martes, julio 5, 2022
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La cultura del cuidado en tiempos pandémicos

LUIS A. ARANGUREN GONZALO: Es nuestro momento. El paradigma del cuidado como desafío educativo. Boadilla del Monte (Madrid), Fundación SM, 2020

A la hora de hablar de cuestiones como la cultura del voluntariado, la construcción educativa de la solidaridad o la vida entreverada de reflexión y acción comprometida con la realidad de tantas organizaciones y movimientos sociales, la figura de Luis Aranguren no necesita presentación alguna. En todos los campos citados, y en otros muchos relacionados con éstos, sus publicaciones, cursos, conferencias, asesorías y talleres han constituido y constituyen una referencia de largo alcance para numerosas personas y grupos a ambos lados del Atlántico. Uno de los méritos indiscutibles de su trayectoria vital y profesional ha sido siempre reinventar “horizontes utópicos”, para construir interpretaciones y respuestas que hagan avanzar en el complejo contexto en que vivimos, “con los pies en la tierra”, integrando así pensamiento y trabajo, idea y vida.

tiempos pandémicosEstas son las condiciones que cumple con creces el trabajo que reseñamos. Los materiales que Luis Aranguren ha confeccionado con la delicadeza y la paciencia de un artesano –se trata de una obra sobre el cuidado hecha con un cuidado estético notable y congruente con el contenido–,  pretenden atender a la grave situación pandémica que vivimos en todo el planeta y que, además de la crisis sanitaria que nos ha sacudido, está poniendo de manifiesto una fragilidad global de múltiples dimensiones: ambiental, económica, política, social y cultural; fragilidad que se muestra, por poner un ejemplo significativo, en la desigualdad del impacto del virus en el Norte enriquecido y en el Sur empobrecido, o en el crecimiento del abismo entre riqueza y pobreza dentro de nuestros supuestos “paraísos de prosperidad”.

Pero la apuesta de Es nuestro momento no solo afecta a nuestra crisis del presente. Utilizándola como “oportunidad”, como “signo de los tiempos”, el trabajo va más allá, y se centra en la configuración de un paradigma educativo alrededor del cuidado, término sobre el que giran todas sus reflexiones y tareas formativas. Desde este punto de vista, esta propuesta constituye un hito en la trayectoria intelectual y militante de su autor, una encrucijada en la que, por un lado, se realiza una reformulación sintética de trabajos anteriores y se integran nuevas lecturas de asuntos como la paz, la interculturalidad, la solidaridad Norte-Sur o el ecologismo, hasta dar con un “retrato”  poliédrico del cuidado, como componente fundamental, imprescindible para la supervivencia, de la identidad humana –yacimientos prehistóricos como los de Atapuerca muestran que la atención altruista a los más débiles es tan antigua como la violencia armada–, y, como necesidad en la reconstrucción, siempre recurrente, de la transformación social y cultural que se avecina.

pandémico Por eso, esta obra está llamada a convertirse en un valioso material de uso inmediato frente al desafío de este tiempo de incertidumbre en que habitamos. No es un libro de tesis o de hipótesis teóricas. El autor insiste en la “narratividad” de sus argumentaciones, y es muy coherente con su intención. Pero tampoco es, ni mucho menos, un libro de recetas, una colección de juegos, un prontuario de lecturas edificantes o de fórmulas magistrales. Se asemeja mucho más, incluso por su forma compacta y cuadrangular, a una caja de herramientas, a una pequeña alacena que contiene mapas, brújulas, sextantes u otros instrumentos de navegación para acompañar y dar sentido a la ruta emprendida, cuyo trazado corresponde a quienes deciden emprenderla. El texto ofrece los recursos para pensar, sentir y hacer posible múltiples itinerarios diversos y plurales.

Apoyado en una serie de documentos inspiradores suficientemente conocidos, aunque poco practicados,  como la Carta de la Tierra, la Agenda 2030 o la encíclica Laudato si, el libro está estructurado en cuatro bloques, que se denominan como los cuatro elementos de la naturaleza, que el autor usa como metáfora intercambiable, en el sentido de que asigna una simbología y unos contenidos a cada elementos que de inmediato lo vincula e interpenetra con los demás, en un “cuidadoso” ejercicio de mirada globalizadora sobre el planeta y los seres vivos que lo habitamos que se expresa con una profunda sencillez, en un estilo empático e interpelante, reiteramos, más que congruente con el tema que aborda. Cada bloque está dividido, a su vez, en cuatro capítulos, hasta un total de dieciséis, que siguen un orden similar: en primer lugar, un relato, desde fragmentos de novelas, poemas u obras teatrales, hasta testimonios de viva voz, que van seguidos de la formulación de interrogantes sobre el texto y de una exploración de las cuestiones que plantea. Esta parte es, a nuestro juicio, muy interesante, porque el texto no se utiliza como un mero adorno introductorio, sino que se exprime en profundidad. Dicha tarea nos lleva después a una profundización antropológica y ética sobre el asunto, que es el apartado de más calado teórico. Finalmente, se desgranan unas propuestas didácticas en torno al mirar afuera –películas– y al mirarnos adentro –dinámicas de grupo–, y se cierra con unas atinadas pistas bibliográficas.

Además de las numerosas citas de textos ajenos, todo el libro está recorrido por experiencias narradas a partir de las vivencias del propio autor. Son igualmente muy interesantes (y bellas) las ilustraciones a doble página de Teresa Bellón, a modo de murales gráficos de relevancia didáctica. Por poner algún reparo tangencial, echamos de menos una mayor información sobre las citas de textos y documentos que profusamente recorren la obra, o alguna aclaración sobre el sentido de ciertos textos –por ejemplo, la conocida Carta o Discurso del Jefe Seattle, obra de activistas ecologistas muy posteriores a la vida de este líder indígena, que da nombre a la capital del Estado de Washington, y cuya reconstrucción literaria resulta fascinante.

Una vez culminado el recorrido de la obra comentada, señalamos algunas de sus cualidades “transversales” a modo de conclusión. En primer lugar, el equilibrio entre la parte reflexiva y la formativa: un libro de lectura, sí, pero también, y sobre todo, un manual para poner en marcha un proceso formativo en los grupos que así procedan. En segundo lugar, la estructura con la que se presentan los distintos materiales es muy abierta, sus recursos pueden utilizarse siguiendo el propio orden en que aparecen, o cualquier otro. Por eso mismo, en tercer lugar, es un texto que siempre invita al diálogo: a ser subrayado, anotado, ampliado, interrogado, manejado del mismo modo que utilizamos nuestra agenda de trabajo cotidiano, nuestra vida real, limitada y extendida, porque, como decía Erich Fromm a propósito del amor como artesanía, el valor del cuidado solo genera vida “en el espesor de lo real”.

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