VIVIR (BIEN) CON MENOS. SOBRE SUFICIENCIA Y SOSTENIBILIDAD

Juanjo Sánchez

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Juanjo Sánchez –
 
El contexto: “todos contra el hambre”. Cifras, hechos y declaraciones

Del hambre a las hambrunas. En 2006, a los diez años de la Cumbre Mundial sobre Alimentación (Roma, 1996), que lanzó el objetivo de acabar con el hambre en el mundo para 2015, en la presentación del Informe de la FAO “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo”, el presidente de la FAO (Jacques Diouf) dijo: “Lamento profundamente informar que la situación sigue siendo intolerable e inaceptable. En 1996 había 800 millones de hambrientos y hoy, diez años después, suman 23 millones más. Pero aún hay remedio si se toman las medidas adecuadas: desarrollo rural y agrícola a pequeña escala, inversión en los lugares más desfavorecidos, transparencia y buen gobierno, cambios en las reglas del comercio internacional que las hagan más justas para los pobres, redes de contención para los grupos más vulnerables, y un incremento en el nivel de ayuda oficial, hasta llegar al 0,7% del PIB prometido”.

Esta misma propuesta ha sido repetida en la Cumbre de Madrid (2009) por el mismo presidente de la FAO: “se necesita un cambio drástico en el modelo de gobernación del hambre. Hoy hay 963 millones de personas que no comen”. Es urgente actuar, pero el mismo J. Diouf se encargó de recordar que de los 22.000 millones de dólares comprometidos en Roma en 2006, sólo se habían desembolsado 2.200 el 10%. Y las promesas no sirven para dar de comer. El desafío actual ya no sólo es dar de comer a casi mil millones de hambrientos, sino lograr producir alimentos para conseguir la seguridad alimentaria de 9.000 millones de personas en 2050.

¿Qué ocurre, si se conocen los costos y los obstáculos?, ¿por qué no se actúa para acabar con el hambre en el mundo?. J. Diouf lo tiene claro: falta “voluntad política”, dado que los mismos gobiernos que crearon la FAO en 1945 (“cada país un voto”) han creado la Organización Mundial del Comercio (“cada dólar, un voto”) y han introducido la alimentación en el comercio mundial. Se trata de una guerra declarada entre intereses y organismos creados para representarlos. Estos agentes estuvieron presentes en la Cumbre de Madrid (enero, 2009): la FAO repitió sus argumentos; el “lobby” neoliberal, los suyos, pero también surgió la alternativa de Vía Campesina, que agrupa a organizaciones altermundialistas de 56 países, con la proclama “contra la inseguridad alimentaria, soberanía alimentaria”.

La propuesta neoliberal ha sido liderada por Sarkozy, como portavoz del G-8, y pretende crear una Alianza Global por la Seguridad Alimentaria que abra las puertas a las corporaciones trasnacionales y fundaciones privadas a decidir sobre alimentación y agricultura al mismo nivel que los gobiernos y las organizaciones campesinas; un paso más en la política de la OMC de dejar a los países pobres a merced del mercado. Esta estrategia se suma a las anteriores propuestas neoliberales de crear el Programa Mundial de Alimentos (PMA) o el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), como medio de contrarrestar el poder de la FAO, a la vez que reducen cada año el presupuesto de la misma. Por el contrario, Vía Campesina propone que los gobiernos controlen la producción de alimentos, que la alimentación salga de la OMC; fomentar la pequeña producción y parar a las grandes transnacionales que sistemáticamente desplazan al campesinado de sus tierras con grandes monocultivos que contaminan el agua, el aire y a la población local, condenando a la miseria y al hambre a mil millones de personas. “La soberanía alimentaria, como única salida”.

Como podemos observar, ya estamos bastante lejos del “no des un pez, enseña a pescar”. Ahora hay que cuidar también el medio ambiente además de la producción y plantearse el sentido del progreso, aunque se califique de sostenible. También ha saltado sobre el tapete el tema del “decrecimiento” y no sólo para que los países en desarrollo no acaben con los recursos del planeta si acceden a nuestro nivel de consumo, sino también porque debe imponerse en el núcleo del primer mundo.

El texto seleccionado enfrenta los nuevos planteamientos: desafíos teóricos y propuestas de acción

Tres autores ofrecen sus aportaciones para la reflexión y el compromiso. Manfred Linz, investigador del Instituto Wuppertal, aporta dos textos breves sobre el concepto básico de suficiencia: “Sobre suficiencia y vida buena” (ponencia del Seminario “Ciencia y tecnología para una sociedad sostenible” (2006) y “¿Qué pasará con la economía? Sobre suficiencia, crecimiento económico y desempleo”. El autor diferencia entre la eficiencia, la coherencia y la suficiencia como tres caminos para alcanzar la sostenibilidad; pero sin la suficiencia, los otros dos caminan sin rumbo. Si el crecimiento económico, tal y como lo entendemos, no ha sido la solución sino parte del problema, hay que explorar los mecanismos de la suficiencia, incidiendo en la reducción del sobreconsumo y la sobreproducción, al tiempo que se incentivan los mecanismos de reparto y distribución (también del tiempo de trabajo). Pero el autor matiza bien el concepto de “decrecimiento”, dado que si se camina hacia la suficiencia se podrá crecer en todo lo que fomente la sostenibilidad y la calidad de vida, y tendrá que decrecer lo que favorezca el sobreconsumo. ¿Qué pasará con la economía, si se pone en marcha este nuevo paradigma?, el autor muestra que no sólo no será una catástrofe productiva, sino que abrirá nuevos sectores de actividad, preservará los fundamentos naturales de la vida y contribuirá a la justicia ecológica mundial. En suma, y así termina el segundo texto, “vinculará el trabajo remunerado y la autoactividad, desactivará el desempleo masivo mediante el reparto solidario del trabajo”. Parece que puede merecer la pena intentarlo.

El segundo autor, Joaquim Sempere, profesor de sociología medioambiental en la Universidad de Barcelona, aporta también la ponencia presentada en el seminario citado con el provocador título: “¿Es posible la austeridad voluntaria en un mundo que se hunde en la insostenibilidad ecológica?”. La respuesta del autor es clara, a escala social y no meramente individual, “la austeridad impuesta es la única austeridad viable”. Un momento, por favor, lectores, no se les desaten los demonios del colectivismo por la fuerza. El autor propone que la sociedad puede llegar por convicción a autoimponerse medidas de austeridad decididas mediante mecanismos democráticos; es lo que él llama “una voluntad de segundo grado”, se trata de una austeridad no espontáneamente voluntaria sino voluntariamente autoimpuesta de modo democrático por la sociedad. El autor avanza algunas formas que puede adoptar la austeridad, y algunos principios para guiar la acción; todo para pasar de ser consumidores a ciudadanos responsables con el planeta y con la sociedad. Dejamos al lector que repase tales propuestas.

Jorge Riechmann, el tercer autor, ya conocido por los lectores de Éxodo, es en suma el coaligador de los dos anteriores, dado que fue el coordinador del Seminario en el que ambos expusieron su ponencia. De modo poético y aforístico, en 50 puntos expone sus reflexiones. Plantea que se necesita recuperar la idea de “situación límite” para poder afrontar el momento actual y esto en varios sentidos: ‘no sólo para no transgredir límites ecológicos básicos, sino para respetar el espacio del otro, para dejar existir al otro. La idea no pertenece sólo a la ética ecológica, sino también a la ética social”. Los cambios requeridos hacia una sociedad más austera y suficiente obligarán a tomar nuevos caminos pero también a hacer lo de siempre de otra manera e, incluso, como propone el autor “no hacer, dejar de hacer”. La vida buena tendrá que ser más lenta y trabajada, “en contra de la mentalidad del consumidor que sólo busca la satisfacción inmediata, al coste que sea. Y uno de los costes es la devastación de la bioesfera”. Termina el autor recordando un diálogo mantenido con el Che Guevara en Ginebra, 1964: “Comandante, quiero ir con usted a Cuba”; respondió: “Has nacido en el cerebro del monstruo; es aquí donde tienes que trabajar y combatir”. Parece un buen programa, aunque no sea un buen lugar; ¿qué haremos los lectores de Éxodo?