Frente a amenazas globales, acciones globales

Federico Mayor Zaragoza

Responsabilidad esencial: cambiar de modelo de vida
Libres… y responsables. Así es como define el artículo primero de la UNESCO a las personas educadas. En el antropoceno, garantizar la habitabilidad de la Tierra y una vida digna a todos los seres humanos constituye una responsabilidad esencial porque el fundamento de todos los derechos humanos es la igual dignidad, sea cual sea el género, el color de piel, la creencia, la ideología, la edad…

Estamos ante el reto de una nueva cosmovisión, con nuevos estilos de vida. El gran desafío a la vez personal y colectivo es cambiar de modelo de vida. El mundo entra en una nueva era. Tenemos muchas cosas que conservar para el futuro y muchas otras cosas que cambiar decididamente. Por fin, los pueblos. Por fin, la voz de la gente. Por fin, el poder ciudadano. Por fin, la palabra y no la fuerza. Una cultura de paz y no violencia y nunca más una cultura de guerra.

Una sola familia humana con un destino común
Para seguir adelante, la Carta de la Tierra establece que “debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”… Y concluye así: “Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamamiento a buscar un nuevo comienzo”.

El mundo no puede seguir ensangrentado y amedrentado por un grupo de fanáticos capaces de cometer los más horrendos crímenes. Es necesaria una reacción a escala mundial, que no sólo tenga la fuerza real y moral para actuar con firmeza y diligencia ahora, sino que, sabiendo las causas, pueda evitar que se repitan en el futuro.

Es necesario facilitar la transición de una economía basada en la especulación, deslocalización productiva y guerra (mueren al día millares de personas, la mayoría de ellas niñas y niños de uno a cinco años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares más de 4.000 millones de dólares) en una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano. Una transición de una cultura de imposición y dominio a una cultura de diálogo, conciliación y paz. De la
fuerza a la palabra. En lugar de “si vis pacem, para bellum”, “si vis pacem, para verbum”.

La comunidad científica debe movilizar a todos: ciudadanos del mundo
Nos hallamos en pleno deterioro de las condiciones ecológicas, ampliación de las desigualdades sociales, y marginación de referentes éticos y del multilateralismo democrático que es absolutamente indispensable para llevar a cabo los cambios de rumbo radicales que son precisos. Está claro que, ante la inoperancia de los grupos plutocráticos (G-6, G-7, G-8, G-20) con los que el neoliberalismo sustituyó al Sistema de las Naciones Unidas, y confrontados a procesos potencialmente irreversibles en los que pueden alcanzarse puntos de no retorno, es imprescindible que sea la comunidad científica, académica, artística, intelectual, en suma, la que movilice a los seres humanos, devenidos ya ciudadanos del mundo, para que lleven a efecto con apremio las inaplazables transformaciones radicales que la conservación de la habitabilidad de la Tierra exige.

Refundar el sistema de las Naciones Unidas
“Situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes”, en feliz expresión de Amin Maalouf que no me canso de repetir. Es apremiante la refundación del Sistema de Naciones Unidas, con voto ponderado, pero sin veto, en el que tengan representación no sólo los Estados, sino, como reza en la Carta, “los pueblos”, para que, en el menor tiempo posible, el progreso científico permita una vida digna para todos los habitantes de la Tierra, a través de una economía que atienda las prioridades, bien establecidas ya, conducentes a un desarrollo humano y ecológicamente sostenible.

Es imprescindible una gran alianza para, dejando a un lado de momento aspectos y criterios diferenciales, actuar coordinadamente para resolver desafíos que afectan a todos los países sin excepción.

Las prioridades del momento actual
Las prioridades en estos momentos de inflexión histórica siguen siendo alimentación (agricultura, acuicultura y biotecnología); acceso general al agua potable (recolección, gestión, desalinización…); servicios de salud de calidad; cuidado del medio ambiente; educación y paz. Una educación que proporcione a todos conciencia global. Es un aspecto crucial: el prójimo puede ser próximo o distante. Y el cuidado del entorno no debe limitarse a lo más cercano, sino que debe extenderse, porque el destino es común, a todo el planeta. Educación para que se sepa siempre discernir entre el medio y el fin, entre la herramienta y los grandes objetivos éticos. En la era digital, en la que ya son posibles la conciencia global, la libre expresión y la progresiva participación de la mujer hasta alcanzar la igualdad, es más importante que nunca en el pasado –basado en el poder absoluto masculino, de silencio, anonimato, de confinamiento territorial e intelectual– contribuir al “nuevo comienzo”. “Todo está por hacer y todo es posible… pero, ¿quién si no todos?”, escribió Miquel Martí i Pol en unos versos que no me canso de repetir.

La extrema pobreza origina miles de muertos todos los días e induce a muchos seres humanos, desamparados, a abandonar los lugares de origen e intentar llegar, en una emigración terrible, que genera más sentimientos de animadversión todavía, por la insolidaridad, a países que se caracterizan hoy por el desconcierto, desorden e improvisación.

Terrorismo, pobreza y medio ambiente afectan gravemente a la habitabilidad de la Tierra
Terrorismo, extrema pobreza… y medio ambiente… La emergencia ecológica actual puede alcanzar en breve plazo puntos de no retorno que afectarían de forma irreversible a la habitabilidad de la tierra. Sería una irresponsabilidad histórica e inverosímil que las presentes generaciones dejaran a las siguientes un legado de condiciones de vida muy precarias.

Existe el riesgo de que en el contexto de globalización neoliberal que estamos padeciendo, hasta las labores de normalización ecológica se conviertan en negocio. Por ello es conveniente que se sitúe ahora, junto al medio ambiente como “verdad incómoda”, a los únicos seres capaces de apercibirse, de darse cuenta, de saber que saben, los “ojos del universo”: los seres humanos, mostrando cómo viven y cómo mueren. Es “la verdad más incómoda todavía”.

Necesidad de una conciencia global con valores comunes
Es necesaria una conciencia global, con valores comunes para lograr una ciudadanía mundial que permita transitar desde la amenaza de destrucción masiva a la masiva esperanza de quienes sienten que, finalmente, pueden ser los artífices de su destino común. Conscientes, comprometidos, implicados, involucrados.

Julián Marías advertía: “¡qué difícil es observar lo que vemos todos los días!”… Hay cosas a las que no nos podemos acostumbrar. La cotidianidad no puede significar aceptar lo inaceptable ni considerar que los “efectos colaterales” del sistema actual son irremediables. Ese genocidio de desamparo e inanición que tiene lugar cada día, la forma en que tratamos a quienes intentan llegar, porque se mueren de hambre en sus lugares de origen, a los países más adelantados… deben ser rechazados por un clamor popular con creciente influencia en el ciberespacio.

Un actuar libre frente a una humanidad “gregarizada” por un inmenso poder mediático
La humanidad no puede seguir mirando hacia otro lado, distraída y gregarizada por un inmenso poder mediático. Tiene que actuar, como define lúcidamente a la educación el artículo primero de la Constitución de la UNESCO, “libre y responsablemente”. Libertad para actuar en virtud de las propias reflexiones. Para el pleno ejercicio de las cualidades distintivas de la especie humana: ¡pensar, imaginar, anticiparse, innovar, crear! Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza. Cada uno capaz de diseñar su propio futuro y contribuir al destino común. El presidente John Fitzgerald Kennedy, en un discurso pronunciado en el mes de junio de 1963, ya indicaba que para que muchos imposibles hoy fueran realidad mañana era necesario tener en cuenta que “no hay ningún desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora de la especie humana”.

De una economía de guerra a una economía de desarrollo global sostenible
Hoy más que nunca es urgente una gran transición desde una economía de guerra y dominio a una economía de desarrollo global sostenible. De una cultura de imposición y violencia a una cultura de diálogo, conciliación y paz. De la fuerza a la palabra: este gran cambio histórico, de época, de era, está al alcance de los habitantes de la Tierra en el siglo XXI.

Ciudadanos y no súbditos, con visión global, actuando a escala local y utilizando en toda la medida de lo posible la nueva tecnología de la comunicación para estar en contacto con otros ciudadanos de otras partes del mundo, en continua interacción, para la participación no presencial.

Contra el delito del silencio, el grito de las generaciones jóvenes: cambios y propuestas radicales
Es absolutamente imprescindible que, ahora que por fin ya podemos expresarnos, no permanezcamos silenciosos. Delito de silencio. Corresponde ahora a las jóvenes generaciones levantar la voz y, en un gran clamor, hacer las propuestas de transiciones radicales y cambios fundamentales que son inaplazables.

Por fin, “¡por fin!” la condición humana puede tener en sus manos las riendas del destino. Por fin su voz no sólo ser oída sino escuchada. Por fin, el clamor mundial, liderado por la comunidad intelectual, académica, científica, artística… promoverá las transiciones que permitan el inicio de una nueva era.

No más dinero para las armas, sino para reducir la pobreza

El mundo gasta 10 veces más en armas que en ayuda humanitaria. Según el Programa de las Naciones Unidas, “estas proporciones carecen de sentido en un mundo en que los propios gobiernos de los países desarrollados reconocen los vínculos que existen entre amenazas a la seguridad y la pobreza mundial”. En otras palabras, a pesar de que se reconoce que las desigualdades pueden originar conflictos, se opta por gastar más dinero en armas que en reducir la pobreza. Así se originan los caldos de cultivo que llevan a grandes flujos emigratorios de desesperados y, en ocasiones, después de un proceso de radicalización progresiva, al empleo de la violencia.

Frente a procesos potencialmente irreversibles, debemos actuar responsablemente sin demora. Tenemos ya suficientes diagnósticos. Ahora ha llegado el momento de aplicar tratamientos antes de que sea tarde.

Porfían, son posibles cambios radicales
La situación a escala planetaria es, sin paliativos, muy grave… y, sin embargo, por primera vez en la historia son posibles cambios radicales en muy pocos años.

Vivimos momentos fascinantes porque en las últimas tres décadas la humanidad ha progresado muchísimo en la adquisición de una “consciencia mundial” (y por tanto, la posibilidad de comparar, de apreciar lo que se tiene y las precariedades de los otros), resultando en actitudes solidarias; se ha incrementado sustancialmente el número de mujeres en la toma de decisiones; y se ha hecho posible la participación no presencial.

Actores, no espectadores
Ha llegado el momento de la acción. De la no resignación. De las propuestas. De la mirada distinta hacia el mañana. Ha llegado el momento de la resistencia. De la participación. De ser actores y nunca más espectadores. Ha llegado el momento de llevar a la práctica los ideales democráticos que permiten construir los baluartes de la paz en nuestras mentes en lugar de las leyes de mercado que aumentan las asimetrías y los desgarros sociales.

Tantísimas personas andan preocupadas por y ocupadas en tantas cosas intrascendentes, en tantos “pre-fabricados” de los medios de comunicación que les convierten en espectadores impasibles, ofuscados, capaces de gritar en favor de su equipo durante hora y media sin parar… al tiempo que no prestan la menor atención a los gravísimos problemas que afectan a su entorno social y ecológico… y que denotan una evidente falta de solidaridad… Somos incapaces de con-vivir, de con-padecer-nos…

La movilización solidaria no debe aplazarse
El Papa Francisco en su homilía del Viernes Santo de 2018 –sin que haya tenido el eco que estas palabras merecían– exclamó: “¡Vergüenza de no haber tenido vergüenza!” Sí, vergüenza de ser insolidarios, de mirar hacia otro lado.

Ha llegado el momento de utilizar la moderna tecnología de la comunicación para unir nuestras voces. De recordarle a los medios de comunicaciones todavía independientes, a los periodistas todavía dirigidos por su conciencia, que la movilización no debe aplazarse.

Presencialmente y en el ciberespacio vamos a proclamar propuestas de enmienda. En otro caso, seríamos cómplices… Cómplices por falta de solidaridad, de com-pasión, de co-operación… que conducirá tarde o temprano a que la con-vivencia resulte más difícil, más inalcanzable.

Voces unidas. Manos unidas. Para la justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad.