Carta por la Democracia*

Más de 200 personas de todo el Estado

Esta Carta nace desde un profundo malestar, pero también desde una profunda alegría. Malestar por la falta de confianza en un sistema político carente de legitimidad que desoye de manera reiterada las exigencias sostenidas por la inmensa mayoría. Alegría, por la certeza de la potencia de la movilización ciudadana, la que habla en primera persona del plural y trata de construir, para todo el mundo, una vida que merezca la pena ser vivida. Sin duda su presupuesto es el de la misma democracia: la gente, las personas, tienen capacidad para inventar otras formas de gobernarse a sí mismas y vivir en común. Este texto nace con la certeza de que las luchas de hoy son la base de la democracia que está por llegar.

Sin embargo, a pesar de las importantes movilizaciones que se han sucedido, las demandas expresadas se han visto reiteradamente desoídas. Ante este bloqueo institucional, solo cabe una salida: una profunda ampliación de la democracia basada en el control ciudadano sobre el poder político y económico. Esta Carta nace con el deseo de contribuir a este proceso de democratización. Nace con la vocación de apostar por un cambio de las reglas del juego: un cambio democrático orientado a devolver a la sociedad la capacidad efectiva de decisión sobre todo aquello que le concierne. Las alternativas a la democracia actual no son el caos o la dictadura. Es posible una democracia hecha entre todas las personas, una democracia no reducida al mero voto electoral, una democracia fundada en la participación, el control ciudadano y la igualdad de derechos.

Esta Carta nace con el deseo de contribuir a este proceso de democratización y, para ello, se presenta como un texto inacabado, abierto a su construcción permanente y a la participación de cualquiera. Esta Carta no quiere ser un programa político ni un catálogo exhaustivo de derechos, al igual que tampoco se pretende como un modelo de Estado terminado. Simplemente apunta los elementos básicos que, en una apuesta por la democratización, resultan necesarios para reconstruir un nuevo modelo institucional abierto a los deseos colectivos, las propuestas y la capacidad de autogobierno que desde hace tiempo están siendo expresados.

En definitiva, esta Carta se propone abrir un nuevo proceso de discusión que culmine en una reordenación política y económica dirigida a garantizar la vida, la dignidad y la democracia. Se presenta como contribución a la constitución de un nuevo acuerdo social, de un proceso de refundación democrática en el que las personas, los y las cualquiera, seamos los verdaderos protagonistas.

El texto se divide en cuatro partes: derechos y garantías, democracia política, democracia económica y democracia territorial.

DERECHOS Y GARANTÍAS

Una democracia digna de tal nombre exige el reconocimiento universal de una amplia constelación de derechos relativos a todos los ámbitos de la vida pública y de la reproducción social.

Esta Carta propone unas bases comunes para la definición de un nuevo sistema de derechos, derechos surgidos de las demandas y luchas de la propia sociedad, a través de sus múltiples formas de organización y participación.

Estos derechos redefinen las relaciones sociales, la producción y distribución de la riqueza y las relaciones entre los Estados nacionales, de acuerdo con una concepción del ser humano como sujeto con derecho a la autonomía pero en profunda relación de interdependencia con el espacio común que habita. En esta medida, se oponen a la concepción de los mismos como una mera atribución individual. Estos derechos deben ser reconocidos tanto desde su dimensión universal como desde su dimensión singular.

La garantía de estos derechos requiere de un marco institucional que ha de reconocer y promover el acceso a una vida política activa y democrática, el reconocimiento del derecho a la participación colectiva y directa como posibilidad real de expresión de un deseo ciudadano para poder decidir sobre todo aquello que afecte de forma significativa a la comunidad. Un marco que a su vez se haga cargo de que esa vida, la nuestra, es interdependiente y por lo tanto requiere de un sistema de protección colectiva.

El nuevo sistema de derechos debe reconocer a la sociedad misma como fuente de derecho y es por ello que se debe considerar abierto y modificable, si bien distinguimos entre los derechos universalmente reconocidos y aquellos que están en proceso de elaboración, ampliación y definición constante por la propia sociedad. Los principios básicos que inspirarán la nueva Carta con el objeto de dotarla de la mayor solidez y garantía institucional posibles son: la universalidad, la singularidad, la no regresividad, la igualdad y la suficiencia financiera.

DEMOCRACIA POLÍTICA

Los límites del actual sistema democrático no pueden resolverse desde el mismo lugar de donde surgen. Resulta pues necesario promover su refundación a fin de instituir una verdadera democracia.

La presente Carta apuesta por una democracia capaz de devolver el poder de decisión a la población sobre los aspectos fundamentales de la vida. Una democracia basada en la participación en la vida social y política, que permita decidir en común cómo queremos vivir. Esta Carta se presenta, así, como una apuesta por un nuevo acuerdo político construido de forma abierta y con la participación activa de la ciudadanía. Un acuerdo basado en el reconocimiento de la capacidad de la sociedad para organizarse, crear instituciones y gobernarse.

La construcción de esta democracia requiere de una serie de mecanismos ágiles, eficaces y transparentes articulados en distintos niveles y dirigidos tanto a profundizar en la participación directa como en el control de la delegación, vía representación, según se considere conveniente. Algunos de los mecanismos que podrían dar forma al nuevo ordenamiento político democrático son:

1. Democratización de los poderes públicos: control de la representación y reforma del sistema de representación electoral, democratización que se aplicará de manera extensiva no sólo a los poderes públicos sino también al resto de organizaciones sociales.

2. Reconocimiento y extensión de las formas de participación y democracia directa: ampliación de los instrumentos de democracia directa, reconocimiento de instrumentos de control ciudadano, desarrollo de mecanismos de deliberación colectiva en la vida pública y en todos los ámbitos relacionados con los bienes públicos y comunes.

3. La sociedad como fuente última de la Constitución y de los poderes del Estado: un modelo de constitucionalismo abierto, nuevas instituciones democráticas para la autotutela y el desarrollo de sus propios derechos.

El desarrollo de la democracia política permitirá no solo una separación real y efectiva de los diferentes poderes del Estado, sino también el control directo de la ciudadanía sobre los mismos. Por esta Carta la judicatura y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado quedarán también sometidos a los mismos requisitos de transparencia, democratización y control ciudadano.

DEMOCRACIA ECONÓMICA

No se puede concebir una sociedad democrática sin la garantía del sustento material necesario para el de­sarrollo de una vida digna y políticamente activa. No se puede concebir una sociedad democrática sin un acceso igualitario a la riqueza.

Esta Carta se propone recuperar los recursos sociales privatizados y concentrados en pocas manos con el fin de ponerlos a disposición de un proceso democrático real. Es por ello que se requiere una completa reconsideración de las funciones de las políticas económicas a fin de implantar el principio de bienestar de las poblaciones por encima del beneficio privado, financiero y corporativo. Se trata del reconocimiento real y no solo formal de que las leyes del mercado han de quedar supeditadas a la función social de la economía.

Con el objetivo de promover la democracia económica, esta Carta considera cinco pilares básicos:

1. Democracia financiera: Auditoría Ciudadana de la Deuda, creación de instituciones de utilidad pública conformadas por los activos financieros e inmobiliarios resultantes de las sucesivas reestructuraciones.

2. Reforma fiscal: la restauración de los principios de proporcionalidad y progresividad tanto para las rentas del trabajo como para los beneficios empresariales, la aplicación de nuevas tasas a la circulación financiera y de los tipos más altos a las rentas de capital y de patrimonio, la disminución de los impuestos indirectos y al consumo de los bienes básicos y la persecución del fraude fiscal.

3. Bienes público-comunes: la aplicación del estatuto de público-común a todos aquellos bienes e infraestructuras de interés general y también a los recursos y sectores estratégicos de la economía, que no podrán ser alienables y que deberán ser administrados de forma democrática.

4. Promoción de la economía social y de la democracia en las relaciones económicas: el desarrollo de un nuevo modelo de empresarialidad basado en los principios de la economía social, el cooperativismo y el respeto al medio ambiente; todas las empresas deberán organizarse progresivamente sobre los principios de: equidad, respeto al medio ambiente, transparencia y desarrollo sostenible. Y, además, serán recogidos los principios fundamentales del derecho laboral.

5. Ampliación de la protección social, reconocimiento de la riqueza común y derecho a una existencia digna: ampliación del sistema de pensiones hasta niveles dignos y suficientes, así como la ampliación de los mecanismos e infraestructuras de apoyo al cuidado colectivo.

DEMOCRACIA TERRITORIAL

La actual crisis económica y financiera ha puesto en evidencia la debilidad de la democracia a todas las escalas, así como la fragilidad de los mecanismos de reparto de la riqueza territorial. Los dictados del gobierno financiero a través de políticas de austeridad han establecido una particular geografía de la desigualdad, precipitando a algunos países y regiones al abismo económico y social.

Esta Carta propone a discusión un nuevo acuerdo territorial a todas las escalas basado en un modelo radicalmente democrático. Parte del presupuesto de que las decisiones y la gestión de los recursos y servicios se deben desarrollar en el nivel mínimo de unidad territorial, pero también que las formas de reparto de la riqueza han de estar organizadas de forma común para garantizar la equidad entre los territorios.

El nuevo modelo de acuerdo territorial será el resultado de un trabajo de consulta democrática y cooperación entre las distintas unidades territoriales. Deberá reconocer la mayor pluralidad posible y formarse a partir del derecho de los residentes en cada territorio a decidir democráticamente la pertenencia o no a las distintas unidades territoriales.

La democracia territorial se basará en los principios de: corresponsabilidad e igualdad, subsidiariedad, autonomía y suficiencia financiera.

El desarrollo institucional de las diferentes escalas territoriales se desarrollará a partir de los siguientes fundamentos:

1. Profundización de la democracia política, el autogobierno: de acuerdo con el principio de subsidiariedad se tenderá a desarrollar la democracia local y directa a la escala más cercana a las personas: los municipios y las ciudades.

2. Reconocimiento de las distintas escalas y realidades territoriales y solidaridad entre las mismas: las nuevas formas de unión política tomarán como objetivo el rechazo de las actuales formas de competencia territorial, así como la redistribución de la riqueza en todas las escalas.

3. Escala europea: en este ámbito se establecerá una verdadera unión fiscal, presupuestaria y bancaria y así como en el Estado español, en los que serán aceptados el principio de igualdad fiscal, la existencia de un presupuesto conjunto y la redistribución de la riqueza según métodos equitativos de reparto territorial. Una nueva constitución europea deberá garantizar todos los derechos fundamentales en cada una de las partes de la Unión.

De las plazas y las redes hemos aprendido algo simple y definitivo, que cambia para siempre nuestra forma de estar en el mundo.

Hemos aprendido que sí se puede.

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* La Carta por la Democracia es un documento abierto en el que han participado hasta ahora más de 200 personas de Madrid, Málaga, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Valladolid, Sevilla, Valencia… Su intención es elaborar colectivamente un texto vivo que recoja las principales demandas, anhelos y necesidades de la ciudadanía en los últimos años. El texto íntegro de la carta se puede seguir en www.movimientodemocracia.net.