martes, diciembre 1, 2020
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EVANGELIO Y EVOLUCIÓN DE MODELOS DE LA MORAL SEXUAL

Número 82 (ener.-febr.’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
1. ¿Por qué la jerarquía eclesiástica se opone al cambio de la moral sexual?

La pregunta es pertinente. Llevamos décadas esperando el cambio. El concilio Vaticano II dio razones para el cambio. Investigaciones y publicaciones de muchos téologos formularon exigencias y aplicaciones de ese cambio. El pueblo (los simples fieles) ha contemplado con impaciencia ese cambio y, al final, ha visto con casancio y hasta con decepción cómo se reafirmaban las normas de siempre. _ La pregunta, ciertamente, apunta a la jerarquía eclesiástica, porque es ella la que sella, al parecer como inmutables, las normas recibidas, se empeña en hacerlas cumplir y vela para que no se altere el depósito de la ortodoxia católica. Crece así la opinión de una jerarquía dogmática, insensible, poco menos que incompetente para abordar temas que requieren una respuesta actualizada. _ No habría mayor dificultad en admitir que la jerarquía procede así, llevada de su celo por conservar la verdad, ya que lo contrario significaría para ella apartarse de la tradición y ser infiel al Evangelio. Pero, con no menos seguridad se puede afirmar que su posicionamiento es, en buena parte, infundado y desfasado. _ En cuestiones morales importantes, de poco sirve empeñarse en caminar ciega o impositivamente. Vivimos, es cierto, en un mundo contradictorio y mil veces incoherente, pero al que no se le puede argumentar con tópicos, abstracciones o recomendaciones. Necesita razones. _ La realidad empuja a no zafarse sino a dar la cara y comprobar la consistencia de las propuestas morales. _ Las encuestas nos dicen que en un porcentaje, que va del 60 al 75 %, las acciones y conducta de los cristianos de a pie, -el pueblo fiel- no se acomoda a la normativa oficial. En relación con el control de la natalidad, las relaciones sexuales prematrimoniales, la indisolubibilidad matrimonial, la masturbación, la homosexualidad, el uso del preservativo en el caso del sida, la valoración del placer se- xual, el estatuto de inferioridad de la mujer, etc., por una parte va la normativa oficial y por otra la vida. Hay una disociación.

2. Heredar el pasado no equivale a seguirlo ciegamente

Este hecho delata un desajuste, una disfunción grave, que no es razonable desatender. Cuando una persona muestra síntomas de desarreglo, su salud cae bajo sospecha y enseguida inicia estudios sobre esos síntomas para poder establecer el diagnóstico y luego el tratamiento. _ La Iglesia es como un organismo vivo, en el que los órganos dirigentes forman parte de él y a los que no les puede resultar indiferente el estado de su funcionamiento. Lo dice el mismo concilio Vaticano II: “Hay instituciones, mentalidades, normas y costumbres heredadas del pasado que no se adaptan bien al mundo de hoy. De ahí la perturbación en el comportamiento y aún en las mismas normas reguladoras de éste” (GS, Nº 7). _ ¿Se puede sostener, hoy en día, científica, antropológica, filosófica, teológica y bíblicamente que el matrimonio es un contrato exclusivamente para procrear; que el goce sexual es, por sí mismo, antinatural e ilícito; que la relación sexual cobra razón de ser sólo en su subordinación a la procreación; que el grado de acercamiento a Dios depende del grado de apartamiento y renuncia de la sexualidad; que la masturbación es objetivamente pecado grave; que la homosexualdiad es una desviación y que su actuación es una perversión; que la indisolubilidad del matrimonio es un valor absoluto, que nunca y por ningún motivo se puede derogar; que todo bautizado casado, que se recasa civilmente, vive en un estado de concubinato y de pecado público; que el condón no puede usarse ni siquiera en caso de sida, etc.? _ Frente a esta disociación entre la normativa oficial y la vida real, se dan dos posiciones: una más dura, conservadora y pegada al pasado; y otra, más flexible, progresista y abierta al futuro. _ La tensión existe y, lejos de disminuir, parece aumentar, decantándose hacia la derecha en escalada progresiva. Dos posturas, de externa y aparente tolerancia, pero de activa y secreta intransigencia.

3. O se admite el hecho del cambio o no habrá renovación

¿Es imposible una solución? Como otros muchos, pienso que sí hay solución, pero a condición de que se quiera reconocer el hecho del cambio. O se admite el cambio y entonces habrá renovación; o no se lo admite, y entonces las cosas seguirán como siempre. _ Y me apresuro a decir que es aquí donde está la cuestión. Porque nos encontramos en el siglo XXI, cuya situación no podemos parangonar con la de siglos anteriores. Este siglo viene precedido de un hecho que marca la civilización occidental: la modernidad. Y la modernidad significa igualdad, democracia y pluralismo. _ Pero la Iglesia se atrincheró en la Edad Media y se puso a la defensiva contra la modernidad. Por lo que la Iglesia se opuso a la ciencia, la libertad, los derechos humanos y el progreso. Todo un corte, que distanciaba y contraponía, y que hacía que al cristianismo se lo considerara como sinónimo de reaccionario, integrista y antirrevolucionario.

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