APORTACIÓN AL DEBATE SOBRE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES CRÍTICOS DE MADRID

Varios Autores

Éxodo 96 (nov.-dic.’08)
– Autor: Varios Autores –
 
Agradecemos y compartimos la propuesta que se nos ha hecho para participar en el proceso de articulación de los movimientos sociales críticos de la Comunidad de Madrid. Las luchas y resistencias de tales movimientos, las campañas que promueven y los valores que defienden representan para nosotros, aquí y ahora, la mayor esperanza de que otro mundo es posible, en la línea de los movimientos antiglobalización presentes en todo el mundo.

Sin embargo, la atomización y dispersión de sus iniciativas les resta eficacia, sobre todo cuando se trata de salir al paso de cuestiones importantes que afectan a la mayoría de la sociedad. Son muchas pequeñas voces que pasan inadvertidas frente al potente altavoz del poder oficial (gobiernos, partidos políticos, dirigentes mundiales).

Un ejemplo de esto puede verse en cómo se está abordando la actual crisis financiera. En lugar de cuestionar un modelo económico depredador que ahonda la división entre los pueblos (brecha Norte-Sur, hambre en una tercera parte del planeta), provoca guerras en muchos países (la última en el Congo por el coltán) y destruye el planeta (sombrías perspectivas del cambio climático), los gobiernos de los países grandes —en términos de renta— se apresuran a salvar la banca con billones de euros y a poner parches en el sistema financiero para que todo siga igual.

La opinión pública asiste atónita e impotente a esta situación, mientras los movimientos sociales críticos son incapaces, hasta la fecha, de articular una respuesta colectiva que denuncie la dictadura del capitalismo neoliberal y el sometimiento de la clase política a sus intereses, además de proponer las líneas de fuerza para una salida alternativa del caos general del sistema establecido, y no sólo de la crisis coyuntural del sector financiero.

La articulación de movimientos mostraría que es posible convivir de otra manera:

• Respetando y valorando la pluralidad de opciones, culturas y propuestas de sociedad, que son consecuencia del ejercicio de nuestra libertad (frente a una cultura o unos valores homogéneos, que se pretenden universales y tratan de imponerse a los demás);

• Con procesos de participación y decisión horizontales (frente a un mundo jerarquizado, con vanguardias dirigentes y masas pasivas);

• Y situando como eje de nuestras preocupaciones a los colectivos que sufren y están más oprimidos por el sistema (los inmigrantes sin recursos, las personas en paro desahuciadas de sus viviendas, los refugiados palestinos y de otros países, los asalariados acosados de tantas empresas, etc.), a quienes los movimientos pueden hacer visibles y devolverles la confianza y el apoyo solidario para la resolución de sus problemas.

En nuestra opinión, la articulación de los movimientos sociales críticos sería muy útil para recobrar la confianza de que transformar la sociedad es algo posible y necesario. Precisamente uno de los pilares del sistema actual es la enajenación de las conciencias que lleva a la pasividad política de la mayoría de la población, incluidos los sectores sociales más explotados, en España y a nivel mundial. La convergencia de la crítica y de propuestas imaginativas de intervención social podrían contribuir a la movilización de la población. Por ejemplo, el boicot general de los movimientos sociales a una determinada marca o a un determinado banco podría mostrar que en cuanto consumidores los ciudadanos podemos hacer frente al poder económico, SI SOMOS CAPACES DE CONVERGER. Y así en otros campos.

En el plano de la política, todos estamos de acuerdo en criticar el modelo imperialista-neoliberal que prevalece en el primer mundo, donde se encuadra España. Sin embargo, en nuestro debate se manifiestan dos sensibilidades sobre las que tendremos que seguir trabajando:

1. Para unos, sería ingenuo renunciar a los resortes políticos en vigor, que habría que aprovechar en beneficio de los oprimidos (sistemas de salud, educación, protección social, regulación de la economía, etc.). Se pone el ejemplo de varias democracias latinoamericanas (Venezuela, Bolivia, Ecuador…) que se han enfrentado al imperio y han desarrollado nuevas constituciones acordes a la sensibilidad de sus pueblos, sin renunciar al sistema de partidos y al poder central del Estado.

2. Para otros, los movimientos sociales críticos deberían desarrollar nuevas herramientas, una nueva cultura política alternativa al sistema de partidos y de Estados centralizados, lo que sólo sería viable en el contexto de prácticas alternativas en otras esferas de la vida: en el trabajo, el consumo, la información, el ocio, los modelos de ahorro-inversión, etc. Los movimientos sociales, en toda su rica diversidad, deberían ser la punta de lanza de ese nuevo modelo de articulación política.

En cuanto a la Iglesia católica, denunciamos el sospechoso silencio de la jerarquía ante la actual crisis económica, a la vez que nos identificamos con la corriente profética-utópica de los seguidores de Jesús, cuya principal expresión en las últimas décadas ha sido la teología de la liberación. Nuestros referentes (Boff, Dussel, Comblin, Houtart…) van de la mano y animan los mismos foros antiglobalización que pensadores pertenecientes a otras tradiciones culturales (Wallerstein, Ramonet, Quijano, Soussa Santos…). Desde la “opción por los pobres” o la “socialización del poder” la apuesta común es buscar fórmulas nuevas que favorezcan el bienestar y el desarrollo libre y solidario de las personas y los pueblos, en armonía con la naturaleza.