La lengua en pedazos, de Juan Mayorga

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Éxodo 127
– Autor: Juanjo Sánchez –

“’La singularidad es subversiva’, decía Edmond Jabès. Recuerdo esas palabras –escribe Mayorga en “Espiritualidad y subversión”- cada vez que pienso en Teresa de Jesús. Nos han acostumbrado a verla como centinela de un cierto orden, pero basta abrir sus escritos y recordar el modo en que levantó sus fundaciones para reconocer en ella a una insurrecta…

Mujer contemplativa y mujer de acción, no hay en Teresa brecha entre la visionaria y la fundadora de monasterios. En Teresa la oración es acción, y cada acto es un modo de orar. Ambos están atravesados por el amor. Y ese amor hace de Teresa una subversiva que desestabiliza espíritus, pone en crisis instituciones y divide sociedades.

Teresa se nos aparece como personaje a contracorriente, intempestivo en su propio tiempo y en el nuestro. Por eso mismo es Teresa necesaria. Su interés -¿hace falta decirlo?- no depende de la creencia. Como Francisco Brines sobre Juan de la Cruz, pienso sobre Teresa que un ateo, aunque no crea en su mística, puede sentirse fascinado por el ser humano que se apoya en ella. Y puede y debe sentirse interpelado por ese ser humano…

Ganar para el teatro (su) palabra y el personaje que la acuñó fue mi primer objetivo en La lengua en pedazos. Me propuse arraigar palabra y personaje en una situación ficticia pero verosímil en cuyo centro estuviese el grave gesto de la todavía monja de la Encarnación de abrir, con gran riesgo para sí y para las que la seguían, el monasterio de San José: la primera de sus fundaciones.

Entonces apareció, en mi fantasía, el Inquisidor. Que fue creciendo hasta convertirse en el otro de Teresa, su doble: aquel con quien ella estaba destinada a encontrarse y a medirse. El Inquisidor acorrala a la monja con incómodas preguntas, la enfrenta a momentos de su vida que acaso ella querría olvidar y prende en su corazón la duda, que, como todo en Teresa, es un incendio. Y poco a poco en el diálogo entre ambos personajes va apareciendo un tercero: la lengua misma, que transforma vidas y hace y deshace mundos.

La pelea tiene lugar en la cocina del convento. Allí, “entre pucheros, anda Dios.”

La lengua en pedazos. Es el primer texto –escribe el autor en la presentación de su obra completa Teatro 1989-2014 (La Uña Rota, Madrid 2014) en El País 17-05-2014 que, además de escribir, yo mismo he puesto en escena. Lo he hecho con una compañía que llamamos La Loca de la Casa, tal como dicen que Teresa de Jesús nombraba la imaginación. Al igual que otras piezas mías, tiene forma de duelo en que se enfrentan dos personajes que, más que antagonistas, son cada uno el fantasma –el doble, el ángel demonio- del otro. Más allá de las oposiciones hombre/mujer y guardián de la Iglesia/monja desobediente, el Inquisidor es el sueño –la pesadilla de Teresa tanto como ella lo es de aquél-. Finalmente, cada uno es un ser humano que lucha consigo mismo a la búsqueda de sentido, esto es, a la búsqueda de una respuesta a la pregunta: ¿por qué vivir? La lengua es el espacio de ese combate al cabo del cual quedará dividida, herida, definitivamente abierta”.

La lengua en pedazos

Cocina del monasterio de San José

Inquisidor: “Entre pucheros anda Dios”. Se os atribuye tan curiosa sentencia. Es justo que nos encontremos aquí, entre pucheros. Porque de él se trata. ¿Sabéis quién soy?

Teresa: Sé quién sois.

Inquisidor: Entonces también sabéis por qué estoy aquí.

Teresa: Eso no lo sé.

Silencio…

Inquisidor: Veintisiete años hace que tomasteis hábito. Durante lo más de ese tiempo, tuvisteis el amor de vuestras hermanas de la Encarnación. Nadie temía que vinieseis a ser causa de controversia. Mas de un tiempo acá, desafiando a vuestra madre priora, a vuestro confesor y al provincial de vuestra orden, con otras que habéis arrastrado a vuestra parte, hacéis trato de fundar esta casa que llamáis monasterio de San José. Ya no os parece bastante buena la casa de la Encarnación, ya no os sirve para servir a Dios. Lo que habéis hecho divide a vuestras hermanas y causa escándalo en la ciudad…

He indagado cómo se ha hecho esta casa.

Con lo que tengo sabido, me sobran razones para deshacerla. No es eso, sin embargo, lo que quiero.

Quiero que vos misma cerréis la casa…

Si vos no cerráis esta casa rebelde, seré yo quien lo haga…

Teresa: Se hizo esta casa porque el  Señor lo mandó y solo se deshará si él lo manda…

………….

……………………

Inquisidor: De lo que no se puede hablar, más vale callar. Las palabras ni siquiera son sombras de aquellas cosas. Si la lengua dijera verdad sobre el cielo o el infierno, se rompería en pedazos… Querríamos llegar al borde de esta lengua y saltar y hablar desde el otro lado. Pero al otro lado, para nosotros solo hay silencio.

Teresa: No fue castigo, sino merced. Dándome a ver por vista de ojo de qué me libra su misericordia, me enseñó a perder el miedo en esta vida.

Ver aquel secreto llenó mi espíritu de desasosiego. Desasosiego de Dios, que había dado vuelta a mi corazón…

Inquisidor: Y no bastando la Encarnación para contener tanto desasosiego, abrís esta casa con que desasosegáis a vuestras hermanas…

Teresa: Las que os piden que me echéis en cárcel, ésas no me conocen…

Las que dicen que obro para ser nombrada, ésas me condenan sin culpa…

Inquisidor: Y… que escandalizáis al pueblo…

Teresa: No deseo teneros contra mí, pero no faltaré a la verdad para teneros a mi lado… No busco agradar a todo el mundo, sino solo a él, pues solo a él estoy obligada.

Sé que todos esos hombres que habéis nombrado y muchos más se nos han puesto enfrente. Espanta tanta fuerza contra unas pobres mujeres…

Yo tengo pena de la persecución que sufren quienes nos ayudan. De la que nosotras hayamos de pasar, de esa huelgo…

…………..

…………………….

Inquisidor: Nada os impide vivir en la Encarnación tan pobre como querais. ¿Por qué hacer que otras padezcan lo que vos?

Teresa: … Aquí todas sabemos los cuidados que trae tener propio y la riqueza que está en la pobreza. En esta casa ha de haber la pobreza de la cruz…

Inquisidor: Una guerra entre descalzos y calzados, ¿eso queréis abrir en el Carmelo? ¿Una guerra en la Iglesia entre calzados y descalzos?…

Teresa: Convento, Iglesia, mundo han de ser casa de iguales, como iguales nos hace a todos el bautismo.

En la Encarnación hay monjas que pagan celda grande y criadas, y hasta esclavas. Esas señoras me enseñaron lo poco en que se ha de tener el señorío. Miente el mundo llamando señor al que es esclavo de mil cosas. No habrá señoras en San José. “Entre pucheros anda Dios” también significa que todas trabajaremos en lo que podamos.

En la alegría que aquí vivimos se ve ser eso lo que conviene… El Señor, no yo, escoge las almas que trae a esta casa… No es nuestra lengua sino hablar de Dios, y no entendemos ni nos entiende sino quien la misma hable.

Inquisidor: ¿No os enseñaron a medir las palabras antes de llevarlas a la boca? Las vuestras suenan a utopía, a re pública de mujeres, a disparate…

Teresa: Nuestras vidas solo deseamos que el Señor nos ofrezca en qué perderlas. Todo se gana en perderlo por él.

……………..

………………………….

Inquisidor: ¿Qué palabras se dicen entre estos muros? ¿Qué palabras se leen? No dejaré que esta pequeña casa se haga pilar de un gran cisma. He aprendido que la mística es disfraz que suele tomar la subversión. A menudo se llama espíritu a lo que es desorden.

Teresa: A veces se llama desorden a lo que es espíritu.

……………

……………………….

Inquisidor: Si vos, con las que con vos están, volvéis ahora a la Encarnación, yo haré que os reciban y que lo hecho se olvide.

Teresa: Lo hecho nunca ha de olvidarse.

…………

…………………….

Inquisidor: ¿Nunca dudáis, Teresa? Yo sé que dudáis. Cada instante dudáis…

Teresa: Que dudo, decís. Que dudo cada instante… Si miro esta casa, me da contento haberlo contentado… Mas al poco viene el demonio a revolverme. Dice, riendo, que todo ha sido astucia suya para robarme el alma… La fe queda entonces suspendida y yo sin fuerza para defenderme de sus golpes, y en el alma la oscuridad más honda.

… No hay contento sin mudanza. Tan pronto no me cambiara por ninguno como no sé qué hacer de mí. Y el único que podría socorrerme, ahora se me oculta.

Dios se esconde al alma y hace al alma no saber de sí.

¿Dónde estás? ¿Por qué me dejas sola? ¿O es que estuve sola siempre? ¿Quién soy, si siempre estuve sola?

Dudo, sí, dudo cada instante…

… Dolor del espíritu que corta el cuerpo.

Y la lengua, en pedazos, se niega a dar palabras.

… La lengua está en pedazos y es solo el amor el que habla.

Pero nadie puede hablar de ello.

Es mejor no decir más”.