Willian Lucitante

Benjamín Forcano

Willian Lucitante vive en la reserva Ecológica Kofan, en la comunidad Kofan AVIE, de 55.000 hectáreas, en la Amazonía norte del Ecuador. Es coordinador de la Unión de afectados por petroleras TEXACO

 Pregunta. Importa, en primer lugar, Willian, que sitúes al lector en el contexto real de tu vida. Naciste y vienes del Amazonas del Ecuador: extensión de esa zona, indígenas que habitan en ella, cómo creciste en ella, tu tarea actual.

Respuesta. El 16 de abril de 1984 nací en la comunidad Kofan Dureno en medio de la actividad petrolera de la empresa Texaco, hoy Chevron, en la provincia de Sucumbíos, en la Amazonía norte del Ecuador. En ese lugar, el agua, que es elemento fundamental para nuestras vidas, fue contaminada.

Al principio, nuestros padres no conocían si eso afectaba su salud; ya que nunca en sus vidas habían vivido un desastre como ese. Luego, mis padres fueron huyendo de los problemas a 10 horas de vía fluvial a Cuyabeno; en donde el agua está sumamente contaminada, pero había cacería y pesca en abundancia. Aún teníamos problemas por esa razón.

Cuando yo tenía 8 años, mis padres me llevaron al norte de la provincia, en donde hay menos contaminación del agua por el río San Miguel, en la frontera con Colombia. Hoy vivo dentro de la reserva Ecológica Kofan Bermejo, en la comunidad de asentamiento y conocimiento ancestral Kofan AVIE. Tenemos 55.000 ha, el total del territorio indígena Kofan es de 430.000 ha, muchas de ellas se encuentran contaminas; habitamos apenas 1.200 habitantes. En las provincias de Sucumbíos y Orellana vivimos más de 30.000 personas afectadas; entre ellas estamos los pueblos Kofanes, Siekopai, Siona, Kichwa, Shuar, Waorani y campesinos, quienes somos afectados directos.

Cuando tenía 12 años, veía cómo mis abuelos y mis padres luchaban para defender sus vidas. A los 18 años fui participando poco a poco hasta decidir empoderar la defensa de mi pueblo, así es cómo fui demostrando mi capacidad de enfrentarme y empecé a conocer todas las comunidades kofanes; luego las comunidades de otros pueblos indígenas y campesinas. Con el tiempo, en 2017, me eligieron coordinador ejecutivo de la Unión de Afectados por las operaciones Petroleras de Texaco. Buscamos justicia ambiental y social; a los 25 años de litigio hemos logrado ganar la sentencia a favor de los afectados y hoy buscamos homologar la sentencia ecuatoriana en otros países para poder cobrar la deuda.

Pregunta. Como comunidades periféricas del Ecuador, ¿os sentís extraños o integrados? ¿Cómo son vuestras relaciones con los gobernantes de las parroquias, provincias y con el Estado?

Respuesta. Durante mucho tiempo, nuestra participación en los beneficios del estado ha sido vulnerada, por la razón de que los gobernantes no conocían nuestra existencia.

También nos consideraban personas pobres que carecen de estudios académicos; así nos han tenido marginados, hasta que empezamos a tomar decisiones.

Desde el año 2005, empezamos a exigir la participación de las comunidades kofanes y hoy en día tenemos claros nuestros derechos. Por lo tanto, tenemos relaciones muy cercanas con las autoridades locales; pero, con el gobierno nacional, siempre hemos tenido dificultades, ya que toman decisiones que afectan a las vidas de los pueblos indígenas. Por lo tanto, siempre estamos, y estaremos, a la defensiva.

Pregunta. Hoy el mundo vive globalizado. Y la globalización es neoliberal, con enorme presencia en la Amazonía. ¿Cuál sería vuestra voz –vuestros gritos y lágrimas– frente a la política del Primer Mundo?

Respuesta. Hay muy pocas personas que creen sistemas en los cuales toda la humanidad esté inmersa. Más allá de eso, están viendo a la Amazonía, ya que esta región es la que tiene recursos naturales para explotar; y, dentro de ella, estamos nosotros, los pueblos indígenas que estamos siendo atropellados día a día. Nuestros conocimientos, cultura y vidas están en peligro de extinción.

Por eso, queremos llevar un mensaje al mundo, ya que la humanidad depende o es parte de la naturaleza. Tenemos que hacer un poquito de esfuerzo para generar conciencia, que entre todos salvemos la Amazonía; y que ayudemos a mitigar el cambio climático y a poder equilibrar los ecosistemas. Creemos que es importante que conozcamos de parte en parte y equilibrar la contribución para la humanidad, unos contaminan el ambiente y nosotros lo cuidamos. Creemos que el alimento es lo más importante y que debemos mejorar la producción orgánica, y que esos productos tengan valor.

Pregunta. ¿Hubo un tiempo preciso en el que comenzasteis a ver que vuestro hábitat, con su vida y derechos, estaba amenazado? ¿Cuál ha sido vuestro mayor enemigo en las últimas décadas?

Respuesta. Nuestro principal enemigo es la empresa petrolera; ya que, desde que inició su operación en la provincia de Sucumbíos, en el año 1967, empezó la destrucción ambiental, contaminando la fuente vital que es el agua.

Pasó mucho tiempo; entonces, en el año 1993, de forma organizada se plantea una demanda a la trasnacional Texaco por crimen ambiental. A pesar de que la comunidad kofan tiene el territorio con título de propiedad, en 1987, la Texaco entró con una vía de 8 Km para perforar un pozo; el mismo que contaminaba los ríos. Empezaron a morir los peces, de los cuales la comunidad se alimentaba. Cada vez aparecían más problemas y mis abuelos, con toda la comunidad, empezaron a pensar que ellos no podían entrar así no más porque nosotros teníamos un título de propiedad. No pueden entrar sin consultarnos.

Por lo que la comunidad se organizó y empezaron a enfrentarse a la empresa y sacamos a la compañía petrolera, logrando que el pozo Dureno 1 se cerrara en el año 1998.

Pregunta. ¿Cómo valoras el papel que ha jugado la Iglesia en todo el proceso de vuestra lucha?

Respuesta.  La Iglesia jugó el papel del bueno y del malo. Al principio, era una Iglesia que ayudaba a defender, y después mostró oposición a las decisiones de las comunidades indígenas.

Se convirtieron en los negociadores con las empresas petroleras, de esa forma, fueron perdiendo la confianza que los pueblos indígenas teníamos. Tras varios años, fueron llegando nuevamente a congregar a unas familias y, por último, hay muy pocos indígenas religiosos.

Pregunta. En el camino de esa vuestra lucha por asegurar el respeto a lo que es nuestra Casa común, habéis sufrido sin tregua la explotación y represión. ¿Con mártires de por medio?

Respuesta. En realidad, todas las luchas por hacer respetar nuestros derechos han sido con muchos sacrificios, ya que, la explotación de algún recurso natural por parte de alguna empresa llega con el aval de un gobierno; utilizan fuerzas públicas para intimidar, y los protestantes somos desarmados.

Siempre ha habido persecuciones políticas, encarcelamientos y desapariciones; pero seguimos luchando para generar conciencia humana, para que tengamos los mismos derechos y respeto al derecho humano.

Pregunta. Como hijos y cuidadores de la Tierra y no como dueños, ¿qué valores son los que tratáis de defender frente al egoísmo y codicia de las multinacionales?

Respuesta. La humanidad debe entender que somos parte de la naturaleza. Las multinacionales son muy pocos, y se enriquecen a base de sacrificar los derechos humanos.

Por eso, es importante generar conciencia a la población general. Dependemos de la madre Tierra, que es la naturaleza, y en ella cultivamos los alimentos que se consumen en las ciudades y todos los países desarrollados; de esa forma, podemos valorar la vida y compartir los derechos en la supervivencia de la humanidad. Las multinacionales también deben ser responsables de sus actos y entender que todos tenemos derecho a la vida.

Pregunta. Ecuménicamente hablando, ¿qué propuestas de cambio y renovación consideras como más urgentes para las Iglesias? ¿Cuáles debiera hacer en concreto la iglesia católica?

Respuesta. Las iglesias deben trabajar para recuperar la confianza, demostrando su trabajo en la comunidad, generando conciencia, defendiendo la vida, dando la esperanza para que las futuras generaciones puedan vivir en armonía con la naturaleza.

Pregunta.  Por vuestra parte, estáis promoviendo una serie de proyectos para el autobastecimiento y medios de producción sostenibles. ¿En qué consisten, quiénes participan, quiénes ayudan y qué esperáis de ellos?

Repuesta. Con la llegada de las empresas, y la presencia de los gobernantes, ya se han desvalorizado sus medios y hemos perdido la esperanza de ser felices o vivir con dignidad.

Estamos buscando alternativas de vida, por eso hoy tenemos la propuesta de autobastecimiento; para que las familias indígenas empecemos a valorar lo que tenemos en el medio.

Para ello hemos construido un plan operativo, en el cual identificamos qué es lo prioritario para nuestras vidas; de esa forma, hemos empezado a valorar los conocimientos ancestrales y recuperar sus valores, mantener el idioma propio, recuperar las especies nativas tanto los peces, como plantas medicinales, plantas frutales, animales, etc.

Al principio, esta idea nació de la comunidad Kofan Avié, a la cual pertenezco; ahora contamos con el acompañamiento y el asesoramiento de algunos voluntarios, algunos de ellos nuestros amigos Jose Picot y María de los Ángeles Picot, contactos en Europa.

Esperamos lograr algún financiamiento para contribuir a esta iniciativa, para conservar nuestra cultura e identidad; también para la conservación del bosque y los recursos naturales, ya que nuestras vidas tienen relación con la naturaleza.

Pregunta. En el Sínodo, ¿crees que se ha hecho un análisis con participación desde la base, real por tanto, y que se han adoptado compromisos y propuestas para resolver los grandes daños e injusticias cometidos y, desde ese pacto de amor cósmico, ratificado por vuestra gente en las catacumbas, avanzar con el protagonismo de ser guardianes de la creación?

Respuesta. Es importante el tema, aunque todavía no hay participación de toda la base, ya que la Amazonía es una zona importante y geográficamente muy amplia. Esperemos que esta iniciativa del Sínodo Amazónico tenga apoyo de todos, porque la Amazonia es la casa común.