Burgos, tierra de acogida

Hilda Vizarro Taipe

La realidad migratoria en Burgos

Vivimos una “nueva era” de cambios acelerados. España en los últimos cincuenta años ha pasado de ser una tierra de emigración a ser un país de inmigración. Y esto se nota hasta en el último rincón de la geografía. No obstante, la inmigración llegó a la provincia de Burgos bastante más tarde y en menor medida que a otras regiones de España. En el año 2000 apenas el 0’6% de la población burgalesa era extranjera, unas 2.200 personas, destacando la colonia portuguesa afincada muchos años atrás. Pero con el comienzo del siglo xxi llegaron nuevos vecinos, hasta 35.000 extranjeros empadronados en el año 2011, de más de 115 nacionalidades distintas, con tres grandes bloques de procedencia, por este orden: Europa del Este (Rumanía y Bulgaria sobre todo), América Latina (Ecuador, Colombia, República Dominicana, Brasil, Honduras, Perú…) y Marruecos. Situados en 2018 podemos hablar de unos 25.000 extranjeros empadronados en la provincia (el 7% de la población), pero también de unas 9.000 concesiones de nacionalidad española por residencia durante estos años y de muchos hijos de inmigrantes ya nacionalizados españoles, con lo cual los orígenes migrantes alcanzan al menos a un 12% de la población burgalesa. En el contexto de Castilla y León, Burgos es la provincia que más migración acoge.

En cuanto a la procedencia religiosa de las personas inmigrantes, la foto de este momento habla aproximadamente de un 35% de origen católico, un 25% de origen ortodoxo, un 16% de evangélicos y un 18% de musulmanes.

Y respecto a su situación social, económica, laboral y de participación ciudadana, solemos hablar de tres grupos:

– El primero y más amplio, de personas inmigrantes que llegaron hace unos años y están integradas en mayor o menor medida con su trabajo, familia, participación en el entramado social… Cierto que a muchas de estas personas les afectó la crisis, pero como a muchas familias españolas.

– El segundo grupo, donde se juntan personas que con la crisis perdieron el trabajo y/o la vivienda y otras de más reciente llegada, que necesitan de las ayudas de entidades sociales para salir adelante, pero no por falta de habilidades sino porque las circunstancias las tienen difíciles, y que con el tiempo serán capaces de salir adelante.

– Y un tercer grupo, pequeño en número pero más preocupante y a la vez muy heterogéneo, de usuarios habituales de servicios sociales que rayan en la precariedad o exclusión: inmigrantes sin papeles, solicitantes de asilo recién llegados, familias desestructuradas, mujeres víctimas de la trata, extranjeros reclusos…

A todos ellos quiere llegar la acogida de la Iglesia de Burgos, porque si bien los pobres han de ser los primeros y preferidos, la pastoral de migraciones tiene como objetivo compartir el calor de la comunidad y del Evangelio con todos los que llegan de fuera en busca de un mundo mejor.

La respuesta de acogida por parte de la Iglesia

Si a partir del año 2000 es cuando empiezan a llegar a Burgos inmigrantes en número significativo, desde el minuto uno la Iglesia trató de activar y acomodar sus recursos para la acogida. Ese mismo año Cáritas diocesana añadió a sus recursos habituales (ayudas directas, orientación laboral…) un programa específico para inmigrantes en Burgos y en Miranda de Ebro con tres áreas de actuación: asesoría jurídica, alojamiento y clases de español. También las Hijas de la Caridad abrieron ese mismo año en el casco viejo de la capital la Casa de Acogida San Vicente de Paúl, con alojamiento, comedor, centro de día… Y en 2003 los religiosos (en concreto Jesuitas, Esclavas del Sagrado Corazón, Hijas de la Caridad y Religiosas de María Inmaculada) iniciaron un nuevo proyecto integral de acogida a inmigrantes, llamado Atalaya Intercultural.

Se unieron así estas tres instituciones a la amplia red social pública y privada que en Burgos ha sido capaz de dar una acogida razonable y digna a las personas llegadas de fuera; destacan en este sentido Burgos Acoge, ACCEM, Cruz Roja, Fundación Cauce, Hechos, UGT, CCOO… Y de hecho todavía hoy siguen en relación todas ellas a través de la Coordinadora de entidades pro-inmigrantes. Lo cual nos hace constatar que, al menos en Burgos, la acogida a inmigrantes ha estado y sigue estando mucho más en manos de la sociedad civil que de la administración pública. Quizá por lo lentas que son las instituciones y por cierta dejadez, el protagonismo en el campo de las migraciones es de las ONGs, de la sociedad civil y de la Iglesia. Esto tiene su lado positivo, pero también sus carencias…

Y falta hablar de la Delegación diocesana de Pastoral de migraciones. Su origen es curioso y atípico: no fue la “Iglesia oficial” quien se planteó crearla, sino que nació de la base, de la necesidad, de la visión profética de algunos sacerdotes, religiosos y laicos que en 2002 se dieron cuenta que la Iglesia tenía que ofrecer algo más que vivienda, comida, trabajo o asesoramiento: así nació la Mesa de pastoral con inmigrantes. Posteriormente en 2004 es acogida en el “organigrama oficial diocesano” y en 2016 se convierte en Delegación diocesana. Pero, fiel a sus orígenes, conserva su estructura de coordinación: en el equipo de la Delegación figuran representantes de Cáritas, de la Casa de Acogida, de Atalaya Intercultural, de la HOAC y de otras entidades como el equipo pastoral de latinoamericanos o las parroquias. Esto permite que la Delegación siga siendo además una plataforma de conocimiento y discernimiento de la realidad migratoria y de su constante evolución, un “observatorio”.

Una acogida integral

La mayor parte de las personas de origen inmigrante que residen en Burgos no necesitan actualmente, gracias a Dios, ni de los servicios sociales ni de las ayudas de la Iglesia para su vida habitual. Como decía antes, gran parte de ellas están integradas en el tejido ciudadano con bastante normalidad. Pero sí es cierto que una buena parte de estas personas han tenido contacto a lo largo de los años con entidades de acogida y ayuda, especialmente cuando llegaron. Y también es cierto que la acogida de la Iglesia no nos la podemos plantear solo como la “primera acogida”. Porque la comunidad cristiana es mucho más que una buena agencia de servicios sociales…

Por eso, la tarea de acogida y acompañamiento por parte de la Iglesia de Burgos a las personas migrantes la tenemos como “repartida” en diversos ámbitos y con distintos responsables.

Por una parte están las instituciones de acogida e intervención. Cáritas, la Casa de Acogida y Atalaya Intercultural continúan ofreciendo primeras ayudas, alojamiento, comedor, clases de español, orientación e intermediación laboral, apoyo escolar, actividades de tiempo libre, asesoría jurídica… Con respecto a las personas refugiadas o solicitantes de protección internacional que llegan a Burgos, lo hacen a través de instituciones sociales concertadas con la administración pública (en Burgos ACCEM, Burgos Acoge y Cruz Roja). En la Iglesia de Burgos no hay ningún programa específico para refugiados, aunque en muchas ocasiones estas instituciones se ven desbordadas y los casos son derivados a instituciones de la Iglesia.

Por otro lado está la Delegación de Pastoral de Migraciones, que no lleva a cabo la acogida social, laboral o jurídica, porque estos ámbitos están cubiertos ya por esas otras instituciones de la Iglesia y de la sociedad. Es el organismo diocesano llamado a promover, apoyar y coordinar la pastoral con inmigrantes de toda la Iglesia diocesana de Burgos.  Por un lado, se asume y apoya las diversas acciones desarrolladas por las parroquias, por las comunidades religiosas, por los diversos programas e instituciones. Además, se intenta complementar con reflexiones, materiales, actos, reuniones, opinión pública. También desde la Delegación se coordina la pastoral específica de cara a los inmigrantes desde el acompañamiento religioso, el diálogo ecuménico e interreligioso. Ponemos varios ejemplos:

– La Delegación lleva a cabo tareas de acercamiento a las personas migrantes a través de encuentros de diversos países para conocer la realidad que se vive en cada uno de ellos y la situación y necesidades de los residentes en Burgos; este último año ha habido encuentros sobre Venezuela, Argentina o Nigeria.

– Se promueven actividades formativas, como un concurso escolar de dibujo y redacción en torno al tema de la Jornada Mundial de las Migraciones; este año 2018 han participado 1.752 alumnos de 18 colegios.

– Se edita desde hace doce años una revista trimestral, Burgos Inmigra, con amplia difusión digital y en papel tanto en ambientes eclesiales como sociales y de asociaciones de inmigrantes; la Delegación mantiene además una página de Facebook y dispone de un espacio propia en la web diocesana.

– Casi desde los orígenes funciona un Equipo pastoral de latinoamericanos con diversas actividades propias de formación y reflexión cristiana, y otras abiertas como retiros o las misas de difuntos y de Navidad.

– Se acompañan y facilitan medios para diversas celebraciones de devoción popular de colectivos católicos latinoamericanos: Señor de los Milagros de Perú, Vírgenes del Quinche y del Cisne de Ecuador, Virgen de Altagracia de la República Dominicana, Virgen de Guadalupe y las Posadas de México, las Velitas y la Novena de Aguinaldos de Colombia…

– Desde la Delegación se creó en 2008 un grupo de conocimiento y diálogo cristiano-musulmán, que sigue funcionando como ámbito de reflexión conjunta sobre algunos temas y de organización de unas Jornadas anuales (ya once) sobre temas de actualidad; propicia además encuentros y visitas mutuas entre mezquitas y parroquias cercanas.

– El momento cumbre del año es la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado (hasta ahora en el mes de enero), en torno a la cual se organizan en diversos lugares de la provincia encuentros de naciones (multitudinarios, con participación de muchos colectivos migrantes), vigilias de oración, cinefórum, mesas redondas, actos públicos, el encuentro diocesano de pastoral de migraciones…

– En junio de 2011 la Delegación inició en Burgos los Círculos de silencio, concentraciones pacíficas para denunciar la vulneración de los derechos de las personas migrantes. Nacieron con un ritmo bimensual, pero desde diciembre de 2016 son mensuales, dado que la otra mitad de los meses los organiza la Plataforma “Burgos con las personas refugiadas”, formada por numerosas entidades sociales, políticas, sindicales y eclesiales.

– Uno de los últimos “hijos” de la Delegación ha sido la creación del Secretariado diocesano de Trata (creemos que único en España), como respaldo de toda la Iglesia burgalesa a la tarea que realizan las Religiosas Adoratrices; junto a su trabajo directo con las víctimas, en su inmensa mayoría de origen extranjero, se celebra la Jornada mundial de oración contra la trata, se realizan vigilias, actos públicos, se difunden materiales…

Podríamos añadir muchas más acciones, generalmente pequeñas, pero que en su conjunto hacen que la Iglesia de Burgos esté claramente del lado de las personas migrantes: algunas recientes y significativas han sido la visita de la Cruz de Lampedusa en noviembre de 2017 que durante diez días recorrió parroquias, colegios y centros de acogida por toda la provincia, o la instalación de un “Belén migrante” en el centro de Burgos en las pasadas navidades.

Finalmente están las parroquias, que conjugan la acogida directa de inmigrantes en situación de vulnerabilidad a través de sus respectivas Cáritas con la participación e integración de personas y familias de diversos países en sus catequesis, celebraciones, grupos y actividades. No tanto como nos gustaría, pero cada vez más.

Haciendo balance

Sin duda que la tarea realizada estos últimos dieciocho años ha merecido la pena y ha dado sus frutos. Somos muchos los inmigrantes que nos sentimos en casa en esta tierra de Burgos y en la comunidad cristiana. Pero también tenemos nuestras “espinitas” y, como Delegación, nos seguimos planteando algunos retos al reconocer nuestras lagunas y dificultades. Por ejemplo, no acertamos a realizar contactos y ofertas pastorales a los católicos subsaharianos, ya sea por el idioma o porque no estamos abiertos a esa realidad. Vemos también que hay todavía poca presencia activa de las personas migrantes en las diversas comunidades cristianas, aunque cada año está creciendo el número de migrantes como agentes de pastoral. Observamos además un serio peligro en nuestra Iglesia en general, aunque también en nuestra sociedad, de identificar “migrantes” y “pobres” (con lo cual, una vez terminada la ayuda directa, parece que no tenemos más que hacer o que ofrecerles…). Y nos chocamos con los muros legales y las trabas o lentitud burocrática en la realidad de los inmigrantes sin papeles o los recién llegados solicitantes de asilo.

Y a la vez, mirando hacia delante, vemos claro que para seguir muy de cerca la evolución del fenómeno migratorio es necesario estar atentos a las nuevas realidades y necesidades que surjan porque de esta manera podemos ofrecer respuestas adecuadas en el momento oportuno. Apostamos por dejar de ver a la migración como un problema y contemplarla como una oportunidad y riqueza. Trabajamos para la integración social de una población migrante de origen étnico y cultural muy diverso. Hemos de tener en cuenta la situación de los menores y el papel de la mujer en el reto migratorio, así como las dificultades y el gran drama de la trata de personas. Y como Iglesia no podemos olvidar la denuncia profética constante utilizando los medios a nuestro alcance, junto a todo lo positivo que intentamos aportar y el apoyo a otras muchas actitudes y realizaciones que la propia sociedad ponen para hacer de Burgos una tierra de acogida.