jueves, marzo 4, 2021
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“Yo hago versos y creo en Dios”

María Jaen
Guinista de la miniserie Descalzo sobre la tierra roja

 

Una selección de versos de Pere Casaldàliga[1]“Yo hago versos y creo en Dios” es el primer verso del poema titulado “Dios es Dios”, que forma parte del volumen Todavía estas palabras, Pedro Casaldàliga, Editorial Verbo divino, 1989

El tiempo y la espera de Pedro CasaldáligaEn el Museo Nacional de Antropología de México hay una instalación que, ante ojos como los míos, duele y empuja a una reflexión sobre lo que en Europa solemos llamar descubrimiento y conquista de América. La instalación no tiene título, pero podría denominarse “Representación del sincretismo”. Está en la Sala Mexica y es una puesta en escena de lo que significó la llegada de los españoles a Tenochtitlan –Hernán Cortés a la cabeza– en 1519. En ella podemos ver, el uno junto al otro, dos objetos de igual tamaño: una escultura de piedra con el rostro de una deidad azteca mutilado y una gran cruz de madera. El montaje viene acompañado por una leyenda que dice: “La destrucción de las imágenes indígenas empezó después de la conquista y continuó durante los siglos siguientes. Los rostros de los dioses prehistóricos fueron mutilados intencionadamente para facilitar la imposición de la religión católica en el virreinato de Nueva España”.

La primera vez que vi esa instalación, la figura de Pere Casaldàliga se asomó con su modesta sonrisa entre mis recuerdos y ahora, al releer y redescubrir su poesía, es la imagen de aquella instalación la que se agita en mi pensamiento. El motivo de esa conexión automática entre una cosa y otra –la deidad mutilada y la figura del obispo– sólo puedo encontrarlo en la poesía de Casaldàliga, concretamente en una de las composiciones de El tiempo y la espera, libro publicado en 1986 y en el cual el poeta incluye poemas dedicados a San Agustín (“Ámame más, Señor, para quererte”) y a Leonardo Boff (“Hermano Leonardo, teólogo confirmado de la Liberación por la gracia del Padre y el apremio del Pueblo”). En esta obra, casi cerrando el libro, Casaldàliga nos ofrece una crítica composición sobre los conquistadores españoles. Dice así:

LOS CONQUISTADORES

(Completando a Pemán.
Y avisando, a tiempo, para las conmemoraciones
de los 500 años...).
 
“Llevaban la espiga” (y también la espada).
“Llevaban la rosa” (con muchas espinas). 
“Y los mandamientos” (todos conculcados).
“Y el avemaría” (¡llena de desgracias para la Amerindia!).

Pero no son estos los únicos versos que Casaldàliga dedica al descubrimiento de América. En 1989, a solo tres años de la celebración del Quinto Centenario, publica Todavía estas palabras. La obra se estructura en seis partes, y en la primera, titulada “Y van a ser 500 años…”, destina once sonetos (¡once!) a la efeméride. Leyéndolos, tengo la misma sensación de sobrecogimiento que tuve ante el rostro mutilado de la deidad azteca, y es que algunas de las imágenes que Casaldàliga dibuja con sus versos también nos duelen y nos llevan a la reflexión. Veamos, por ejemplo, la hipérbole del mar inundado de amargura y la doble personificación del grito que hiere la tierra:

A LAS TRES CARABELAS
 
 Palomas de la fiebre de Moguer,
 
tan dulces en la boca vuestros nombres,
niñas las tres violadas por los hombres
del oro y de la sangre y del poder.
  
Calzabais horizonte de aventura,
volviéndole la página a la Historia.
Pero al azar de vuestra trayectoria
la mar se inundaría de amargura.
  
El grito de Pinzón hirió la tierra
y el vuelo del quetzal dejó varado
y puso a subasta nuestra suerte.
  
Palomas mensajeras de la guerra,
detrás de vuestros sueños han llegado
todas las carabelas de la muerte.
  
O los reproches que se adivinan en el soneto dedicado a Colón:
 
A CRISTÓBAL COLON O COLOMBO O COLOM
 
 La mar era más ancha que Castilla
y el finis terrae no era la verdad.
Mejor que tu ambición soñó tu quilla
y abrió los muros de la Humanidad.
 
 No fue misión de España ni de Roma:
nos encontraste por casualidad.
(Armada ya la paz de tu paloma
Contra la paz de nuestra libertad).
 
Tierras, tesoros, vidas, de un acaso,
perdido nos hallaste y nos vendías,
Cristóbal, ¿de qué Cristo portador?
 
El Nuevo Mundo te salía al paso,
mientras buscabas solo especiarías,
sirviendo, sin saberlo, a un Rey mayor.

Subrayo en cursiva algunas de las palabras de estos versos  (“nuestra suerte”, “nos encontraste”, “nuestra libertad”, “nos hallaste”, “nos vendías”) para llamar la 
atención sobre ellas. A mi modo de ver, estas palabras encierran el mensaje del poeta. Con el uso del plural, Casaldàliga nos está diciendo que él también es/se siente indio, que él también es/se siente América, y que la suerte del Nuevo Mundo tras la violenta llegada de conquistadores y colonos es y será también su suerte. Es por eso que, mientras describe al anónimo conquistador como un
  
“pobre traído para matar pobres”

y se enfrenta al misionero desconocido para preguntarle

 “¿Qué paz traían tus atadas manos?
 ¿Hacía de verdad hijos y hermanos
el Padre Nuestro de tu catecismo?”,

 ensalza con vehemencia la figura del indígena:
 
 AL INDIO ANÓNIMO
  
Eras tierra, pasión, memoria, mito,
culto en la danza y fiesta en el sustento.
Pero ellos te imputaron el delito
de ser otro y ser libre como el viento.
 Te hicieron colectivo anonimato
sin rostro, sin historia, sin futuro,
víctima de museo, folclor barato,
rebelde muerto o salvaje puro.
 
Y, sin embargo, sigues siendo, hermano,
ojos-acecho al sol del altiplano,
huesos-murallas en los tercos Andes,
raíces-pies en la floresta airada,
sobreviviente sangre congregada
por todo el cuerpo de la Patria Grande.

Coherente con la opción de vida que ha escogido, y siempre a la luz de la Teología de la Liberación, Casaldàliga observa la historia de América latina desde el punto de vista de aquellos que recibieron la visita inesperada del hombre europeo, desde la mirada y el sentimiento de aquellos que se vieron forzados a abandonar a sus dioses, a dejar de lado sus costumbres y a sustituir su lengua por la del extraño visitante.

Como afirma Zofia Marzec, “toda la creación del obispo Pedro Casaldàliga está condicionada por la metodología de la Teología de la Liberación. Los principios de la Teología de la Liberación encuentran en sus obras una aplicación práctica. Se puede afirmar que la poesía de Pedro Casaldàliga es una poesía inspirada en la Teología de la Liberación” [2]Zofia Marzec, «Pedro, poeta» en VvAa: Pedro Casaldàliga, las causas que dan sentido a su vida. Retrato de una personalidad. Homenaje de amigos, Editorial Nueva Utopía. Yes cierto. Todo en Casaldàliga, su palabra y su obra, se ampara en el principio básico de esa corriente teológica: la opción preferencial por los pobres. Es decir, la voluntad de vivir en la pobreza, de asumir el sufrimiento de los más débiles y, viviendo y sufriendo como ellos, alzar la voz, denunciar la injusticia y la opresión, y enfrentarse y luchar contra quienes las ejerzan, sea desde el altar, desde la poesía, en los despachos del poder o en las imponentes salas del Vaticano.

La “Canción de la hoz y el haz” es, probablemente, una de las composiciones más conocidas de Pere Casaldàliga, pero no por ello puedo pasarla por alto aquí. Escrita mientras cosechaba arroz junto a los posseiros de Santa Terezinha, pertenece a su libro Cantares de la entera libertad, publicado en 1984:

CANCIÓN DE LA HOZ Y EL HAZ
 
Con un callo por anillo
monseñor cortaba arroz.
¿Monseñor “martillo

y hoz”?
 
Me llamarán subversivo. Y yo les diré: lo soy.
Por mi Pueblo en lucha, vivo.
 
Con mi Pueblo en marcha, voy.
 
Tengo fe de guerrillero
y amor de revolución.
Y entre Evangelio y canción
sufro y digo lo que quiero.
Si escandalizo, primero
quemé el propio corazón
al fuego de esta Pasión,
Cruz de Su mismo madero.
 
 Incito la subversión
contra el poder y el dinero.
Quiero subvertir la ley
 
que pervierte al Pueblo en grey
y al gobierno en carnicero.
(Mi Pastor se hizo Cordero
Servidor se hizo mi Rey).
 
 Creo en la internacional
de las frentes levantadas,
de la voz de igual a igual
y las manos enlazadas…
Y llamo al orden de mal,
y al progreso de mentira.
 Tengo menos paz que ira.
Tengo más amor que paz.

 …Creo en la hoz y en el haz
de estas espigas caídas:
una Muerte y tantas vidas!
¡Creo en esta hoz que avanza
 –bajo este sol sin disfraz
y en la común esperanza–
tan encurvada y tenaz!

“Tengo menos paz que ira. Tengo más amor que paz”, dice Casaldàliga. Y al lector no se le escapa que muchos de sus versos están cargados de rabia y de ira. Una ira “solidaria” [3]Pere Casaldàliga, Una vida enmig del poble, Edicions 62,  Barcelona 2007,  p. 63, pero ira al fin y al cabo. Los versos de “Maldita sea la cruz”, incluido en la tercera parte de Todavía estas palabras, son buena muestra de ello, versos indignados, que expresan esa ira con una dureza que sorprende. La frase que da título al poema se repite hasta siete veces en la composición, convirtiéndose en una especie de mantra, de plegaria cargada de dolor:

MALDITA SEA LA CRUZ
 
 Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.
Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.
Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.

Maldita sea la cruz
 que exhiben los opresores
en las paredes en blanco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote de lujo,
ante los ojos del miedo.
Maldita sea la cruz
 que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás.
Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
–quizás en nombre de Cristo–
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.
¡Maldita sea la cruz
 que no pueda ser La Cruz!

Quizá lo dicho hasta ahora pueda hacernos pensar que toda la poesía del obispo Casaldàliga es poesía de denuncia, combativa o revolucionaria. Y no es así en absoluto. Casaldàliga es un poeta de vocación y oficio, un hombre culto, buen conocedor de la tradición a la que pertenece, lector apasionado y crítico, que ha sentido desde siempre ese impulso: la necesidad de la escritura. Lo imagino cruzando el Araguaia en canoa, con su cuaderno y su lápiz en el regazo, tomando apuntes, dibujando la naturaleza con sus versos, plasmando en ellos la belleza del paisaje o su furia ante la injusticia, confesando sus pecados, doliéndose a veces de su soledad, o declarando sus conocidos principios de pobreza evangélica [4]“Pobreza evangélica”, poema incluido en Clamor elemental. Editorial Sígueme. Salamanca, 1971.:

No tener nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.

Autor prolífico, su vasta obra poética podría inscribirse en una larga tradición de poesía religiosa, pero, aún así, resulta difícil de etiquetar. Domina el romance, el soneto, la copla, el aforismo y el verso libre. Conoce y juega con Machado, Neruda, Rilke, Thiago de Mello, Rubén Darío, Joan Maragall o Leonel Rugama. Todos ellos se asoman, de un modo u otro, en sus poemas, a veces porque bebe de ellos (Machado, Rilke), a veces porque les dedica una canción (Rugama, poeta y guerrillero nicaragüense que murió en combate con tan solo 21 años). Es a veces místico, a veces poeta de la poesía social o casi autor de la canción protesta. Escribe en tres lenguas (castellano, català, portugués), según lo que siente o pretende, y no tiene inconveniente en mezclar esas tres lenguas en una única composición[5]Pere Casaldàliga, El tiempo y la espera.:

JO, YO, EU
 
Por tres fuentes me derramo y no me derramo entero.
El agua más honda y mía
se me está quedando dentro.
Jo, yo, eu.
Los tres.
Ninguno.
El bressol d’un temps més alt me nace y me niega al mundo.
(Cachoeira sou, camino de acequia y aigua de pou).
Por tres lenguas digo más, tres lenguas me dicen menos.
Si las tres son fuentes mías, sólo yo soy el venero.

Personalmente, siento cierta debilidad por aquellas composiciones, a menudo breves, en las que el obispo confiesa un fugaz sentimiento de nostalgia o nos habla de su soledad, de su miedo en el silencio de una noche cerrada, de la muerte, o de su idea de celibato y amor:

MI SOLEDAD [6]“Mi soledad” y “El corazón lleno de nombres” pertenecen al libro El tiemo y la espera. Editorial Sal
 
Mi soledad soy yo.
No hay compañía
que me acompañe todo.
En honda gran medida
Vivir es andar solo.
 
EL CORAZÓN LLENO DE NOMBRES
 
Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres.

También la naturaleza está presente en su poesía. Cuando el poeta pone su mirada en ella, es capaz de hacernos sentir la misma emoción que alcanza a sentir él ante el vuelo de una garza, el andar de una tortuga, las aguas del río desbordadas o la lentitud de un camaleón. El paisaje del Mato Grosso aparece en los poemas de Casaldàliga con todas sus luces. Todos los animales que lo habitan están ahí, las mariposas y las garzas con especial frecuencia. También la figura del peregrino. El caminante y la acción de caminar como metáfora de la vida –elementos que el poeta reconoce haber heredado de Machado [7]Cantares de la entera libertad. Antología para la Nueva Nicaragua. 1984– recorren toda la poesía de Casaldàliga, pero, sin duda, una de las imágenes que el poeta repite hasta la saciedad es la del pie descalzo. En el soneto “Al indio anónimo”, citado más arriba, ya hemos visto esa imagen de las “raíces-pies”. Veamos ahora lo que escribe en el poema “Descalzo”:

Pies libres,
 por la selva y los espinos.
Armoniosamente resignados
sobre la arena hirviente.
Hechos al tacto de la madre tierra.
 Viviente barro andando.
 
 O los primeros versos de “Piensa también con los pies”:
 Piensa también
con los pies
sobre el camino
cansado
por tantos pies caminantes.

Los ejemplos podrían ser muchos más, la obra de Casaldàliga está llena de pies teñidos de barro, pies que sienten latir el corazón del Araguaia, pies ahincados en el día a día, pies que agonizan, pies con alas, pies peregrinos, pies Xavante… Y es así como, verso a verso, la imagen del pie descalzo se erige en símbolo de la Iglesia que quiere Casaldàliga, una “iglesia de evangelio y sandalia” [8]Del poema “Yo pecador y obispo me confieso”, en el volumen Todavía estas palabras. , que se aleje de la que durante siglos ha cerrado los ojos ante la injusticia. Porque “cohonestar la injusticia es un pecado demasiado católico. La Iglesia es responsable de ello desde hace siglos. Debe reconocerlo, y llorarlo, y se ha de convertir” [9]Pere Casaldàliga, Una vida enmmig del poble, Edicions 62, Barcelona 2007, 63.

Antes de poner fin a esta selección de poemas, quiero regresar un momento a Todavía estas palabras. En la tercera de las seis partes que conforman el volumen, titulada “Confesiones”, Casaldàliga se hace eco de una pregunta que, desde que el mundo descubriera la magnitud del horror nazi, tantos teólogos y filósofos han intentado responder:  ¿En qué creer, qué pensar y qué escribir después de Auschwitz?. Veamos cómo Casaldàliga se refiere a ella:

DENTRO DE AUSCHWITZ
 
¿Cómo hablar de Dios
después de Auschwitz?,
os preguntáis vosotros,
ahí, al otro lado del mar, en la abundancia.
¿Cómo hablar de Dios
dentro de Auschwitz?,
se preguntan aquí los compañeros,
cargados de razón, de llanto y sangre,
metidos en la muerte diaria
de millones…

La composición de Casaldàliga no formula de nuevo esas preguntas, ni siquiera las responde, va mucho más allá de ellas y se cuestiona por qué todavía, los que vivimos en un mundo de “abundancia” nos las seguimos haciendo, mientras que allí, en el centro del drama del “Continente aún cautivo” [10]Del poema “Identidad”, en El tiempo y la espera, Editorial Sal Terrae, 1986., se sigue hablando de Dios y creyendo en él. De algún modo, es como si el poeta nos dijera: si nosotros podemos hablar de Dios, ¿por qué vosotros seguís preguntándoos si se puede? ¡Por supuesto que se puede!

Para el obispo, la idea de Auschwitz –el horror más abyecto, lo que el hombre es capaz de hacer para destruir al hombre– no puede nunca invalidar la idea de Dios. Para él, lo que cuenta son las pruebas de que Dios existe y éstas se hallan, como él mismo asegura en sus diarios, citando al teólogo Ladislaus Boros, en las vidas de aquellos “seres humanos que de verdad aman al prójimo” [11]Pere Casaldàliga, Una vida enmig del poble, Edicions 62, Barcelona 2007, 117..

Y ahora, sí, ahora llego ya al final de esta selección personal, con un poema en el que Casaldàliga habla precisamente del oficio de poeta. Pertenece al libro El tiempo y la espera, y dice así:

EL POETA
 
“El poeta es su infancia”. Y el niño Rilke lo supo.
Una infancia bien soñada. Lo que soñara y no tuvo.
Todo poeta es un niño que se niega a ser adulto.
Podrán crecerle las barbas de la ira o del orgullo.
Y caérsele a pedazos el corazón ya maduro.
Pero conserva los ojos desalumbradamente puros.

Notas

1 “Yo hago versos y creo en Dios” es el primer verso del poema titulado “Dios es Dios”, que forma parte del volumen Todavía estas palabras, Pedro Casaldàliga, Editorial Verbo divino, 1989
2 Zofia Marzec, «Pedro, poeta» en VvAa: Pedro Casaldàliga, las causas que dan sentido a su vida. Retrato de una personalidad. Homenaje de amigos, Editorial Nueva Utopía
3 Pere Casaldàliga, Una vida enmig del poble, Edicions 62,  Barcelona 2007,  p. 63
4 “Pobreza evangélica”, poema incluido en Clamor elemental. Editorial Sígueme. Salamanca, 1971.
5 Pere Casaldàliga, El tiempo y la espera.
6 “Mi soledad” y “El corazón lleno de nombres” pertenecen al libro El tiemo y la espera. Editorial Sal
7 Cantares de la entera libertad. Antología para la Nueva Nicaragua. 1984
8 Del poema “Yo pecador y obispo me confieso”, en el volumen Todavía estas palabras.
9 Pere Casaldàliga, Una vida enmmig del poble, Edicions 62, Barcelona 2007, 63
10 Del poema “Identidad”, en El tiempo y la espera, Editorial Sal Terrae, 1986.
11 Pere Casaldàliga, Una vida enmig del poble, Edicions 62, Barcelona 2007, 117.

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