domingo, noviembre 27, 2022
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Hacia una mística interreligiosa comprometida con la justicia, desde Lavapiés

Éxodo 127
– Autor: Pepa Torres, Maite Zabalza y María Sierra Carrero –

Desde hace más de seis años un miércoles al mes nos reunimos un grupo de amigos y amigas musulmanes y cristianos que nos hemos conocido en luchas comunes contra las políticas de fronteras. La primera vez que lo hicimos fue con motivo de una lucha contra la deportación de un grupo de bangladeshís escondidos en los montes de Ceuta. Desde los colectivos en los que participábamos entonces: La Asociación sin Papeles y Ferrocarril Clandestino, colectivos aconfesionales y de carácter laico, estábamos preparando dos encierros dentro de la campaña “No en nuestro nombre impidamos la deportación“ y al salir de una de las asambleas un amigo musulmán nos propuso que por qué no nos juntábamos los creyentes para orar juntos con el Corán y el Evangelio y coger fuerza y “paz” para prepararnos para el encierro. Así lo hicimos. Nos reunimos en nuestra casa un grupo de seis personas en torno al Corán y la Biblia, invocando a AR-RAFAT: “El que nos sustenta”, uno de los 99 nombres de Allah, y un pasaje del Evangelio que interiormente nos conectara con esta experiencia. Y así, desde entonces, nos venimos juntando, cada miércoles por la noche, para orar y compartir la mesa en torno a hechos concretos vividos en común o experiencias vitales intensas: la muerte de algún familiar, el nacimiento de un hijo, la liberación de alguien del CIE, la amistad y compromisos que nos unen, etc.

Ahora somos un grupo diverso y con cierta estabilidad. Es una experiencia de mística interreligiosa que ha brotado desde el diálogo de la vida y el compromiso con la justicia desde el entorno de nuestro barrio. Hace un año, “con temor y temblor”, nos atrevimos a dar un paso más: intentar hacer juntos y juntas una lectura creyente desde el ver, juzgar y actuar, ante un hecho de gran preocupación para nuestra convivencia, como fue la amenaza de una manifestación xenófoba que un grupo de ultraderecha convocó en Lavapiés, tras el intento fallido de quemar la sede de SOS Racismo en el barrio. La metodología que utilizamos fue una versión modificada de la revisión de vida. aunque en el Juzgar introducimos de forma conjunta algunos textos del Corán y del Evangelio. Fue una experiencia preciosa que nos ayudó a pasar del temor a la conciencia clara de participación e implicación, a encontrar juntos la forma conveniente de situarnos en los colectivos con propuestas de autodefensa no violentas y donde los y las migrantes sin papeles corrieran el menos riesgo posible.

Esta misma experiencia de búsqueda y de intentar leer creyentemente la vida desde nuestras tradiciones espirituales, sin buscar recetas, sino a encarar la complejidad de lo real, es lo que nos movió también más recientemente a hacer una lectura creyente de los atentados de París. Nos juntamos cerca de treinta personas musulmanes de origen africano y asiático y también cristianos latinoamericanos, cameruneses, españoles y una austriaca. Iniciamos la oración con el saludo musulmán: salam aleikum y la canción de Jorge Drexler: “yo soy un moro judío que vive con los cristianos“.

Nuestro VER se centró en lo que cada uno conocíamos del hecho y los sentimientos que nos inspiraba. Algunos de los aspectos que se resaltaron fueron: Doce muertos en un ataque contra el semanario francés que publicó las viñetas de Mahoma; Asalto a un supermercado judío, y muerte de 4 rehenes; Un joven musulmán de Malí salva la vida de 6 rehenes; Más de 50 ataques racistas próximos a mezquitas; Declaraciones contra la violencia de los líderes europeos y líderes de Mezquitas; Manifestación en París y cadena de políticos europeos; Tirada de 3 millones de ejemplares de la revista satírica tras el brutal atentado.

Para el JUZGAR nos ayudamos de algunas ideas tomadas de una reflexión de Felicísimo Martínez sobre el atentado titulada “Tiene que haber algo más”, y “Ocho apuntes de urgencia sobre el atentado”, de P. Honrubia y del sexto nombre de Allah, según el Islam: AS-Salam (Dador de Paz) y el encuentro de Jesús con la mujer samaritana.

En el compartir vamos coincidiendo en que:

Las religiones son un pretexto y los factores que están tras de estos hechos son económicos.

La identificación entre Islam y terrorismo es interesada.

La religión más poderosa y perversa es el capitalismo y su ­ideal de lo humano: varón, blanco, occidental y rico.

El desprecio y repliegue de las políticas de integración en Europa que genera ciudadanos de segunda y tercera categoría y el malestar de las segundas y terceras generaciones en países como Francia.

Todos los muertos no valen lo mismo, ni tampoco la libertad de expresión en todos los ­países del mundo.

A Europa sólo le duele lo que le afecta a ella misma. Está enferma de egolatría. Pero hay también otra Europa, que no es la de los políticos ni sus leyes: la del mestizaje y la de los colectivos que luchan contra las fronteras y por otro mundo posible.

La libertad de expresión tiene un límite: el respeto al otro.

Las consecuencias de estos hechos van a afectarnos mucho en la convivencia en los barrios multiculturales: policialización, recortes de libertades, vulneración de derechos humanos en nombre de la seguridad, coartada perfecta para endurecer aún más la represión y violencia en la frontera Sur (Ceuta y Melilla).

Nos adentramos en el ACTUAR recitando juntos el salmo sufì de Yunus Enre: “Con quienes aman la justicia, te llamaré, Señor, a ti”, e intentamos concretar nuestro compromiso ante esta realidad y sus consecuencias. Nuestro compartir fue en la línea de:

Seguir cuidando espacios de reflexión crítica y de compartir entre creyentes de distintas religiones o de “ninguna” y los hechos de la realidad social y política.

Defendernos juntos de las leyes injustas y los controles de identidad que se van a multiplicar en nuestro barrio.

No responder con violencia a la violencia y a la xenofobia institucional existente: exclusión sanitaria, racismo, etc., sino con el poder y la fuerza que nos da estar juntos, hacer asesorías colectivas, etc.

Abrirnos a las costumbres del país donde vivimos, convivir juntos, conocer mejor nuestras tradiciones culturales y espirituales.

Liberarnos de prejuicios y estereotipos. Vivir “mezclándonos”, siendo amigos, compañeros, aprender juntos…

Propagar estas ideas entre la gente.

Finalmente terminamos partiendo un pan marroquí y comiéndonoslo juntos mientras tararemos la canción “Todo va a ir bien” de Luis Guitarra y nos damos el abrazo de la Paz, Inshallah.

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