UNA INTERPRETACIÓN DE LA INVOLUCIÓN CONCILIAR

Benjamín Forcano

Número 81 (nov.-dic.’05)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Un hecho innegable: la involución posconciliar

Somos muchos los que podemos subrayar la esperanza y entusiasmo suscitados por el concilio Vaticano II y su progresivo declive hasta nuestros días. Han pasado 40 años. La celebración del Vaticano II fue tan importante que no se puede encontrar nada en los últimos siglos que hayan revolucionado tanto a la Iglesia católica. Esta revolución incidió principalmente en el tema de la Iglesia y el de sus nuevas relaciones con el mundo. La Iglesia era comunidad (Pueblo de Dios) y la jerarquía ministerio, puro servicio. Todos, dentro de ella, gozaban de una misma igualdad y de los derechos a la participación y responsabilidad. Con el mundo se establecía una nueva relación de colaboración y diálogo sin absolutismos ni exclusión de nadie.

Por todo esto, el concilio supuso un gran signo de credibilidad y se acogió con regocijo y esperanza. Pero, pronto comenzó la restauración. Llevamos cuarenta años en pugna, donde se dirime una simple cuestión: vuelta a Trento o fidelidad al Vaticano II. Es de justicia constatar que el período posconciliar se ha caracterizado por un repertorio amplio de involución, diseñado y protagonizado por la jerarquía y los movimientos neoconservadores. Entre otros hechos, podemos señalar: la desvirtuación de la colegialidad episcopal, de las conferencias episcopales y de los sínodos; la intromisión ejercida en la Compañía de Jesús y en otras congregaciones religiosas; el control romano del nombramiento de los obispos; la censura sobre la Conferencia de Santo Domingo y el Sínodo Africano; la prevención y acoso a la Teología de la Liberación y otras teologías modernas; la represión de muchos teólogos; la marginación de los obispos más avanzados; el control de revistas y otros medios de información; el enfoque preconciliar del nuevo catecismo, de la encíclica “Veritatis Splendor”; el fomento de un catolicismo de masas a través de los controvertidos viajes del Juan Pablo II, etc.

Las causas de la involución

Sin duda alguna, pueden encontrarse diversas causas que expliquen este estado de involución. Me limito a señalar la que, para mí, sería la causa principal: falta de democracia en la Iglesia o, si se quiere, la vuelta a un modelo jerárquico de Iglesia.

Ligeramente muchos creerán que, quienes reivindicamos fidelidad al Vaticano II, lo hacemos encubriendo intenciones de relajo y desobediencia. Nosotros más bien partimos del hecho histórico de que la configuración de la autoridad en la Iglesia se ha apartado, demasiadas veces, del espíritu del Evangelio. Una cosa es luchar contra la autoridad y otra contra el autoritarismo. Y es deber hacerlo cuando éste traspasa los límites debidos. Y los traspasa cuando actúa con procedimientos antidemocráticos, claramente opuestos a la dignidad humana y sus derechos.

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