viernes, noviembre 27, 2020
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Olga de la Cruz

Éxodo 127
– Autor: Benjamín Forcano –

escanear0001Debo reconocer la natural sencillez con que Olga Olivier aceptó la entrevista. Madrileña, hoy carmelita descalza, se llama Olga de la Cruz. Médico de profesión, en ejercicio durante 15 años.

Especialista en Medicina del Trabajo, Médico de la Policía Municipal en el Ayuntamiento de Madrid -¿le gustarán los uniformes?- hasta los 38 años, cuando entró en el Carmelo de Loeches, del que ha sido Priora y actualmente Maestra de Novicias.

Escribe artículos sobre Teresa de Jesús, da charlas, una de ellas en el último Congreso teresiano del Cites. Forma parte de la Comisión de Animación Comunitaria para el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa y es también Consejera de su Federación y lo más importante, dice, es que ¡hace mermeladas artesanales para vivir!

Celebramos, Olga, el V Centenario de Teresa de Jesús. A esa distancia, y en una sociedad totalmente distinta, ¿encuentras motivos para un reencuentro entre el entonces de Teresa y el ahora de nosotros?

En lo que respecta al Centenario teresiano, te confieso que tengo mis propios interrogantes. Si Teresa de Jesús estuviese aquí, hablando contigo, ella, tan simpática y amiga de las comparaciones para hacerse entender, te diría algo así como que… Un Centenario no puede ser un “selfie”, palabreja de moda, es decir, verse a uno mismo, cuanto más de cerca mejor, con exclusión de los demás: “yo me fotografío” con un móvil, que se convierte en un espejo donde me contemplo.

Un Centenario no puede ser un “selfie”… Si Santa Teresa nos dejó escrita su experiencia de Dios fue para animarnos a hacer la nuestra, si escribió el “Libro de la Vida” fue para que miremos en ella, no a ella, las misericordias de Dios, que fue así como intituló el libro. Dios es el protagonista absoluto de la vida de Teresa de Jesús.

Celebramos los 500 años del comienzo de una historia, la historia de amor entre Dios y Teresa, porque es posible, repite esta mujer una y otra vez, comunicarse un tan gran Dios con nosotros.

En esta sociedad del “selfie” que se mira a sí misma narcisísticamente, Teresa nos enseña el arte de la comunicación, la verdadera comunicación. Su experiencia abre la nuestra.

Sin negar esos motivos, ¿qué tiene que ver nuestra sociedad posilustrada, guiada por la razón y la ciencia, secularizada, incluso masivamente atea, con la sociedad de Teresa de Jesús?

Históricamente muy poco. Aquella era una sociedad sacralizada, con una España, Castilla más bien, sacrificada económicamente a una idea imperial de República cristiana, espejo y modelo para Europa; una idea caballeresca y bien intencionada sin duda según la mentalidad de la época. Con una Iglesia que era local, porque Roma y su Papa, opositor político muchas veces, quedaban muy lejos, de manera que para Teresa de Jesús, y para muchos de sus contemporáneos, el defendedor de la Iglesia era el Rey. Además de las guerras de religión, la situación de marginación total de la mujer, el tema de los judíos, los musulmanes, los conversos, América y sus oportunidades de enriquecimiento… Pero la búsqueda del placer, la fama, el éxito, el poder, el afán de riqueza y prestigio existía, igual que hoy, conviviendo con lo sagrado.

También hoy nos pasa a nosotros todo eso que el Papa Francisco ha llamado la “mundanidad espiritual”, que acechó también a Teresa de Jesús: “Sé decir que es una de las vidas más penosas que me parece se puede imaginar porque ni yo gozaba de Dios, ni traía contento en el mundo”.

Ella vivió largo tiempo dividida entre el “mundo”, las relacioncillas etéreas que le hacían ganar “honra”, imagen a los ojos del mundo, y el mundo según Dios.

Los cristianos y aún los no creyentes, y lo he comprobado, pueden encontrarse reflejados más de lo que podríamos sospechar en esos dramáticos capítulos 7 y 8 del “Libro de la Vida” cuya lectura recomiendo. No somos tan distintos, también hoy queremos conciliarlo todo, aunque ­sean contrarios, fragmentando la vida y así buscamos la felicidad. ¡Es imposible!

¿Crees que hay hilos comunes, problemas que nos unen a Teresa de Jesús y han sido siempre objeto de interés permanente?

Por supuesto que sí, de no ser así yo no sería carmelita descalza.

Teresa de Jesús tenía una gran capacidad de empatía, es una maestra de ese verdadero diálogo, con Dios y con los demás, del que siempre hablamos. Conecta con los anhelos más profundos del corazón humano: la búsqueda de sentido, la amistad, que hace iguales, como forma de relación, la vida simple y sencilla y sobre todo la libertad.

Esa maravillosa libertad de espíritu, que no necesita venderse a nadie porque no quiere poder, libertad de relaciones que esclavizan, sin la alienación de paraísos artificiales, que ensancha el corazón y es fuente de alegría. Teresa de Jesús nos enseña a “aventurar la vida” por la libertad, como escribió Cervantes, para ser libres como Cristo, el hombre verdaderamente libre.

Teresa de Jesús, dentro de un marco cultural restrictivo y condicionante, fue muy original y libre. ¿Se puede hablar de haber generado Escuela propia?

En medio de su marco cultural también había cosas muy positivas que ella aprovechó: un afán de encontrar una relación con Dios menos “ritualista”, un ambiente de cambio, de reforma, la oración como un derecho para todos… Teresa miró a su alrededor y se preguntó qué podía hacer ella y descubrió su propio camino: la oración como un peculiar camino de seguimiento de Cristo. Oración como relación con una persona, amistad con Cristo, humano y divino junto. Oración que no se encierra en un intimismo egoísta, sino que se abre al corazón del mundo: oración apostólica, al servicio de la Iglesia y de la humanidad. De la oración nacen “obras, obras” nos dice Teresa.

-Oración arraigada en la vida, desde la liturgia, los sacramentos, la Palabra de Dios (y siento no tener ocasión de comentar la increíble manera como ella vivía su restringido acceso a la Escritura. ¡De una manera tan actual!). Una oración que no se pierde en lo etéreo, nada que ver con la New Age, sino que es cristológica y, como tal, se asienta en el testimonio de vida, las virtudes. Una oración, por último, que humaniza y que hace que el orante tenga los pies apoyados el suelo sin dejar de mirar al cielo.

¿En esta Escuela pueden encontrarse claves que pueden servir a hombres y mujeres de hoy -modernas por tanto- para conseguir la felicidad?

La experiencia me parece que es algo muy moderno, todos estamos hartos de teorías y discursos, necesitamos palabras auténticas que nazcan de la vida y conecten con la nuestra. De esto nos habla Teresa.

Antes de que se pusieran de moda esos manuales de autoayuda y autoestima que tanto proliferan hoy día, Teresa nos descubrió la verdadera “autoestima”: ¡Eres imagen de Dios y apenas hay palabras para describir tu gran hermosura y capacidad! El ser humano es de un natural tan rico que puede tener conversación nada menos que con Dios. ¡Esa sí que es una experiencia al límite!

¡No huyas de ti mismo! Siempre buscando nuevos placeres, viajes exóticos, experiencias desconocidas… No mendigues en casas ajenas cuando la tuya está tan llena de bienes, ¡al alcance de la mano!

Teresa de Jesús te ofrece el más apasionante viaje al interior de ti mismo, donde nunca acabarás de descubrir nuevas maravillas en tu vida.

¿Cómo lograr dejar de tener sed de las cosas de esta vida, que dan hartura y no sacian, y poder entrar a beber del “agua” que sí sacia y colma de paz el corazón?

Esta es la historia de la Samaritana, de la que Teresa era muy amiga y con la que se sentía tan identificada… Hasta en lo exterior tenían “semejanzas”: ambas, mujeres despreciadas solo por serlo, ambas heterodoxas, en el caso de Teresa del vilipendiado linaje judeo-converso, ambas buscadoras incansables de la felicidad, divididas entre los “baales” y el culto al verdadero Dios. La historia de la Samaritana es nuestra propia historia. Sólo el encuentro con Cristo sacia y cambia la vida.

Del encuentro con Cristo, un “varón sin animosidad” (hacia la mujer, evidentemente) según Hanna Wolff, nació una mujer nueva, unificada, una vida nueva, un amor que desatina, deliciosa expresión de Teresa, y que hace que todos los demás amores parezcan palillos de romero ­seco.

Esta mujer ofreció de beber a Cristo, le dio su propia vida, y Él, el hombre apasionadamente enamorado de la humanidad, se dio a sí mismo. Desde entonces Teresa de Jesús, como su hermana de Samaria, va dando voces (a esta mujer le encantaba decir que “querría dar voces”) por las calles del tiempo y de la historia para llevarnos a Él, al hombre que le cambió la vida.

¿Al presentar a Teresa como gran mística no la alejamos? ¿O somos todos místicos?

Pienso que Bernini hizo un flaco favor a Teresa de Jesús al esculpir el “éxtasis de Santa Teresa”. Este “cliché” la ha alejado de nosotros, que hace que no veamos ya la mujer real, sino a alguien de otros tiempos, admirable para algunos pero inalcanzable para la mayoría.

La vida mística no es más que la vida de relación con Dios, es el nuevo nacimiento que sucede cuando Dios sale al paso de un ser humano para llevarlo a su plenitud, sucede en lo cotidiano de la vida. Esa es la Mística.

¡Tenemos que recuperar esa llama que llevamos dentro y dejarla arder en nuestra vida!

Así vivió Teresa y nos ha dejado escrito que este camino es para todos: “Mirad que convida el Señor a todos. Si no fuera general este convite, no nos llamara el Señor a todos, y aunque los llamara no dijera ‘Yo os daré de beber’” (Jn 3,37). Pudiera decir “venid todos, que, en fin, no perderéis nada, y los que a Mí pareciere Yo los daré de beber”. Mas como dijo sin esta condición, “a todos”, tengo por cierto que todos los que no se quedaren en el camino, no les faltará esta agua viva. La pregunta no es, pues, si todos somos místicos sino si queremos ser místicos.

¿Cómo entendería hoy Teresa su relación con Dios, desde la conciencia de la dignidad humana y desde la dignidad filial a que nos ha elevado? ¿Qué lugar ocupa en ella la oración de petición?

Igual que lo entendió entonces puesto que, ya lo he comentado, tenía una clara conciencia de la dignidad del ser humano, cualquiera que éste fuese y cómo fuese, no hay más que leer “Castillo Interior“, más conocido como “Moradas”, y en las primeras moradas lo podremos comprobar.

Teresa se dolía porque en su época había muchas personas que llegaban al término de su vida sin haberse conocido en absoluto, sin saber quiénes eran de verdad. A esto le llamaba “gran bestialidad”. ¿Tú qué crees, Benjamín?, ¿habrá muchos de estos?

El tema de la oración de petición es piedra de toque para muchos cristianos hoy. Es evidente que la teología ha cambiado mucho desde el siglo XVI, ya no entendemos la vida religiosa como estado de perfección, nuestra Iglesia es la del Vaticano II y por lo tanto no hay cristianos de primera y de segunda categoría, ni Dios “hace caso” a según quién… Pero, como siempre, la experiencia mística lleva a Teresa más allá de su tiempo: la oración cambia la vida, es su mensaje. Y así podríamos decir que la oración transforma al orante y si pido por la paz, me iré haciendo consciente de las actitudes de paz y misericordia que necesito poner en mi propia vida. La oración de petición teje una red de solidaridad entre los seres humanos.

Teresa afirma fuertemente que no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia.

Para los varones, dice Teresa, no hay virtud de mujer que no sea sospechosa. ¿Se encuentran en ella semillas, pautas que concordarían con el feminismo actual?

Teresa de Jesús reivindicó el derecho de la mujer a ser orante, a participar en la vida de la Iglesia activamente, “ayudando a Cristo” tal y como lo hicieron las mujeres del Evangelio. Denunció valientemente que la sociedad, que en su tiempo era lo mismo que la Iglesia, “nos acorralaba” y que esa no había sido jamás la actitud de Jesús. Se atrevió incluso a escribirlo con tan inusitada fuerza que sus censores, amigos, se lo tacharon de tal manera que, hasta hace relativamente poco con las nuevas tecnologías, era imposible leer lo que había debajo de los tachones. Veo los tiempos, concluye ese memorable pasaje, de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres… ¡Pobre Teresa!

Por otro lado, con un índice elevadísimo de analfabetismo, ella era una lectora empedernida y quería que todas sus monjas supiesen leer y escribir (que no era poco para el s. XVI). Sufrió muchísimo con el Índice de Valdés que la privó de sus libros favoritos y, a pesar de ello, a los pocos años escribió en sus Constituciones que las prioras de sus monasterios tuviesen cuenta con que hubiese buenos libros, porque al igual que el alimento es necesario para el cuerpo también hay que alimentar el espíritu.

Era amiga de los buenos entendimientos en las candidatas al Carmelo, no quería mujeres aniñadas, confesaba que siempre deseaba tener tiempo para leer, valoraba la Sagrada Escritura por encima de todo, etc.

Con muy pocas posibilidades, atada por su condición de mujer, tildada de “fémina inquieta y andariega”, sin dinero y con poca salud, hizo obras extraordinarias. Teresa de Jesús es un acicate para nosotras, mujeres del siglo XXI.

¿Crees que el modelo tradicional de la vida religiosa tiene futuro en nuestra sociedad?

Creo en la fuerza de atracción de Cristo, en la belleza del Evangelio y en la creatividad del Espíritu Santo. Vivir el Evangelio con toda la radicalidad que podamos, dentro de cada carisma, es la reforma fundamental.

Seguro que la mayoría de nuestros lectores ignoran que Teresa de Jesús fue por tiempo vigilada y escrutada por la Inquisición.

En realidad no tuvo problemas realmente serios con la Inquisición, y dados los “tiempos recios” como ella los llamó, era inevitable tener algún incidente, por decirlo suavemente. Teresa jamás tuvo miedo al Santo Oficio, según su propia confesión, y supo manejar el tema con inteligencia y mucha prudencia.

Se trató fundamentalmente de denuncias, por parte, al menos, de dos mujeres vengativas. La primera, la intrigante Princesa de Éboli, despechada porque las carmelitas habían abandonado su fundación de Pastrana debido a la tiranía extrema de la princesa. Como represalia denunció el “Libro de la Vida” a la Inquisición.

El manuscrito estaba bien protegido con la censura de Domingo Báñez, que el propio Tribunal Inquisitorial le encargó y aún es posible que su recomendación de que no estaba para que le viese “el gran público”, fuese la causa de quedarse bien guardado y sin embargo leído y disfrutado por muchos teólogos. El gran Inquisidor Quiroga, quien lo retuvo consigo largos años, apreciaba enormemente la obra; la propia Teresa “presumía” alegremente de ello en una carta.

El segundo pudo haber sido más problemático, dado el ambiente de alumbradismo que se vivía en Andalucía. Una beata famosa, María del Corro, ingresó en el Carmelo de Sevilla, con el aplauso de los sevillanos que la tenían por santa. No resultó ser tal y fue “invitada” a salir y reintegrarse a su vida seglar. Furiosa, denunció unas supuestas prácticas y ritos que según ella se practicaban en el carmelo sevillano. El Santo Oficio investigó, comprobó la ridiculez de las afirmaciones, que fueron cumplidamente explicadas. Además Teresa de Jesús envió un memorial al tribunal inquisitorial, Relación de su vida espiritual y confesores que ha tenido, del que quedaron muy satisfechos. ¡La lista de confesores famosos, muchos de los cuales estaban muy relacionados con la Inquisición, era impresionante!

¿Contiene Teresa criterios de discernimiento y libertad para cuantos en nuestros días han sufrido la severidad de la censura del Santo Oficio?

Teresa no dejó escrito lo que opinaba de los casos célebres, como Carranza o los discípulos de Juan de Ávila. Lo que aconseja para cualquier dificultad es poner los ojos en Cristo, nuestro bien, mirando su vida es el mejor dechado.

Ella fue “castigada” por el General de su Orden, mal informado, que la había ayudado en sus principios y al que quería entrañablemente, a quedar confinada en el convento de su elección.

Las cartas que Teresa le escribió son modelos de diálogo, sinceridad y valentía, pero también de dolor y obediencia. La visión de fe es la que predomina en los acontecimientos injustos de su vida.

De vivir en nuestra sociedad, ¿Teresa implicaría su fe en compromisos de liberación integral -cultural y socio política-?

No puedo sacar a Teresa de su tiempo y hacer “ciencia- ficción” sobre sus actitudes. Sin inventarme nada, lo que sí puedo afirmar, porque es lo que hizo, es que “leería los signos de los tiempos” y daría su propia respuesta, haría “lo poquito que era en mí”, desde su propio carisma.

Somos nosotras, las carmelitas descalzas, las que tenemos que responder a nuestro tiempo, desde nuestro mundo y desde el camino que Teresa nos trazó que, por cierto, es puro Evangelio.

Finalmente, la novedad del Papa Francisco ¿sería también novedad de Teresa?

¡Totalmente! De esto me he dado cuenta hace un tiempo. Aquí sí que me arriesgo a decir que a Teresa le hubiese encantado este Papa, tienen mucho en común. Ambos hablan con sencillez y desde la experiencia, asentados en la vida cotidiana y para todos…

¡Hay tantas cosas en que coinciden! Ya mencioné la “mundanidad espiritual” pero es que, además, Teresa nos habla constantemente de “despertar”, despertar a los demás a la oración, despertar a los que tratemos, despertarnos unas a otras, quiero que me despierten, dice de sí misma… y Francisco está diciendo que las religiosas y religiosos estamos llamados a despertar a nuestros contemporáneos… ¡Teresa siempre es actual!

Permíteme terminar con una invitación a la lectura de Teresa de Jesús con las palabras de un amigo carmelita descalzo, Juan Antonio Marcos:

La de Teresa es una escritura y una palabra que no solo entretiene el espíritu, sino que lo transforma y por eso, leyendo a Teresa, a uno se le quitan las malas ganas y le entran muchas buenas, y más deseos de vivir como ella vivió.

Así lo creo y así lo digo.

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