La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma

Miguel Ángel de Prada

El final de 2019 está siendo prolífico en acontecimientos referidos al tema del texto que vamos a comentar. El propio autor, Santiago A. Cantalapiedra, comienza citando el 6º Informe de la ONU sobre Perspectivas del medio ambiente mundial, presentado en Nairobi en el mes de marzo, en el que «los resultados obtenidos son tan claros como desalentadores: la situación global del planeta ha empeorado sustancialmente desde que se publicó la 1ª edición hace más de 20 años». Se constata que ha avanzado la concienciación sobre algunos problemas, pero también que los países no están caminando en la dirección adecuada. En suma, «la gravedad y celeridad del deterioro ecológico hace que solo podamos actuar ya sobre la amplitud de la tragedia».

En noviembre, la revista BioScience publicó un nuevo informe sobre el cambio climático que revisa la literatura de los últimos 40 años y ha sido avalado por más de 11 mil científicos de todos los países. El informe declara la “emergencia climática” ante la cual «los científicos tienen la obligación moral de avisar con claridad a la humanidad de cualquier amenaza catastrófica». Para salir al paso de esta emergencia proponen 6 medidas dirigidas al cambio de ‘modelo energético’, los ‘contaminantes’ (también los de corta vida), el cuidado de la naturaleza, el cambio de modelo de producción y consumo de alimentos, el cambio en la medida del crecimiento y el modo de conseguirlo (energías limpias); y el reto dispar de la demografía en el Sur y en el Norte. Pero los 6 puntos, en opinión de D. Vieites, del CSIC y uno de los científicos firmantes, se reducen a uno: ‘la necesidad de un cambio social masivo’. También para P. Acebes, de la UAM y firmante del documento, los 6 puntos están íntimamente unidos y son interdependientes, por lo que todo se resumiría en una idea: ‘el planeta es finito, y los recursos, limitados’. La consecuencia es nuestra responsabilidad. Y qué decir de la celebración en Madrid de la COP25 en los primeros días de diciembre. ¿Otra COP política y otra decepción ciudadana? Ante eso se ha celebrado una antiCumbre ciudadana con una gran movilización intergeneracional, exigiendo actuar ya ante la ‘emergencia climática’ declarada recientemente por la UE y el propio gobierno español.

El texto de Santiago A. Cantalapiedra, como el informe de los 11 mil científicos, recoge y sistematiza las múltiples perspectivas que presenta en el momento actual la denominada ‘emergencia climática’ para incidir en que no se trata de crisis aisladas, sino que constituyen una ‘crisis de civilización’. Crisis general que estalla en diferentes frentes y atañe a todo el sistema capitalista. En feliz expresión «No existen dos crisis separadas, una social y otra ambiental, sino una única e inseparable crisis o la crisis de las muchas crisis» (p. 12). A ello se dedica la I Parte. La crisis Ecosocial (pp. 17-65). Las formas de denominar esta situación pueden parecer grandilocuente, pero se ajusta a lo real: la gran Fractura; la gran Recesión, la gran Involución y el gran Vaciamiento. Como conclusión, ‘la democracia se encuentra asediada por el capitalismo’.

En la Parte II. Cambio de época y Nuevo orden (pp. 67-139), se aborda el gran cambio producido en la ‘era del antropoceno’, cuando la acción humana incide tan negativamente en el equilibrio ambiental, y el ‘nuevo orden social’ resultante está siendo autoritario, involutivo y motor de expulsiones de población de sus tierras y hasta la propia biosfera estaría siendo expulsada de su espacio vital, como recuerda S. Sassen, ‘para encontrarnos con tierras y aguas muertas’.  El ‘nuevo orden‘ supone la era de las consecuencias del cambio producido: las pulsiones extractivistas y el modo de vida imperial. Ahora ya nos encontramos ante el reto de asumir responsabilidades y lograr articular otras propuestas, que será el tema de la III Parte. Pero antes quisiera volver sobre el capítulo 7 de la II Parte por la novedad temática que puede suponer para algunos lectores: ‘El capitalismo en la era digital’. Partiendo de la situación actual de una ‘economía de los datos’, gestionados por el big data, y de la mercantilización del nuevo espacio de la información y el deseo humano, llegando al modelo de capitalismo de plataformas que no producen valor, sino que lo extraen, las consecuencias son ahondar la crisis ecosocial, la precarización laboral y la inseguridad social. La última Parte reclama El cambio de Paradigma (pp. 141-203): pasar de las necesidades del capital a las necesidades humanas, y saltar desde el desarrollismo al ‘buen vivir’. En suma, se proclama que los recursos económicos estén al servicio de la calidad de vida de las personas y de los pueblos.

Llegados hasta aquí podemos decir que el texto de Santiago A. Cantalapiedra ha conseguido presentar de modo breve (en menos de 200 página) un recorrido bien articulado, bien documentado y bien presentado de la preocupación que da lugar al título La Gran Encrucijada. Un texto recomendable como introducción a los retos y a las posibles salidas, implicativas de cambios personales y sociales. Pero, además, los lectores se van a encontrar con un último capítulo; todo un descubrimiento: Capt. 11. Las religiones como eco-sofías (págs 171-203). Escribir de religiones, hoy día, puede llegar a ser un acto de valentía en el debate sobre la conservación del planeta y es casi una extrañeza. Decimos ‘casi’ porque el autor presenta las múltiples fuentes en que se basa: K. Löwy, K. Armstrong, X. Zubiri, J. Riechman, T. Eagleton, I. Gonzalez Faus, J. Mª Mardones, Jon Sobrino, H. Küng, R. Díaz Salazar, Z. Bauman, E. Torralba, B. Sousa de Santos, L. Boff, J. Dominguez, M. Fraijo, I. Ellacuría, E. Dussel, F. Houtart, J. Hinkelammert, y tantos otros que han ido cimentando el camino. Entre ellos, los lectores de Éxodo podrán reconocer a muchos colaboradores habituales. La aproximación que se realiza a la religión tiene que ver con la situación actual, con la valoración de éstas como saberes sapienciales y con la necesidad de generar nuevas subjetividades para afrontar el atolladero civilizatorio en el que nos encontramos. El eje central de este capítulo y la conclusión es que «vivimos tiempos críticos en los que desperdiciar experiencias y saberes puede ser, además de un acto de ignorancia, un grave error» (p. 197). La reflexión trata de recuperar conceptos tradicionales de las religiones, como conversión personal y colectiva, pero el redescubrir estos conceptos y las herramientas de las religiones como sabidurías que sirvan de eje a las conductas y mentalidades hacia la sostenibilidad, no debe hacerse como un retorno al pasado, sino una vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador. Incluso se precisa integrar las cosmovisiones de pueblos colonizados con lo mejor de la modernidad (no eurocéntrica) y del pensamiento científico y técnico. Tenemos el reto de elaborar una ecología de saberes. En suma, para afrontar la gran crisis no sobra nada. Pero no toda religiosidad es válida, sino las que proclaman valores y visiones contrahegemónicas: las teologías liberadoras, políticas en el sentido de cerrar las fisuras entre discursos y prácticas. Las teologías y religiosidades pluralistas, de la liberación, poscoloniales y feministas pueden alumbrar una ética planetaria donde la espiritualidad y la ética de la tierra, de la Gran Madre, del universo como una realidad pan-relacional, serán hermanas gemelas.

Casi como un apéndice de este cap. 11, se aborda la encíclica de Francisco Laudato si (pp. 197-203), de la que se resalta ser la primera encíclica ecosocial de la historia con una visión de la ecología integral, que culmina en la llamada a la ‘conversión ecológica’: cambios en la forma de percibir la naturaleza y cambios profundos en los estilos de vida, modelos de producción y consumo, y en las estructuras consolidadas de poder en el sistema actual (capitalista). Bueno, esta categoría no aparece en todo el texto de la encíclica y sería uno de los límites, al no entender el sistema existente como sistema de explotación y dominación, junto con la falta de reconocimiento de las mujeres. Pese a todo, las aportaciones son más que las limitaciones y la ‘sabiduría que destila’, siguiendo a J. Hinkelammert, surge de la experiencia de una derrota como la esperanza cristiana surge de la experiencia de un fracaso (…). La esperanza que alienta las religiones proféticas permite mirar al futuro sin negar los nubarrones que se ciernen sobre el presente’. Es el núcleo de la espiritualidad de la esperanza.