lunes, diciembre 6, 2021
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¿Y si estuviéramos dejando pasar la última oportunidad del campo?

Es el sitio donde se arraigan los recuerdos de nuestras abuelas y abuelos

Si nos pusiéramos a anotar los deberes que tenemos que abordar para la próxima década, la lista no sería corta. Ahora ya empieza a parecer que aquello que vaticinaba la ciencia sobre el cambio climático está ocurriendo y es una grave amenaza. Pero es que la ciencia está avisando de que se ciernen otras crisis sobre el planeta: la pérdida de biodiversidad, la desaparición del suelo fértil, la escasez de agua, la bioacumulación de materiales plásticos, etc. Y si a ese combinado le incorporamos un aderezo social, como el despoblamiento rural, la falta de servicios, la desigualdad de género, etc., la presentación del plato final queda espectacular (espectacularmente dantesca). ¿Y dónde se sirven numerosas raciones de este menú? Es en lo que los urbanitas denominamos “el campo”.

“El campo” es todo lo que se abre una vez se consigue escapar de la última circunvalación de la ciudad. Es el sitio donde se arraigan los recuerdos de nuestras abuelas y abuelos. Es el refugio de vacaciones y fines de semana. Es donde encontramos los remanentes de naturaleza, los ríos, las montañas, las estepas. Es aquello que, ingenuamente, pensamos que no tiene que ver con nuestro día a día. Y que, hasta cierto punto, incluso miramos por encima del hombro (aunque, por suerte, cada vez menos). Sin embargo, “el campo” es lo que mantiene vivo al planeta y, por ende, a la especie humana. Nos proporciona recursos naturales y alimentos, depura los ríos, absorbe CO2, mantiene el legado cultural de nuestros antepasados y antepasadas, etc. Y, sin embargo, como hemos visto, en la próxima década, tiene todas las de perder.

Por suerte, hay una política para el campo. ¡Y es europea! Es la denominada Política Agraria Común (PAC), una política que debe de considerarse importante, ya que en el último periodo (2014-2020) ha supuesto casi el 40% del presupuesto de la Unión Europea. Esta cantidad equivale a un aporte anual de 114 € de parte de cada ciudadano y ciudadana. Es una política con tres objetivos: la producción de alimentos, la conservación del medio ambiente y la equidad social. Parece entonces que esta política es la que conseguirá abordar todos los desafíos que presenta el campo. Pero… espera, ¿esto es así?

“El campo” es lo que mantiene vivo al planeta y, por ende, a la especie humana

La respuesta no es definitiva, porque aún no se ha cerrado el reglamento para el próximo periodo 2021-2027 (ya ha comenzado el periodo, pero la nueva PAC aún no está lista), pero todo parece apuntar a que va a ser un “no”. Los retos son mayúsculos, pero parece que la PAC que se está diseñando no va a estar a la altura.

Para poder explicar esta desazón es necesario primero conocer los fundamentos de la PAC: la PAC tiene dos partes, una grande para apoyar a la renta de agricultores y ganaderas, y otra, más pequeña, para el desarrollo rural. Esta política nació como la respuesta de la Unión Europea a la lenta recuperación económica tras la Segunda Guerra Mundial, momento en el que Europa no podía alimentar a sus habitantes. Este origen hace que la PAC tenga un enfoque proteccionista de la agricultura. Fue tal su éxito en este sentido, que llegó a un punto en el que murió de éxito su premisa inicial, la provisión de alimento, y se producía bastante más de lo que se necesitaba, desequilibrando el mercado.

Posteriormente, se fueron introduciendo medidas para ajustar este nuevo problema y, en 2003, se decidió desacoplar las ayudas de la producción, pasando a un sistema de pago por superficie. Es decir, ya no se pagaría por 1 Kg de centeno producido, sino por tener 1 ha de superficie en producción de centeno. Para asignar cuántos euros se daban a cada hectárea, se decidió que debería ser la media de los pagos que recibió esa superficie entre los años 2000 y 2002. Casi 20 años más tarde, no se ha realizado aún un cambio de este modelo y se sigue pagando en base a la producción de principios de siglo, es decir, sin considerar lo qué está ocurriendo en esas tierras a día de hoy.

A este eje vertebral se van uniendo distintos pagos, según los periodos, para apoyar a determinadas producciones (como el arroz, el algodón o la remolacha), al medio ambiente, a la incorporación de jóvenes, al desarrollo rural, etc., hasta conformar el cuerpo de la PAC.

el Tribunal de Cuentas Europeo ha constatado que la PAC

Sin embargo, esta política no está funcionando, no está cumpliendo sus objetivos: está olvidándose de la conservación del medio ambiente y de la equidad social. Así, durante el periodo 2007-2014, se perdieron en España 11.000 explotaciones agrarias, es decir, 30 fincas al día. Del conjunto de ayudas de la PAC, actualmente el 80% de los pagos se concentra en sólo el 20% de beneficiarios. Además, el Tribunal de Cuentas Europeo ha constatado que la PAC no está siendo efectiva para frenar el declive de la biodiversidad y que las medidas incorporadas en materia de cambio climático tienen un impacto muy reducido. Entonces, ¿por qué no se cambia?

Puede resumirse, de una forma “sencilla”, con que ese 20% que se lleva prácticamente todas las ayudas, no quiere perder su trozo de pastel. Y la influencia que tienen en el desarrollo de las políticas es enorme. La PAC no es una política construida por y para un ganadero o una agricultora en la forma idílica que tenemos, sino que está al servicio de las grandes explotaciones agroindustriales, de la intensificación de las producciones, de las enormes corporativas del sistema agroalimentario.

La PAC está al servicio de las grandes explotaciones agroindustriales

Por tanto, con tal fuerza detrás abogando por el mantenimiento del statu quo, los cambios se antojan lentos, y así es como han ido siendo durante muchos años. Para esta nueva reforma se esperaba que el enfoque de esta política realmente permutara y decidiera enfrentarse y abordar de forma ambiciosa los grandes desafíos que tenemos en esta década. Que se alineara con la hoja de ruta que se ha trazado desde Europa para la transición hacia modelos sostenibles, el Pacto Verde Europeo. Sin embargo, con lo acordado a nivel europeo a finales de junio de 2021, y con el borrador de trabajo de la aplicación del reglamento a nivel nacional, las esperanzas se han desvanecido: cambiar todo para que al final no cambie nada.

El gran problema es que cuando no se avanza, muchas veces el mantenerse igual supone un gran retraso, porque el resto de circunstancias no esperan y continúan su avance inexorable. Por eso es necesario que cada vez más gente deba tornar su mirada hacia la PAC y demandar un cambio, porque es muy probable que estemos viendo pasar el último tren para el campo. Y mira que ya están pasando pocos.

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