domingo, enero 17, 2021
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Fuentes del pensar en el quehacer teológico

Por Gilberto Canal (profesor de teología junto con Rufino Velasco en el Teologado claretiano de Salamanca)

Doble eje sobre el que pivotó la reflexión teológica de Rufino Velasco: la Iglesia nuevo pueblo de Dios y el Evangelio como fermento en el mundo de los pobres.

El pensamiento de Rufino sobre la Iglesia parte fundamentalmente de un estudio metódico y profundo de la doctrina del Vaticano II, que supone un giro radical sobre toda la dogmática del pasado. Estructura la nueva visión de la Iglesia desde la Constitución Lumen Gentium, que en su número 9 define a la Iglesia como “nuevo pueblo de Dios”, cargando el acento en lo más básico, lo popular, eso en lo que todos coincidimos. Así se empieza a perfilar una eclesiología desde abajo. Esta visión adquiere un mayor rigor en el número 12 de la Constitución, que habla de la función profética del Pueblo Santo de Dios: «la totalidad de los fieles… no puede equivocarse cuando cree. Por eso “el Pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe…”»

La Iglesia aparece aquí como una realidad dinámica en la que Cristo se presenta no ya como su fundador sino como su “fundamento”(LG 6), sobre el que luego se irán construyendo sus estructuras en la medida en que los signos de los tiempos y el Espíritu de Cristo lo requieran: Lo “básico” es por tanto “popular”; lo jerárquico, derivado…

La Iglesia y los pobres: Conocemos la constante presencia de los pobres en el pensamiento teológico de Rufino. La primera fuente de inspiración de esta presencia es el Evangelio: «Evidentemente que la Iglesia con la actual situación económico-social, como presencia en el mundo de Cristo pobre, evangelizador de los pobres y libertador de los oprimidos (Lc 4,18) ha de ponerse de parte de los pobres y débiles, y luchar cuando sea necesario para defender sus derechos y su promoción humana». Esta visión evangélica se refuerza con la doctrina del Vaticano II sobre la relación Iglesia-Mundo en la Gaudium et Spes (nn 4,9,63), la Pacem in terris, de Juan XXIII, y la Populorum Progresio, de Pablo VI. La conclusión a la que desde aquí llega Rufino es: «En la dinámica concreta del mundo se encarna la gracia y fuera de ella es una abstracción. Si la Iglesia no es fermento evangélico en medio del mundo, no es nada» (apuntes de Rufino).

Doble fuente de inspiración:

Entre las lecturas que han podido influir el pensamiento de Rufino hay que citar a teólogos que, a su vez, han estado presentes en la doctrina del Vaticano II, como Chenu, Congar, Rahner, De Lubac, H. Küng, etc. Pero Rufino también ha tenido gran sintonía con teólogos de la liberación, como Ellacuría, Jon Sobrino, Leonardo Boff. Y esta sintonía se basa en que también ellos han bebido en las mismas fuentes que Rufino.


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