En la espiral de la energía. Obra maestra del ecologismo social

Carlos Pereda

En dos tomos se recoge el legado intelectual de Ramón Fernández Durán, completado y actualizado por su compañero ecologista Luis González Reyes. Se trata de un proyecto ambicioso y en cierto modo colectivo que Ramón venía fraguando antes de su prematura muerte (mayo de 2011). Recuerdo con cariño sus visitas a Colectivo Ioé para debatir borradores o recabar documentación (así conoció a Quijano y a Dussel), o la cena promovida por Éxodo en la que le pusimos en contacto con Víctor Toledo, etnólogo mexicano autor de La memoria biocultural, al que mostró su plan general de la obra que ahora reseñamos.

Una obra interdisciplinar y de largo aliento, que trata de comprender la crisis profunda de la sociedad actual a la luz de la historia de la humanidad y con la vista puesta en el futuro. Nada menos. El relato está muy documentado y lleno de referencias concretas de gran interés (68 páginas de bibliografía) y se inicia con dos capítulos que arrojan una luz nueva sobre las primeras sociedades (paleolítico y primera revolución agraria) que ocupan el 95% de la historia humana y en las que prevaleció la cooperación, no había estado ni patriarcado y el sistema económico se basaba en la donación y la reciprocidad. Sin embargo, en los últimos seis mil años han prevalecido las relaciones de dominación, desde los primeros imperios esclavistas hasta la revolución industrial y la era trágica del petróleo y la globalización capitalista.

Se podría criticar el trabajo de unilateral pues toma la energía como factor clave del cambio social, “pero no sólo” añade el subtítulo entre paréntesis, lo que podemos comprobar al observar las siete dimensiones que se investigan sistemáticamente en los sucesivos períodos históricos: la economía, las formas de organización política, las agrupaciones sociales, el sistema cultural, la lucha entre dinámicas de igualdad y de dominación, la relación con el entorno y, por supuesto, la cantidad, calidad y tipo de energía disponible. Con estos mimbres la tesis que se desarrolla es que el fin de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón…) va a colapsar el sistema urbano-industrial propio del capitalismo ya que no existe ninguna fuente de energía, ni combinación de ellas, que pueda sustituir al petróleo y al resto de combustibles fósiles, ni en cantidad ni en calidad.

La necesidad capitalista de acelerar de manera constante la acumulación de riqueza le impide reconocer con tiempo suficiente los límites físicos del planeta que no sólo implican el fin de la energía barata sino también el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Ni siquiera los movimientos sociales están preparados para afrontar de manera constructiva una crisis civilizatoria que es a la vez energética, material, productiva, financiera, política y cultural. Un proceso terminal que va a suponer el hundimiento general de los actuales sistemas de gobierno, de los valores de la modernidad y de las infraestructuras de todo tipo producidas por el complejo agroindustrial capitalista.

El último capítulo de la obra ofrece un panorama de política ficción del futuro postcapitalista que nos espera. Según los autores, se volvería a un metabolismo agrario basado en lo local y en energías solares, pero en un entorno degradado, con una primera etapa muy dura en la que se reforzarían las relaciones de dominación y el descenso de población sería inevitable. Sin embargo, a más largo plazo el nuevo contexto podría dar lugar a sociedades más igualitarias, justas y sostenibles, sobre todo si las fuerzas sociales que defienden la cooperación logran sobreponerse a las que se basan en la dominación