martes, diciembre 1, 2020
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LA LEY DE IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES

nº 85 octubre 06
– Autor: Carmen Martínez Ten –
 
Hace menos de treinta años, las mujeres españolas eran consideradas, en el Código Civil como un apéndice del varón del que dependían para todo. El franquismo recuperó el viejo código civil de 1889, considerando a la mujer casada, a efectos de capacidad judicial, junto a los menores, los locos y los sordomudos que no sabía leer ni escribir. Por eso necesitaban la licencia del marido, la licencia “marital”, para cualquier cosa, desde abrir una cuenta en un banco, hasta para cobrar su propio salario o sacar el carné de conducir. La normativa laboral y el Código Penal incluían en su articulado, disposiciones que sancionaban la discriminación como ley. Aunque hoy nos parezca increíble por un crimen pasional o en defensa del honor, al hombre se le asignaba penas muy exiguas, mientras a las mujeres se las podía encarcelar por adulterio. Cuando contemplamos con horror los asesinatos de mujeres por motivos de honor, que supone la ley de la sharia en el islam, haríamos bien en reflexionar sobre nuestro pasado reciente, y sobre lo que el nacional-catolicismo supuso para las mujeres en este país.

Mientras, las mujeres europeas se incorporaban al mercado de trabajo tras la segunda guerra mundial, porque durante la guerra habían demostrado que podían hacerlo durante la guerra y además hacía falta mano de obra por la cantidad de hombres muertos en los frentes, las españolas permanecían limitadas en todos los campos. Todavía en la década de los 70 les estaba vedado ser jueces, o notarios, o abogados del Estado y un largo etcétera de profesiones en base a su condición femenina.

¿CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA LA LEY DE IGUALDAD DESDE AQUELLA SITUACIÓN?

Las españolas han recorrido en 30 años el camino que las francesas o las alemanas, no digamos las nórdicas, recorrieron en 70. Como un río desbordante, y a pesar de los obstáculos, han entrado en la universidad y en el mercado de trabajo. Ahora hay más mujeres que hombres en la carrera judicial y hay mujeres soldados en Afganistán, mujeres guardias civiles y mujeres policías.

Algunos datos son ilustrativos del camino recorrido y del que resta por recorrer, para que la igualdad legal recogida en el artículo 9.2 de la Constitución Española de 1978 se transforme en igualdad real.

La tasa de actividad femenina se ha incrementado ininterrumpidamente en los últimos años. Si en 1985 era del 27,8%, en el primer trimestre del 2006 era, según la Encuesta de Población Activa (EPA) del 47,47%. 20 puntos de diferencia y un ritmo de crecimiento muy superior a la tasa de actividad masculina que sin embargo era, todavía, en el tercer trimestre de 2005, 22 puntos mayor.

El avance educativo ha sido probablemente el más espectacular y un logro de la política de generalización de la escolarización obligatoria y la coeducación. Tan solo hace unos años las diferencias de nivel educativo entre hombres y mujeres, se midieran como se midieran, por tasa de analfabetismo, por matriculaciones universitarias o por finalización de estudios primarios, eran abismales. De hecho la falta de acceso a la educación era uno de los mayores obstáculos, quizás el mayor, para poder empezar a hablar de igualdad de oportunidades.

Actualmente, en España, como ocurre en el conjunto de países europeos, la matricula femenina es superior a la masculina en casi todos los niveles educativos, especialmente en la universidad; las alumnas obtienen resultados superiores a sus compañeros, tienen menor fracaso escolar y abandonan los estudios en menor proporción que ellos. El informe de la OCDE publicado en 2006 revela que la proporción de alumnas que finalizan el Bachillerato es superior en 7 puntos a los alumnos.

Otro ámbito en el que se puede hablar de avances es el de la participación política, sobre todo desde el nombramiento de un Gobierno paritario y de una Vicepresidenta mujer, tras las elecciones de 2004 que ganó el Partido Socialista. En el Congreso de los Diputados hay un 36% de escaños ocupados por mujeres tras estas mismas elecciones. Sin embargo, la presencia de mujeres es muy reducida en el poder económico, el judicial o el universitario.

DONDE SE HA AVANZADO MUY POCO ES EN EL REPARTO DE RESPONSABILIDADES FAMILIARES

En España la familia desempeña un papel muy importante como vínculo entre las personas y prestadora de servicios y cuidados entre sus miembros. Las mujeres son en realidad las “cuidadoras” domésticas en un país donde los servicios de apoyo (residencias para mayores, escuelas infantiles, centros de atención para enfermos crónicos o minusválidos físicos o psíquicos) son claramente insuficientes.

Hasta ahora, era la familia, o mejor dicho las mujeres en las familias, las que cuidaban en más del 80% de los casos a las personas dependientes, ya sean éstas ancianas, enfermas, niños o minusválidos. Dado que ya son mayoría aquellas familias en las que trabajan ambos miembros de la familia, esta situación está haciéndose cada vez más complicada. Por una parte, las mujeres no pueden, aunque quieran, con la carga. Aunque muchas recurren a otras mujeres de la misma familia, fundamentalmente las abuelas, para el cuidado de los niños pequeños, o al servicio doméstico integrado por mujeres emigrantes, otras no tienen más remedio que abandonar su empleo o hacer equilibrios extraordinarios para hacer compatibles la jornada laboral y el cuidado de los suyos. También renuncian a tener hijos y las bajas tasas de natalidad española se explican en parte por esta imposibilidad de compatibilizar horarios y tareas.

Esta situación ocurre, con un cambio en la implicación de los hombres, llamativamente lento. Así lo atestigua el exiguo 1,34% de permisos de maternidad/paternidad que fueron disfrutados por hombres, de los 239.958 concedidos en el año 2003. Igualmente, según datos de la EPA relativos a 2004, el 93,7% de los abandonos del mercado de trabajo “por razones familiares” correspondieron a mujeres.

La Encuesta de Usos del Tiempo del Instituto de la Mujer, de 2001, reflejaba que las mujeres dedican a “Trabajo doméstico” más del doble de tiempo que los varones (7 horas y 22 minutos, frente a 3 horas y 10 minutos diarios).

En el mismo sentido, la Encuesta de Empleo del Tiempo del INE 2002- 2003 refleja que un 92,7% de lasmujeres dedican mucho tiempo diario a la categoría “Hogar y Familia”, con una duración media de 4 horas y 50 minutos. Por el contrario, sólo un 70% de los varones reconoce dedicar algún tiempo a estas actividades, con una media de 2 horas y 6 minutos.

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