jueves, diciembre 3, 2020
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SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: ¿PUEDE LA ECONOMÍA DE MERCADO SUPERAR EL CAPITALISMO?

– Autor: José Antonio Barrio –
 
«Si el hombre es él y sus circunstancias, formemos humanamente dichas circunstancias» (José Saramago)

La concepción del socialismo como una radicalización de la democracia, aunque ya antigua, casi nunca se concreta en su corolario evidente: implica la extensión de la democracia también al campo socioeconómico.

Para entrar a considerar qué puede querer decir esto hoy en día tendríamos que partir de su enlace con la situación actual de la Globalización. No hay compartimentos estancos en el mundo en el que vivimos. La cuestión del Desarrollo Sostenible, por ejemplo, no es sólo (siendo importantísimo) una cuestión de mínima solidaridad con las generaciones futuras. Es una cuestión actual: la desertificación, por ejemplo, ha lanzado fuera de sus hogares a unos 20 millones de personas en África, contribuyendo de forma importante a la migración hacia Europa. Así pues, temas como Ayuda al Desarrollo, lucha contra el hambre y lucha contra la desertificación tienen una ligazón muy fuerte.

La lucha por un comercio justo, por crear medios adecuados de vida en los países en desarrollo, por los objetivos del milenio, por mejorar los niveles de educación en todos esos países son también esenciales y deben ser también objetivos esenciales para los países llamados desarrollados.

La reducción de la pobreza, ligada en buena medida a la extensión de la democracia como nos recuerda Amartya Sen debe ser una prioridad absoluta.

Todos estos condicionantes interrelacionados nos deben vacunar contra el eurocentrismo o cambiar cualquier intento de hacer una “fortaleza” en los países desarrollados donde funcione el Estado del Bienestar sin demasiadas preocupaciones por el entorno a nivel mundial.

Al mismo tiempo, y antes de entrar en materia, habría que hacer una última matización: tampoco en el interior de estos países del primer mundo puede descuidarse la necesaria lucha por el mantenimiento del Estado del Bienestar (educación, sanidad, pensiones) y su extensión (políticas contra la dependencia –en España, Ley de Protección de la Autonomía Personal– política activa de vivienda, educación infantil). Pues bien, aun teniendo presente todo lo anterior, creo indispensable que se añada la puesta en cuestión de la presente lógica capitalista de funcionamiento empresarial, competitividad, beneficios, proceso de toma de decisiones.

Sin ánimo de exhaustividad podríamos hablar de tres tipos de cuestiones:

– Responsabilidad Social Empresarial (Responsabilidad Social Corporativa).

– Participación de los trabajadores/Democratización del trabajo.

– Otra competitividad es posible.

Obviamente, como pasa con los condicionamientos previos en cuanto al entorno de globalización, también estos asuntos están interconectados. Y deben estarlo si se quiere que las mejoras cuantitativas lleguen a obtener cambios cualitativos en el sistema. De otro modo lo máximo que se conseguirá son códigos de “buenas prácticas” sin cambiar nada sustancial. Sin embargo, a efectos metodológicos conviene separarlos pues el grado de avance de una determinada economía puede ser distinto para cada uno de los tres aspectos.

RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

Hay muchas definiciones de RSE, todas ellas interesantes. De acuerdo con la Comisión Europea, se trataría de “las acciones voluntarias de las empresas dirigidas a atender las preocupaciones de los trabajadores, consumidores/usuarios, proveedores, inversores y accionistas, es decir, todos los grupos de intereses (en inglés: stakeholders). En definitiva, del conjunto de la ciudadanía”. Obviamente el carácter voluntario no excluye la posibilidad (o la necesidad) de incentivación por parte de los poderes públicos o la posibilidad de llegar a acuerdos por empresa o sector que una vez alcanzados comprometan a las partes. Más bien es de esto de lo que se trata, si se quiere desarrollar la RSE en serio.

Al mismo tiempo, parece obligado destacar que la RSE:

– Debe afectar a las actividades principales de las empresas. Es decir, restaurar ermitas románicas puede ser muy loable y oportuno, pero no tiene nada que ver. Filantropía no es RS Corporativa.

– Debe afectar a todas las actividades y a todos los marcos geográficos donde se desarrollen. No puede haber comportamiento responsable en Suecia y execrable en África, responsabilidad social en España y autoritarismo en Bolivia.

– No puede ser una simple campaña de marketing para hacer más “simpática” a la empresa respecto a sus consumidores o “usuarios”. Lógicamente, lo que es legal debe ser exigible por ley. La RSE no es cumplir la ley (esto tienen que hacerlo todas las empresas) sino que tiene que ir más allá.

– Observatorios internacionales independientes y de prestigio deben poder evaluar el grado de cumplimiento de forma transversal, de sector a sector, de país a país y de cada una de las actividades llevadas a cabo. Por ejemplo, más allá de las impresentables palabras de Chávez y de la increpación del Rey en la cumbre iberoamericana de Santiago, ¿cuál es el grado de RSE de las empresas españolas en Iberoamérica?

– No debe limitarse a las consecuencias de las acciones empresariales centrales, sino que debe afectar a las subcontratas y alianzas comerciales.

– No debe ser un departamento aparte sino que debe inspirar transversalmente todas las actividades de la empresa.

En nuestro país en la presente legislatura la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados aprobó un interesante informe de la Subcomisión creada “para potenciar y promover la Responsabilidad Social de las Empresas, incluyendo una serie de directrices generales y recomendaciones de interés desarrollando estas orientaciones”. Quizás la más importante, para terminar, es la última de las directrices aprobadas: “El desarrollo de la RSE depende tanto de las iniciativas de las Administraciones Públicas como de las acciones de empresas, consumidores e inversores, medios de comunicación, sindicatos, ONG, etcétera. Estos sectores deben complementar esfuerzos y energías para promocionar conjuntamente la RSE”. En nuestro país parecía haberse llegado a un acuerdo entre el Gobierno, CEOE y sindicatos para desarrollar todo lo relacionado con la RSE, incluyendo la creación de un Consejo Estatal para incentivarla. En el momento de escribir estas líneas la CEOE había anulado por sorpresa la reunión para la firma del acuerdo.

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