MARIA GIOVANNA RUGGERI

Benjamín Forcano

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Maria Giovanna Ruggieri, nacida en 1952, es profesora de instituto desde 1978. Además, esta italiana, licenciada en Lenguas Extranjeras por la Universidad de Roma y ligada desde su juventud a la Acción Católica italiana, tiene la responsabilidad de representar, desde el año 2000, a la UMOFC en la sede de la FAO (Oficina de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). En 2006 pasa a formar parte, como miembro activo, del Comité de la UMOFC (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas) y vicepresidenta de esta organización para Europa. A nivel local, Giovanna está muy comprometida con asuntos medioambientales, actividades con inmigrantes y proyectos de carácter solidario.

Desde tu actividad como delegada para Europa de la presidenta de la UMOFC, ¿qué sentimientos primeros te produce la tragedia del hambre en el Tercer Mundo?

Los mismos que hace 50 años expresaron las mujeres de UMOFC: “Nosotras, mujeres del mundo entero, llamadas por la naturaleza a dar la vida, protegerla y alimentarla, no podemos aceptar por más tiempo que las fronteras del hambre se inscriban en nuestro mundo con trazos de muerte”. Nosotras las mujeres nos sentimos especialmente dispuestas ante estas situaciones de necesidad y urgencia, adelantarnos a las instituciones y hacer nuestra, proféticamente, la denuncia de estas situaciones y proponer respuestas adecuadas.

Y, por supuesto, vemos con claridad que esa situación no es efecto de un fatalismo sino del egoísmo y del afán de acumular riqueza. Como cristianos tenemos que hacer examen de conciencia y preguntarnos si vivimos los valores de un cristianismo encarnado o espiritual y separado del compromiso en el mundo. La pregunta hecha por Dios a Caín es actual también hoy para nosotros.

¿Cómo valoras la indiferencia de los gobiernos ante el intolerable crimen del hambre que, según la FAO, mata en 1999 a 30 millones de personas?

Cada año mueren 26 millones de niños por hambre, enfermedades y guerra. En Europa hemos bajado las prioridades y no hemos sabido o no hemos querido identificar las causas que con nuestro trabajo contribuirían a erradicar la pobreza, la explotación sexual, el trabajo forzado/ ilegal, el mercado de los órganos humanos, el mercado de niños obligados a mendigar. El tráfico de personas implica a 127 países y en primera posición a Europa.

Desgraciadamente el hambre hace mucho más tiempo que existe. Todavía hoy no ha desaparecido. Falta voluntad política por parte de todas las naciones.

La Tierra dispone actualmente de recursos para alimentar al doble de sus habitantes: unos 12.000 millones. ¿Cómo se explica que una de cada seis personas pase hambre?

La perspectiva dominante de los países ricos frente al tema de la pobreza es la de quienes ven todo como objeto y mercancía, y usan y tiran según los esquemas del consumismo más frenético. La humanidad pasa hambre como consecuencia de factores económicos que conectan directamente con la extraña defensa de los privilegios conquistados.

En los intentos de solucionar el problema del hambre, ¿qué significan los planes del grupo de los 20?

El grupo de los 20 no quieren que los países del Tercer Mundo adquieran conciencia de sus derechos para mantener sobre ellos un estatus de dominación económica y en todos los sentidos.

¿Se puede hablar, con rigor, de un terrorismo que encubre la gran injusticia del hambre?

Ciento sesenta y cinco millones de niños entre los cinco y catorce años son usados como pequeños esclavos en fábricas, laboratorios, tiendas por un pedazo de hambre. Millones son objeto de tráfico para la prostitución . ¿No es eso terrorismo nacido de las entrañas mismas de la injusticia?

Ciertamente este terrorismo mata personas y los lugares y padrinos son las multinacionales que esquivan las leyes de cada país porque los gobernantes no se ponen de acuerdo en la legislación que controle sus intereses.

¿Cómo juzgas la responsabilidad de las democracias occidentales?

Nosotras venimos resaltando la importancia de la mujer en el mundo rural, su formación, su salud, el aprovisionamiento del agua. En África, India y China más del 89 % de las mujeres trabajan en la agricultura. Según la FAO, si las mujeres recibieran sólo la educación primaria habría un aumento de la producción agrícola del 24 %. En Kenia, por ejemplo, donde las mujeres se han implicado en un proyecto agrícola con instrumentos adecuados, ha habido un aumento de producción del 28 % del maíz, del 80 % de alubias, del 84 % de patatas.

Pero las democracias occidentales no son capaces de hacer una política a partir de los pobres. Por ejemplo, en la cumbre de Madrid los países participantes expresan preocupación por la inseguridad alimentaria global, pero no expresan un compromiso claro para considerar básico el derecho a la alimentación.

¿Hay ídolos en la sociedad moderna que tienen necesidad de las víctimas del hambre?

El hambre es consecuencia de la extrema pobreza y al mismo tiempo perpetúa la pobreza reduciendo la productividad de los individuos y de las naciones. Cuando las personas se alimentan con suficiente comida nutriente para conducir una vida activa y sana, cesan de estar dependientes y empiezan a contribuir al crecimiento y al desarrollo de su propia nación.

La FAO considera que la disminución del número de personas hambrientas en el mundo produciría una ventaja de millones y millones de dólares al año, ya que los millones de personas liberadas de la cadena del hambre empezarían a poseer una vida más larga y productiva. Además, reduciría la mortalidad infantil, mejoraría la salud de las embarazadas, disminuiría el riesgo de enfermedades infecciosas y alargaría la vida de los enfermos VIH/SIDA. Y, al convertirse en más prósperas, las naciones en vías de desarrollo sacarían ulteriores ventajas en calidad de socios comerciales a nivel mundial.

Tristemente, frente a estas posibilidades reales, se da por parte de las sociedades más avanzadas un estado de idolatría por derechos o privilegios adquiridos a los que no quieren renunciar aun a costa del hambre y de la pobreza de los demás. Estos privilegios están sostenidos por una mentalidad egoísta que no nos deja ver los derechos de los demás, las necesidades básicas y el bien común.

¿Algún criterio básico para que tanto las personas como las Iglesias y los Estados nos empeñásemos en construir un mundo sin pobreza y sin hambre?

Un criterio básico: reconocimiento efectivo de la dignidad y derechos de la persona. El mismo Papa en su mensaje para el día mundial de la Paz 2009 dice: “se necesita una fuerte solidaridad global… un código ético común” …”la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas”.

Y un sueño que, con otros muchos, espero que un día se cumpla: “Los gobiernos deben reconocer en muchos débiles un potencial para el desarrollo y no sólo un problema; se debe mirar a la soberanía alimentaria de un pueblo como primer escalón de todo proyecto, pues la biodiversidad, de la que son propietarias las pequeñas familias más débiles, debe ser una propiedad mantenida en sus manos y no expropiada ni vendida a las multinacionales; esa biodiversidad es un poder real de los más pobres en cuanto que la semilla es reproducible por ellos y responde a costumbres alimentarias, lo que tiene que ver también con la salud y la capacidad de crecimiento de las plantas seleccionadas durante siglos por esos terrenos y esos climas. Que sea valorada la riqueza del conocimiento de las mujeres y que adquieran poder a través de la propiedad de la tierra, acceso al agua, la formación, el acceso a minicréditos y a pequeños proyectos que vean resultados concretos. Y que puedan organizarse para vender , empezando en el propio lugar de residencia”.

¿El Dios cristiano se muestra impotente para resolver la tragedia del hambre?

Nuestra responsabilidad es procurar que las mujeres puedan sacar fuera su creatividad, ese “genio” que les es propio y que, las más de las veces, está siendo frenado y mortificado. Ese genio necesita ser reconocido en la Sociedad y en la Iglesia, con su presencia, participación, diálogo, corresponsabilidad y que se mostrará sin duda en la defensa activa de sus derechos y en combate directo contra la violencia de que son objeto.

Es así como entendemos que el Dios cristiano dijera que la creación era responsabilidad y posesión de todos. Jesús de Nazareth nos dijo: “dadles vosotros de comer”. Somos nosotros los que hacemos eficaz o ineficaz este mandato. Es nuestra responsabilidad.