursos. Todos tenemos necesidades, pero también recursos. Las personas como agentes corresponsables de su desarrollo económico incluso a pesar de su precariedad.
  • Iglesias domésticas, como lugar donde recrear una macroeconomía sostenible y solidaria y viceversa. La acogida y la integración en la casa y la unidad familiar (como muchas de nuestras historias familiares) como signo de una Iglesia que elige hacerse pobre y para los pobres.

Había entre ellas una, llamada Lidia, negociante en púrpura (…). Después de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: “Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa”; y nos obligó a hacerlo. (Hch16, 14-15).

  • Empoderamiento y Liderazgo.
  • Participación asertiva, reasignación de espacios. Una sana rabia sin victimismo ni resentimiento, como la viuda impenitente (Lc 18, 1-8). Además de los roles vetados dentro de la Iglesia Católica, hay otros que podrían estar ocupados por mujeres y no lo están. Delegaciones Diocesanas, Consejos, Parroquias…
  • Discriminación positiva y paridad.
  • Justicia y gestión asertiva de conflictos.
  • Utopía y perseverancia:

Les dijo otra parábola: El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado (Mt 13,33).

  1. Compartir el pan

Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo:

«Tomad, este es mi cuerpo.» (Mc 14, 22).

El cuerpo de Cristo no es el pan consagrado por sí solo. Es el pan bendecido, partido y compartido. Sólo en ese momento afirma Jesús que ése es su Cuerpo, su fraterna y subversiva Eucaristía (Pedro Casaldáliga).

La palabra “compañero/a”, surge en el siglo xi, y procede de cum-panis, la persona con la que compartes el pan. De ahí también “acompañar”. Años de compartir vida y mesa, de descubrir que el pan bien compartido se multiplica, y hasta sabe mejor. Toca aplicarlo a la macroeconomía, pero no es fácil.

  1. Y más

No vivimos de sólo pan (Lc 4, 4), y quizá por eso en nuestra sociedad materialista “morimos de sólo pan” [6].

En esta sociedad de necesidades creadas, cuesta sentir hambre y sed de Dios, y de lo que Él/Ella conlleva y adónde me lleva. ¿Dónde me nutro? ¿De qué pozos bebo? ¿En qué tienda reposo?

Pan y cuerpo encarnado que siente el poder de la semilla de Dios que germina en nuestro interior. Queremos ser y hacer conjuntamente el pan.

Pero no queremos solo el pan, QUEREMOS TAMBIÉN LAS ROSAS. Como las sufragistas de principios del siglo xx. Lo necesario para vivir y aquello que, sin que parezca imprescindible, es necesario para dar sentido a la vida: la amistad, la cultura, la risa, el descanso, Dios.

Jesús describe el REINADO DE DIOS como BANQUETE Y FIESTA con vino, música y baile (Lc 15, 23-25).

La EUCARISTÍA es la anticipación del BANQUETE MESIÁNICO (Lc 13, 29). No es de extrañar que la señal de la cruz, que muchas de nuestras madres hacían en el pan de cada día, tuviera mucho que ver con una casa, una mesa y una vida en la que cualquiera que llegara se sentía parte de la familia.

El pan compartido llega a todo el mundo. Hoy no faltan alimentos, falta gente dispuesta a compartirlos.

Todos los seres tendrán

derecho a la tierra y la vida,

Y así será el pan de mañana,

El pan de cada boca,

Sagrado, consagrado,

Porque será el producto

de la más larga dura lucha humana.

 

No tiene alas la victoria terrestre:

tiene pan en sus hombros,

y vuela valerosa liberando la tierra,

Como una panadera

Conducida en el viento

ODA AL PAN, Pablo Neruda

[1] En España más de 1.800.000 menores de 16 años están malnutridos. Informe de Educo “La regresión de los derechos de la infancia en España 2007-2013”.

[2]La Vanguardia, 22/07/2018.

 [3] Papa Francisco. Discurso a los participantes en la reunión de economía de comunión, organizado por el Movimiento de los Focolares, Aula Pablo VI, 4 de febrero de 2017.

[4] Una economía para las mujeres. Blog de Oxfam Internacional

5] EFE, 5/02/19.

[6] Cf. Dorothee Sölle, Viaje de Ida, Sal Terrae, Santander 1977.