sábado, septiembre 18, 2021
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Opción por los/as pobres en tiempos de COVID

lgunos aprendizajes desde la Red Interlavapiés [1]http://redinterlavapies.blogspot.com.es/

Al inicio del confinamiento leí un texto de Rita Sagato que me ayudó a hacerme más consciente que la pandemia era una oportunidad para la lucidez y para renovar convencimientos y opciones para subvertir el sistema. El artículo se titula Todos somos mortales . Tirando del hilo de su reflexión y de la memoria de Rufino Velasco, maestro de uto­pías, que alimentaron y en­sancharon la mía cuando yo aun la andaba buscando, escribo este artículo. Comparto en él algunos aprendizajes que de la mano de mis compañeras y compañeros de la Red Interlavapiés vamos realizando en esta crisis:

1. Apuesta por la ciudadanía

Aunque el capitalismo inocula en nuestras mentes el espejismo de la suficiencia y el “sálvese quien pueda”, esta crisis nos ha desnudado y mostrado una realidad antropológica a la que nos resistimos: somos vulnerables y solo podemos subsistir desde la interdependencia y la ecodependencia. Es urgente forzar colectivamente una cultura y una economía que ponga el cuidado en el centro, especialmente el de las vidas más vulneradas. El COVID nos ha vuelto a revelar que no todas las vidas valen lo mismo, porque, aunque en un sentido podemos decir que no conoce fronteras, el virus es clasista, es racista, es edadista, es patriarcal y es colonial, ya que las condiciones para protegerse de la pandemia son tremendamente desiguales en base a estas interseccionalidades. Por eso el cuidado entendido como una categoría relacional, social y política a reivindicar no puede ser jerarquizado en base al género, la clase o la raza. Es urgente pasar de sociedades centradas en el mercado a sociedades centradas en la ciudadanía como un modo alternativo de entender las relaciones con una misma, con los demás, con la naturaleza, con la economía, con la política y con el misterio que habita la hondura de la realidad y que los y las creyentes llamamos Di-s.

2. La nueva normalidad a la que estamos volviendo no es la solución, sino que sigue siendo el problema

Mientras la casa común siga siendo expoliada y la lógica del hipercrecimiento y el consumo no sea sustituida por la de la sostenibilidad y la ecojusticia, la pobreza por desposesión de bienes comunes y la destrucción ecológica y sus consecuencias en la vida y la salud de las especies (incluida la humana), será imparable. Por eso la forma más eficaz de luchar contra la pandemia es combatir la desigualdad sistémica y la explotación depredadora del planeta y las especies.

3. La urgencia de las tres T: techo, trabajo y tierra

3.1. El derecho al techo, a la vivienda digna

¿Cómo quedo en casa si no tengo casa? o ¿Cómo hago la cuarentena si vivo en un piso patera? Son algunas de las preguntas que escuchamos cada día en esta crisis en nuestro barrio. La vivienda no puede ser un privilegio, ni los gobiernos pueden dejar esta necesidad básica en manos de los especuladores y el mercado. La vivienda es un bien común y un derecho. Por eso en esta crisis un objetivo prioritario ha de ser forzar las políticas públicas de vivienda, los alquileres sociales, poner fin a los desahucios, acabar con los pisos turísticos y los fondos buitre que expulsan a los vecinos más precarios de los barrios donde han construido su vida o mercadean con la dignidad de la gente.

3.2. Derecho al trabajo

Esta crisis ha demostrado que los trabajos imprescindibles para la vida son los más precarizados, peor pagados y que carecen de reconocimiento de derechos laborales más básicos. Así sucede en el caso de las trabajadoras de hogar y cuidados, todavía excluidas del Estatuto de los trabajadores, o los profesionales de la salud, sometidos a las políticas neoliberales de privatización y recortes, que tanta incidencia han tenido a la hora de luchar contra la pandemia. Estos trabajos merecen ser reconocidos, no solo con aplausos, sino con salarios dignos, con derechos y sistemas de protección adecuados. La reivindicación por la ratificación del Convenio 189 de la OIT y la defensa de los servicios públicos, entre ellos la salud, se hacen hoy más urgentes que nunca.

Reivindicar el trabajo en tiempos de pandemia supone también entrar en otra comprensión del mismo. El trabajo como una acción socialmente útil, no al mercado, sino al bien común. Esto implica un discernimiento alternativo que rija las políticas laborales: qué trabajos son realmente útiles a la convivencia porque colocan el cuidado y la sostenibilidad del planeta en el centro y cuáles no, una profunda reconversión desde ahí, junto con un sistema de renta básica universal.

3.3. Derecho a la tierra y de la tierra

No podemos seguir violentando la casa común ni los ecosistemas porque ésta se rebela contra nosotros y pone en situación de riesgo y de muerte a todas las especies incluida la humana. El COVID ha puesto sobre el tapete de nuestras vidas, las agendas políticas y ciudadanas la urgencia de un cambio radical en los estilos de vida, producción y consumo: estilos más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente y la diversidad de los ecosistemas, más centrados en el decrecimiento que en el hiperdesarrollo. Para ello son fundamentales no sólo cambios en el modo económico, sino también en las conciencias y en la sensibilidad, de ahí la importancia de la prioridad de la educación. Una educación que no fomente la desigualdad, ni la brecha digital, sino que dé preferencia a los colectivos y pueblos más vulnerados y que contemple que todo proyecto educativo reglado o no reglado se enriquece cuando incorpora experiencias de trabajo para la comunidad.

El respeto y el cuidado a este derecho está también relacionado con el reconocimiento de la libre circulación de personas por el mundo, el derecho a una ciudadanía universal, de manera que nadie pueda ser declarado ilegal ni excluido. Por eso la opción por los y las pobres hoy pasa también por el reconocimiento del derecho a migrar y también del derecho a no migrar de los pueblos del Sur Global, obligados a hacerlo por el extractivismo, el expolio y las nuevas y poderosas formas de colonialismo que controlan los mercados.

Un compromiso bien concreto de todo ello es la exigencia de una regularización de las personas migrantes, para que se acabe el infierno que atraviesan las personas indocumentadas ya sea en la fronteras visibles de Tapachula, Calais o Melilla, o frente invisibles que tienen que seguir cruzando una vez que están entre nosotros, como la barrera idiomática y cultural que durante el confinamiento causó la muerte de nuestro vecino M. Husseim 

Una última cuestión que tiene que ver con el derecho a la tierra y de la tierra es algo que también se nos ha hecho palpable en esta crisis: el reconocimiento de que sin la agricultura no es posible la vida. Ello nos lleva a exigir políticas agrarias centradas en la soberanía alimentaria y en las que el trabajo en el campo no sea un mercado de explotación, y de abuso sexual, en el caso de las mujeres, donde a los trabajadores no se les ofrezca para dormir colchones amontonados sobre palés en una nave y además se les cobre por ello como está sucediendo.

4. Un último aprendizaje al que quiero referirme tiene que ver con la experiencia religiosa y las instituciones

El misterio que llamamos Di-s no es milagrero, ni castigador, ni interviene directamente en la historia, ni para causar el mal ni para evitarlo, sino que es aliento de vida, manantial de resiliencia. Sostiene, inspira, moviliza a la solidaridad y la creatividad. El Di-s de Jesús es experto en reciclaje y nos empuja a rebuscar hasta encontrar entre las cenizas del sufrimiento, la esperanza. Un Misterio de amor que no se identifica con los discursos, sino con los gestos y las acciones, y que no distingue entre creyentes ni ateos, sino que es experto en periferias y en humanidad más que en moralidades. Un Di-s Ruah alentadora, que nos mueve a salir de nuestros propios miedos e intereses y que nos hace experimentar que solo en la projimidad y en el asombroso poder de los encuentros y los abrazos podemos ser plenamente humanos y humanas y participar del misterio de su divinidad.

5. Mantener viva la memoria

Junto a estos aprendizajes creo que es muy importante no olvidar, no perder la memoria, no solo de las víctimas, sino también de que es posible vivir de otra manera, como nos hemos visto forzados y forzadas a vivir en este confinamiento: bajando niveles de consumo, redescubriendo que la riqueza de nuestras vidas son las relaciones y los encuentros, que las personas mayores no son un estorbo, sino nuestro mejor patrimonio, y no pueden ser instrumentalizables, y poniendo en el centro la vida y no los intereses individuales, sino los del bien común: la comunidad.

Porque las crisis y el futuro solo los podemos atravesar en compañía

Inshallah 

Notas

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1 http://redinterlavapies.blogspot.com.es/

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