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A PROPÓSOTIO DE LA HOMILÍA DEL CARDENAL ROUCO EN LA MISA DEL CORPUS CHRISTI

10 de juno de 2007
– Autor: Varios Autores –
 
Ante las afirmaciones públicas y publicadas del cardenal Rouco, obispo de Madrid, en la reciente festividad del Corpus, en las que alude veladamente a las eucaristías en S. Carlos Borromeo, cristianos de comunidades de base nos sentimos obligados, desde nuestra misma fe, a responder en diálogo responsable.

Se afirma que ”se utiliza la eucaristía en contra de la tradición”, pero ¿de qué tradición se trata?: ¿no comulgaban los fieles hace poco en la boca y ahora en la mano sin profanación?, ¿no había que ayunar hasta de agua 12 horas para comulgar a riesgo de profanación?, ¿no dice S. Pablo en su primera carta a los fieles corintios que las mujeres han de llevar velo para orar y si no que se rapen el pelo?

En la descripción más antigua del siglo II del rito eucarístico, además del pan y el vino los fieles ofrecían un cáliz con leche y miel, aludiendo a la tierra prometida del Antiguo Testamento que manaba leche y miel. ¿Es que la hostia del ritual actual es mejor símbolo del pan como alimento universal que cualquier otro alimento de la vida real?. El empeño en una única interpretación verdadera de la tradición lleva a la imposibilidad de interpretación actual cuando el rito no dice nada a la inmensa mayoría, o, lo que es peor, se convierte en rito mágico incomprensible.

A propósito de la “indignidad” de la asistencia a la eucaristía de los “no creyentes”, ¿de verdad cree el señor cardenal que Jesús, que mantuvo a Judas en la última Cena, echaría del templo a un agnóstico o a un mahometano que asisten expectantes y devotos al memorial de la Cena del Señor Jesús?. ¿No es un juicio temerario anticristiano afirmar que tales “no creyentes”, si asisten a la eucaristía, “simulan participar en sus misterios”? No fue por falta de fe por lo que Jesús arrojó del templo a otros que sí lo profanaban.

Cuando el cardenal Rouco, citando a San Pablo, amenaza a los que “comen el pan o beben el cáliz del Señor indignamente”, sabe bien que Pablo no estaba hablando a los fieles de Corinto de falta de rigor ritual, sino del contenido esencial, de la entrega personal y el compartir, porque había sabido de casos de comilonas y embriagueces en la Cena del Señor, con bochorno de los pobres que a ella asistían. No es el caso ciertamente de la parroquia pobre de S. Carlos Borromeo, ¿o es que los indignos son los oficialmente no creyentes homosexuales, drogadictos, ex presidiarios, marginales en general de esta parroquia?

Entendemos que el caso de S. Carlos Borromeo está siendo ya un símbolo de convergencia cristiana para todos aquellos alejados de la Iglesia, pero profundamente interesados por lo sagrado de todo sufrimiento humano injusto, droga, inmigración, cárcel, marginación. ¿No es este amor por los que sufren la esencia del Evangelio y no es amor y entrega la esencia del memorial de la Cena del Señor?

Pensamos, finalmente, que la crisis de significación de la fe para nuestros contemporáneos no es ajena, desgraciadamente, a la crisis de significación de una Iglesia autoritaria y ritualista. Miguel Merín, Zaida Martín, Mª Ángeles Sepúlveda, Guillermo Navarro. Cristianos de base de Madrid. Comunidad Sto Tomás de Aquino

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