Laicidad y laicismo a la altura de nuestro tiempo

Juanjo Sánchez
  1. Díaz-Salazar, Democracia laica y religión pública, Taurus, Madrid 2007, 206 pp. R. Díaz-Salazar, España laica. Ciudadanía plural y convivencia nacional, Espasa, Madrid 2008, 319 pp.

Estos dos libros de Rafa Díaz-Salazar responden a un contexto de hace ya diez años, pero mantienen una sorprendente actualidad porque el debate que los suscitó en su momento sigue lamentablemente abierto: como reza el título de este número de nuestra revista ÉXODO, “la laicidad sigue siendo un asunto pendiente”. Pero, además, porque su contenido rebasa el debate de aquella coyuntura y aborda el debate más amplio que está en el fondo sobre una concepción de la laicidad a la altura de nuestro tiempo.

Como ha dejado reflejado en la espléndida ENTREVISTA que nos ha concedido en este número, Rafa, sociólogo y cristiano comprometido, conoce como pocos los pliegues de la realidad política, social y moral de nuestro país, así como las complejas relaciones históricas entre la iglesia, el Estado y la sociedad, y por tanto también los entresijos de los planteamientos de la laicidad y de sus debilidades.

Los dos libros forman una obra conjunta y el debate de fondo que en ellos se aborda es el de la relación entre democracia laica y religión pública y, más ampliamente, el de la tensión entre ciudadanía plural y convivencia nacional. Un debate de gran calado que Rafa analiza con todo rigor, con un amplio y bien fundado conocimiento de sus dimensiones y facetas –a la vez que en un lenguaje transparente y ágil–, y con una valentía y lucidez que sorprenden.

En el primero, el autor parte de un dato sociológico: la repolitización de la religión en los países del capitalismo avanzado, y a la vez de una tesis: el carácter público de la religión en la mayoría de esos países. Y a partir de ahí plantea el lugar de la religión en las sociedades democráticas modernas, recabando para ello el apoyo de dos grandes del pensamiento político, Rawls y Habermas, con quien finalmente se identifica más, por dos razones: porque es necesario ir “más allá del liberalismo” y porque con Habermas se concilian claramente tres decisivos principios en este debate de fondo: la laicidad de Estado y sociedad, la autonomía de las leyes y, a la vez, el carácter público de la religión y por tanto su derecho a intervenir en la esfera pública y a que su voz sea escuchada.

Pero, claro está, el debate comienza justamente ahí: cuando no se respeta la conciliación de esos principios. Por ejemplo, cuando la religión deviene en fundamentalismo ético y religioso con implicaciones políticas. Es la peligrosa tendencia que está tomando en varios países, concretamente la sostenida por la jerarquía católica española dominante. El segundo capítulo del libro contiene un análisis riguroso y exhaustivo y una lúcida denuncia de esta perversión del catolicismo en nuestro país y de sus lamentables consecuencias.

Para arrojar luz sobre este drama que tan negativamente afecta al cristianismo, el autor hace también un fino análisis del debate llevado a cabo entre el entonces cardenal Ratzinger y el filósofo crítico Habermas. De donde emanan dos convicciones sustanciales: 1) no cabe diálogo con la razón desde una postura dogmática de la verdad, y 2) la razón crítica, y por tanto, la laicidad, no bebe solo de su propia fuente, y hará por eso bien en escuchar la voz y en estimar la motivación ética que le puede venir, en el ámbito pre-político, de la religión (así como de otras instancias culturales o morales laicas, agnósticas o ateas).

Porque la religión, concretamente el cristianismo, no se agota en modo alguno en el integrismo religioso-político de jerarquía y fieles neo(teo)conservadores que pretenden imponer su verdad a toda la sociedad. Hay un cristianismo laico –recuerda y subraya Rafa– que puede ser, que es efectivamente, una fuente de genuina inspiración y motivación de compromiso en favor de una democracia post-liberal, republicana y socialista. Una fuente que, sin embargo, buena parte del laicismo más radical de nuestro país parece seguir ignorando o desdeñando incomprensiblemente.

Al primer estudio añade por eso Rafa un segundo, España laica, en el que, con la misma clarividencia y razón, analiza las razones históricas e ideológicas de esa mirada sesgada del laicismo español, a diferencia del laicismo europeo, y donde pone las bases para una ciudadanía abierta y plural, para un laicismo incluyente capaz de generar una convivencia más integral, más rica, más justa, más humana.

La actuación integrista de la iglesia neo(teo)conservadora hace más que comprensibles las voces que se alzan frente a ese laicismo incluyente (véase Ramoneda, Flores de Arcais, Savater…). Pero la propuesta de Rafa, que rechaza de plano esa actuación, es de largo alcance y suficientemente lúcida como para ser escuchada y tomada en serio. Y no solo, precisamente, por los creyentes.