¿QUÉ ES… EUROPA LAICA?

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Exodo 105 (sept.-Oct. 20101)
– Autor: Francisco Delgado –
 
La asociación estatal Europa Laica fue fundada en el año 2001 por un reducido grupo de personas de Madrid, Bilbao y básicamente de Talavera de la Reina, la mayoría dedicados al mundo de la enseñanza. Una de las causas que les motivaron a dar ese paso fue la falta de interés político para construir el Estado laico y no sólo eso, sino que las estructuras nacional-católicas permanecían casi intactas en las instituciones, desde el punto de vista simbólico, jurídico, tributario y en materia de financiación y de enseñanza.

Después de una primera etapa dedicada, básicamente, a trabajar sobre los principios del laicismo y a diseñar y a poner en práctica el “Plan de acciones y campañas”, desde hace muy poco tiempo se decidió hacerla visible, crecer y extenderse y, por supuesto, promover (abiertamente) el pensamiento que la inspira. En la actualidad cuenta con socias y socios en todas los territorios del Estado, que forman los diversos grupos territoriales, así como en diversos países europeos. También se mantienen espacios de colaboración con diversas organizaciones laicistas, redes, foros, plataformas, etc., de ámbito local y territorial, en los ámbitos europeos y en América Latina, que tienen como fin primordial defender los ideales laicos, la separación del Estado de las iglesias y la laicidad de las instituciones públicas.

Europa Laica no es una asociación de ateos, agnósticos… en esta asociación conviven creyentes y no creyentes de diversidad de convicciones filosóficas, siempre que estén de acuerdo con los postulados de su carta programática (disponible en: www.europalaica.com), en la que se define como asociación laicista, entendiendo por laicismo el establecimiento de las condiciones jurídicas, políticas y sociales idóneas para el desarrollo pleno de la libertad de conciencia, base de los Derechos Humanos. Defiende e impulsa el pluralismo ideológico en pie de igualdad como regla fundamental del Estado de Derecho y el establecimiento de un marco jurídico adecuado y efectivo que lo garantice y lo proteja, frente a toda interferencia de instituciones religiosas y de otra naturaleza que impliquen ventajas o privilegios para estos grupos.

La Constitución española es enormemente ambigua, posiblemente se elaboró así, de forma deliberada, ya que el poder de la iglesia “oficial” de la derecha nacional-católica, en la transición, era enorme. Sin embargo el artículo 16.1 expresa con claridad: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal” y los artículos 10 y 14 avalan la posibilidad y el camino para “construir un Estado laico”. Sin embargo el poder político, de forma interesada, no lo ha hecho posible en estos más de 30 años de democracia formal.

Quizá ha llegado el momento de exigir la modificación de la Constitución, para evitar esas ambigüedades. También es necesario la elaboración de una Ley Orgánica de Libertad de Conciencia, que sustituya a la vigente Ley de Libertad Religiosa de 1980, que no responde a la realidad social y política de un Estado democrático, pues sus principios se basan en la ideología del Concordato franquista de 1953 (en parte, todavía en vigor) y de los actuales Acuerdos del Estado Español con la Santa Sede (1976 y 1979), que hay que derogar. (Europa Laica en 2009 presentó una propuesta de texto articulado a los grupos políticos y a la sociedad, está disponible en: www.europalaica.com).

De esta situación anacrónica e injusta, impuesta por la fuerza a lo largo de la historia, se derivan innumerables normas y leyes educativas, tributarias, patrimoniales, societarias, jurídicas, sanitarias y asistenciales, así como prácticas políticas, que conceden innumerables privilegios a la iglesia católica, convirtiendo al Estado español, de hecho, en un “Estado confesional y teocrático” esencialmente católico. Siendo evidentes las connotaciones religiosas que se siguen desarrollando desde ámbitos institucionales y políticos, como en el ejército y fuerzas armadas; la existencia de funcionarios capellanes católicos; actuaciones públicas de la jefatura del Estado (monarquía católica); la jura y promesa de ministros y otras cargos públicos delante de simbología católica; la presencia ostentosa de estos símbolos en ámbitos jurídicos, establecimientos públicos de enseñanza, sanidad, servicios sociales; la financiación con más de 7.000 millones de euros que el Estado dona anualmente a la iglesia católica; la financiación de una red católica de enseñanza y la enseñanza del catecismo en los centros públicos, etc.

Sin embargo, hoy, la secularización de la sociedad española es una realidad. En cifras aproximadas, tan sólo uno de cada cinco ciudadanos (de entre todas las edades) dice practicar habitualmente la religión y creer en los dogmas católicos y tan sólo un 5% dicen pertenecer a otras múltiples confesiones religiosas. Los que se confiesan como creyentes, pero que no pertenecen a una comunidad religiosa organizada, no pasan del 50% y los indiferentes, ateos y agnósticos declarados ya superan el 30%. En el ámbito de los jóvenes el tema es mucho más claro: Según la Fundación Santa María (encuesta sobre la juventud año 2006 entre los jóvenes de 15 a 24 años) los que se declaraban indiferentes, ateos y agnósticos sobrepasaban el 45% y los que se declaraban católicos practicantes no llegaban al 10%; en esa misma encuesta las organizaciones religiosas eran de las instituciones peor valoradas por los jóvenes. Además, como datos objetivos y contrastados por múltiples fuentes: Hoy ya se celebran más bodas civiles que religiosas y se bautizan en la fe católica a menos de la mitad de los niños que nacen cada año, las comuniones han descendido a tan sólo el 25% de los niños y niñas y los funerales civiles aumentan año tras año. Y no digamos en cuestiones como la orientación sexual, los avances en biología y genética, el derecho a la muerte digna, etc. La ciudanía está totalmente alejada de algunos mandamientos de las jerarquías religiosas.

A pesar de esta realidad, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial no dan pasos a favor de la laicidad de las instituciones y de las leyes, separando lo público (que es de todos) de lo privado (que pertenece a unos grupos determinados), por lo que seguimos lastrados por un pasado que dificulta, gravemente, la construcción de un Estado democrático y de Derecho. Y en vez de construir el Estado laico, lo que ahora parece pretender es caminar hacia un tímido “Estado multi-confesional” (de las religiones que denominan de “notorio arraigo”), basándose en un principio de libertad religiosa condicionada, que la sitúan por encima de la “libertad individual de convicciones y conciencia”: Hecho realmente grave y pernicioso para el Estado de Derecho y la justicia social.

Invitamos a quienes deseéis participar de este apasionante proyecto societario. Más información la encontráis en europalaica.com y en laicismo.org (Observatorio de la laicidad). Para asociarse o mantener un contacto directo dirigirse a: europalaica@ europalaica.com.