La Memoria

Evaristo Villar: C. Pereda, MA. de Prada, B. Forcano, J. Sánchez

Esta sección de ÉXODO, Punto de Mira, ha pretendido ser siempre un mirador matutino, nunca imparcial, de la vida que en común vamos haciendo: desde sus factores socio-económicos y socio-políticos –que solemos revestir de mayor solemnidad y trascendencia– hasta la cotidianidad –frecuentemente anodina– donde la ética y la espiritualidad van liberándonos del autismo individualista y tejiendo redes de solidaridad y comunión.

Desde esta forma coral de mirar la vida, todos los momentos que nos afectan a lo común resultan importantes y preocupantes, no solo por lo que son y lo que anuncian o denuncian, sino también por lo que significan. De todos ellos se va construyendo nuestra historia, la que vamos haciendo y la que nos hace. Por más que lo pretendiéramos, nunca podríamos deshacernos como iconoclastas de ese continuum que nos va haciendo como la crecida del agua hace el cauce de río. Tampoco lograríamos, aunque lo pretendiéramos contra nuestra propia naturaleza, mistificarlo hasta el punto de convertirlo en fetiche o muro que nos impida seguir caminando.

Desde su origen –también en estas últimas décadas–, ÉXODO se ha venido convirtiendo, de forma consciente, en un lugar de “memoria colectiva y subversiva” en esta zona del mundo occidental olvidada y principalmente en nuestro país. Nunca ha pretendido hacer un relato exhaustivo y holístico de todo cuanto nos va ocurriendo o provocando; ha querido ser, más bien, “un testigo” rebelde e incómodamente crítico de cuanto real y significativamente nos ha venido sucediendo.

Si todo cuanto acontece en la vida por el mero hecho de existir ya tiene su importancia, son sobre todo los “grandes descartes” humanos –víctimas en todos los ámbitos– y la tierra, actualmente al borde la implosión, los grandes referentes que han focalizado el Punto de Mira selectivo y parcial de ÉXODO. Sus principales retos nos han venido desafiando a formular modestas alternativas para ir caminando progresivamente desde este neoliberalismo irracional y omnipresente –que nos envuelve y pretende construirnos a su imagen y semejanza– hacia otro tipo de sociedad y de política, de ética y de espiritualidad holística y liberadora”, más acorde con la dignidad y la multidiversidad de la vida.

En los apartados que siguen, el equipo de redacción de ÉXODO recoge, en apretada síntesis, las preocupaciones y aportaciones que, en estas últimas décadas, ha venido haciendo desde la revista ÉXODO en la seguridad de estar ofreciendo a nuestros lectores y lectoras no solo una parte importante de lo que ya ha sido, sino también como de algo de lo que está siendo e intentando intervenir en el diseño de nuestro futuro.
Bajo el reinado de la telemática –donde el tiempo se reduce a mera fugacidad y liquidez y el valor de todo lo que hacemos, a su instantaneidad e inmediatez– considero que no sería mala cosa el intento de rescatar, de alguna manera, la sabiduría de los clásicos y su forma de mirar las cosas que colectivamente vamos haciendo y que van constituyendo nuestra historia. Resulta particularmente sugerente, a este propósito, la finura de análisis y la valoración que hacen del pasado, que frecuentemente damos por borrado de nuestra vida, y, sobre todo, de la densidad de cada “tiempo presente” como lugar de encuentro y de tensión entre lo que ya fue y ya no es y la expectación de lo aún inexistente.
Ya desde el siglo IV lo advertía San Agustín en el siempre sugestivo libro de las Confesiones: “Resulta claro y evidente, escribía él, que ni lo futuro ni lo pasado son… Más propiamente debiera decirse que los tiempos son tres: presente de lo pasado, presente de lo presente y presente de lo futuro. En efecto, estos tres modos son de algún modo en el alma y no veo otra forma de comprenderlo: el presente de lo pasado es la memoria, el presente de lo presente, la atención, el presente de lo futuro, la expectación” (Libro XI, cap. 27).

Con verdadera “atención” recogemos en este Punto de Mira del número 150, que hemos titulado la Memoria, los aportes más significativos que hemos venido ofreciendo desde las cuatro claves más representativas de la revista, esto es, la socio-económica, la socio-política, la clave ética y la de la espiritualidad liberadora. Su actualidad en nuestro presente no se ha borrado, permanece y es una parte importante de nuestro presente como memoria y como “expectación” del futuro.
¡Ojalá que esta pequeña oferta de “memoria colectiva” de nuestra historia nos sirva para hacernos cargo de las víctimas que vamos dejando descartadas y olvidadas en la cuneta y nos mueva a apostar por procesos alternativos donde el Punto de Mira sean las brillantes liberaciones logradas en favor de la dignidad de todos los seres humanos y del respeto y cuidado de la casa común, el planeta tierra!

1. Clave socio-económica
Carlos Pereda

La economía ha sido uno de los temas centrales de ÉXODO en la última década, como lo demuestra el hecho de que a ella se han dedicado 14 números monográficos, además de muchos artículos sueltos. Los ejes han sido dos: una crítica frontal del sistema capitalista (“Rehenes del capitalismo”, 2011); y una continua búsqueda de propuestas alternativas (“Liberación del mercado: por un cambio radical”, 2019). El capitalismo implica una “concentración brutal de poder” que ha logrado legitimidad social en estrecha connivencia con el poder político (“¿Quién dijo soberanía?”, 2016).

La crítica del capitalismo se lleva a cabo en términos históricos, observando sus metamorfosis a lo largo del tiempo y sus graves efectos sociales y ambientales.

En el largo plazo, el modelo económico capitalista se apuntaló en siglos pasados como ruptura con las sociedades tradicionales y/o periféricas a partir del despliegue de la civilización industrial, el mercado dominado por el capital y el uso predominante de las energías fósiles (Víctor Toledo y Narciso Barrera). Ramón Fernández Durán recogía esto mismo poco antes de morir (sirva esta cita como homenaje a un hombre extraordinario):
“La guerra silenciosa, mortífera y en acelerado ascenso contra la Naturaleza llevada a cabo por la expansión a escala planetaria del sistema urbano-agro-industrial ya no se puede ocultar y está actuando actualmente como un boomerang… Tal despliegue no habría sido posible sin una energía abundante y barata, y otros recursos claves como el agua, minerales, alimentos y biomasa. Y, por supuesto, por la oferta imparable de fuerza de trabajo asalariada y de trabajo doméstico no remunerado (prioritariamente femenino), así como unas megaestructuras de poder político, económico y financiero que lo impulsaron. Un todo interrelacionado que en el siglo XXI se empieza a desmoronar, por sus contradicciones internas y especialmente por chocar con los límites geofísicos y biológicos planetarios” (“El grito de la tierra”, 2010).

En el medio plazo, el estado liberal burgués de las primeras décadas del siglo XX tuvo un momento de inflexión en los estados de bienestar posteriores a la II guerra mundial y en acontecimientos tan importantes ocurridos en aquellos años como Mayo del 68 o, a nivel de la iglesia católica, el concilio Vaticano II o la Conferencia de Medellín, y la posterior reacción neoliberal conservadora de los años 80 (Alfonso Ortí, Daniel Albarracín).

Por último, en el más corto plazo, la crisis de 2007 provocó en Europa y en España políticas austericidas, nuevas formas de “gobernanza oligárquica” y reforzamiento de fronteras, pese a la indignación creciente de amplios sectores de población (Jaime Pastor, Francisco Martín Seco, Juan Torres, Carlos Fernández Liria). ÉXODO se hace eco en varios números monográficos de algunas consecuencias extremas de esta evolución, como el incremento del hambre y de los desahucios.

Entre los efectos del capitalismo destacan dos: la desigualdad social y la insostenibilidad ambiental. Por una parte, las políticas neoliberales han reforzado la polarización internacional y, en el caso de España, unas crecientes tasas de pobreza y exclusión (Sebastián Mora, Nuria Suárez). Por otra parte, la expansión del capitalismo choca con la biosfera y provoca la destrucción de la “casa común” a través del cambio climático, la crisis del agua y la contaminación ambiental (Leonardo Boff, Ladis Martínez, Yayo Herrero, Santiago Álvarez Cantalapiedra). ÉXODO ha dedicado una monografía a la encíclica del Papa Francisco (“Laudato si”, 2015), valorada por Boff como la “carta magna de la moderna ecología” y de la que Lowy destaca su carácter “antisistémico”.

Entre las alternativas que se plantean, aparecen diversos escenarios que sus autores matizan con detalle: economía sostenible a partir del decrecimiento, la redistribución y la democratización (Luis González), ecosocialismo anticapitalista (Michel Löwy), economía social (Alberto Garzón), ecosoberanía popular (Luigi de Paoli), etc. Otras propuestas tienen como eje principal la instauración de una democracia real (Enrique Dussel), el nuevo municipalismo (Ángel Calle), o el movimiento por la democracia en Europa 2025 (Yanis Varoufakis).

Se exponen también alternativas puntuales o sectoriales como la renta básica universal (Ignacio Sánchez-Cuenca), una nueva cultura del agua (Santiago Martín y Erika González), la estrategia indígena del Buen Vivir defendida por varias constituciones de América Latina (Juan Diego), la soberanía alimentaria frente al agro-negocio (José Ramón González), la banca ética (Pedro Tostado), así como nuevos proyectos de autoformación desde los movimientos sociales como Nociones Comunes (Traficantes de Sueños).

Frente al relato mítico de que el capitalismo es indestructible, hay que recordar con Yayo Herrero que “no es una ley natural. No siempre se vivió así, más bien es un leve parpadeo en la historia de los seres humanos. Y ni siquiera se vive bajo la lógica capitalista en todo el mundo. Las relaciones en los hogares no son capitalistas, ni persiguen la maximización del beneficio (sin obviar el hecho de que se basan en la lógica de dominación patriarcal), tampoco son capitalistas las relaciones que mantienen muchos pueblos todavía hoy en el mundo. El capitalismo es una construcción social y como tal se puede cambiar” (“Tiempos de postindignación”, 2012).

2. Clave socio-política
Miguel Ángel de Prada

El interés por las modalidades de gestión de lo público, de la vida ciudadana a nivel local, nacional e internacional, ha sido una constante en las preocupaciones de ÉXODO en el período que presentamos. El doble eje sobre el que ha pivotado esta preocupación ha sido, por una parte, priorizar a los sectores sin voz, a los grupos excluidos en las relaciones de poder y, por otra, apoyar el alumbramiento de otra gestión de la vida colectiva. Estas preocupaciones se han materializado en títulos explícitos que llevan en la portada la palabra ‘política’, aunque con apellidos diversos: “Regeneración de la política”, nº 104; “Recuperar la política. Tiempos de indignación”, nº 113; “Recrear la política”, nº 123, o que aluden a la modalidad democrática de la misma: “Para que otra Democracia sea posible. ‘Tú decides’, nº128; “Democracia real. Retos pendientes”, nº 133, y llamando la atención sobre la usurpación de la misma: “¿El pueblo soberano?”, nº 119, y más explícitamente: ”¿Quién dijo soberanía?”, nº 136.

Entre las temáticas tratadas específicamente, como resultado de una mala gestión de las relaciones sociales, encontramos la lacra de los “Desahucios”, nº 117, y la “Des-igualdad creciente”, nº 131. Destacando la serie de dos números dedicados a “Migración y Asilo” (nº 102) y las “Respuestas ciudadanas” (nº 145), así como la trilogía, por el momento, sobre el derecho a la alimentación, desde la iniciativa de La Carta contra el Hambre, en la que se ha implicado activamente la revista ÉXODO: “Carta contra el hambre”, nº 129; “Acabar con el hambre por ley”, nº 139 y “Garantizar el derecho a la alimentación por Ley”, nº 149. Pero como no todo es señalar déficits, se han dedicado números a la apuesta por otros “Modelos de familia hoy”, nº 125 y la inexcusable “Libertad de expresión”, nº 108. Otros dos números se han hecho eco de la dimensión ecológica, sea por el desafío en que sume a todo el planeta, “Crisis ecológica”, nº 116, como la valiente propuesta integral que planteó la carta de Francisco “Laudato Si”, nº 130.

Tampoco ha faltado una mirada a problemáticas domésticas que parecen inacabables, como “La memoria histórica”, nº 101, o el tema catalán, tratado después de un encuentro propiciado por la revista con grupos sociales creyentes y no creyentes en Barcelona, para no hablar de oídas: “CATALUÑA. Más allá del vértigo”, nº 141, que se anuncia tendrá una réplica en Madrid próximamente. Por supuesto, no ha escapado a nuestra atención el tema de la UE: “¿A dónde vas Europa?”, nº 112, y “BREXIT. Más allá de Europa”, nº 135, ni el reciente 60 aniversario de todos los 60: “Los 68’. Utopía y Presente”, nº 144, ocasión que tan mal digestión ha propiciado en círculos vaticanistas conservadores al seguir constatando su fuera de juego al no aceptar la mayoría de edad de los creyentes en todos los órdenes o la reclamación del papel igualitario de las mujeres en la sociedad y en la iglesia, tal como reflejan los números 137, “Aproximación a las teologías femeninas”, y 147, “Las mujeres y la Iglesia”.

Por supuesto, la clave socio-política, por amplia que pueda parecer, no copa todo el espacio de las temáticas social, cultural, económica ni, tampoco, la religiosa o ética. Más bien se solapa frecuentemente con varias de ellas, produciendo un mestizaje de perspectivas enriquecedor. En esta línea señalamos el nº 115 sobre “Espiritualidad y Política. Tiempos de perturbación” o los dedicados a “La corrupción. ¡Basta ya¡”, nº 126, y el “Consumo responsable”, nº 111, ambos con una clara dimensión ética. ¿Qué decir de la estrecha relación entre economía y política?, así la abordó el nº 107: “Rehenes del capitalismo”. Muy recientemente, el nº 148, “MERCADO. Liberación por un cambio radical” construía con los mimbres de la política, economía, ecología y religiosidad un profundo manifiesto contra las injusticias del orden actual. Unas palabras del editorial expresaron inequívocamente este compromiso: “ÉXODO quiere ser un alegato por un cambio radical de la política que englobe la economía, la ecología y la religión. Radical, porque estamos en una hora decisiva de la humanidad. Y la radicalidad requerida puede venir (…) del cristianismo de liberación. Porque tanto la política como la religión son liberadoras, o no son. De ahí el título del número: LIBERACIÓN. Continuaba expresando que para hacer frente a este reto, se necesitan todas las manos para ir trazando entre todos, creyentes y no creyentes un camino de salida. Y “Particularmente los cristianos (…) llevamos en la mochila dos fuerzas de enorme importancia. La memoria de tantos espacios donde se ha apostado por la liberación y el reto permanente por liberar el Evangelio de tantas adherencias (…) como se le van pegando en la historia”. Posicionamiento que se trasladará al ámbito de la clave eclesial, en donde también se juega la gestión de las relaciones entre los creyentes en Jesús de Nazaret para conseguir otras modalidades comunitarias, alejadas de tanta adherencia de poder profano en la historia.

3. Clave ética
Benjamín Forcano

Su peculiar estructura ontológica confiere al ser humano un nivel ético que le otorga Carta de ciudadanía y valor universal. Carta que quedó definida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “La libertad, la justicia, y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de la familia humana” (Preámbulo de la Declaración).

Desde esta constitución específica, la conciencia humana elabora una ética, que ÉXODO ha intentado descubrir y potenciar en cada uno de los temas tratados.

Nuestra utopía es la verdad del mañana
1º La ética cristiana incluye y sobrepasa la ética racional
Es innegable la unidad ontológica de las personas y de los pueblos, de su dignidad y derechos, anclados en lo hondo de la conciencia humana. De ahí brota la voluntad de impulsar una mentalidad donde todos podamos unirnos para resolver problemas que nos son comunes y sobre los que necesitamos unos mínimos para convivir en justicia, libertad y paz.

En tiempos pasados, la religión cristiana era la matriz axiológica de la cultura occidental, hasta el punto de no dejar lugar para las búsquedas y afanes éticos.

Hoy, tanto creyentes como no creyentes comparten que pueden admitir un proyecto ético de validez universal, entendiendo por tal “un consenso básico sobre una serie de valores vinculantes, criterios inamovibles y actitudes básicas personales” (Hans Küng).

Esa autonomía, asumida por Jesús de Nazaret, adquiere plenitud a la luz de su mensaje y del resultado final de su vida.

2º La dignidad humana, quicio de un proyecto ético universal
Toda persona es portadora de una dignidad y derechos universales irrenunciables. Hay una común identidad, cuya génesis constitutiva es la fraternidad: “El hombre es hermano para el hombre, no lobo”. “Todos vosotros sois hermanos”.

Frente a este valor, lo esencial es que, frente a la realidad pequeña de la patria, del territorio, de la lengua, de la cultura, de la religión, de la política, de los Estados, está la realidad superior a todas ellas: la persona.

3º Norma ética universal primera
La persona, por tanto, debe ser siempre fin, nunca puro medio. Y, dotada de razón y conciencia, está obligada a actuar de forma realmente humana y no inhumana a hacer el bien y evitar el mal. “Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti”.

La jaula de hierro del capitalismo
No se pueden ignorar los grandes cambios operados en la cristiandad con el concilio Vaticano II. La teología moderna, en sus múltiples ramificaciones, ha ido mostrando un nuevo rostro de igualdad y liberación, que ha suscitado temor, denigración y ataque de los Centros más significativos del poder.
Marx hablaba de la religión cristiana como opio del pueblo, Benjamín Walter habla como religión que ha sido parasitada –engullida– por el capitalismo.
El espíritu del capitalismo parte de este supuesto: siempre que las personas tienen éxito en lo económico, que su organización del trabajo les produce y acumula riqueza, es señal de predestinación y del amor de Dios.
Pero, claro, el capitalismo se guarda de no pregonar que la riqueza producida es solo para la burguesía capitalista. La plusvalía se la queda siempre el burgués capitalista y de ahí surge la asimetría en la distribución de la riqueza.

Resulta lógico, por tanto, que si el cristianismo, calvinista sobre todo, se transformó en capitalismo, pasara el capitalismo a ser la nueva religión, una religión que excluye la trascendencia y la reemplaza por un culto permanente, sin descanso ni fiestas, al valor dinero. Sustituye el ser por el tener, los valores culturales y morales por los mercantiles y monetarios.
Si en la política –y en la economía subordinada a la política– es donde más se conculcan hoy los principios de la Ética y del Evangelio, los cristianos tienen que plantar su lucha en el corazón mismo de la política, como lo hizo Jesús, el cual fue crucificado ignominiosamente por el imperio romano y el sanedrín judío.

Con razón, pues, escribe el obispo Pedro Casaldáliga: “Una fe que no es política, no es una fe cristiana”. Se entiende entonces por qué el capitalismo se empeñó en orquestar que toda presencia y relación del Evangelio con la política es espurrea, degradante y negadora de la fe cristiana.

Una manera ésta sobradamente sutil para neutralizar la fuerza subversiva del Evangelio y convertir el cristianismo en opio del pueblo.

4. Clave de espiritualidad liberadora
Juanjo Sánchez

Volver la mirada atrás, a los últimos cincuenta números de nuestra revista ÉXODO, puede causar extrañeza a más de uno. Una revista de inspiración cristiana parece muy poco “religiosa”, precisamente si uno busca los temas religioso-espirituales en los títulos de los diferentes números que se han publicado… No lo disimulamos: nuestra revista ÉXODO es, seguramente, una de las más laicas, seculares, a primera vista “menos religiosas” del panorama. Pero la apariencia, la primera vista, engaña enteramente. La vertiente “religioso-evangélica” de todos sus temas es justamente la más decisiva para ella, la dimensión más profunda, como la llamó el gran teólogo protestante Paul Tillich, la que buscamos en todos los números.

Parece una paradoja, y lo es. Pero no es un juego banal de palabras, sino una exigencia radical que deriva de la singularidad y diferencia del Dios cristiano, del Dios de Jesús. Una exigencia por tanto medular para comprender correctamente la vertiente “religioso-evangélica, la genuina “espiritualidad” en sentido evangélico.

Un par de citas del teólogo-político Juan Bautista Metz iluminan certeramente lo que quiero subrayar:
“’La crisis de Dios’, ¿no se debe, entre otras causas, a una praxis eclesial en la que Dios se ha predicado y se predica vuelto de espaldas a la historia de sufrimiento de la humanidad?” J. B. Metz, La provocación, p. 45

“Se trata de la pregunta acerca de cómo se debe hablar de Dios a la vista de la inescrutable historia de sufrimiento del mundo, de ‘su’ mundo. A mi juicio, esta pregunta es la pregunta de la teología.” J. B. Metz, Memoria passionis, pp. 18s.

“El que habla de Dios y en su hablar no se escucha el eco del sufrimiento del mundo, ése no hace teología, sino mitología.”

Más certeramente no puede expresarse lo que pretendía decir en mi introducción al comentario de la dimensión o clave “religioso-evangélica” de la memoria de los últimos 50 números de nuestra revista ÉXODO: Dicho con Metz: Quien evoca o habla de religión, o de evangelio o de espiritualidad y en su hablar no se escucha el eco del sufrimiento del mundo, ese no habla verdaderamente de la genuina religión y espiritualidad cristianas, no habla del evangelio ni del Dios de Jesús; ése hace mitología.

Pues esa es la clave religioso-evangélica que ha guiado la inspiración y la escritura de todos los números de nuestra revista ÉXODO, también de los cincuenta últimos. Porque es la clave y la inspiración del éxodo histórico, la espiritualidad, la mística de liberación. La paradoja del Dios de Jesús marca también la singularidad de nuestra revista.

Acertaba por eso de lleno el Consejo de redacción que la revista iniciara su centenaria andadura con tres temas, una vez más, aparentemente alejados de la clave “religioso-evangélica”, pues los tres eran, paradójicamente, temas profundamente “espirituales” en el sentido de la genuina espiritualidad y mística del éxodo para la liberación, en sintonía con la fe en el Dios “diferente”, “paradójico” de Jesús: impotente y débil, sensible ante todo ante el sufrimiento de los pobres y oprimidos, de los pequeños y olvidados del mundo

La Memoria Histórica, tema del nº 101, rescataba la esperanza truncada de las víctimas, sin la cual la historia se convierte en un terrible monumento a la injusticia, como en gran parte ya lo es, en radical oposición a la genuina religiosidad y mística del Dios del éxodo. Lo que parece no perturbar seriamente a una mayoría de los representantes oficiales de la religión y la espiritualidad.

El tema del nº 102, Migración y Asilo podría asignarse a la clave sociopolítica, pero no menos a la religioso-evangélica, pues coincide plenamente con la espiritualidad y la mística del éxodo.
Y el Grito de la tierra, tema del nº 103, que bien podría asignarse a la clave económica, política y ética, es el título más logrado para evocar al mismo Dios del éxodo, al Dios que escucha el clamor de su pueblo oprimido bajo la esclavitud, al Dios sensible al sufrimiento de los seres humanos… Los temas aparentemente solo sociales, económicos y políticos se revelan temas religiosos, espirituales y místicos cuando en ellos está en cuestión el sufrimiento de los seres humanos, pues entonces, como subrayaba con gran fuerza y convicción el mencionado teólogo político Juan Bautista Metz, está implicado en ellos Dios mismo, el Dios del éxodo, el Dios de Jesús.

Y así, nuestra revista se fue haciendo, número a número, portavoz de problemáticas sociales, económicas y políticas que afectaban negativamente a los seres humanos, especialmente a las mayorías pobres y marginadas, a los hermanos sufrientes, rescatando con ello y en ello el impulso y el desafío religioso-místico del éxodo, que es, en su expresión culmen, la actitud y la espiritualidad evangélica.

De ahí plantear seriamente si no es hora de promover “otra Iglesia” (nº 118), si no es el “Kairós de Evangelio” (nº 122), de una espiritualidad recia, profunda, evangélica. No una espiritualidad cualquiera, desencarnada y deshistorizada, sino una amasada en la propia espiritualidad de Jesús. De ahí la urgente necesidad de una “vuelta a Jesús” (nº 132), no al Jesús devocional, sino al Jesús histórico, que por practicar la misericordia lo colgaron en la cruz: porque, “la misericordia de Jesús fue misericordia conflictiva”. Como conflictiva fue también la espiritualidad de Jesús: una mística, diría el teólogo Juan Bautista Metz, “de ojos abiertos”. Mística y política, según las mismísimas palabras de Jesús: “Porque tuve hambre y me disteis de comer…” (Mt. 25,35) Esa es la genuina espiritualidad evangélica, la espiritualidad que profesa y a la que quiere ser fiel nuestra revista ÉXODO.