jueves, junio 24, 2021
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LA IGLESIA Y LOS DERECHOS HUMANOS «AD INTRA»

Éxodo 95 (sept.-oct.’08)
– Autor: Mª Luisa Paret –
Liderazgo de la mujer en la Iglesia
 
INTRODUCCIÓN

Uno de los síntomas de la profunda crisis que está viviendo la Iglesia católica es el éxodo silencioso de numerosos bautizados y el no retorno de muchos creyentes que, alejados por muy diversos motivos, no encuentran alimento espiritual ni credibilidad en la institución eclesial, que sigue reclamando para sí un poder y una autoridad muy alejados de la Iglesia- Pueblo de Dios del Vaticano II. Si a esto añadimos la discriminación que venimos padeciendo secularmente las mujeres en el seno de la Iglesia, la situación es, cuando menos, preocupante.

Hablamos como cristianos y cristianas profundamente descontentos con la institución eclesial, sabiéndonos herederos de la Iglesia-Pueblo de Dios del Vaticano II, que abrió las puertas a otras formas de comprender y vivir el cristianismo haciéndose eco de la rica pluralidad de la Iglesia desde los comienzos del mismo.

Como creyentes estamos invitadas a creer y crear esta utopía y a transmitirla desde determinadas actitudes del Evangelio, porque la teología que no hunde sus raíces en la Buena Noticia de Jesús es un esqueleto sin vida. Nos mueve la esperanza de construir juntas una Iglesia que tenga también nuestro rostro haciendo una teología inclusiva y liberadora para aquellas mujeres y hombres que aún no tienen voz y cuya dignidad no ha sido reconocida.

A continuación, vamos a analizar brevemente el quehacer teológico que lleva realizando la mujer desde hace décadas, aun siendo ignorada su labor por la propia institución.

TEOLOGÍA FEMINISTA, TEOLOGÍA DESDE LA MUJER

La teología clásica no ha recogido la experiencia de fe de las mujeres que, aun formando parte de la comunidad, fueron pronto excluidas de la Palabra y del Magisterio. Las excepciones de alguna Doctora de la Iglesia no logran negar la evidencia. En el año 2004 el papa J. Pablo II nombró para formar parte de la Comisión Teológica Internacional a dos mujeres, la hermana Rutller y la alemana Bárbara Hallensleren. Después de dos mil años, la desproporción ya dice algo. La dimensión creyente de la mujer conlleva una subordinación que no se da en los organismos civiles y, si se da, prevalece el derecho de protestar contra ella .

La imposibilidad de la igualdad atraviesa y justifica teológicamente la desigualdad en todas las demás instancias, a pesar de proclamar y predicar la igualdad y dignidad de la persona. Esta contradicción no admite justificaciones. El aislamiento de la jerarquía y los funcionarios de iglesia con las realidades de una sociedad compleja impide las necesarias transformaciones formales y legales de la institución eclesial. La estructura eclesial se encuentra “fosilizada”. Además, el carácter sagrado asignado a los varones como “voluntad de Dios” hace muy difícil la necesidad de conversión, pues son éstos quienes deciden los cambios. Muchas cosas tienen que cambiar en la Iglesia católica con respecto a las mujeres.

Las mujeres no podemos seguir callando ni esperar que otros hablen por nosotras sino que hemos tomado la palabra para decir nuestra experiencia de fe y de vida. Pasar de una teología y de una praxis de exclusión en una Iglesia patriarcal a una teología de inclusión, ya que la vocación bautismal es llamada a un “discipulado de iguales”, daría a la comunidad cristiana un nuevo rostro donde todos y todas seríamos aceptados como iguales, hijos e hijas de Dios.

La Teología Feminista es, pues, una relectura del mensaje cristiano desde la óptica, la situación y la experiencia de la mujer y reclama hablar de Dios desde el sufrimiento de los inocentes. Su finalidad es la liberación de todos los hombres –mujeres y varones– de las estructuras injustas que los mantienen en situación de minoría de edad.

El objetivo es: trabajar para que se reconozca la participación plena de las mujeres en la vida eclesial y el ejercicio de cualquiera de sus ministerios. De ahí que exijamos la desaparición de todo tipo de discriminación por razón de sexo, género y estado en la Iglesia y en la sociedad.

Tratar de conseguir una mayor participación de las mujeres en los órganos consultivos, de discernimiento y de decisión, y que sean reconocidas sus aportaciones en los debates vitales de la sociedad y de las iglesias.

EXÉGESIS Y HERMENÉUTICA TEOLÓGICA FEMINISTA

Cuando las mujeres tomamos conciencia de nuestros derechos y de nuestra dignidad nos resulta difícil leer y aceptar como normativos determinados textos de nuestras tradiciones religiosas. Nos preguntamos, ¿cómo puede un texto intrínsecamente opresor ser normativo para una comunidad de fe?

La Biblia es un producto literario histórico que encarna y reproduce en muchos textos valores androcéntricos 6 que han dañado los derechos de las mujeres.

La hermenéutica teológica feminista es la interpretación de la tradición teológica reconociendo nuestros intereses, deseos y dependencias feministas. E. Schüssler Fiorenza propone la hermenéutica de la ekklesía gynaikón, expresión griega que significa “asamblea de mujeres”. Concibe la interpretación bíblica feminista desde el punto de vista retórico-emancipador:

• Desde la retórica se descubre el objetivo del texto, sus interpretaciones.

• Se trata de tomar conciencia de las estructuras de dominación y buscar la democracia radical inscrita en nuestra experiencia y en los textos.

• Explicitar los valores y perspectivas feministas desde los que afrontamos el texto bíblico.

El empoderamiento: un nuevo concepto de poder

Para Letty Russell, “empoderar” es potenciar, proveer la oportunidad para que una persona o un grupo desarrolle sus capacidades de agente activo/a en cualquier medio y asuma su protagonismo con conciencia de su capacidad y su derecho a actuar.

Las teólogas utilizan el concepto empoderar como premisa para construir nuestra autoridad. Es un despliegue de energía en continua comunicación en red. Esta alternativa al poder patriarcal, sexista, opresivo y asimétrico, no es una mera inversión ya que el empoderamiento feminista no puede entenderse manteniendo los esquemas patriarcales. Según Maritza Montero, el empoderamiento es un proceso de fortalecimiento para transformar un entorno transformándose el sujeto mismo.

Para la teología feminista, la fe es el principio teológico que une el poder al empoderamiento; es la categoría experiencial que constituye el punto de partida de toda teología. La fe necesita ser expresada en su contexto y, es, además, un pilar de empoderamiento que condiciona la autoridad y el poder.

Decíamos antes que el empoderamiento es un despliegue de energía y, como tal, nos sitúa en la misma línea de vitalidad creativa de la Ruah divina. Cuando las mujeres se empoderan se hace visible la poderosa fuerza del Espíritu, la capacidad renovadora de la vida y en la vida. Por eso, el empoderamiento va unido a la interioridad que afirma la individualidad singular de cada una. No sólo sugiere el reparto equitativo y justo del poder, sino que supone el Reinado o Basileia de Dios , que entiende el poder en términos de abundancia, no de escasez.

Como dice Celia Amorós, no sólo necesitamos el reconocimiento sino también el reparto del poder ya que la mayoría de los varones en la Iglesia católica no están dispuestos a compartirlo. Cambiar el sistema de liderazgo dentro de la Iglesia requiere una transformación del poder. Siempre hay grietas en el sistema por las que podamos entrar para cambiarlo.

Todas las actitudes que se dan hoy en la Iglesia, como la apatía, la indiferencia, la fuga silenciosa de los cristianos, la pérdida del sentido de pertenencia eclesial, etcétera, son síntomas no sólo de algo caduco que no da más de sí, sino de algo nuevo que quiere nacer y no se sabe nombrar. Es una corriente subterránea que fluye sin parar y que está gestando otro modelo de Iglesia en la que el poder y la autoridad se reformulan y se configuran con categorías nuevas.

TEOLOGÍA SISTEMÁTICA FEMINISTA

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