LA CRISIS, ¿MÁS ALLÁ DEL CAPITALISMO?

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Éxodo 96 (nov.-dic.’08)
– Autor: Varios Autores –

TAMBIÉN ésta fue una crisis anunciada, pero solo por una minoría crítica, la de los sin poder. Los del poder, los señores del sistema, los que viven de él y exprimen su jugo, dando rienda suelta a la ambición y la codicia, la negaron o la mantuvieron oculta hasta que estalló a los ojos de todos y… peligró el mismísimo sistema. Solo entonces saltó la alarma.

Para entonces ya se habían encendido muchas luces rojas que indicaban que el sistema fallaba, que el capitalismo no era el “fin de la historia”, como anunciaba el ideólogo del poder, sino más bien la historia del fin: del fin de muchos seres humanos condenados al hambre, la miseria, el abandono, la enfermedad sin vacuna, la sed o el paro sin remedio. Y el fin, también, como amenaza del planeta, de la sostenibilidad y la vida, el cambio climático, el agujero de ozono, de la deforestación… Pero estas luces de alarma no inquietaron a dirigentes y especuladores. Algunos se atrevieron incluso a bagatelizar las llamadas de atención sobre las mismas.

Y ahora, cuando se agrieta el sistema y peligra el negocio, esos mismos dirigentes y especuladores, ultraliberales defensores del mercado sin cortapisas, reclaman y promueven, sin pestañear y sin vergüenza, la intervención del Estado, del dinero público. Es decir, piden que sean los de siempre, los de abajo, los trabajadores, los que arrimen el hombro y paguen los platos rotos. En la Europa del siglo XXI se quería volver poco menos que al horario laboral del siglo XIX y, bien cerca entre nosotros, los ultraliberales reclaman como salida a la crisis el recorte… no de ganancias, sino de gastos sociales.

De este modo, si los mismos responsables y beneficiarios del sistema son los que proponen y dictan las medidas para salir de la crisis, ¿puede acaso ésta conducir más allá del origen del desastre, más allá del capitalismo sin control, sin razón ética ni social? Difícilmente. Se harán los cambios suficientes para que no cambie nada sustancial. Ya es todo un síntoma de ello el que, tras de la que está cayendo, nadie haya reconocido públicamente responsabilidad o culpa alguna.

Como decía Jesús de Nazaret, no se puede servir al dinero y a la vez a Dios, es decir, a la dignidad, a la humanidad, a la fraternidad. Pero, ¿quién cree –aúnen este mensaje, en esta advertencia evangélica? ÉXODO, nuestra revista, está convencida de su verdad.