José Ramón González Parada

PRESENTACIÓN de JOSÉ RAMÓN GONZÁLEZ PARAD: miembro impulsor de la Carta contra el Hambre, a través de la revista ESBOZOS dentro del Colectivo RÍOS. Activista social en Carabanchel, Madrid. Sociólogo que trabajó en Ayuda internacional al Desarrollo; interesado en la participación de los desarrollos urbanos. Podemos consultar sus textos: Emergencia alimentaria. Grecia, Portugal, España (dir), Icaria-Ríos; Soberanía alimentaria. Lecciones desde la experiencia en Latinoamérica, TH.

INTRODUCCIÓN ENTREVISTA:

La revista ÉXODO publicó los materiales de la I Conferencia contra el Hambre (nº 129-junio 2015) y de la II Conferencia (nº 139, junio 2017). En el presente número se recogen los resultados de la III Conferencia contra el Hambre desarrollada en Getafe el 2 de abril de 2019.

¿Podías comentarnos cuál es el momento actual de la Propuesta de la Plataforma contra el Hambre en Madrid?

Es un momento de incertidumbre. La propuesta de la Carta contra el Hambre es una propuesta amplia, pero en estos últimos meses estaba concentrada en sacar adelante la Iniciativa Legislativa Municipal (ILM) o Ley de Garantía del Derecho a la Alimentación, aprobada por cinco ayuntamientos de la Comunidad de Madrid, y que fue presentada en la Asamblea de la Comunidad para su toma en consideración en octubre pasado. El resultado, ya conocido, de la sesión del 24 de febrero de 2019 fue el de no admitirla a trámite por un solo voto de diferencia, al oponerse en bloque PP y Ciudadanos. Terminaba así la legislatura con los esfuerzos de varios años de trabajo de la Plataforma contra el Hambre.

En la nueva legislatura podremos ponerla en marcha o, si la nueva composición no es propicia, tomar otras vías. Esta reflexión es la que ha orientado la perspectiva de la III Conferencia contra el Hambre celebrada en Getafe, centrándose en dos elementos de la propuesta de Ley y, además, no necesitan de la aprobación de la misma para su puesta en marcha. Por otra parte, estos dos elementos conjugados entre sí pueden llegar más lejos que el propio planteamiento del “Derecho a la alimentación”.

Y respondiendo a la pregunta del momento en que se encuentra ahora la Carta contra el Hambre, tenemos que recordar que ha sido una Plataforma formada por más de 40 asociaciones y movimientos sociales. Estos apoyos continúan ahí, pero van perdiendo potencia. Su energía estaba pensada para la legislatura que acaba; hemos llegado tarde o se nos ha quedado corto ese período para conseguir todos nuestros objetivos. Y ahora, en el horizonte de una nueva legislatura, tenemos que encauzar estas energías y conseguir lo que llaman los politólogos incidencia política. Pero, a su vez, vemos otra cosa y es que la Carta contra el hambre no puede centrarse en sus propias fuerzas, sino que debe abrirse a otras con las que se puedan conseguir alianzas estratégicas, aunque no sean firmantes de la Carta. Incluso no hay que descartar que la Plataforma se disuelva, mientras continúe el impulso que congregó a las entidades vecinales y movimientos sociales. Eso es lo importante. No se trata de que la Carta sea el paraguas de todo o de todos. Ahí hemos tenido un aprendizaje importante en la relación con entidades del movimiento agro-ecológico: ellas decían que la Carta les había hecho introducir en su propia estrategia el elemento importante del “derecho a la alimentación”. Y nosotros con ellas hemos introducido la perspectiva agro-ecológica como un elemento imprescindible que da forma y, a la vez, transciende el “derecho a la alimentación”.

En síntesis, estamos a la espera. Pero no es una espera pasiva, sino activa, puesto que ya estamos moviéndonos para activar nuestra base social, aliándonos con otros sectores para realizar una nueva propuesta. En ella, algunos elementos de la Carta pueden empezar a ponerse en marcha, y encima muy enriquecidos con otras perspectivas complementarias, sin olvidar tampoco que seguimos con la Iniciativa Legislativa de la Ley de Garantía por el Derecho a la Alimentación. Todo dependerá de la nueva composición de la Asamblea de la Comunidad Autónoma de Madrid, pues un Gobierno de izquierdas en la Comunidad reactivaría el debate sobre la Ley rechazada por la derecha en la legislatura recién acabada.

Entonces, la III Conferencia contra el Hambre ha supuesto abrir toda una línea de alianzas futuras con nuevas entidades y perspectivas. Explícanos esto.

Podemos verlo en el Observatorio Madrileño de la Alimentación y también en la propuesta de Centros Municipales de Cultura Alimentaria. Lo que tenemos en ciernes es la puesta en marcha de un Observatorio pero no simplemente un centro de estudio y análisis. Queremos que este Observatorio sea un agente activo tanto en la demanda como en la denuncia. Además este Observatorio estaría estratégicamente inserto en las entidades locales para saber qué observar. Pues no se trata solo de observar y conocer cómo come la población o si come o no tiene para hacerlo. Se trata de observar también la calidad de la alimentación y su relación con la salud; el cómo se producen los alimentos y cómo se distribuyen. Estamos, pues, ante un objetivo muy ambicioso y en eso tenemos que coincidir con los sindicatos agrarios, con los no agrarios, con movimientos agro-ecológicos y socio-ambientales.

¿Podría dar lugar esto a la desaparición de la Plataforma, tal como la conocemos ahora?

El mantenimiento de la Plataforma en sí no sería el objetivo. Si la Plataforma ha sido un buen instrumento para llegar a otra coordinación más amplia, bienvenida sea. La Plataforma será un actor más, junto con otros muchos para poder llegar a plantear socialmente el problema severo de la alimentación.

La virtualidad de la Plataforma ha sido su capacidad de abrirse para ir constituyendo un nuevo movimiento más amplio; su capacidad para ir replanteándose el objetivo central con otros actores a la luz de los acontecimientos. En estos momentos, la Plataforma, podemos decir que tiene una imagen excelente; incluso por encima de nuestros méritos. Esa imagen refleja, por un lado, que no lo hemos hecho mal del todo, pero, sobre todo que ha facilitado a otros movimientos sociales, como las asociaciones de vecinos, una perspectiva amplia: un objetivo claro, unas ideas para ponerlo en marcha y una herramienta para hacerlo realidad. Y esto ha enganchado a otros actores. La marca no puede parar el movimiento general.

Has hecho hincapié en el Observatorio de la Alimentación pero también nombraste, como segunda línea de trabajo, la puesta en marcha de los Centros de Cultura Alimentaria. Por favor, coméntanos algo sobre ellos.

Sí, hemos ido definiendo cómo ir avanzando en los Centros Municipales de Cultura Alimentaria en cuanto lugares de encuentro, donde, además de velar por el derecho a la alimentación, se incide en otras realidades que tienen que ver con la mala alimentación, como es el caso de la obesidad, y otros temas como los hábitos de consumo, la cultura culinaria, la agro-ecología y los grupos de consumo. Todo esto tendría cabida en los C.C.A, que entendemos serían tanto lugares de encuentro y participación ciudadana como laboratorios sociales, pero siempre de carácter municipal. Quizá tengamos que empezar sin todo el apoyo local deseado como pasos tentativos, pero la finalidad es que sean de los Ayuntamientos. Esto lo refrendamos con nuestra presencia en la Mesa de seguimiento del Pacto de Milán; ahí confluimos con otros actores. La incidencia del Pacto de Milán no es sólo para la ciudad de Madrid sino para cualquier municipio. Y ahí se abre un gran campo de trabajo para la nueva coordinación de actores por el derecho a la alimentación en un sentido amplio, más allá incluso de la Comunidad de Madrid. El diálogo está abierto; formamos parte de un movimiento amplio que está trabajando en otros muchos lugares.

Vamos a dar un paso más para centrarnos en el concepto del “Derecho a la alimentación”. En la II Conferencia contra el hambre, en 2017, Juan Carlos García Cebolla del Equipo de la FAO insistió en el enfoque del mismo concepto como desarrollo social frente a esquemas proteccionistas. A la vez se puso de manifiesto que la novedad de este concepto se observaba en que todavía no estaba recogido en la normativa española y en la falta de conciencia social crítica respecto al mismo. En tu opinión, ¿a qué puede deberse este desfase normativo y social, y cómo resolverlo?

Cuando he tenido que dar alguna charla sobre el derecho a la alimentación, suelo comenzar recordando una entrevista que hace años le hice al obispo Casaldáliga en el Matogrosso. Con voz suave, que transmitía tranquilidad, me dijo: “el hambre no espera. Al que tiene hambre, hay que darle de comer; luego vendrá lo de la caña. Pero, sobre todo, sobre todo, que sepa que el río es suyo”. Esta metáfora de que sepa que el río es suyo, me hizo comprender lo que es el derecho a la alimentación. Pero, a la vez, de que el derecho a la alimentación es paliativo en casos extremos y que debe ser superado por el derecho más amplio al río; no se trataría de un derecho compasivo, sino de restitución de otros derechos confiscados. Como el derecho al trabajo, a un sueldo digno, a una vivienda… Cuando alguien recibe un paquete de comida, que sepa que no se le da nada que no fuera suyo, es decir, se les restituía lo que se les había retenido injustamente; son compensados en derecho y, por tanto, ejercen así la cualidad de ciudadanos y se tiene que contar con ellos, con su participación, para ponerlo en práctica. Este aspecto de la participación de los implicados lo hemos recogido en la I.L.M. Y, pienso, que ha sido uno de los elementos que ha echado para atrás a Ciudadanos para no apoyar el texto de la I.L.M, haciendo cambiar su voto desde la abstención a la negativa, aunque habían firmado el Pacto contra el hambre. Una perspectiva neoliberal choca frontalmente contra esta perspectiva de participación de los implicados y de las instituciones locales.

Tampoco ha calado en la conciencia ciudadana el derecho a la alimentación por el lastre de la ideología dominante que considera vergonzantes a quienes no tienen para alimentos y, por tanto serán el objeto de la atención social. Algo que no ha ocurrido con el tema de la vivienda por el efecto de la PAH: los sin casa han adquirido conciencia del derecho a la vivienda y lo reclaman en el espacio público sin vergüenza; ha sido un proceso de empoderamiento colectivo. Algo que la Plataforma no ha conseguido en el tema de la alimentación. Pero tampoco la izquierda ha sido muy receptiva y ha tardado en comprender la importancia del derecho a la alimentación. En el caso de la FAO, creó la Alianza parlamentaria por el derecho a la alimentación, compuesta por miembros de todos los partidos. Pero, los parlamentarios compañeros de partido de los que estaban en la Alianza votaban que no a la ley; es decir, mucha imagen y poca eficacia. También ha pasado a ser materia universitaria; sirve para realizar estudios académicos muy bien recibidos por las instituciones internacionales competentes, como la FAO, pero de escasa o nula incidencia práctica.

Voy a plantearte otro concepto que se utiliza en este contexto: la soberanía alimentaria. ¿Supone algo distinto o algo complementario con el derecho a la alimentación? Y ¿cómo lo relacionas con el complejo actual del negocio agro-alimentario?

De modo simple, podemos decir que “el derecho a la alimentación” hace hincapié en la distribución de alimentos (el acceso, la calidad, etc.), mientras que la “soberanía alimentaria” lo hace sobre la producción. Por el momento muy pocas constituciones nacionales han elevado a rango normativo, la soberanía alimentaria (Ecuador y Bolivia…) y ha sido en los últimos años. Pero, para mí, el tema de la soberanía alimentaria es, ante todo, una estrategia política que pone en evidencia el grave problema de la alimentación en el mundo actual. Porque no sólo es el hecho de los millones de personas que no tienen acceso a la alimentación o los millones de personas obesas, sino la pérdida de fertilidad de la tierra y la inmensa acaparación de capital y, más aún, supone afrontar el problema del agro-negocio. Este es, más que la automoción, el eje fundamental del capitalismo actual, al mismo nivel que el petróleo.

Una de las grandes bazas del agro-negocio es que proclama que puede dar de comer a toda la población mundial a precios baratos. De este modo, la comida barata garantiza que los sueldos medios sean bajos. La agricultura tradicional no puede competir con el agro-negocio: produce con precios más altos pero es sostenible desde el punto de vista del medio ambiente y permite mantener más empleos en el medio rural y en la distribución. El agro-negocio nunca pone sobre la mesa la externalización de los costes, la destrucción medio-ambiental, la desertización del medio rural o la pérdida de empleos. Si miramos hoy la España vacía, la agricultura tradicional tiene capacidad de producir alimentos, algo más caros, pero también llenaría el territorio de gente. Por eso no se puede hacer un debate sólo sobre el precio de los alimentos, sino sobre la alimentación en cada país y en el mundo. El círculo de agro-negocio atiende al beneficio, no a la necesidad de las personas. La máxima debía ser el reequilibrio: producir buenos alimentos para todos, en buenas condiciones y mantener a la población campesina. Por esto, la soberanía alimentaria es una estrategia de confrontación con el agro-negocio actual y, además, tiene una relación directa con el derecho a la alimentación.

Para concluir. Las nuevas legislaturas que surjan, ¿están considerando el tema del derecho a la alimentación o la soberanía alimentaria? Y ¿qué papel están jugando las mujeres en estos procesos?

Algunos aspectos sí han entrado en los nuevos programas, aunque sin tanta claridad como plantear una estrategia frente al agro-negocio. Claro, la Universidad tampoco ha aportado mucho a estos temas, dado que se queda en los análisis de los grandes planteamientos institucionales pero sin abordar los problemas concretos. Por ejemplo, no se estudia el papel de las grandes superficies comerciales y sus políticas de distribución de alimentos. Y se sabe ya la importancia que tiene en la distribución la política de los envases, yendo hacia prácticas nocivas como son el primar el PET frente al vidrio o los pequeños formatos frente al granel. Detrás de esto hay problemas de toxicidad, que pasan de la producción a la distribución en los envases, pero además hubo una política europea de eliminación del pequeño productor frente a las grandes corporaciones del agro-negocio.

Y respecto al tema de la aportación de las mujeres. Es clave. Y no ha salido hasta ahora porque ha hablado un hombre. Pero es clave. Son el actor principal para el cambio desde las familias. Ellas son quienes determinan lo que se compra, cómo se cocina y cómo se alimenta la familia. En el caso de la propuesta de los Centros de Cultura Alimentaria, que propone la Carta contra el hambre, muchos de los aspectos que se enuncian, si no los llevan a cabo las mujeres, quedarán sin hacer. El mundo no se mueve sin las mujeres.