A PIE DE CAMA, HUMANIZAMOS LA TÉCNICA

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Éxodo 90 (sept-oct.’07)
– Autor: Charo Alonso –
Nunca ha tenido la humanidad tantas posibilidades de mejorar la calidad de vivir y, al mismo tiempo, nunca se ha visto tan amenazada (Juan Masiá)
 
En este contexto de colonización tecnológica que nos toca vivir, y del cual no podemos evadirnos ni olvidarnos, humanizar la técnica en la tarea del cuidar es uno de los grandes retos que los profesionales de la salud, que trabajamos en las unidades de cuidados intensivos, nos proponemos cada día.

Quizás antes de hablar de la humanización de la técnica tendríamos que aclarar o desmitificar qué son las unidades de críticos y/o UVI, UCI. Las definiciones son múltiples y la concepción de las mismas también. Así los doctores Llubiá y Canet, del servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol de Badalona afirman: “son el paradigma de la medicina moderna: un lugar donde la tecnología y la eficacia predominan sobre la relación personal y la calidez humana propias de la medicina tradicional”.

Ramón Bayés, Catedrático de Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona, que trabaja en el campo de la psicología de la salud, dice: “las unidades de cuidados intensivos son, posiblemente, el mejor lugar –quizá el único– para salvar la vida. Pero, sin duda, no son el mejor lugar para morir… Además, cuando la poderosa maquinaria sanitaria deja de curar, entonces, casi al mismo tiempo, suele renunciar a cuidarse del enfermo”.

Timothy E. Quill, Jefe adjunto de Medicina, Profesor de Medicina y Psiquiatría, The Genesse Hospital, Nueva York, afirma: “el tratamiento en la unidad de cuidados intensivos supone una atención extrema en la enfermedad básica del paciente… los tratamientos para prolongar la vida pueden involuntariamente causar un sufrimiento involuntario”.

Como podemos comprobar son muchas las opiniones sobre las unidades de cuidados intensivos, su actividad profesional y las decisiones médicas tomadas en ellas con relación a los pacientes, pero no son menos los interrogantes que nos planteamos las personas que trabajamos en ellas. ¿Cómo podemos humanizar la técnica? ¿Qué es lo ineludiblemente humano del cuidar? ¿Por qué no se puede sustituir lo humano en el ejercicio del cuidar? ¿Cómo el arte del cuidar puede ser vehículo de humanización?

Humanizar es un verbo que significa “ayudar a vivir humanamente”, “hacer más humano”, “ayudar a los demás”, “prestar humanidad”. Son muchos los significados y por tanto muchas las formas de comprender y vivir la humanización. Hay un principio básico en toda teoría de la relación de ayuda: nadie puede ayudar a otro a solucionar un problema si él no lo tiene resuelto. No podemos humanizar nuestro entorno, lugar de trabajo, realización de técnicas etc., si no hemos descubierto e integrado en nuestra propia vida la humanización.

Cualquier meta que nos planteamos en la vida nos exige un proceso de: clarificación, planificación, vivencia y evaluación. La humanización también. En los planes de estudios de la carrera de enfermería hemos adquirido conocimientos y habilidades, pero las actitudes hay que conseguirlas, en el día a día, a pie de cama, en el trato directo con los enfermos, los/as compañeros/as, las familias. No existen recetas escritas que nos indiquen qué hacer en cada momento para ser humanas, aunque siempre hay personas que nos ayudan a interrogarnos con su forma de ser y de actuar humano.

Vuelvo a los temas antes tratados tanto el de las unidades de cuidados intensivos como el de humanizar. Con ellos he querido expresar la ambivalencia en que nos movemos. Sin duda, querer luchar por recuperar la salud en situaciones críticas y reversibles en la UVIs es positivo, pero no lo es mantener una vida con medios extraordinarios cuando ésta no tiene posibilidades de recuperarse. Más bien es inhumano. No se trata sólo de vivir, sino de vivir bien, escribió Séneca.

En síntesis, en las unidades de cuidados intensivos, equipos de médicos y enfermería tratamos de luchar contra la muerte con todos los medios que la biotecnología ha puesto a nuestro alcance. ¿Vale la pena pasar por ello? Antes de seguir adelante, creo honesto que el lector conozca mi opinión personal. Mi respuesta es claramente afirmativa y favorable a estas unidades siempre que haya posibilidades. Y afortunadamente, sé de lo que estoy hablando ya que debido a una enfermedad aguda muy grave, una tía mía ha permanecido durante cuarenta días sedada y conectada a un respirador, hoy puede, y de hecho me lo comentaba ella misma, valorar lo positivo y negativo de estos lugares. Ella afirma: “se siente miedo, angustia por no poder comunicarte, soledad por no estar con tus seres queridos, el ritmo natural del día y de la noche no existe porque la actividad es continua durante las 24 horas del día… pero también recuerda con agrado al personal de enfermería que se acercaba, le apretaba la mano y le repetía no tengas miedo, estamos aquí, no estás sola y la animaba a seguir luchando”. Creo que toda persona que vive estas situaciones se beneficia de los avances de la técnica pero también los padece.

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