miércoles, diciembre 2, 2020
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COMUNICADO DE REDES CRISTIANAS

Ante el cierre de la Parroquia San Carlos Borromeo
– Autor: Varios Autores –
 
Los más de 150 colectivos, comunidades y movimientos de base de la Iglesia católica en España integrados en Redes Cristianas, ante la decisión tomada por el arzobispado de Madrid de cerrar la parroquia de San Carlos Borromeo, manifestamos abiertamente nuestro desacuerdo con la medida tomada, hacemos una llamada al diálogo y a la cordura y expresamos “Otra voz de Iglesia” en los siguientes puntos: lo que nos hubiera gustado oír desde el arzobispado, lo que reconocemos como una muy valiosa aportación de S. Carlos Borromeo, lo que pedimos y exigimos al obispo de la diócesis.

1º La verdad, Pilato, hoy más que nunca, está en el proceso. _ La pregunta que Pilato hace a Jesús durante el proceso y, sin esperar respuesta, le condena a muerte lavándose las manos, nos sitúa muy bien en la pista, no sólo de la semana que estamos celebrando, sino de nuestra apreciación del proceso que está siguiendo el arzobispado de Madrid contra la comunidad de la parroquia de San Carlos Borromeo. Hoy a nadie le convencen ya las decisiones unilaterales, ni las imposiciones autoritarias y caprichosas. Porque somos seres vivientes y libres, el único camino de éxito que tenemos entre los humanos para resolver los conflictos es la palabra, es el diálogo. El poder, si no va revestido de la autoridad que proporciona la cordialidad y el servicio, se convierte fácilmente en verdugo. En cambio el servicio genera esa autoridad moral cálida y cercana que resulta siempre incuestionable, casi invencible.

Por todo esto, a la pregunta de Pilato, queremos responder con van der Meersch que la verdad hoy está en el proceso, en el método que se aplica para resolver los conflictos. Porque hay una práctica que el evangelio consagra y otra que condena. La primera la expresa muy acertadamente Mateo en su famosa corrección fraterna, recorriendo los siguientes pasos: “Si tu hermano llega a pecar, ve y házselo ver, a solas entre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que toda la cuestión quede zanjada apoyándose en dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un recaudador” (Mt 18). Bien entendida, la queja que la comunidad de S.C.Borromeo eleva más alto en este conflicto es consecuencia del proceso equivocado que se le está aplicando: “¿por qué el obispo no cree en nuestra fe?”, ¿”por qué nos ha engañado”?

Pero hay otro modo de resolver los conflictos que el evangelio condena: “Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, será esclavo vuestro”.(Mt 20). Es cuestión de sensibilidad, de finura, de talante espiritual. El autoritarismo ya no sirve ni siquiera en política. ¿Se estará quedando tan rezagado nuestro obispo que ya no consigue ir más allá de los límites del rubricismo y del Derecho Canónico? Ante la crisis galopante que están atravesando las diversas diócesis del Estado español en cuestión de fe, ¿no tienen nuestros obispos ninguna buena noticia que dar a las comunidades si no es el enrocamiento en un poder feudal en el que ya nadie puede creer?

Este conflicto que se ha creado torpemente y desde fuera en S. Carlos Borromeo nos afecta y nos implica a todos y todas y, aunque sea un poco tarde, todavía seguimos esperando del obispo algún gesto de cercanía y alguna palabra de aliento. Porque la verdad, la solución de los problemas, no está ya en el poder absoluto, sino en el gesto cordial y gratuito, en el diálogo, en la confianza.

2º La verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres. _ Lo decimos con verdadero orgullo por S. Carlos Borromeo. Desde casi treinta años esta comunidad está en la marginación; es una comunidad de marginados. Y el Evangelio los proclama bienaventurados. Si tuviéramos una palabra cálida y agradecida para dirigirles, con esa palabra les diríamos: “ánimo, hermanos y hermanas, que en vosotras y vosotros alienta y respira el Dios de Jesús”. Sois para nosotros un lugar teológico, un signo poderoso del Reino de Dios.

Nos parece muy acertada la elección que, para vuestra praxis, habéis hecho del mismo programa de Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres, para anunciar la paz a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos y la Amnistía de parte de Dios” (Lc 4). Entre los marginados y excluidos, es decir, entre los niños de la calle, las madres de la droga, los traperos, los emigrantes, habéis decidido levantar vuestra humilde iglesia. Y esto nos parece admirable y provocativo. ¿Cabe mayor profecía que llevar la buena noticia a los pobres?

Se nos enseñó hace tiempo que “fuera de la Iglesia no hay salvación” y hemos descubierto después con alegría que esto no es verdad. Nuestro Dios es más grande que la Iglesia. Se nos dijo luego que “fuera del mundo no hay salvación”, y ésta fue la gran verdad proclamada por el Vaticano II. Pero no es todo. Ha tenido que llegar la Iglesia de los Pobres, encarnando el espíritu del mismo Concilio, para que otro crucificado de estos días, Jon Sobrino, haya reconocido abiertamente que “fuera de los pobres no hay salvación”. La respuesta a la pregunta que Pilato, lavándose las manos, no esperó se levanta hoy desde vuestra comunidad como un grito incontenible: “la verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres”.

3º La verdad, Pilato, está en reconocer los diversos modos de ser Iglesia que el Espíritu está suscitando entre los creyentes. _ No es ninguna novedad, ha ocurrido siempre, desde los orígenes, durante los dos milenios de la Iglesia. Sólo unos ejemplos para ilustrar esta convicción ¡Cómo olvidar aquel conflicto de los comienzos entre la Iglesia Madre de Jerusalén y las nuevas iglesias que iban naciendo de la predicación misionera? ¿No es verdad que Pablo tuvo que enfrentarse a Santiago y a Pedro por la interpretación que estaban haciendo del evangelio y de la Pascua de Jesús? ¿Podremos ignorar las profundas tensiones entre las comunidades de origen judío y las helenistas precisamente sobre la libertad cristiana y la interpretación de la Ley judía? La misma diversidad, como conoce muy bien cualquier especialista del Nuevo Testamento, recorre todo el cuerpo de los cuatro evangelios. Y el sentido común siempre ha visto en esa diversidad una riqueza y una floración del Espíritu.

Es más, enlazando con la dura crítica que se hace a la comunidad de San Carlos Borromeo por su modo de celebrar la Eucaristía, ¿cómo no advertir las diferentes formas de celebrar la “memoria de Jesús” en las distintas comunidades, como revelan abiertamente las mismas palabras que aplicaban a este gesto: “Fracción del Pan” en Jerusalén y “Cena del Señor” en Corinto?. Verdaderamente no se podía celebrar la “memoria de Jesús” lo mismo en Jerusalén, donde abundaban los pobres, que en Corinto, donde los cristianos gozaban de mejor posición social. Digamos que no se puede hoy día celebrar la Eucaristía del mismo modo en la catedral que en un barrio de chabolas. Como tampoco se puede pensar lo mismo desde un palacio que desde una cueva.

¿Por qué poner entonces tanto énfasis en las diferencias si siempre han convivido, aunque en tensión, en la historia de la Iglesia? ¿Por qué una parte de la Iglesia, la jerárquica, se abroga el derecho de negar legitimidad a la otra parte, que es la mayoría, simplemente porque en muchos casos no piensa y ni actúa como ella?

Ante estas y otras cuestiones que nos surgen a propósito del actual conflicto entre el obispo y la comunidad de S.C.Borromeo, nos invitamos todos y todas a mirar con humildad a aquel primer Concilio de Jerusalén (Hch 15), que, en proximidad y diálogo, pudo encontrar salida al enorme conflicto surgido entre la Iglesia de Jerusalén y las Iglesias de la misión entre los gentiles. Porque estamos convencidos de que la pregunta de Pilato sobre la verdad, en este caso sólo tiene una respuesta: la verdad, Pilato, está en el reconocimiento de la diversidad, manteniendo la unidad.

(03 de abril de 2007)

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