sábado, noviembre 28, 2020
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CÓMO AFECTA LA CRISIS A LOS SAHARAUIS

Éxodo 116 (nov.-dic.) 2012
– Autor: Bárbara Magdaleno –
 
La vida en los campamentos de refugiados saharauis es extremadamente dura. Tras cinco años y medio viviendo allí, trabajando como cooperante con dos ONG españolas, he comprobado que a la dureza del desierto y la falta de recursos se une la desesperanza, la frustración y la melancolía de todos los refugiados saharauis, cuyo único aliento es el recuerdo de su tierra perdida y sus ganas de volver a ella.

Los campamentos de refugiados saharauis se encuentran en el sur – oeste argelino, cercanos a la ciudad de Tindouf. Tras el abandono del territorio del Sahara Occidental por parte del Gobierno de España (legítimo administrador del territorio hasta el momento) en el año 1975, y su posterior ocupación por parte del Gobierno de Marruecos, los saharauis se vieron obligados a huir tras los ataques y refugiarse en una zona prestada por Argelia mientras se solucionaba el conflicto militar saharo- marroquí. Esa zona es conocida como la “hamada” argelina, la mayor “hamada” del mundo. En la cultura árabe, cuando a alguien se le desea el peor de los infiernos se le envía ahí, a la hamada. Es una parte del desierto pedregoso donde se pueden llegar a alcanzar temperaturas de hasta 55º y, en contraposición, muy bajas temperaturas en invierno y por la noche. Es un territorio donde cualquier tipo de agricutura es imposible y la ganadería es muy complicada debido a la falta de pasto y de agua.

Los refugiados saharauis de los campamentos sobreviven gracias a la ayuda internacional. Las autoridades del Gobierno de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática, autoproclamada el 27 de febrero de 1976) no disponen de presupuesto de estado, ya que en el territorio donde viven, prestado por el Gobierno de Argelia, no existe producción propia y no se recaudan impuestos (muy difícil recaudar impuesto a una población que está refugiada desde hace más de 37 años esperando una solución para poder volver a su tierra). En el territorio donde sobreviven no hay trabajo, y el único existente es el generado por los propios proyectos de cooperación y de ayuda humanitaria.

La ayuda que reciben es prestada desde diferentes organismos públicos como la Unión Europea, la Agencia Española de Cooperación, el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) o financiaciones de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, sobre todo españoles aunque también bastantes italianos.

Además de este apoyo de administraciones públicas, las autoridades y la población saharaui reciben múltiples ayudas de la sociedad civil, sobre todo española e italiana. Estas ayudas se materializan a través de las familias que acogen niños saharauis en los programas de Vacaciones en Paz y a través de múltiples asociaciones que recaudan fondos para enviar alimentos, medicinas y otros enseres de primera necesidad a los campamentos o bien para ejecutar proyectos sobre el terreno.

En los últimos dos años, la ayuda recibida en los campamentos ha disminuido de manera considerable, siendo mucho más destacada esa reducción en 2012. En un principio la disminución afectó sobre todo a los programas soportados por ayuda de la sociedad civil: disminución de las caravanas de ayuda humanitaria que se enviaban desde España, disminución de las comisiones médicas que acudían a los campamentos y disminución de los niños que en verano venían a España. Sin embargo, ya en 2011 y en 2012 dicha disminución ha afectado, además de a los programas anteriores, a otros que se ejecutaban para cubrir las necesidades básicas de los 125.000 refugiados que se encuentran en los campamentos: alimentación, agua, medicinas y educación.

En lo referente a las administraciones públicas, ya en 2010 comenzaron a reducir los fondos destinados tanto a la cooperación al desarrollo como a la ayuda humanitaria. Esta reducción, en el caso de los campamentos, se ha visto reflejada a partir de 2011, momento en el que se ejecutan fondos de años anteriores. Afectó a proyectos de cooperación, que no están vinculados con las necesidades principales de la población, pero sí a su desarrollo como sociedad y al aprendizaje para su futuro (proyectos de experimentación en agricultura, en formación profesional, empoderamiento de la mujer…). Desde 2012, además, la reducción ha afectado a otros proyectos que sí suponen un problema para la supervivencia de la población como son la distribución de agua, de alimentos o de medicamentos.

En relación a la sociedad civil española, los efectos de la crisis comenzaron a notarse con la reducción de niños que se acogían en verano para visitar España, mejorar su alimentación, realizar revisiones médicas y evitar las altas temperaturas del verano en el desierto. Así en 2010 los niños que se acogieron fueron 8.000 frente a los 12.000 del año anterior y en 2011 se redujeron incluso a 5.000 niños. Esto supone que se necesitarán más recursos en los campamentos para mantener a esos niños que cada año no acuden a España, pero además, supondrá una reducción del dinero que llega a los campamentos, ya que se calcula que cada menor vuelve con una cantidad entre 50 y 100 a los campamentos para ayudar a sus familias en gastos de manutención. Igualmente se han reducido las caravanas de ayuda humanitaria que se realizan, ya que previamente se recibían tres caravanas al año de aproximadamente 140 camiones cada una (cargados con medicamentos, alimentos y otros productos), frente a las dos caravanas que se reciben actualmente de menor cantidad de camiones cada una.

La región en la que se encuentran ubicados los campamentos, el Sahel, es víctima en la actualidad de dos problemas que tienen enorme repercusión internacional: la crisis humanitaria del Sahel (falta de alimentos, sequía…) que está causando miles de muertos; y el terrorismo internacional ejercido por Al Qaeda del Magreb Islámico y otras organizaciones terroristas que operan en la zona.

Si ya de por sí, debido a la crisis económica mundial, la situación de los campamentos y por ende de los miles de refugiados que habitan en él, está gravemente afectada, la existencia de los dos problemas anteriores acrecienta dicha situación de tensión.

Los españoles, como actual potencia administradora legal del Sáhara Occidental, según la ONU, tenemos un deber moral y ético con esta población, que durante más de 100 años compartió con nosotros su desarrollo y que son una de las pocas regiones africanas donde se conserva el español como segunda lengua. La dignidad con la que los saharauis sobreviven a una situación tan compleja con un futuro tan incierto, es un ejemplo a seguir en un momento actual de crisis económica mundial, enseñándonos a priorizar otros valores que no son los económicos: la familia, la solidaridad, la unión de las personas…

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