Llamamiento a un proceso constituyente

Miguel Ángel de Prada

Empezando por el Apéndice. El proceso de elaboración del texto

El lector del presente texto se encuentra ante un proceso inusual, puesto que se trata de una obra de elaboración colectiva, acorde con el procedimiento tal como se piensa que deba ser el debate constituyente, donde “el proceso social en el que se decantan las ideas y aspiraciones es más importante que el producto final” (p.84)

Dos revistas, Esbozos y Éxodo, con el apoyo de la Cátedra Tierra Ciudadana de la U. Politécnica de Valencia, convocaron un seminario destinado a profesionales, personas de la academia y activistas sobre tres ejes (el capitalismo actual, los movimientos político-sociales y el proceso constituyente), “donde lo que importaba era que las preguntas estuvieran bien formuladas, de modo que contribuyeran a reconocer una solución y el camino a seguir” (p.82).

El seminario tuvo lugar en Madrid desde enero a septiembre de 2016, en reuniones mensuales.  La metodología combinó dos niveles de participación: en el primero, cada una de las personas implicadas presentó un tema de los propuestos en sesión presencial para ser debatido. El resultado de cada sesión se trasladó al conjunto de participantes no presenciales, segundo nivel, quienes presentaron sus comentarios por internet y fueron incorporados al resumen inicial. Junto a los textos elaborados para el seminario se presentaron otros 9 trabajos ya publicados de los propios participantes.  Todo el material reunido se comenzó a trabajar en pequeños grupos para convertirlo en los borradores de cada uno de los capítulos del libro final, que fueron de nuevo debatidos y corregidos colectivamente. Terminado el primer borrador de los capítulos, un equipo de 5 personas revisó el conjunto entre octubre y noviembre para homogeneizarlo. El resultado se distribuyó de nuevo al conjunto de participantes de ambos niveles y, con la incorporación de sus aportaciones, se llegó al texto definitivo que se publica. Al cuerpo central le precede el prólogo de A. Garzón y lo cierra el epílogo de J.A. Pérez Tapias (en un guiño calculado a dos de los interlocutores posibles en el espacio socio-político actual).

Análisis y propuestas: el cuerpo central del texto

El resultado conseguido es un texto de firma colectiva, contenido riguroso aunque sometido a debate, y lectura ágil con el objetivo de una amplia divulgación. Pero una pretensión parece recorrer los 5 capítulos del texto: establecer una posición clara contra las veleidades del reformismo constitucional como situación inevitable en la España de hoy. La propuesta de un proceso constituyente terminará en mera Reforma si no se afianza la construcción de poder popular por medio de prácticas instituyentes. La tarea de construir mayorías democráticas se torna así en un objetivo central, dado que si se llegara al gobierno sin base social, se fracasará; pero si la base social se encuentra fuera de instituciones que la representen, no se consolidará.

El párrafo final confirma que “este llamamiento a un proceso constituyente no persigue otra cosa que subrayar la necesidad de elaborar colectivamente otro proyecto de país (…), que no puede esperar a que tengamos la fuerza y la capacidad suficiente para llevarlo a cabo, sino que se construye desde ahora mismo…” (p.68). Es un aviso para superar el fatalismo elitista.

Los dos primeros capítulos analizan la Constitución del 78 y el proceso de transición que la soportó como un modelo agotado ya, y el contexto de crisis actual nacional y en la UE que pueden llevar al espejismo de la segunda transición involucionista. Los dos siguientes capítulos presentan los escenarios probables de la reforma constitucional, dada la correlación de fuerzas actual, y la necesidad de construir mayorías para pensar un futuro proceso constituyente. De modo propositivo, el quinto y último desgrana los contenidos estratégicos de una nueva constitución, fruto de un nuevo proceso constituyente. Las líneas sugeridas se encuentran muy abiertas y se expresan con frescura. Así en el tema del ‘Estado en transformación’, se plantea que “la soberanía no puede ser un falso punto de partida, sino una meta a la que sirve la constitución” (p.59), y que “el pueblo español no es una realidad previa inamovible, sino un concepto jurídico que sirve sobre todo a efectos constitucionales”; tanto la República como el Federalismo pueden ser puntos de partida, mas el objetivo final será la articulación de la sociedad bajo la solución que se consensúe. La pregunta clave del proceso constituyente, se dice en la “Arquitectura política y social” (p.60) es ‘qué queremos construir, qué modelo de sociedad queremos dejar sentado en la constitución”: organización política (dejar paso a la democracia participativa, políticas de igualdad y laicismo, municipalismo y Europa en perspectiva internacionalista y solidaria); economía y medio ambiente; derechos sociales (reconocidos y, sobre todo, garantizados contra la ley mordaza, por ejemplo) y nuevos derechos constitucionalizados (el derecho a la alimentación, al agua y la renta básica de inserción). Pero todo este programa quedará vacío sin la condición necesaria, la construcción del sujeto constituyente (p.68) que se forja en las luchas y creaciones alternativas, que se constituye como actor político discutiendo la hegemonía del poder con un proyecto de país que se constitucionaliza.

Llamamiento, no manifiesto ni pronunciamiento

El texto se presenta bajo la forma de ‘llamamiento’, realizado por un grupo de personas no adscritas y dirigido al conjunto del país. No es un manifiesto al que adherirse; no es un pronunciamiento al que seguir obedientemente. ¿Alguien escucha los llamamientos? Nos recuerdan los autores la vigencia de este debate desde las Asambleas ciudadanas constituyentes de Sevilla, en 2011. Pero la cuestión clave no es desde hace cuánto tiempo, sino bajo qué forma se reabre el espacio social: como tiempo de espera hasta nuevas elecciones o como espacio constituyente de los nuevos derechos y deberes (p.51).

Catorce personas han lanzado este llamamiento pero no se trata de la tarea ímproba de catorce personas ‘buenas’. Tal como señalan, “este proyecto de país necesita ser pensado y discutido ampliamente y finalmente quedar plasmado en una nueva constitución” (p.68). El llamamiento es pues a iniciar conjuntamente ese proceso de debate colectivo sobre el que se han ido delineando sus etapas principales. Lector, si has llegado hasta aquí, hay pendiente ante ti un inicio de camino en el que no te encontrarás solo; no hay promesa de llegada a ningún puerto pero se alumbra otra oportunidad para la democracia participativa.