Éxodo 150

A propósito del Sínodo amazónico

Evaristo Villar

El Sínodo que se está celebrando en estos días en Roma (6 al 27 de octubre 2019) y cuyo tema es La Amazonia, Ecología integral: misión de la Iglesia, me suscita algunos interrogantes como los siguientes: ¿hay motivos para esperar un nuevo impulso de renovación espiritual en la Iglesia católica o la férrea coraza de su estructura acabará apagando este nuevo intento?

Es importante el eco que este evento está suscitando entre las capas sociales más conscientes y comprometidas en momentos que, como el actual, el contexto geopolítico no es precisamente prolijo en buenas noticias: arde el Planeta y sin haber salido aún de la crisis sistémica de comienzos de siglo ya se están dibujando nubarrones de la nueva que se acerca. En este contexto “preinvernal”, ¿será capaz de proyectar este Sínodo, en una gran parte de la humanidad, una “primavera” similar a la que siguió al Vaticano II y a la Conferencia de Medellín de los años sesenta del pasado siglo?

Algunas amenazas. La transcendencia de este acontecimiento se detecta no solo externamente en la oposición de los organismos financieros, económicos y políticos, sino también en el clericalismo interno que pretende descalificar doctrinalmente el Instrumentum laboris del sínodo como herético y panteísta, apóstata e insensato. A la vista de tales descalificaciones es indudable que su convocatoria no está pasando desapercibida para estos grandes lobbies de intereses privados. En el fondo, se trata de descalificar el magisterio del papa Francisco, expresado en documentos tan relevantes como la Evangelii Gaudium, Laudato Si o Episcopalis Conmunio donde, más allá de una “ecología verde”, el papa aboga por una “ecología integral”.

Los grandes aciertos
. Contrariamente a las descalificaciones, los aciertos de la convocatoria de este sínodo podemos concentrarlos en dos planos: el “lugar simbólico” elegido como referente y “la vida plena” que se dado como tema dominante.

1º Defensa de la Amazonia. Dejó dicho Gandhi que “la tierra es suficientemente grande para alimentar a la humanidad, pero pequeña para saciar la codicia de unos pocos”. El agronegocio y las grandes empresas mineras están confirmando en muchos lugares del planeta, y principalmente en la Amazonia, este aserto. Vale la pena recoger la descripción que organizaciones internacionales como la Rede Eclesial Panamazónica y Amerindia hacen de este espacio emblemático:

“La Amazonia es un territorio que se extiende a través de nueve países: Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa. Tiene casi 8.000.000 Km2 que forman un bioma, eso es, un sistema vivo de interacciones orgánicas, esencial para el equilibrio del planeta. Cada metro cuadrado del bioma de la Amazonia tiene más diversidad que cualquier otro lugar del planeta. En esa región, viven 35 millones de personas, dispersas por la selva, las orillas de los ríos, por los campos y también grandes ciudades. De esa población, casi tres millones pertenecen a pueblos indígenas que intentan mantener sus culturas propias y hablan 340 idiomas diferentes. Ellos se relacionan armoniosamente con la naturaleza, con otros humanos y con Dios. Forman comunidades, agredidas en su conexión con la Tierra y en sus valores culturales y espirituales. La inmensa diversidad de vida (la biodiversidad) garantiza a todos alimentos, medicinas, aceite y otros regalos que ni siquiera se pueden calcular. El bioma regula la distribución de lluvia en todo territorio brasileño y aún por Uruguay, Argentina y Paraguay… Basta saber esto para darse cuenta de que la preservación y defensa de la Amazonía es fundamental para el equilibrio del clima del planeta”.

2º Defensa de la ecología integral. El empeño por sintonizar con una de las grandes sensibilidades de la sociedad informada actual, esto es, la defensa del planeta, es otro de los aciertos de esta convocatoria. La presencia de la juventud, siguiendo la llamada de la joven activista sueca medioambiental Greta Thumberg, está llenado nuestras calles y plazas. Pero, más al fondo, el sínodo en un intento de superar la lógica antropocéntrica, utilitarista y explotadora del planeta, apuesta por una “lógica ecocéntrica”, es decir, de respeto a “la vida integral” de la tierra y de la humanidad; no como entidades contrarias, yuxtapuestas o superpuestas, sino como supraorganismo vivo, inter-retro-conectado y portador sentido. La vida del ser humano no sería posible sin esta sinergia y conexión con el planeta tierra.

Otros temas también esenciales. Este motivo capital viene orquestado con otros temas que, sin ser centrales, son esenciales para mantener “la misión de la Iglesia” en la hora del mundo actual y la defensa de la ecología integral. Se trata, más allá del celibato (un carisma siempre importante en la Iglesia), del perfil del sacerdocio ministerial en relación con la Eucaristía, sustentado por hombres y mujeres capaces de mantener viva la comunidad cristiana. Dada la actual situación de la Iglesia católica, ambos temas, sacerdocio y celibato, serán objeto de debate y discernimiento en las sesiones del Sínodo. ¿Estarán sus decisiones a la altura de las expectativas que han suscitado?

Exigencias de justicia desde un “humanismo otro”

José Antonio Pérez Tapias

La caída del Muro Berlín y el final del siglo XX

En este final de 2019 es obligado rememorar la “caída del Muro de Berlín” hace treinta años, el 9 de noviembre de 1989. Con la caída del Muro, al señalar el final de los regímenes comunistas de la Europa del Este, acababa la Guerra Fría y despegaba el actual proceso de globalización de la mano de un capitalismo triunfante.

El historiador británico Eric Hobsbawm, en su Historia del siglo XX, insiste en que éste, que políticamente empezó con la I Guerra Mundial, acabó de suyo con ese final que tuvo su desenlace último en el colapso de la URSS en 1991. Dicho con las cautelas necesarias para no legitimar una visión eurocéntrica, es cierto que tales acontecimientos tuvieron relevancia mundial, máxime cuando en el conflicto de bloques se vieron implicados, ya del lado capitalista, ya del lado comunista, los entonces denominados países del Tercer Mundo.

La gestación del momento crucial de la “caída del Muro” vino dada por un cúmulo de circunstancias objetivas y subjetivas que lo hicieron posible. Tanto el agotamiento tecno-económico de un modo de producción atascado en su obsolescencia, como las reivindicaciones democráticas protagonizadas por destacados sectores ciudadanos en los países comunistas centroeuropeos, dieron lugar a la fuerte erosión de unos regímenes incapaces de poner al día sus estructuras e instituciones. Se intentó, como lo pretendió Gorbachov, pero era tarde. Ya no se estaba en 1968 cuando el “socialismo de rostro humano” de la Primavera de Praga fue aplastado por los tanques del Pacto de Varsovia. Las dictaduras del “socialismo burocrático” posestalinista eran inviables.

Si lo imprevisto se abrió paso, pillando al bloque antagónico también por sorpresa, el caso es que, una vez ocurrido, desde ese mundo occidental capitalista se pasó de inmediato de la carrera armamentística a un despliegue económico y político de la mayor intensidad para consolidar la hegemonía en el nuevo mundo que se vislumbraba. Con el neoliberalismo como proyecto político se inició la nueva “carrera” descrita bajo el rutilante prisma del “fin de la historia” por Francis Fukuyama con su exitoso libro con ese mismo título. Disuelto el bloque soviético quedaban expeditas las vías para extender mercado capitalista y democracia liberal –la segunda al servicio del primero–. En ese marco, hasta la misma socialdemocracia europea se vio tan en apuros que cedió al empuje neoliberal, dando lugar a la reconversión ideológica que supondría la Tercera Vía asumida por Tony Blair, la cual se vería en posición subalterna incluso para defender los logros de un Estado de bienestar a través del cual el capitalismo se vio “domesticado” –el capitalismo de los países del Norte, no así el de los considerados “subdesarrollados” del Sur, sometidos a extracción de recursos y expolio de riquezas en beneficio del Norte desarrollado, contando con el brazo armado de brutales dictaduras siempre que hiciera falta–.

Con todo, quedando atrás la anterior división del mundo en bloques, el pujante capitalismo que se expandía por doquier, aun con la doctrina neoliberal de “más mercado y menos Estado” haciendo furor, no dejaba de necesitar la cobertura de nuevas democracias que suministraran legitimación al orden social en ciernes. Las “revoluciones conservadoras” en el Este de Europa hicieron a ese respecto su papel. En otras latitudes, como en Latinoamérica, la recuperación de la democracia tras ominosas dictaduras dio paso al inicio de lo que habría de ser una década de exaltación no sólo de la democracia como sistema político, sino también de los derechos humanos como nueva bandera civilizatoria. La pena habría de ser que en poco tiempo se convirtieron en banderas ideológicas para cubrir intereses neoimperialistas.

Conflictos y contradicciones en el mundo globalizado del siglo XXI. La emergencia de un nuevo fascismo y la inmigración como chivo expiatorio

Esa especie de alucinación colectiva, a la que Fukuyama dio expresión con su mencionada obra sobre el fin de la historia, no tardaría en verse desmentida con nuevos conflictos, incluyendo guerras tan cruentas como la de los Balcanes. El tremendo atentado de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, obligó a dejar atrás expectativas ilusorias. El acontecimiento protagonizado por un terrorismo de nuevo cuño marcó la entrada en el siglo XXI.

El protagonismo de Fukuyama, con lo que significaba, fue reemplazado por el ganado por el sociólogo Samuel P. Huntington con El choque de civilizaciones. Anunciaba el nuevo tipo de conflicto que en el mundo globalizado iba a suceder al conflicto de bloques. El problema de esta obra, de fuerte impacto social y político, es que, apoyándose sobre premisas falsas, formula un pronóstico que contribuye a su autocumplimiento. Desde un nuevo etnocentrismo se postula que Occidente ha de reforzar sus fronteras frente a los “otros” como repliegue defensivo con estrategias excluyentes de carácter xenófobo; por tanto, en dirección contraria al diálogo intercultural que es necesario promover.

El mundo globalizado, a tenor de la lógica del capitalismo financiero y sobre la base de un espectacular desarrollo de la informática y la telemática, alberga potenciales de conflicto cuyos efectos comprobamos de continuo, especialmente cuando las consecuencias de los nuevos conflictos se ceban en quienes migran de unos países a otros. Los actuales movimientos migratorios se dan en múltiples direcciones, siendo en verdad irrefrenables en tanto que espoleados por guerras despiadadas o por condiciones de vida deterioradas en procesos de empobrecimiento con mucho de lastre colonial. Dichas migraciones suponen cambios a los que hay que hacer frente, si no se soslaya el debido respeto a la dignidad de las personas y la necesidad de articular la convivencia en nuestras sociedades desde el reconocimiento de las diferencias. Se trata de afrontar la contradicción de un mundo en el que los capitales circulan sin trabas y los seres humanos que migran se estrellan contra rígidos controles, cuando no contra nuevos muros .
Paradójicamente, la misma realidad de un mundo en el que se refuerzan fronteras en medio de la globalización es la que encuentra en su seno esa insoslayable contradicción entre economía y ecología, con los efectos del calentamiento de la Tierra y del cambio climático, cuya dinámica planetaria rebasa toda frontera. Nos hemos instalado en esa “sociedad del riesgo” que tan acertadamente estudió Ulrich Beck, mas sin lograr hasta ahora que haya voluntades políticas eficaces y coordinadas para transformar radicalmente el desarrollismo ciego que el capitalismo actual sigue alentando.

Frente al capitalismo contemporáneo, o somos capaces de abrir verdaderas vías de emancipación o el capitalismo nos lleva a la catástrofe con su implacable lógica democida y ecocida. La alternativa o solidaridad o suicidio colectivo, que parecía un exceso retórico cuando hace décadas la planteaba desde América Latina el economista y filósofo Franz Hinkelammmert, es hoy disyuntiva ineludible.

Aunque en verdad no han faltado ni faltan intentos de articular alternativas al capitalismo global y sus destrozos, tanto sociales como medioambientales, no podemos decir que ello se haya logrado de manera eficaz en esta época que se debate entre la globalización que interrelaciona excluyendo y las fronteras donde convergen los que son separados por nuevos muros, todo ello inmersos en una naturaleza dañada por una cultura depredadora que convierte en amenazas, cuando no en realidades, lo que eran riesgos ecológicos. Entre las izquierdas que intentaron reconstruir su proyecto político en este nuevo contexto se cuentan los movimientos sociales que, herederos de las “revoluciones” que fermentaron en torno a 1968, van desde el pacifismo al ecologismo, desde el movimiento feminista al indigenista, pasando por el altermundialista. En Latinoamérica se pretendió un “socialismo del siglo XXI”. Explícita al respecto fue la “revolución bolivariana” en Venezuela, como la construcción de un nuevo Estado plurinacional en Bolivia. ¿Pero dónde quedó la nueva política de Correa en Ecuador o lo que fue exitoso recorrido del Partido de los Trabajadores en Brasil, hasta que el “golpe” dado contra Dilma Rousseff y el sucio proceso judicial contra Lula acabaron con dicha trayectoria? Hay que reconocer que en algunos de esos casos, una “antirrevolución” generada desde dentro ha conducido a que determinados procesos terminen en un callejón sin salida, como es el caso de Nicaragua. Cierto que la presión neoliberal no ceja de poner trabas a todo lo que suponga alterar el orden capitalista, pero ello no justifica graves errores cometidos desde dentro de determinados procesos, como se constata en Venezuela.

El contexto de globalización y sujetos políticos recién emergidos –comunidades de “pueblos originarios”, por ejemplo– obligan a nuevos enfoques. No deja de ser así en la misma Europa, donde la crisis de la socialdemocracia no se ha remontado. Nuevos movimientos sociales han dado lugar a importantes cambios políticos, como los ocurridos en España desde el 15M, mas con dificultades para cuajar en alternativas consolidadas. Por el contrario, ante unas izquierdas divididas y con reducida capacidad de respuesta, los nacionalismos xenófobos ganan terreno y crecen en apoyo electoral, con lo que supone de amenaza a la democracia. El neofascismo provoca un desplazamiento de las dinámicas políticas a la derecha. Esa nueva identidad fascista comporta xenofobia, racismo, cultura machista, política autoritaria y exclusión social, y así la encontramos desde Trump en EEUU hasta Orban en Hungría. El ascenso de Bolsonaro a la presidencia de Brasil es hito destacado de esa tendencia. En España la hemos visto con Vox y el arrastre que produce en PP y Ciudadanos hacia posiciones colindantes con la ultraderecha.

Hay que tener presente que, por un lado, el actual fascismo social, si bien arraiga en las condiciones sociales de poblaciones muy vulnerables que se escoran regresivamente hacia donde no está la solución que buscan, es, por otro, resultado de la rendición de la democracia ante las necesidades de acumulación del capitalismo. Como señala de Sousa Santos, este nuevo tipo de fascismo tiene sus raíces en una situación en la que se ha roto el “contrato social” sobre el que el Estado moderno asentó su legitimidad. Ante ello se impone, como señala el sociólogo de Coímbra, “democratizar la democracia”, radicalizándola, lo cual fue siempre camino por donde el socialismo pudo actualizarse reencontrando sus raíces republicanas.

Cuando constatamos que las desigualdades crecen, que las diferencias se aplastan, que las libertades se cercenan, que los derechos humanos se ven quebrantados…, siendo así a lo largo y ancho de nuestro mundo en muy diferentes latitudes, ¿cómo reconstruir alternativas? Y previamente, ¿cómo organizar resistencias, como tan lúcidamente planteaba François Houtart? E incluso antes, ¿cómo llevar adelante una crítica sin descanso a encubrimientos ideológicos de una lacerante realidad que hoy se levantan sobre el cinismo que impregna la dinámica omnipresente de la posverdad?

Podemos acumular interrogantes que recogen las cuestiones cruciales al día de hoy. Con todo, la cuestión migratoria concentra sobre sí con especial intensidad el drama de nuestro tiempo, lo cual viene a ser corroborado negativamente desde el momento en que las fuerzas reactivas de las derechas vuelcan sobre los migrantes sus miedos, fobias, exclusiones y violencias. Para el neofascismo contemporáneo, además de aunar nacionalismo excluyente, machismo a ultranza y racismo descarado, la xenofobia que practica pone en el punto de mira a los migrantes como el chivo expiatorio de todos los males de las sociedades actuales. La estrategia de ese fascismo, que contagia socialmente más allá de la demarcación explícita de sus expresiones políticas, es criminal y exige respuestas contundentes.

La población migrante de nuestro mundo constituye lo que el filósofo francés Jacques Rancière denomina “la parte aparte”, la parte excluida de la sociedad mundial y de cada una de las sociedades a las que se incorporan. Como proletariado global del siglo XXI, esa “parte aparte” reivindica su inclusión por razones de supervivencia y dignidad, poniendo de relieve cómo el virus xenófobo desencadena la patología de una terrible indiferencia moral, la cual el cinismo político se encarga de camuflar bajo falaces argumentos leguleyos y falsas proclamas de derechos humanos. En una respuesta adecuada, justa, a la cuestión migratoria se juega hoy la dignidad humana y, con ella, la humanización o deshumanización de nuestras realidades sociales.

La necesidad de un nuevo humanismo (pluriverso, feminista y ecológico)

Los dramas de nuestro mundo, si no queremos que deriven a tragedias, reclaman respuestas urgentes, pero éstas a su vez tienen que darse desde la complejidad de nuestras realidades, desde la diversidad de nuestras culturas, articulando la pluralidad social y sus expresiones políticas, a la vez que sorteando los obstáculos que constantemente levantan los poderes económicos y sus subalternos políticos desde una tupida trama de intereses. Hay que reconocer que no es fácil converger desde tantos frentes en un núcleo común sobre el que hacer gravitar los esfuerzos colectivos para una acción transformadora eficaz. Diríase que falta a los movimientos sociales, desde el feminismo hasta el ecologismo, un marco de referencia en alguna medida compartido para hacer posible la confluencia de ellos y en el seno de ellos. La antipolítica que por doquier se enseñorea destruyendo democracia hace más urgente acometer la importante tarea de articular los potenciales de transformación social.

Venimos, además, de aquella “crisis de los metarrelatos” que diagnosticó Lyotard, y de la cual no nos hemos repuesto, y de la melancolía que nutren los balances históricos de revoluciones u otros procesos políticos a la postre no coronados por el éxito –es encomiable la manera como el italiano Enzo Traverso trata la cuestión en su libro Melancolía de izquierda. Después de las utopías–. Si a ello se suma la fundada puesta en cuestión de planteamientos políticos que, incluso con pretensión emancipadora, no han dejado de ser eurocéntricos, de enfoques éticos con sesgo monológico hasta cuando se quieren consensualistas, o de concepciones filosóficas cuyo universalismo, por su enfoque patriarcalista, dejó fuera a las mujeres como “sujetos” relevantes…, encontramos los motivos de la desconfianza que suscitan los intentos de proponer un marco común, por abierto y no impositivo que se presente, para sostener un discurso ético –siempre necesitado de mediaciones políticas– sobre el que apoyar pretensiones de justicia para todas y todos.

Sin embargo, tenemos a la vez la experiencia de cómo los proyectos emancipadores y solidarios tras metas de libertad y objetivos de igualdad requieren argumentos universalizables, al modo como los reclaman derechos humanos respecto a los cuales aspiramos a que tengan validez para todos los humanos sin exclusión alguna. La cuestión estriba entonces en el tipo de universalismo que propugnemos. Habrá de ser un universalismo no etnocéntrico, dialógico y no impositivo, desde las diferencias y el reconocimiento y no desde una mitificada unidad y sus derivas imperialistas. Ese universalismo es el que ha de corresponder a lo que Enrique Dussel llama “pluriversidad”. A ella ha de responder de la misma manera el nuevo humanismo que podamos proponer como marco común para la compartida defensa de la dignidad humana.

Ya Emmanuel Lévinas habló de un “humanismo del otro hombre” para, desde su metafísica de la alteridad, sostener un humanismo libre de los excesos, teóricos y prácticos, del sujeto moderno. Hoy, voces críticas con el humanismo moderno, como la de Rosi Braidotti, recogen la crítica de Foucault y otros a dicho humanismo de la modernidad, y tratan de argumentar en términos posthumanistas, incluso con un discurso –un tanto equívoco, al menos– sobre lo posthumano, tratando de hacerse cargo de legítimas demandas feministas y ecologistas en cuanto a dejar atrás discursos sobre “el hombre” que dejan fuera a las mujeres o no se apean de una irrestricta voluntad de dominio que pone en peligro la vida misma. Hay que decir al respecto que es posible un matizado enfoque que, reconociendo las limitaciones y consecuencias negativas de humanismos del pasado –productos de una modernidad que desde el Renacimiento dejaba en su zona oculta el colonialismo que era su reverso y el patriarcalismo que era su punto ciego–, pueda recoger una herencia de lucha por la dignidad humana que va desde el iusnaturalismo hasta la defensa contemporánea de quienes ven quebrantados sus derechos o arrebatada su vida –magnífica, por ejemplo, la obra histórico–filosófica de Ernst Bloch sobre Derecho natural y dignidad humana-.

El mismo diálogo intercultural, exigido desde el imperativo ético que a él obliga que tan bien formuló Raimon Pannikar, pone sobre la pista de la necesidad de un núcleo ético común sobre el que sostener la voluntad de encuentro entre personas y comunidades de culturas diversas. Eso mismo puede tener concreción en torno a una idea de dignidad humana susceptible de ser reconocida transculturalmente, por más que se exprese en diferentes lenguas y según distintas tradiciones.

En nuestros días, para más señas, desde planteamientos inducidos por los desarrollos punteros de la informática y la telemática, la biotecnología, la nanotecnología y el tratamiento de los big data, se pone en circulación un transhumanismo que en algunos de sus representantes habla sin empacho de una “nueva especie humana”. Ésta, tan anti-igualitaria como fantasiosa, se presenta como resultado de aplicaciones de la tecnología disponible en diversos campos, pero que con determinados medios y objetivos son contrarias a exigencias elementales de dignidad humana, con lo que ésta supone de derechos inviolables para cada uno. Tenemos, pues, más razones para propugnar un humanismo de la dignidad humana que podamos compartir desde nuestras diferencias, a la vez que nos empeñamos en erradicar las desigualdades.

No se trata ahora de añadir una más a las versiones del humanismo habidas hasta el presente, sino de levantar transculturalmente, desde un nuevo paradigma consonante con la “transmodernidad” que analiza Dussel, un “humanismo otro”, de manera análoga a como desde el pensamiento decolonial, tras hacer la crítica a cómo queda enquistada la “colonialidad del poder” en estructuras políticas y culturales –gran aportación del peruano Aníbal Quijano–, se trabaja desde un “paradigma otro” que recoja también los modos de conocimiento que quedaron orillados por el imperialismo epistemológico que acompañó a genocidios y etnocidios. Y si un humanismo otro nos puede proporcionar un marco compartido para hacer valer razones de justicia, también nos puede servir para avanzar en una nueva relación con la naturaleza contemplando los motivos de justeza –dicho en clave zubiriana– que nos obligan a un trato con los animales diferente del dominante.

MANIFIESTO DE LA PALABRA

José Ramón González Parada, Manuel García Guerra

Este pequeño/gran espacio para manifestar el compromiso de ÉXODO desde la cima de los 150 números publicados: Frente a tanta promesa incumplida, tanta mentira para ocultar la verdad, tanta imagen para encubrir la realidad, frente a la banalización de la vida, ÉXODO, como testigo y portavoz de un camino alternativo, va a seguir reivindicando LA PALABRA

Treinta años comunicando y 150 números editados bien vale un homenaje a la revista ÉXODO, el homenaje de la palabra. En el inicio era la palabra… y desde la palabra inicia ÉXODO su camino, su salida al mundo. Una palabra que razona, y por tanto se opone a la mentira, a la manipulación, al engaño, a la falsificación de la verdad, la posverdad. Para no faltar a la verdad, da la palabra a muchas visiones y experiencias, pues la verdad es siempre una búsqueda colectiva, nunca un documento acabado, un dogma, una fe indubitable que por indubitable deja de ser fe. La palabra que razona, la razón, el logos, es un compromiso en la frontera del pensamiento –social, político, religioso–, el territorio por crear, la terra incognita. También el territorio por reconstruir frente a la globalización, la periferia de las megalópolis, las periferias de la geopolítica que soportan las guerras.

Hoy sin embargo asistimos a la degradación de la palabra, la palabra tramposa que –en definición del poeta salvadoreño Roque Dalton– denuncia la generalidad infinita del mal/ y propone soluciones de hormiga. Inmersos en una campaña electoral permanente domina la palabrería; el análisis crítico ha sido barrido por el relato, las aspiraciones sociales subsumidas en falsas soluciones, y el pensamiento sustituido por la imagen. Con la degradación de la palabra se entroniza el mundo de la imagen: emoticonos, logotipos, impresiones en 3D, el brillo de las pantallas, terminales del pensamiento único. Una imagen –dicen– vale más que mil palabras, sin embargo, ¿quién podría sintetizar en una imagen la crisis ecológica del planeta?, ¿quién podría resumir con una imagen la encíclica Laudito Si, del Papa Francisco? La imagen del niño Aylan, ahogado en las aguas del Egeo, dio la vuelta al mundo, una imagen que el maestro de la palabra sanadora, Pedro Casaldáliga, utilizó en su felicitación navideña de aquel 2015, pero que sería incomprensible sin su poesía –un menino que vem das profundezas do Misterio… chega pequeno, en uma impotencia total como os Aylan do Reino…–. Una imagen que por sí sola no puede explicar el problema ya planetario de la emigración, el exilio, los refugiados.

La palabra no es solo racional, también es una palabra poética, amorosa, que convoca a la acción y acompaña los cuidados; espacio comunitario donde se organiza la acción emancipadora, donde la solidaridad se expresa. Es la palabra amorosa, pero también enérgica que convoca a la resistencia a la banalización de la política, a los prejuicios que pesan como una losa en la conciencia social, a la mercantilización de la vida. Y llama también a la desvinculación con los viejos mitos de la modernidad, el progreso infinito, la supremacía técnica o el dominio sobre la naturaleza.

Hoy el ámbito de la comunicación personal desfallece ante la dictadura de los algoritmos. El número arrebata el sentido a la palabra para convertirnos en un código de usuario; nos quitan la palabra y a cambio nos dan una contraseña alfanumérica. Convertidos en productos comerciales conectados por microchips bajo control instantáneo, si quedamos mudos de la palabra no saldremos ilesos.

ÉXODO, en cambio, pretende valorar la comunicación personal, donde del reconocimiento del otro se deriva la dignidad de todos los seres humanos. No se trata de un recorrido histórico y filosófico –crónica apasionante–, sino de explicitar las razones y las emociones que nos siguen animando a tratar de conseguir que tanto el reconocimiento como la dignidad sean efectivas y universales.

Entiende que la justicia y la igualdad son exigencias ético-políticas acuciantes para enfrentar la hegemonía del neoliberalismo. Y promueve la acogida, la compasión, el cuidado y la búsqueda incansable de La Paz como criterios para ubicarse en un mundo, cuyo Éxodo sin duda, se presenta largo y desértico.

Y siempre, siempre caminando juntos creyentes y no creyentes con los pobres de la tierra para implantar aquello que, nosotros, creyentes llamamos el Reino del Jesús de Dios.

Por ello reivindicamos el valor de la palabra como vehículo de la memoria y promesa de futuro. Reivindicamos el valor de la palabra frente al fascismo de nuestro tiempo, el tecno-totalitarismo que dispone de todo el poder a cambio de una sola idea, la magia de las soluciones tecnológicas. Frente al deslumbramiento que hoy nos ofrecen los amos del mundo con sus sofisticadas innovaciones tecnológicas, innovaciones del poder y para el poder, desafiamos el poder con una sola tecnología, las ideas. Pues, como decía Gabriel Celaya, nos queda la palabra.

Salvemos las palabras con las que construimos la memoria, con las que analizamos las migraciones, la crisis ecológica, la explotación, el capitalismo digital-financiero. Salvemos las palabras con las que comunicamos las ideas más activas, más rápidas, más extraordinarias que cualquier tecnología, las que nos convocan a la acción emancipadora y vienen preñadas de futuro.

Desafiando la lógica de los nuevos modelos de (in)comunicación, ÉXODO sigue imprimiendo en papel sus palabras, sigue comunicándose materialmente con sus lectores, dialogando con sus colaboradores, ofreciendo sus páginas para la reflexión, el diálogo y el encuentro. Después de treinta años, le deseamos muchos más.

Europa desalmada. ¿Qué hacer con la Unión Europea?

Evaristo Villar

José Antonio Pérez Tapias
Europa desalmada
¿Qué hacer con la Unión Europea?
Colección Contextos. Lengua de Trapo y Ctxt

La perseguían los nacionalismos y el neoliberalismo la raptó. Esta frase, que enmarca el comienzo del libro, resume lúcidamente la visión de Pérez Tapias sobre la UE actual. Su descolocación en el contexto mundial y su incapacidad para ubicarse en un mundo globalizado, su manera antidemocrática de afrontar la crisis económica y el crecimiento de las desigualdades sociales, su inadecuada respuesta a la cuestión migratoria y la crisis de los refugiados y las graves deficiencias para abordar el terrorismo yihadista demuestran suficientemente que el proyecto de Europa ha muerto. “Se mantiene por razón del euro, pero con ello no salvará su alma”.

Se necesita “reinventarla de nuevo”, convencido –con Étienne Balibar– de que, ante los grandes desafíos que Europa tiene planteados, “lo imposible es necesario”. Y en este camino se pregunta “¿cómo ser Europa después de Europa?” Su respuesta va ofreciéndola a lo largo del libro.

El síntoma agónico de una Europa en discordia. El “terremoto del brexit” ha sido fruto no solo de la xenofobia y del sueño neoimperialista del UPK, también de la burocracia europea y de su creciente déficit democrático. La reconstrucción solo será posible desde la superación de las “identidades excluyentes” y la construcción de “un marco supraestatal de las soberanías compartidas en aras de un proyecto común” (22)

Camino de servidumbre: cómo el TTIP y el CETA evidencian una Europa contradictoria. Los Tratados de “libre” comercio representan la servidumbre de la política a las grandes corporaciones transnacionales. El intento, actualmente paralizado, del TTIP (entre la UE y EEUU) y el CETA (UE y Canadá) representan la pretensión neoliberal de desregular totalmente los mercados ya sean del capital, de bienes y servicios y del trabajo. “El libre comercio es la cuartada para maniatar la democracia” (26). La UE necesita defenderse de la presión que ejercen estos monopolios sobre los Estados y los políticos.

Resistencia de Antígona y advertencia de Ulises. El sacrificio de Grecia y la Europa que se desintegra. En el rito sacrificial organizado por la Troika con Merkel de gran sacerdotisa, Grecia (por su inmensa deuda externa) fue el chivo expiatorio para aplazar al dios capital. Ningún ángel llegó a salvarle, como a Isaac, a última hora… Pero el “no” del referéndum del pueblo griego, como la desobediencia de Antígona a la despótica ley de Creonte, quedará como un hito ante el despotismo de la tecnocracia. Porque –podría decir Ulises– “¿de qué le sirve a Europa salvar el euro, si pierde su alma?” (37)

La alergia al otro y la Europa que se avergüenza de sí. No se resuelve políticamente el fenómeno de la inmigración y refugio levantando nuevos muros en la frontera, ni campos de concentración dentro y fuera de su espacio físico. No se puede seguir cerrando los ojos al cementerio del Mare Nostrum… La UE, por dignidad y justicia, necesita superar “la alergia al otro”, recordando la inmigración y colonización pasadas, así como la actual neocolonización.

El terror de una guerra espectral. Ante el “terror yihadista” indiscriminado y martirial, y ante el infierno sirio… mayor unión de Europa, neutralización de las causas y reconstrucción de la democracia robada a las víctimas.

La amenaza del nuevo fascismo no solo por el “gobierno de los banqueros”, sino también por el “encanallamiento” de los Estados que recortan la democracia e imponen la posverdad. “El trumpismo” que conduce directamente al fascismo y la xenofobia tienen su correlato en Europa. Solo desde la solidez de una sociedad anclada en los principios de verdad, libertad, igualdad y fraternidad se podrá hacer frente al sentimiento y simplicidad de tal amenaza.

¿Europa después de Europa? “El proyecto de Europa está muerto” (87) y ni siquiera la “Grosse koalition” alemana con el liderazgo de Mérkel ha conseguido reanimarlo. Será tarea de los poetas resucitar un nuevo proyecto que rescate la memoria de la mejor alma europea, articulando libertad e igualdad con justicia, integrando la inmigración, escuchando la voz que llega desde África y toda la verdad de la historia realizada en AL.

El libro se cierra con una entrevista hecha al autor por Miguel Mora, director de Contexto y Acción, donde fueron apareciendo inicialmente los temas presentados, y ahora reelaborados, de este libro.

Balance de la situación actual del planeta y sus mayores y más urgentes desafíos

Leonardo Boff

Hay un convencimiento generalizado de que tal como se encuentra la Tierra y la humanidad no se pude continuar. Tenemos que cambiar radicalmente si queremos garantizar un futuro a la vida y a nuestra civilización. Utilizo una idea de Sigmunt Bauman: en el actual momento, tenemos más problemas que soluciones y más desafíos que capacidad de enfrentrarlos. Debemos darnos las manos, caso contrario vamos a aumentar el cortejo de los que caminan en dirección hacia su propia sepultura.

1. Testimonios de la gravedad de la situación de la Tierra

La idea referida parece trágica y no lo es. La Carta de la Tierra, un documento que recogió los principales valores y principios en una encuesta en más de 40 países y asumida por la UNESCO en 2003, abre su exposición con estas graves palabras: “estamos ante un momento crítico en la historia de la Tierra, en una época en que la humanidad debe elegir su futuro… Nuestra elección es esta: o formar una alianza global para cuidar la Tierra y los unos de los otros, o arriesgar nuestra destrucción y la destrucción de la diversidad de la vida” (Preámbulo).

El Papa, en su encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la Casa Común (2015), va en la misma línea: “Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra Casa Común como en los últimos dos siglos” (n.53). Y añade: “las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía; a las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad; el ritmo del consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofe” (n.161).

Hannah Arendt, a su vez, observó con pertinencia: “No hay ninguna razón para dudar sobre nuestra capacidad de destruir toda la vida orgánica sobre la Tierra; la única cuestión es si deseamos usar nuestros conocimientos científicos y tecnológicos en esta dirección”.

Estas declaraciones nos advierten sobre la gravedad de la situación del planeta Tierra. El filósofo Martin Heidegger, gran observador de las tendencias letales del proyecto científico y tecnológico, dejó esta declaración, yo diría casi desesperada, solamente liberada después de su muerte: “nur noch ein Gott kann uns retten” (“solamente un Dios puede aún salvarnos”).

Antes de entrar en la discusión sobre las amenazas que pesan sobre nuestra Casa Común, conviene tomar consciencia del paradigma social y civilizatorio, mejor dicho, de la cosmología que nos llevó a esta situación dramática. Y, por otra parte, presentar otro paradigma u otra cosmología alternativa, ya vigente que puede ser potencialmente salvadora.

2. La confrontación de dos cosmologías

Por cosmología entendemos la visión de mundo –cosmovisión– que subyace a las ideas, prácticas, hábitos y sueños de una sociedad. Cada sociedad produce su cosmología y por ella procura explicar el origen, la evolución y el propósito del universo y definir el lugar del ser humano dentro de él.

La primera es la de la conquista y dominación. El eje central de la modernidad, nacida en el siglo XVI, es la voluntad de potencia (Wille zur Macht), es decir, el poder entendido como dominación de pueblos, de naciones, de la naturaleza y de los secretos de la propia vida. Da ahí nació el proyecto científico-técnico como instrumento de realización de este sentido de la vida.

Esta cosmovisión se caracteriza por ser mecanicista, determinística, atomística y reduccionista. La referencia arquetípica es Alejandro Magno, Hernán Cortés y Napoleón: grandes conquistadores.

Figurativamente se puede decir que es el paradigma del puño cerrado para someter y dominar.

Por fuerza de esta cosmología de poder se ha conquistado prácticamente todo el mundo conocido. De hecho, se ha llegado a que el 20% de la población mundial consuma el 80% de todos los bienes y servicios naturales, creando un enorme abismo entre ricos y pobres, resultando que a estos, la gran mayoría de la humanidad, solamente les queda el 20% de los recursos naturales.

Esta cosmovisión cambió la faz de la Tierra y ha traído inmensos beneficios, haciendo más cómoda y prolongada nuestra vida. Pero, simultáneamente, ha creado una maquinaria de muerte con armas químicas, biológicas y nucleares que pueden destruir 25 veces toda la vida orgánica sobre el planeta y poner fin a nuestro ensayo humano y civilizatorio. La racionalidad técnico-científica se volvió irracional y anti-vida.

Confrontando esta cosmología moderna, surgió, ya hace un siglo (desde Einstein 1905 y 1915) la cosmología contemporánea y alternativa que tiene como eje estructurador el cuidado y la responsabilidad colectiva.

Figurativamente es la mano tendida con los dedos abiertos para hacer con otras manos una alianza de protección y salvaguardia de todo lo creado.

El cuidado, filosóficamente entendido como dimensión esencial del ser humano (fabula 22 de Higinio comentada por Martin Heidegger) es una relación amorosa con la realidad, no agresiva. Por la responsabilidad colectiva uno se da cuenta de las consecuencias de sus acciones que pueden ser destructivas o constructivas de la vida, reforzando todo lo que puede conferir sostenibilidad a todos los seres y a sus respectivos ecosistemas. Las referencias arquetípicas son de San Francisco de Asís, el americano Thoreau y Gandhi. Se sienten parte de la Naturaleza y de la Tierra, están al pie de ella como un miembro más de la gran comunidad de vida. San Francisco, “con su corazón universal” (Laudato Si, n.10), llamaba a todas las creaturas con el dulce nombre de hermano y hermana, creando así una fraternidad universal y cósmica.

Esta nueva cosmovisión es holística porque involucra a todos los seres y procesos dentro de la gran evolución que empezó hace 13,7 mil millones de años. El universo está continuamente en expansión, autoorganizándose y autocreándose. Su estado natural es la evolución y no la estabilidad, la transformación y la adaptabilidad y no la inmutabilidad y la permanencia. En ella, como subraya la física cuántica, asumida como categoría central por la encíclica del Papa Francisco, todo es relación y nada existe fuera de la relación (Laudato Si, nn.86,117,120). Por esta razón, todos los seres son interdependientes y colaboran entre sí para coexistir y garantizar el equilibrio de todos los factores que sustentan el universo, especialmente la vida.

Por detrás de todos los seres, actúa la Energía de Fondo, llamada también el Principio Generador de todos los seres, un océano sin márgenes, de energía, misterioso e inefable (¿manifestación de la fuerza creadora del Espíritu?) que origina, sustenta y anima todo el universo y hace surgir emergencias nuevas. Las más espectaculares de todas son la Vida y la Tierra viva y nosotros, los humanos, que somos aquella porción consciente e inteligente de la propia Tierra con la misión ética de cuidarla y protegerla (cf. Gn 2,15).

Confrontando las dos cosmologías se ve que con referencia al conjunto de las crisis actuales, la cosmología contemporánea se revela inspiradora y puede impedir un caos colectivo que la otra cosmología, aún dominante, puede llevar a toda la humanidad y la naturaleza.

En lugar de dominar y explotar la naturaleza, se pone en medio de ella, en profunda sinergia. Al contrario de una globalización destructora de las diferencias, sugiere el bioregionalismo, que valora las diferencias y dentro de las potencialidades de la bioregión, busca integrar todos los factores naturales y culturales para construir “el bien vivir y convivir” que conlleva una profunda armonía entre todos, con la naturaleza, con la Madre Tierra y con Dios.

La fuerza de esta nueva cosmología reside en el hecho de que está de acuerdo con las necesidades humanas y la lógica misma del universo. Organizándonos alrededor de ella, puede emerger una civilización biocentrada, en la cual el cuidado, la responsabilidad colectiva, el respeto y la alegría de vivir constituirán las características fundamentales.

3. Cinco amenazas que pesan sobre la Tierra

La exposición anterior nos ha aclarado la raíz principal de la actual crisis ecológica: el paradigma/cosmología del poder como dominación y explotación sistemática de la naturaleza y de los seres humanos. Por detrás funciona una metafísica (una comprensión del ser) que ve la Naturaleza y la Tierra como seres sin propósito y objetos manipulables y sin valor en sí mismos, puestos al servicio del ser humano. Esa lectura ha producido una gran injusticia social mundial y muchas amenazas al planeta Tierra, de las cuales referiremos solamente algunas.

La primera es el principio de autodestrucción por todo tipo de armas letales, especialmente nucleares, ya referidas más arriba. Escribía el gran historiador inglés Arnold J. Toynbee en su autobiografía: ”He vivido para ver cómo el final de la historia humana resulta ser una posibilidad real que puede convertirse en un hecho no por obra de Dios, sino del hombre”.

La segunda es la Sobrecarga de la Tierra (the Earth Overshoot). Es decir: hemos explotado tan ferozmente los recursos de la Tierra que ella llegó a sus límites. En el día 29 de julio hemos ya consumido todos los bienes y servicios renovables de la Tierra para este año de 2019. Esto, junto con el derretimiento de los casquetes polares, la deforestación, desertificación y otros puntos críticos hace que el planeta viva en una situación de emergencia mundial. Algunos hablan de un eventual Armagedón ecológico. Para mantencer el nivel de consumo vigente se va a hacer gran violencia a la Tierra, arrancándole lo que ya no puede dar, pero que responde con el calentamiento global, con eventos extremos, con la erosión de la biodiversidad y otros fenómenos, incluso sociales, porque Tierra y Humanidad constituyen una única realidad compleja.

La tercera es la escasez de agua potable. Del 97% de agua, solamente el 3% es dulce, pero asequible al consumo humano es solamente el 0,3%. De esta mínima parte, el 70% se destina a la agricultura, el 20% a la industria, y solo el 10% es para el consumo doméstico y para otros seres que necesitan de agua. Surge entonces el problema: ¿el agua es fuente de vida o de lucro? Por ser un bien natural, vital, común e insustituible no puede ir al mercado, porque la vida y el agua no son mercancías. Ocurre que hay una comercialización enorme de agua, una desenfrenada marcha por su control.

Pueden ocurrir grandes guerras para garantizar el acceso al agua potable, porque está muy mal distribuida: 9 países disponen del 60%, y unos 80 países se enfrentan a una gran escasez. Millones de personas deberán abandonar sus tierras para sobrevivir a raíz de la escasez de agua dulce, lo que puede crear graves problemas políticos a nivel local y mundial.

La cuarta amenaza es el calentamiento global y los cambios climáticos. El Panel Intergubernamental de los Cambios Climáticos (IPCC), en sus varias sesiones, ha advertido: no vamos al encuentro del calentamiento global. Ya estamos dentro de él. Y más de un 90% de ese calentamiento es antropogénico, es decir, resultado de la acción humana. Producimos cada año 36 mil millones de toneladas de CO2 y de otros gases de efecto invernadero, mientras que el sistema de las forestas y de los océanos puede absorber solamente 20 mil millones de toneladas.
Todo empeño se centra en no llegar a 2 grados centígrados, porque causaría gran erosión biológica y afectaría a millones de personas, víctimas del calentamiento y de las enfermedades de él derivadas. No es imposible que lleguemos hasta 2-3 grados. Esto implicaría cambios climáticos extremamente dañinos y la elevación de las aguas oceánicas, amenazando a un 60% de la población mundial que vive en sus orillas. La comunidad científica norteamericana lanzó en 2015 la grave advertencia de que, de seguir el aumento de los gases de efecto invernadero, podemos conocer en los próximos años el calentamiento abrupto de hasta 4-6 grados centígrados. Y afirman que con este calor ninguna forma de vida que conocemos va a subsistir. Y los seres humanos que tienen tecnología pueden crear algunos oasis de salvación para algunos millones, pero gran parte de la humanidad desaparecería. La Tierra seguiría, pero sin nosotros.

La quinta amenaza es la erosión de la biodiversidad. El gran biólogo Edward Wilson revela que cada año desaparecen, a raíz de la agresividad del proceso industrialista y de la relación de los seres humanos que consideran a la Tierra meramente como un baúl de recursos infinitos y explorables a su antojo, sin respeto de los ritmos de la naturaleza, desaparecen cada año aproximadamente entre 70-100 mil especies de organismos vivos. Esto equivale a una devastación como en eras pasadas. En su libro El futuro de la vida (2002) llega a afirmar: “hasta hoy, el ser humano ha desempeñado el papel de asesino planetario…; la ética de la conservación, en forma de tabú, totemismo o ciencia, casi siempre ha llegado demasiado tarde”. Y añade: “Hemos transformado el jardín de Edén en un matadero y nos hicimos el Satán de la Tierra”.

A raíz de esta diezmación de la vida, muchos científicos hablan de que hemos creado una nueva era geológica, después de la actual del holoceno: el antropoceno. Es decir, la más grande amenaza a la vida no viene de algún meteoro rasante, sino del propio ser humano que está moviendo una guerra total a la Madre Tierra, en el suelo, en el subsuelo, en el mar y en el aire. Pero no tenemos ninguna seguridad de ganar esta guerra. La Tierra no necesita de nosotros. Nosotros necesitamos de la Madre Tierra que nos da todo lo que necesitamos para vivir.

Théodore Monod, tal vez el último de los grandes naturalistas, dejó como testamento en su libro “Si la aventura humana llegara a fracasar” (2000) la siguiente reflexión: “Somos capaces de mostrar un comportamiento insensato y demente; a partir de ahora, se puede temer todo, incluida la aniquilación de la raza humana; ése sería el precio justo de nuestras locuras y crueldades”.

4. ¿Cuál es el próximo paso?

Estas reales amenazas que pesan sobre la Madre Tierra y sobre el sistema-vida justifican el llamado del Papa Francisco a toda la humanidad y no solamente a los cristianos, en su Encíclica Laudato Si “para una conversión ecológica radical” (n.5). Tenemos que cambiar de modo de producción, de consumo y de actitudes frente a la Tierra y a la naturaleza. Tenemos que pasar del “dominus” (señor) al “frater” (hermano/a): sentirnos hermanos y hermanos de todos los seres de la creación. Como el Papa lo dice tan bellamente: “Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación… y que nos une también con tierno cariño, al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra” (n.92). Al final nos convoca “a una espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo, una mística que nos anime… y dé sentido a la acción personal y comunitaria” (n.216).

En su análisis, él identifica la raíz humana de la crisis ecológica: “Hay un modo de entender la vida y la acción humana que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla… es el paradigma tecnocrático dominante” (n.101). Este paradigma lo denuncia como “homogéneo y unidimensional” (n.106) y “tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política” (n.109) siempre en función de una ganancia ilimitada.

Después de nuestro análisis y de las causas de nuestra encrucijada civilizatoria, nos preguntamos: ¿tenemos todavía futuro? ¿Cuál sería el próximo paso? ¿Será más de lo mismo? Esto significaría prolongar nuestra agonía y radicalizar las amenazas. Como decía Albert Einsten: “el pensamiento que creó la crisis no puede ser el mismo que nos ayude a superarla”. Tenemos que pensar y actuar de forma diferente.

Si en los tiempos en que los dinosaurios desaparecieron hace ya 67 millones de años, después de vivir 133 millones de años sobre la Tierra, nos preguntáramos ¿cuál es el próximo paso? ¿Dinosaurios más voraces y mayores? Estaríamos totalmente engañados. Ni siquiera podríamos imaginar que de un pequeño mamífero que vivía en las copas de los árboles más altos, alimentándose de flores e insectos, temblando de miedo de ser devorado por un dinosaurio más alto, iba a irrumpir millones de años después, un ser impensado, con conciencia e inteligencia: el ser humano con cualidades diferentes de un dino. No fue más de lo mismo, sino algo profundamente diferente.

Alimento la convicción de que el próximo paso será pasar del capital material al capital espiritual. El capital material que ha dominado hasta hoy tiene límites y es exhaurible. El capital espiritual es inexhaurible e infinito. Vive del amor incondicional, del cuidado esencial, de la compasión, de la solidaridad y de la creatividad y de una profunda pertenencia a la Tierra y a la Totalidad, realidades intangibles y valores de suprema excelencia, pues es de ellos que se compone el capital espiritual.

Pero no hay que confundir espiritualidad con religiosidad. Lo espiritual es una dimensión de lo profundo humano, de donde nacen todas religiones, no se identifica con ninguna religión, pero está en la base de todas ellas.

Lo espiritual fue poco internalizado colectivamente y puede representar la grande alternativa para superar la actual crisis sistemática e inaugurar otro paradigma de civilización, que inundará la vida de sentido, de jovialidad y de alegría de vivir junto con todos los demás seres, incluso con las estrellas más distantes.

La centralidad del capital espiritual reside en la vida en todas sus formas. La economía y la política, puestas al servicio de la vida, sería una civilización biocentrada. La tecnología no puede ser dispensada, pues la necesitamos para atender a las demandas de nuestras sociedades complejas. Pero ella se articularía con la razón sensible y cordial, que daría un sentido más humano a todo el saber y poder. En el corazón reside la capacidad de sentir al otro en su dolor, el mundo de los valores, el amor incondicional y la espiritualidad.

El próximo paso sería redescubrir, profundizar y organizar toda la vida, incluso la cotidiana, alrededor de una visión espiritual de la realidad, abierta a la Última Realidad que es lo Sagrado y lo Divino encontrados en la creación y que son revelaciones del Creador.

Este proceso no es mecánico, sino voluntario. Es ofrecido a nuestra libertad. Puede ser aceptado o rechazado. Pero quien lo acoge tendrá otro sentido de la vida y vivenciará un nuevo futuro. Los que lo rechazan serán condenados a sufrir las agonías de la actual cosmología que está en la raíz de nuestra crisis sistémica; se sentirán perdidos y en búsqueda de una plenitud que el actual modo de vivir en la Casa Común no les puede ofrecer.

Pierre Teilhard de Chardin en los años 30 del siglo pasado en China imaginó la irrupción de la noosfera. Sería el paso nuevo de la humanidad.
El reto no es quedarse con la soberanía exclusiva de las naciones, sino juntos construir la Tierra como Casa Común. Nous en griego significa la mente, el espíritu abierto y en comunión con la realidad total. La noosfera sería la emergencia de la humanidad como especie con el mismo destino de la Madre Tierra. Representaría el nuevo paso de una nueva antropogénesis y una etapa nueva de la propia Tierra.

La situación actual clama por este salto cuántico. Dicen por ahí que Jesús, Buda, Francisco de Asís, Rumi, Gandhi y tantos otros maestros del presente y del pasado han dado anticipadamente este paso. Por eso, son figuras referenciales. Ellos han alimentado en la humanidad el principio esperanza, ese motor interior que nos hace soñar, jamás desistir y siempre con iniciativas concretas anticipar el futuro. Entonces será verdad, lo decía Ernst Bloch: “La Génesis no está en el principio sino en el fin”. Seremos más humanos, amigos de la vida, miembros de la gran comunidad de vida, reconciliados con nosotros mismos, con la Madre Tierra y con la Última Realidad, Dios.

Cuando dejemos de considerarnos “dueños y señores” (maîtres et posesseurs de Descartes) de la naturaleza y del mundo, como pequeños dioses, entonces podremos ser plenamente humanos. Lo que en el fondo esto significa, no lo sabemos totalmente, pero lo hemos intuido desde siempre”.

Cabe terminar llenos de esperanza y fe en Dios “el apasionado amante de la vida” (Sab 11,24) con las palabras del Papa Francisco “más allá del sol”:” Caminenos cantando; que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza” (n.244).

Frente a amenazas globales, acciones globales

Federico Mayor Zaragoza

Responsabilidad esencial: cambiar de modelo de vida
Libres… y responsables. Así es como define el artículo primero de la UNESCO a las personas educadas. En el antropoceno, garantizar la habitabilidad de la Tierra y una vida digna a todos los seres humanos constituye una responsabilidad esencial porque el fundamento de todos los derechos humanos es la igual dignidad, sea cual sea el género, el color de piel, la creencia, la ideología, la edad…

Estamos ante el reto de una nueva cosmovisión, con nuevos estilos de vida. El gran desafío a la vez personal y colectivo es cambiar de modelo de vida. El mundo entra en una nueva era. Tenemos muchas cosas que conservar para el futuro y muchas otras cosas que cambiar decididamente. Por fin, los pueblos. Por fin, la voz de la gente. Por fin, el poder ciudadano. Por fin, la palabra y no la fuerza. Una cultura de paz y no violencia y nunca más una cultura de guerra.

Una sola familia humana con un destino común
Para seguir adelante, la Carta de la Tierra establece que “debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”… Y concluye así: “Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamamiento a buscar un nuevo comienzo”.

El mundo no puede seguir ensangrentado y amedrentado por un grupo de fanáticos capaces de cometer los más horrendos crímenes. Es necesaria una reacción a escala mundial, que no sólo tenga la fuerza real y moral para actuar con firmeza y diligencia ahora, sino que, sabiendo las causas, pueda evitar que se repitan en el futuro.

Es necesario facilitar la transición de una economía basada en la especulación, deslocalización productiva y guerra (mueren al día millares de personas, la mayoría de ellas niñas y niños de uno a cinco años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares más de 4.000 millones de dólares) en una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano. Una transición de una cultura de imposición y dominio a una cultura de diálogo, conciliación y paz. De la
fuerza a la palabra. En lugar de “si vis pacem, para bellum”, “si vis pacem, para verbum”.

La comunidad científica debe movilizar a todos: ciudadanos del mundo
Nos hallamos en pleno deterioro de las condiciones ecológicas, ampliación de las desigualdades sociales, y marginación de referentes éticos y del multilateralismo democrático que es absolutamente indispensable para llevar a cabo los cambios de rumbo radicales que son precisos. Está claro que, ante la inoperancia de los grupos plutocráticos (G-6, G-7, G-8, G-20) con los que el neoliberalismo sustituyó al Sistema de las Naciones Unidas, y confrontados a procesos potencialmente irreversibles en los que pueden alcanzarse puntos de no retorno, es imprescindible que sea la comunidad científica, académica, artística, intelectual, en suma, la que movilice a los seres humanos, devenidos ya ciudadanos del mundo, para que lleven a efecto con apremio las inaplazables transformaciones radicales que la conservación de la habitabilidad de la Tierra exige.

Refundar el sistema de las Naciones Unidas
“Situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes”, en feliz expresión de Amin Maalouf que no me canso de repetir. Es apremiante la refundación del Sistema de Naciones Unidas, con voto ponderado, pero sin veto, en el que tengan representación no sólo los Estados, sino, como reza en la Carta, “los pueblos”, para que, en el menor tiempo posible, el progreso científico permita una vida digna para todos los habitantes de la Tierra, a través de una economía que atienda las prioridades, bien establecidas ya, conducentes a un desarrollo humano y ecológicamente sostenible.

Es imprescindible una gran alianza para, dejando a un lado de momento aspectos y criterios diferenciales, actuar coordinadamente para resolver desafíos que afectan a todos los países sin excepción.

Las prioridades del momento actual
Las prioridades en estos momentos de inflexión histórica siguen siendo alimentación (agricultura, acuicultura y biotecnología); acceso general al agua potable (recolección, gestión, desalinización…); servicios de salud de calidad; cuidado del medio ambiente; educación y paz. Una educación que proporcione a todos conciencia global. Es un aspecto crucial: el prójimo puede ser próximo o distante. Y el cuidado del entorno no debe limitarse a lo más cercano, sino que debe extenderse, porque el destino es común, a todo el planeta. Educación para que se sepa siempre discernir entre el medio y el fin, entre la herramienta y los grandes objetivos éticos. En la era digital, en la que ya son posibles la conciencia global, la libre expresión y la progresiva participación de la mujer hasta alcanzar la igualdad, es más importante que nunca en el pasado –basado en el poder absoluto masculino, de silencio, anonimato, de confinamiento territorial e intelectual– contribuir al “nuevo comienzo”. “Todo está por hacer y todo es posible… pero, ¿quién si no todos?”, escribió Miquel Martí i Pol en unos versos que no me canso de repetir.

La extrema pobreza origina miles de muertos todos los días e induce a muchos seres humanos, desamparados, a abandonar los lugares de origen e intentar llegar, en una emigración terrible, que genera más sentimientos de animadversión todavía, por la insolidaridad, a países que se caracterizan hoy por el desconcierto, desorden e improvisación.

Terrorismo, pobreza y medio ambiente afectan gravemente a la habitabilidad de la Tierra
Terrorismo, extrema pobreza… y medio ambiente… La emergencia ecológica actual puede alcanzar en breve plazo puntos de no retorno que afectarían de forma irreversible a la habitabilidad de la tierra. Sería una irresponsabilidad histórica e inverosímil que las presentes generaciones dejaran a las siguientes un legado de condiciones de vida muy precarias.

Existe el riesgo de que en el contexto de globalización neoliberal que estamos padeciendo, hasta las labores de normalización ecológica se conviertan en negocio. Por ello es conveniente que se sitúe ahora, junto al medio ambiente como “verdad incómoda”, a los únicos seres capaces de apercibirse, de darse cuenta, de saber que saben, los “ojos del universo”: los seres humanos, mostrando cómo viven y cómo mueren. Es “la verdad más incómoda todavía”.

Necesidad de una conciencia global con valores comunes
Es necesaria una conciencia global, con valores comunes para lograr una ciudadanía mundial que permita transitar desde la amenaza de destrucción masiva a la masiva esperanza de quienes sienten que, finalmente, pueden ser los artífices de su destino común. Conscientes, comprometidos, implicados, involucrados.

Julián Marías advertía: “¡qué difícil es observar lo que vemos todos los días!”… Hay cosas a las que no nos podemos acostumbrar. La cotidianidad no puede significar aceptar lo inaceptable ni considerar que los “efectos colaterales” del sistema actual son irremediables. Ese genocidio de desamparo e inanición que tiene lugar cada día, la forma en que tratamos a quienes intentan llegar, porque se mueren de hambre en sus lugares de origen, a los países más adelantados… deben ser rechazados por un clamor popular con creciente influencia en el ciberespacio.

Un actuar libre frente a una humanidad “gregarizada” por un inmenso poder mediático
La humanidad no puede seguir mirando hacia otro lado, distraída y gregarizada por un inmenso poder mediático. Tiene que actuar, como define lúcidamente a la educación el artículo primero de la Constitución de la UNESCO, “libre y responsablemente”. Libertad para actuar en virtud de las propias reflexiones. Para el pleno ejercicio de las cualidades distintivas de la especie humana: ¡pensar, imaginar, anticiparse, innovar, crear! Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza. Cada uno capaz de diseñar su propio futuro y contribuir al destino común. El presidente John Fitzgerald Kennedy, en un discurso pronunciado en el mes de junio de 1963, ya indicaba que para que muchos imposibles hoy fueran realidad mañana era necesario tener en cuenta que “no hay ningún desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora de la especie humana”.

De una economía de guerra a una economía de desarrollo global sostenible
Hoy más que nunca es urgente una gran transición desde una economía de guerra y dominio a una economía de desarrollo global sostenible. De una cultura de imposición y violencia a una cultura de diálogo, conciliación y paz. De la fuerza a la palabra: este gran cambio histórico, de época, de era, está al alcance de los habitantes de la Tierra en el siglo XXI.

Ciudadanos y no súbditos, con visión global, actuando a escala local y utilizando en toda la medida de lo posible la nueva tecnología de la comunicación para estar en contacto con otros ciudadanos de otras partes del mundo, en continua interacción, para la participación no presencial.

Contra el delito del silencio, el grito de las generaciones jóvenes: cambios y propuestas radicales
Es absolutamente imprescindible que, ahora que por fin ya podemos expresarnos, no permanezcamos silenciosos. Delito de silencio. Corresponde ahora a las jóvenes generaciones levantar la voz y, en un gran clamor, hacer las propuestas de transiciones radicales y cambios fundamentales que son inaplazables.

Por fin, “¡por fin!” la condición humana puede tener en sus manos las riendas del destino. Por fin su voz no sólo ser oída sino escuchada. Por fin, el clamor mundial, liderado por la comunidad intelectual, académica, científica, artística… promoverá las transiciones que permitan el inicio de una nueva era.

No más dinero para las armas, sino para reducir la pobreza

El mundo gasta 10 veces más en armas que en ayuda humanitaria. Según el Programa de las Naciones Unidas, “estas proporciones carecen de sentido en un mundo en que los propios gobiernos de los países desarrollados reconocen los vínculos que existen entre amenazas a la seguridad y la pobreza mundial”. En otras palabras, a pesar de que se reconoce que las desigualdades pueden originar conflictos, se opta por gastar más dinero en armas que en reducir la pobreza. Así se originan los caldos de cultivo que llevan a grandes flujos emigratorios de desesperados y, en ocasiones, después de un proceso de radicalización progresiva, al empleo de la violencia.

Frente a procesos potencialmente irreversibles, debemos actuar responsablemente sin demora. Tenemos ya suficientes diagnósticos. Ahora ha llegado el momento de aplicar tratamientos antes de que sea tarde.

Porfían, son posibles cambios radicales
La situación a escala planetaria es, sin paliativos, muy grave… y, sin embargo, por primera vez en la historia son posibles cambios radicales en muy pocos años.

Vivimos momentos fascinantes porque en las últimas tres décadas la humanidad ha progresado muchísimo en la adquisición de una “consciencia mundial” (y por tanto, la posibilidad de comparar, de apreciar lo que se tiene y las precariedades de los otros), resultando en actitudes solidarias; se ha incrementado sustancialmente el número de mujeres en la toma de decisiones; y se ha hecho posible la participación no presencial.

Actores, no espectadores
Ha llegado el momento de la acción. De la no resignación. De las propuestas. De la mirada distinta hacia el mañana. Ha llegado el momento de la resistencia. De la participación. De ser actores y nunca más espectadores. Ha llegado el momento de llevar a la práctica los ideales democráticos que permiten construir los baluartes de la paz en nuestras mentes en lugar de las leyes de mercado que aumentan las asimetrías y los desgarros sociales.

Tantísimas personas andan preocupadas por y ocupadas en tantas cosas intrascendentes, en tantos “pre-fabricados” de los medios de comunicación que les convierten en espectadores impasibles, ofuscados, capaces de gritar en favor de su equipo durante hora y media sin parar… al tiempo que no prestan la menor atención a los gravísimos problemas que afectan a su entorno social y ecológico… y que denotan una evidente falta de solidaridad… Somos incapaces de con-vivir, de con-padecer-nos…

La movilización solidaria no debe aplazarse
El Papa Francisco en su homilía del Viernes Santo de 2018 –sin que haya tenido el eco que estas palabras merecían– exclamó: “¡Vergüenza de no haber tenido vergüenza!” Sí, vergüenza de ser insolidarios, de mirar hacia otro lado.

Ha llegado el momento de utilizar la moderna tecnología de la comunicación para unir nuestras voces. De recordarle a los medios de comunicaciones todavía independientes, a los periodistas todavía dirigidos por su conciencia, que la movilización no debe aplazarse.

Presencialmente y en el ciberespacio vamos a proclamar propuestas de enmienda. En otro caso, seríamos cómplices… Cómplices por falta de solidaridad, de com-pasión, de co-operación… que conducirá tarde o temprano a que la con-vivencia resulte más difícil, más inalcanzable.

Voces unidas. Manos unidas. Para la justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad.

Memoria y Profecía

Evaristo Villar

Ofrecemos en esta sección de ENTREVISTA las opiniones de unas personas que, sin pertenecer al grupo de redacción de ÉXODO, han mantenido, por diferentes motivos, un cercano y prolongado seguimiento de la revista. Se trata de personas de gran relevancia social y expertas en diferentes actividades intelectuales, sociales, políticas, culturales o religiosas.
Tratando de conectar con distintas sensibilidades, hemos invitado a participar el mismo número de hombres y de mujeres. Y tenemos que decir que todas y todos han aceptado gustosamente, por lo que, desde aquí, queremos expresarle nuestro agradecimiento más sincero y cordial.

Dado que los dos objetivos mayores que han centrado el relato de ÉXODO han sido, de una parte, la toma de conciencia de los desafíos que la realidad socioeconómica, política, ética y sociorreligiosa nos ha venido ofreciendo en cada momento, y la necesidad, por otra parte, de dar una respuesta alternativa a tales retos… les hemos pedido a nuestros invitados e invitadas que, desde su propia especialidad, nos hablen del posible “legado de ÉXODO” en estas últimas décadas en ambos campos, el de “la memoria y el de la profecía”.

Las dos cuestiones que les hemos formulado son estas:
1º ¿Qué ha supuesto la presencia de ÉXODO en el panorama socio-político y sociorreligioso de España en estas últimas décadas?
2º ¿A qué retos importantes consideras que hay que hacer frente a corto y a medio plazo?

Ofrecemos sus respuestas en las cuatro áreas que siguen (socioeconómica, sociopolítica, ética y sociorreligiosa) contando en cada una con la aportación de una mujer y de un varón.

1. Área socioeconómica
Yayo Herrero
Es antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista. Ha sido coordinadora estatal de Ecologistas en Acción y directora general de la Fundación FUHEM

2ª ¿A qué retos importantes hay que hacer frente a corto y medio plazo en el área socio-económica?

En mi opinión estamos ante una profundísima crisis económica que tiene en su núcleo más material la crisis ecológica. Estas crisis interconectadas se dan en un momento de profunda emergencia social.

Nos referimos a una crisis de energía y materiales que dificulta el crecimiento de la economía real, la que crea puestos de trabajo; a un cambio climático que pone en riesgo la vida de las personas más vulnerables y procesos básicos naturales que afectan a la disponibilidad de agua –necesaria para beber, cultivar o fabricar pantalones–, a la productividad de la agricultura y al funcionamiento de los servicios ecosistémicos básicos para sostener el conjunto de la vida.

Este estancamiento económico se vive de forma absolutamente desigual: desigualdades en términos de clase, de género, de etnia, por edad…
Los retos, por tanto, en el corto y medio plazo están en afrontar el inevitable crecimiento de la esfera material de la economía y la emergencia social a la vez. Se requieren enormes inversiones en el cambio de modelo productivo y en los estilos de vida y de consumo, la redistribución de la riqueza y una transformación cultural rápida y radical

Carlos Sánchez Mato
Es economista y político. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Madrid y delegado del Área de Gobierno de Economía y Hacienda

1ª ¿Qué ha supuesto la presencia de ÉXODO en el panorama socio-político y socio-religioso de España en estas últimas décadas?

Si algo se ha puesto de manifiesto en los 150 números de ÉXODO es su capacidad para lanzar un mensaje profético y eso no es nunca fácil. Porque caracterizarse por interpretar de manera exquisita los indicios o señales suficientes como para predecir hechos futuros, no está al alcance de cualquiera. Y no. No se ha ocupado de temas precisamente menores. Poner el foco en el grito de una Tierra a la que parece que el “Homo sapiens sapiens” se empeña en destruir como hogar, o preguntar con tristeza hacia dónde va una Europa que olvida abrazar a quien llega y prefiere levantar murallas con concertinas, es hoy más necesario que nunca. Hacen falta profundas convicciones para denunciar que somos rehenes del capitalismo, un sistema depredador que es incompatible con que podamos tener vidas dignas de ser vividas. Gracias, ÉXODO.

2ª ¿A qué retos importantes hay que hacer frente a corto y medio plazo en el área socio-económica?

Dejémonos de rodeos. El capitalismo no es reformable. Su miopía le impide ver más allá de la ganancia. Pero mientras transitamos hacia una sociedad que lo supere, empecemos por sacar del mercado cosas demasiado importantes como para que estén sujetas a leyes de oferta y demanda. La tierra cultivable, los mares, la vivienda, la sanidad, la educación o los cuidados no pueden depender de la rentabilidad económica ni nos podemos permitir el lujo de dejarlos al albur de que hagan lucro con ellos una minoría. Hay que garantizar pan, empleo, techo y servicios públicos a todos los seres humanos. Medidas como la reducción de la jornada laboral sin disminución salarial, la anticipación de la edad de jubilación, el acceso a la vivienda para todos y todas, una sanidad y una educación pública universales y atención a la dependencia solo puede hacerse gestionando lo común con criterio de rentabilidad social. En definitiva, tenemos que transitar en la dirección opuesta a la que nos lleva la actual fase del capitalismo. Hay que sacar el núcleo de la economía del mercado. Sólo a partir de transformar en público y colectivo el corazón del sistema productivo se puede pilotar un cambio que ponga la economía al servicio de la sociedad y no al revés, como de hecho sucede ahora. Se trata de poner en marcha una planificación democrática de la economía y, a partir de lo que existe, reformar el sistema productivo para reducir drásticamente las desigualdades sociales, hasta su desaparición. Teniendo en cuenta que los recursos naturales son finitos, no es una opción creer en el crecimiento ilimitado como forma de alcanzar la justicia. Más bien hay que pensar en recobrar el precioso sentido de la palabra “austeridad” frente a quienes prostituyeron su sentido para denominar las políticas que han sacrificado a la mayoría social para enriquecer a unos pocos.

Todo esto es posible. Solo hace falta voluntad.
No es pequeño el reto, pero pienso que no otra cosa defendería hoy Jesús de Nazaret. Merece mucho la pena luchar por una utopía como esta, porque como bien decía Galeano, sirve para caminar.

2. Área sociopolítica

Justa Montero
Activista feminista y social

1º ¿Qué ha supuesto la presencia de ÉXODO en el panorama socio-político y socio-religioso de España en estas últimas décadas?

Celebrar el número 150 de una revista como ÉXODO es la mejor prueba de su necesidad; durante todo este tiempo, convulso y complejo, ha cubierto y cubre un espacio atendiendo a las inquietudes, intereses y preocupaciones de muchas personas.

Desde un pensamiento religioso de base y con la voluntad manifiesta de aunar reflexión y acción, ha sabido acoger las posiciones de pensador@s y activistas, convirtiendo ÉXODO en una herramienta muy útil para el imprescindible diálogo entre quienes, desde diversas perspectivas ideológicas, tenemos el común objetivo de transformar la sociedad.

Un diálogo que recorre todos los campos: los conflictos de clase, ecologista, feminista, de defensa de derechos humanos, y todos los temas que afectan al contenido de la vida en común, las relaciones entre las personas, la organización de la sociedad y su sostenibilidad, los valores y lazos comunitarios que el neoliberalismo pretende destruir.

2ª Desde una clave socio-política, ¿a qué retos importantes hay que hacer frente a corto y medio plazo?

Son los retos que plantea la profundización de todas las desigualdades por un sistema puesto al servicio de las necesidades del mercado y no del bienestar de las personas. Un sistema que, de forma muy particular, desposee a las mujeres de recursos, de tiempo, de vida y de derechos.

Son los retos derivados de una división sexual del trabajo enormemente funcional al sistema que recrudece la desigualdad en el empleo, que pretende una salida a la crisis de cuidados aumentando la carga de trabajo de las mujeres y el deterioro de las condiciones de trabajo de quienes los realizan (las mujeres en los hogares, las trabajadoras de hogar y las de los servicios sociales). Olvidando de nuevo la corresponsabilidad social de los hombres y el Estado.

Se trata también de invertir la situación actual donde las mujeres, gestoras de los hogares y los cuidados, se convierten en afectadas por los desahucios, por la pobreza energética o por la privatización de la sanidad.

Es el reto de acabar con las violencias machistas, de enfrentar políticas que fortalecen un Estado cada vez más autoritario que impone una vía punitiva como única salida a esa violencia brutal, en detrimento de políticas de prevención reales.

Por último, es el desafío de impulsar el nuevo internacionalismo feminista, que denuncia el efecto de las empresas extractivistas en la vida de las mujeres defensoras de la tierra, de los derechos humanos, feministas y medioambientales, algunas de ellas asesinadas; de cambiar esas políticas del Norte global que generan pobreza y guerra llevando a muchas personas a migrar y en ocasiones a morir en el mar o en las fronteras, o a acabar en los CIEs, sufriendo las leyes de extranjería y el racismo social e institucional.

En fin, todo esto se traduce en exigencias urgentes de políticas públicas en todos los ámbitos; cambios también en las relaciones y en las actitudes, en el ámbito de lo simbólico y también de lo comunitario, en la importancia de la organización imprescindible para lograr un nuevo sentido común frente a la barbarie del sistema.

Antonio García Santesmases
Filósofo y político

Aportación de ÉXODO y futuro

ÉXODO ha sido un referente muy importante de un cristianismo de izquierda con voluntad emancipatoria. Quizás su mayor virtud ha sido recoger lo mejor de distintas tradiciones que superaban el debate cristianismo-marxismo. Resumo para los más jóvenes. Al inicio de la transición se piensa en un modelo italiano con una fuerte presencia de una cultura católica y una cultura comunista. No fue el modelo que se impuso. Ni la democracia cristiana ni el partido comunista fueron los grandes partidos. Creo que el modelo que se impuso dejaba fuera a mucha gente que no se reconocía en la lógica centrista-liberal-europeísta-secularizadora. Y se necesitaba que alguien asumiera el rol de dar voz a los que no estaban por la involución neoconservadora que dominaba en el Vaticano ni por el laicismo liberal que presidía el grupo Prisa. Y ahí estaba ÉXODO.

ÉXODO ha jugado muy bien su papel como portavoz de la otra modernidad, del mundo del Sur, de los excluidos en el capitalismo del centro y de los protagonistas del mundo de las periferias. Ha realizado esta tarea reivindicando un universo religioso alternativo al oficial y alternativo también a la religión del mercado.

Al final la sorpresa ha venido al comprobar que parte de ese mensaje ha llegado al centro del poder vaticano. ¿Cómo hubiéramos podido imaginar que, tras el invierno polaco, llegaría un viento porteño que denunciaría a una Europa que se ha quedado sin alma? Es como si el mensaje de ÉXODO hubiera sido escuchado y los Salvini se dieran cuenta de que en el Vaticano han dejado de tener un aliado. Conseguir que esa brecha que se ha abierto se mantenga en el futuro es una tarea imprescindible para todos los que luchamos por otra modernidad y otra ilustración, en definitiva, por otra Europa.
Para lograrlo es imprescindible el concurso de las nuevas generaciones, de esas nuevas generaciones que al acercarse a ÉXODO y repasar su historia encontrarán que no siempre lo peor es cierto y que hay ocasiones en que, aunque parezca imposible, la esperanza se abre camino. Ese reconocimiento es un motivo de orgullo para los fundadores de la revista y para todos los que en algún momento hemos colaborado con esta hermosa aventura.

3. Área ética

Victoria Camps
Filósofa, Catedrática emérita de la Universidad de Barcelona, consejera del Consejo de Estado

1ª ¿Qué ha supuesto la presencia de ÉXODO en el panorama socio-político y socio-religioso de España en estas últimas décadas?

En los últimos cincuenta años, España ha dejado de ser el Estado confesional que fue bajo el franquismo, con el predominio del nacionalcatolicismo, para convertirse en un estado laico (aconfesional, para ser políticamente correctos). Un país como el nuestro, proclive a olvidar las tradiciones y a pasar de un extremo a otro, corría el peligro de no lograr la estimación adecuada de lo que la religión cristiana ha significado como elemento imprescindible de nuestro patrimonio cultural. ¿Qué hacer con la religión cuando ésta se ha proyectado en unas formas de dominación sobre la conducta de las personas, cuando ha colonizado el sistema educativo, cuando ha contribuido escasamente, desde las instancias oficiales, a fomentar la sensibilización social? ¿Cómo prescindir de la religión de un modo justo y adecuado y distinguir en ella lo de positivo que podía aportar a la sociedad secularizada?

Desde mi punto de vista, una de las aportaciones más importantes de ÉXODO ha sido la capacidad de mantener el carácter inequívocamente religioso y cristiano de la revista junto a una mentalidad progresista y transformadora. No era fácil hacerlo cuando los sectores de la sociedad más volcados a propiciar las reformas que implicaba el cambio de régimen se sentían más cómodas adoptando perspectivas antirreligiosas, o indiferentes hacia la religión, que haciendo el esfuerzo de mantener viva una religión adaptada a los nuevos tiempos y, sobre todo, atractiva para las mentes menos conservadoras. ÉXODO supo hacerlo y muchos encontramos en sus páginas el tono y el aliento imprescindibles para no renunciar a un pensamiento religioso y a la vez atento y sensible a las nuevas expectativas sociopolíticas.

2ª Desde una perspectiva ética, ¿a qué retos importantes hay que hacer frente a corto y medio plazo?

La secularización de la sociedad ha depurado la moral de la doctrina moral católica, no compartible por toda la ciudadanía. Nos hemos quedado con los principios de una ética mínima, liberal, la única que podemos universalizar. Esa ética es muy frágil porque concreta poco, no tiene prohibiciones como los pecados de la moral católica. El principio que la rige es la libertad de cada uno para decidir qué debe hacer dentro de los límites prefigurados por la legalidad vigente. Una libertad que en pocas ocasiones va acompañada de responsabilidad.

Desde esta perspectiva, el gran reto ético es construir una moralidad cívica que comprometa a todos y en todos los niveles: el social, el político, el profesional, el familiar, el lúdico. Hay grandes retos que lo son de toda la humanidad, en estos momentos: combatir las desigualdades y, en especial, la pobreza más extrema, acabar con la violencia de género, luchar contra todo tipo de corrupciones, el cambio climático, abordar sin miedo las migraciones. Todos estos problemas requieren medidas políticas, sin duda, pero también comportamientos virtuosos pues, sin ellos, las medidas políticas no se ejecutan o se ejecutan mal.

Joaquín García Roca

Sociólogo y teólogo

1ª ¿Qué ha supuesto la presencia de ÉXODO en el panorama socio-político y socio-religioso de España en estas últimas décadas?

Asocio ÉXODO a las tres funciones del andamio, que reconstruye monumentos deteriorados, sostiene lo que hay valioso en la ruina, y facilita el acceso a la parte alta del edificio. ÉXODO ha contribuido decididamente a la reconstrucción de la vida moral, cultural, política y religiosa, profundamente dañada, mediante nuevos marcos de referencia, renovación de prácticas anquilosadas, y apertura de caminos alternativos. ÉXODO significa igualmente la recuperación de lo valioso que encierra el Evangelio para una sociedad secular, justa y decente y para una Iglesia descentrada y servicial. Y un compromiso inequívoco con el futuro, en estado de absoluta libertad, a través del pensamiento crítico que abre territorios inexplorados y caminos de esperanza en la sociedad y en la Iglesia. Sin la compañía de ÉXODO muchas personas se hubieran derrumbado, y otras tantas se sentirían huérfanas.

2ª ¿A qué retos importantes hay que hacer frente a corto y medio plazo desde el plano ético?

1. Un mundo único y compartido requiere una ética común inscrita en la historia, sin idealismos ni abstracciones desconectadas de la vida, resultado del encuentro y la confrontación entre plurales tradiciones culturales y sabidurías mundiales que irá desplazando la centralidad de la verdad única y universal por la justicia y la bondad. ¿Puede una teoría de la justicia ignorar hoy la inhumanidad, la violencia y la pobreza en cualquier parte del mundo?

2. La revolución tecnológica ha creado un universo de medios que desplaza a los fines y significados, crea una servidumbre del sentido a la técnica y obliga a discernir si lo que se puede hacer técnicamente es bueno hacerlo en justicia y verdad. ¿Será lo factible, lo moralmente deseable o tendremos que someternos al dominio de las máquinas? ¿Llegará la historia hasta donde permita la tecnología o podrá perderse en el intento?
3. El desorden económico mundial crea fracturas entre los pueblos, desplaza a poblaciones de sus pueblos de origen y produce muertes prematuras que exigen recrear las esferas de justicia, cultivar la pasión por la igualdad, desmitificar la propiedad privada de los bienes comunes y construir vínculos de fraternidad. ¿Por qué, si no, iba a ser necesario preocuparse por un nuevo orden mundial?

4. El actual deterioro de la tierra, el descuido de las relaciones con la naturaleza y la amenaza a las condiciones de vida, debidas a las generaciones futuras convierte el imperativo ecológico en epicentro de la ética y convierte el cuidado en la virtud cívica que abre un paisaje a explorar. ¿Tendremos tiempo suficiente para borrar las huellas del poder destructivo?
5. Las actuales transformaciones políticas requieren virtudes públicas y responsabilidades personales, el trabajo cívico y el voluntariado social, el perdón y la memoria, la confianza y el conflicto. La acción política se despliega en ordenamiento jurídico, pero la ética no puede reducirse a la ley ni siquiera al marco constitucional. ¿Podremos evitar que las propias constituciones políticas se conviertan en un ídolo fetiche?
6. Los hallazgos científicos franquean, cada vez más, los umbrales conocidos que hacen inútiles por insignificantes las respuestas tópicas e interpretaciones banalmente moralizadoras para afrontar las nuevas formas de nacer y de morir, de amar y de sentir, de vivir el cuerpo y la identidad, de sondear el universo y el origen de la vida. ¿Acaso eliminar el sufrimiento evitable no podrá ser la brújula que guie la imaginación científica?

7. La emergencia cultural de nuevos actores sociales –mujeres, pueblos indígenas, minorías étnicas, grupos minoritarios–, que han conquistado el derecho a ser reconocidos en igualdad de condiciones están llamados a modificar los marcos éticos y las visiones culturales. Vivir en plural será el código ético de la sociedad.

4. Área religioso-evangélica

Neus Forcano Aparicio
Filóloga. Máster en Historia de las Mujeres. Estudios de Ciencias religiosas en ISCREB. Miembro de la Asociación Europea de Mujeres para la Investigación Teológica-ESWTR y miembro del Consejo de Dirección de la revista Iglesia Viva

1º ¿Qué ha supuesto la presencia de ÉXODO en el panorama socio-político y socio-religioso de España en estas últimas décadas?

La presencia de la revista ÉXODO en el panorama socio-religioso en España me parece un signo revelador de una pasión por elaborar pensamiento crítico a partir de una sensibilidad evangélica con la que se quiere transformar la realidad.

Las aportaciones de la revista durante estos 150 números se enmarcan en lo que se ha llamado la reflexión teológica contextual o liberadora: una reflexión hecha desde las contradicciones, las heridas, el dolor, las preocupaciones por la integridad de la Creación y por la libertad de cada persona. La palabra al servicio de la denuncia, del análisis y de la creatividad. Las ideas expresadas, al servicio del compromiso por la acción ética y por la construcción justa de las relaciones sociales. Número tras número, cocreando la Historia de la Salvación, como el pueblo israelita confiado a su Dios en el éxodo continuo de su devenir en el tiempo. El nombre de la revista evoca este movimiento sucesivo de la historia y el tiempo que no son círculo repetitivo, sino posibilidad siempre nueva para dejar espacio al amor y a la libertad de que somos capaces.

En este camino del Homo viator, del que se entiende en peregrinaje, las palabras y las reflexiones de ÉXODO son como la fuente de agua viva que colma nuestra sed de itinerantes.

Hace poco, en una entrevista realizada a un grupo de mujeres protestantes, católicas y musulmanas sobre su vinculación espiritual o religiosa, comentaban lo importante que había sido en su despertar creyente la formación intelectual, el acceso directo a los textos sagrados y a la teología. Aunque está claro que la formación intelectual no es garantía únicamente de una fe madura –puesto que el cristianismo es praxis amorosa–, no se puede obviar que discernir y razonar la fe es indispensable para contar con pensamiento crítico. Es básico para que la adhesión religiosa no sea una mera uniformización socializadora, sino que sea una opción individual consciente vivida en comunidad.

2º ¿A qué retos importantes consideras que hay que hacer frente a corto y a medio plazo en el área religioso-evangélica?

La mística de ojos abiertos y un compromiso por la transformación social, son principio de esperanza y me remiten a Hildegarda de Bingen, que apelaba al concepto de VIRIDITAS –que significa “reverdecer”, “florecer”–, referido al atributo de Dios para penetrarlo y fecundarlo todo. La viriditas es explosión de novedad imparable que lo renueva todo, como la primavera. Así pues, para que la Buena Nueva del renacer humano sea posible, incluso desde lo más vulnerable, vislumbro que hay que cuestionar los discursos fundamentalistas; acercarse a la realidad de los migrantes sin papeles, de los refugiados, de las mujeres víctimas de violencia y de la trata; necesitamos escuchar la voz y la experiencia de las mujeres, reconocerles autoridad, replantear los ministerios desde la clave del servicio y sin distinción de género; habrá que abordar aspectos de bioética y tecnología; tratar el valor del cuerpo y la persona, entre otros. El proceso de ser y de mostrarse en viriditas necesita apertura, confianza y valentía para decir sí a los retos presentes.

Rafael Díaz-Salazar

Profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas de la Univdrsidad Compplutense

1ª ¿Qué ha supuesto la presencia de ÉXODO en el panorama socio-político y socio-religioso de España en estas últimas décadas?

La presencia de un núcleo cristiano en el ámbito de una izquierda radical y anticapitalista. Es la mejor manifestación escrita del cristianismo de liberación en España.

Ha aplicado el Concilio Vaticano II en dos ámbitos conciliares claves: diálogo con agnósticos y ateos y presencia cristiana en movimientos de transformación social.

Muestra que existe una Iglesia alejada del cáncer del clericalismo y del catolicismo conservador.

2ª ¿A qué retos importantes hay que hacer frente a corto y medio plazo?

Los dos fundamentales son mantener vivo el anuncio de Jesús, el Cristo en el siglo XXI y dialogar públicamente sobre la cuestión de Dios en ámbitos culturales que desprecian o extienden una espiral de silencio sobre esta temática.

La presencia pública de los cristianos es otro reto. Hay que saber equilibrar esa presencia como grano de mostaza y el anuncio del Evangelio en los areópagos secularizados y laicistas. Como bien dice Rawls, la presencia pública más valiosa y propia de las religiones es el testimonio. Ahora bien, no basta con participar en luchas sociales y asumir lo mejor del pensamiento agnóstico y ateo que ayuda a purificar la fe cristiana. Es muy importante una presencia evangélica pública. ÉXODO es una expresión de ésta. Alfonso Comín debe seguir siendo un referente central por aquello de “cristianos en el partido y comunistas en la Iglesia”. Manténgase o sustitúyase “partido” y “comunistas” por otros términos si se desea.

Las reflexiones de Gramsci sobre “el suicidio del cristianismo” tienen actualidad. Silenciar la identidad evangélica y cristiana o, lo que es peor, interiorizar una inferioridad ante la hegemonía de culturas agnósticas y ateas en ámbitos con presencia de cristianos es una gran equivocación, una especie de autosecularización absurda. Los cristianos son testigos públicos del Dios de Jesús vivo y resucitado.

Otro reto muy importante es la transformación evangélica de la Iglesia para convertirla en ekklesia; es decir, en asamblea popular de los seguidores de Jesús de Nazaret. El Papa Francisco es un flagelador del clericalismo, pero este Papa en España es una especie de general sin ejército, salvo excepciones.

Difundir las prácticas de la Iglesia de la liberación en Asia, África y América Latina es necesario para la construcción de un nuevo internacionalismo.

La crítica cristiana al capitalismo imperante tiene que ser contundente. Evangelio y capitalismo son antagónicos. La participación en luchas anticapitalistas y las aportaciones cristianas a la transición ecológica al postcapitalismo son importantes.

Pienso que existen cinco ámbitos prioritarios para el compromiso cristiano: la explotación y precariedad laboral, la marginación, el feminismo proletario de las de abajo, el activismo ecologista y el internacionalismo contra la pobreza absoluta y la desigualdad en el sistema-mundo.

La sed de espiritualidad manifestada en un resurgir de la meditación laica alejada de las iglesias es un signo de los tiempos sobre el que hay que pensar.

La Memoria

Evaristo Villar: C. Pereda, MA. de Prada, B. Forcano, J. Sánchez

Esta sección de ÉXODO, Punto de Mira, ha pretendido ser siempre un mirador matutino, nunca imparcial, de la vida que en común vamos haciendo: desde sus factores socio-económicos y socio-políticos –que solemos revestir de mayor solemnidad y trascendencia– hasta la cotidianidad –frecuentemente anodina– donde la ética y la espiritualidad van liberándonos del autismo individualista y tejiendo redes de solidaridad y comunión.

Desde esta forma coral de mirar la vida, todos los momentos que nos afectan a lo común resultan importantes y preocupantes, no solo por lo que son y lo que anuncian o denuncian, sino también por lo que significan. De todos ellos se va construyendo nuestra historia, la que vamos haciendo y la que nos hace. Por más que lo pretendiéramos, nunca podríamos deshacernos como iconoclastas de ese continuum que nos va haciendo como la crecida del agua hace el cauce de río. Tampoco lograríamos, aunque lo pretendiéramos contra nuestra propia naturaleza, mistificarlo hasta el punto de convertirlo en fetiche o muro que nos impida seguir caminando.

Desde su origen –también en estas últimas décadas–, ÉXODO se ha venido convirtiendo, de forma consciente, en un lugar de “memoria colectiva y subversiva” en esta zona del mundo occidental olvidada y principalmente en nuestro país. Nunca ha pretendido hacer un relato exhaustivo y holístico de todo cuanto nos va ocurriendo o provocando; ha querido ser, más bien, “un testigo” rebelde e incómodamente crítico de cuanto real y significativamente nos ha venido sucediendo.

Si todo cuanto acontece en la vida por el mero hecho de existir ya tiene su importancia, son sobre todo los “grandes descartes” humanos –víctimas en todos los ámbitos– y la tierra, actualmente al borde la implosión, los grandes referentes que han focalizado el Punto de Mira selectivo y parcial de ÉXODO. Sus principales retos nos han venido desafiando a formular modestas alternativas para ir caminando progresivamente desde este neoliberalismo irracional y omnipresente –que nos envuelve y pretende construirnos a su imagen y semejanza– hacia otro tipo de sociedad y de política, de ética y de espiritualidad holística y liberadora”, más acorde con la dignidad y la multidiversidad de la vida.

En los apartados que siguen, el equipo de redacción de ÉXODO recoge, en apretada síntesis, las preocupaciones y aportaciones que, en estas últimas décadas, ha venido haciendo desde la revista ÉXODO en la seguridad de estar ofreciendo a nuestros lectores y lectoras no solo una parte importante de lo que ya ha sido, sino también como de algo de lo que está siendo e intentando intervenir en el diseño de nuestro futuro.
Bajo el reinado de la telemática –donde el tiempo se reduce a mera fugacidad y liquidez y el valor de todo lo que hacemos, a su instantaneidad e inmediatez– considero que no sería mala cosa el intento de rescatar, de alguna manera, la sabiduría de los clásicos y su forma de mirar las cosas que colectivamente vamos haciendo y que van constituyendo nuestra historia. Resulta particularmente sugerente, a este propósito, la finura de análisis y la valoración que hacen del pasado, que frecuentemente damos por borrado de nuestra vida, y, sobre todo, de la densidad de cada “tiempo presente” como lugar de encuentro y de tensión entre lo que ya fue y ya no es y la expectación de lo aún inexistente.
Ya desde el siglo IV lo advertía San Agustín en el siempre sugestivo libro de las Confesiones: “Resulta claro y evidente, escribía él, que ni lo futuro ni lo pasado son… Más propiamente debiera decirse que los tiempos son tres: presente de lo pasado, presente de lo presente y presente de lo futuro. En efecto, estos tres modos son de algún modo en el alma y no veo otra forma de comprenderlo: el presente de lo pasado es la memoria, el presente de lo presente, la atención, el presente de lo futuro, la expectación” (Libro XI, cap. 27).

Con verdadera “atención” recogemos en este Punto de Mira del número 150, que hemos titulado la Memoria, los aportes más significativos que hemos venido ofreciendo desde las cuatro claves más representativas de la revista, esto es, la socio-económica, la socio-política, la clave ética y la de la espiritualidad liberadora. Su actualidad en nuestro presente no se ha borrado, permanece y es una parte importante de nuestro presente como memoria y como “expectación” del futuro.
¡Ojalá que esta pequeña oferta de “memoria colectiva” de nuestra historia nos sirva para hacernos cargo de las víctimas que vamos dejando descartadas y olvidadas en la cuneta y nos mueva a apostar por procesos alternativos donde el Punto de Mira sean las brillantes liberaciones logradas en favor de la dignidad de todos los seres humanos y del respeto y cuidado de la casa común, el planeta tierra!

1. Clave socio-económica
Carlos Pereda

La economía ha sido uno de los temas centrales de ÉXODO en la última década, como lo demuestra el hecho de que a ella se han dedicado 14 números monográficos, además de muchos artículos sueltos. Los ejes han sido dos: una crítica frontal del sistema capitalista (“Rehenes del capitalismo”, 2011); y una continua búsqueda de propuestas alternativas (“Liberación del mercado: por un cambio radical”, 2019). El capitalismo implica una “concentración brutal de poder” que ha logrado legitimidad social en estrecha connivencia con el poder político (“¿Quién dijo soberanía?”, 2016).

La crítica del capitalismo se lleva a cabo en términos históricos, observando sus metamorfosis a lo largo del tiempo y sus graves efectos sociales y ambientales.

En el largo plazo, el modelo económico capitalista se apuntaló en siglos pasados como ruptura con las sociedades tradicionales y/o periféricas a partir del despliegue de la civilización industrial, el mercado dominado por el capital y el uso predominante de las energías fósiles (Víctor Toledo y Narciso Barrera). Ramón Fernández Durán recogía esto mismo poco antes de morir (sirva esta cita como homenaje a un hombre extraordinario):
“La guerra silenciosa, mortífera y en acelerado ascenso contra la Naturaleza llevada a cabo por la expansión a escala planetaria del sistema urbano-agro-industrial ya no se puede ocultar y está actuando actualmente como un boomerang… Tal despliegue no habría sido posible sin una energía abundante y barata, y otros recursos claves como el agua, minerales, alimentos y biomasa. Y, por supuesto, por la oferta imparable de fuerza de trabajo asalariada y de trabajo doméstico no remunerado (prioritariamente femenino), así como unas megaestructuras de poder político, económico y financiero que lo impulsaron. Un todo interrelacionado que en el siglo XXI se empieza a desmoronar, por sus contradicciones internas y especialmente por chocar con los límites geofísicos y biológicos planetarios” (“El grito de la tierra”, 2010).

En el medio plazo, el estado liberal burgués de las primeras décadas del siglo XX tuvo un momento de inflexión en los estados de bienestar posteriores a la II guerra mundial y en acontecimientos tan importantes ocurridos en aquellos años como Mayo del 68 o, a nivel de la iglesia católica, el concilio Vaticano II o la Conferencia de Medellín, y la posterior reacción neoliberal conservadora de los años 80 (Alfonso Ortí, Daniel Albarracín).

Por último, en el más corto plazo, la crisis de 2007 provocó en Europa y en España políticas austericidas, nuevas formas de “gobernanza oligárquica” y reforzamiento de fronteras, pese a la indignación creciente de amplios sectores de población (Jaime Pastor, Francisco Martín Seco, Juan Torres, Carlos Fernández Liria). ÉXODO se hace eco en varios números monográficos de algunas consecuencias extremas de esta evolución, como el incremento del hambre y de los desahucios.

Entre los efectos del capitalismo destacan dos: la desigualdad social y la insostenibilidad ambiental. Por una parte, las políticas neoliberales han reforzado la polarización internacional y, en el caso de España, unas crecientes tasas de pobreza y exclusión (Sebastián Mora, Nuria Suárez). Por otra parte, la expansión del capitalismo choca con la biosfera y provoca la destrucción de la “casa común” a través del cambio climático, la crisis del agua y la contaminación ambiental (Leonardo Boff, Ladis Martínez, Yayo Herrero, Santiago Álvarez Cantalapiedra). ÉXODO ha dedicado una monografía a la encíclica del Papa Francisco (“Laudato si”, 2015), valorada por Boff como la “carta magna de la moderna ecología” y de la que Lowy destaca su carácter “antisistémico”.

Entre las alternativas que se plantean, aparecen diversos escenarios que sus autores matizan con detalle: economía sostenible a partir del decrecimiento, la redistribución y la democratización (Luis González), ecosocialismo anticapitalista (Michel Löwy), economía social (Alberto Garzón), ecosoberanía popular (Luigi de Paoli), etc. Otras propuestas tienen como eje principal la instauración de una democracia real (Enrique Dussel), el nuevo municipalismo (Ángel Calle), o el movimiento por la democracia en Europa 2025 (Yanis Varoufakis).

Se exponen también alternativas puntuales o sectoriales como la renta básica universal (Ignacio Sánchez-Cuenca), una nueva cultura del agua (Santiago Martín y Erika González), la estrategia indígena del Buen Vivir defendida por varias constituciones de América Latina (Juan Diego), la soberanía alimentaria frente al agro-negocio (José Ramón González), la banca ética (Pedro Tostado), así como nuevos proyectos de autoformación desde los movimientos sociales como Nociones Comunes (Traficantes de Sueños).

Frente al relato mítico de que el capitalismo es indestructible, hay que recordar con Yayo Herrero que “no es una ley natural. No siempre se vivió así, más bien es un leve parpadeo en la historia de los seres humanos. Y ni siquiera se vive bajo la lógica capitalista en todo el mundo. Las relaciones en los hogares no son capitalistas, ni persiguen la maximización del beneficio (sin obviar el hecho de que se basan en la lógica de dominación patriarcal), tampoco son capitalistas las relaciones que mantienen muchos pueblos todavía hoy en el mundo. El capitalismo es una construcción social y como tal se puede cambiar” (“Tiempos de postindignación”, 2012).

2. Clave socio-política
Miguel Ángel de Prada

El interés por las modalidades de gestión de lo público, de la vida ciudadana a nivel local, nacional e internacional, ha sido una constante en las preocupaciones de ÉXODO en el período que presentamos. El doble eje sobre el que ha pivotado esta preocupación ha sido, por una parte, priorizar a los sectores sin voz, a los grupos excluidos en las relaciones de poder y, por otra, apoyar el alumbramiento de otra gestión de la vida colectiva. Estas preocupaciones se han materializado en títulos explícitos que llevan en la portada la palabra ‘política’, aunque con apellidos diversos: “Regeneración de la política”, nº 104; “Recuperar la política. Tiempos de indignación”, nº 113; “Recrear la política”, nº 123, o que aluden a la modalidad democrática de la misma: “Para que otra Democracia sea posible. ‘Tú decides’, nº128; “Democracia real. Retos pendientes”, nº 133, y llamando la atención sobre la usurpación de la misma: “¿El pueblo soberano?”, nº 119, y más explícitamente: ”¿Quién dijo soberanía?”, nº 136.

Entre las temáticas tratadas específicamente, como resultado de una mala gestión de las relaciones sociales, encontramos la lacra de los “Desahucios”, nº 117, y la “Des-igualdad creciente”, nº 131. Destacando la serie de dos números dedicados a “Migración y Asilo” (nº 102) y las “Respuestas ciudadanas” (nº 145), así como la trilogía, por el momento, sobre el derecho a la alimentación, desde la iniciativa de La Carta contra el Hambre, en la que se ha implicado activamente la revista ÉXODO: “Carta contra el hambre”, nº 129; “Acabar con el hambre por ley”, nº 139 y “Garantizar el derecho a la alimentación por Ley”, nº 149. Pero como no todo es señalar déficits, se han dedicado números a la apuesta por otros “Modelos de familia hoy”, nº 125 y la inexcusable “Libertad de expresión”, nº 108. Otros dos números se han hecho eco de la dimensión ecológica, sea por el desafío en que sume a todo el planeta, “Crisis ecológica”, nº 116, como la valiente propuesta integral que planteó la carta de Francisco “Laudato Si”, nº 130.

Tampoco ha faltado una mirada a problemáticas domésticas que parecen inacabables, como “La memoria histórica”, nº 101, o el tema catalán, tratado después de un encuentro propiciado por la revista con grupos sociales creyentes y no creyentes en Barcelona, para no hablar de oídas: “CATALUÑA. Más allá del vértigo”, nº 141, que se anuncia tendrá una réplica en Madrid próximamente. Por supuesto, no ha escapado a nuestra atención el tema de la UE: “¿A dónde vas Europa?”, nº 112, y “BREXIT. Más allá de Europa”, nº 135, ni el reciente 60 aniversario de todos los 60: “Los 68’. Utopía y Presente”, nº 144, ocasión que tan mal digestión ha propiciado en círculos vaticanistas conservadores al seguir constatando su fuera de juego al no aceptar la mayoría de edad de los creyentes en todos los órdenes o la reclamación del papel igualitario de las mujeres en la sociedad y en la iglesia, tal como reflejan los números 137, “Aproximación a las teologías femeninas”, y 147, “Las mujeres y la Iglesia”.

Por supuesto, la clave socio-política, por amplia que pueda parecer, no copa todo el espacio de las temáticas social, cultural, económica ni, tampoco, la religiosa o ética. Más bien se solapa frecuentemente con varias de ellas, produciendo un mestizaje de perspectivas enriquecedor. En esta línea señalamos el nº 115 sobre “Espiritualidad y Política. Tiempos de perturbación” o los dedicados a “La corrupción. ¡Basta ya¡”, nº 126, y el “Consumo responsable”, nº 111, ambos con una clara dimensión ética. ¿Qué decir de la estrecha relación entre economía y política?, así la abordó el nº 107: “Rehenes del capitalismo”. Muy recientemente, el nº 148, “MERCADO. Liberación por un cambio radical” construía con los mimbres de la política, economía, ecología y religiosidad un profundo manifiesto contra las injusticias del orden actual. Unas palabras del editorial expresaron inequívocamente este compromiso: “ÉXODO quiere ser un alegato por un cambio radical de la política que englobe la economía, la ecología y la religión. Radical, porque estamos en una hora decisiva de la humanidad. Y la radicalidad requerida puede venir (…) del cristianismo de liberación. Porque tanto la política como la religión son liberadoras, o no son. De ahí el título del número: LIBERACIÓN. Continuaba expresando que para hacer frente a este reto, se necesitan todas las manos para ir trazando entre todos, creyentes y no creyentes un camino de salida. Y “Particularmente los cristianos (…) llevamos en la mochila dos fuerzas de enorme importancia. La memoria de tantos espacios donde se ha apostado por la liberación y el reto permanente por liberar el Evangelio de tantas adherencias (…) como se le van pegando en la historia”. Posicionamiento que se trasladará al ámbito de la clave eclesial, en donde también se juega la gestión de las relaciones entre los creyentes en Jesús de Nazaret para conseguir otras modalidades comunitarias, alejadas de tanta adherencia de poder profano en la historia.

3. Clave ética
Benjamín Forcano

Su peculiar estructura ontológica confiere al ser humano un nivel ético que le otorga Carta de ciudadanía y valor universal. Carta que quedó definida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “La libertad, la justicia, y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de la familia humana” (Preámbulo de la Declaración).

Desde esta constitución específica, la conciencia humana elabora una ética, que ÉXODO ha intentado descubrir y potenciar en cada uno de los temas tratados.

Nuestra utopía es la verdad del mañana
1º La ética cristiana incluye y sobrepasa la ética racional
Es innegable la unidad ontológica de las personas y de los pueblos, de su dignidad y derechos, anclados en lo hondo de la conciencia humana. De ahí brota la voluntad de impulsar una mentalidad donde todos podamos unirnos para resolver problemas que nos son comunes y sobre los que necesitamos unos mínimos para convivir en justicia, libertad y paz.

En tiempos pasados, la religión cristiana era la matriz axiológica de la cultura occidental, hasta el punto de no dejar lugar para las búsquedas y afanes éticos.

Hoy, tanto creyentes como no creyentes comparten que pueden admitir un proyecto ético de validez universal, entendiendo por tal “un consenso básico sobre una serie de valores vinculantes, criterios inamovibles y actitudes básicas personales” (Hans Küng).

Esa autonomía, asumida por Jesús de Nazaret, adquiere plenitud a la luz de su mensaje y del resultado final de su vida.

2º La dignidad humana, quicio de un proyecto ético universal
Toda persona es portadora de una dignidad y derechos universales irrenunciables. Hay una común identidad, cuya génesis constitutiva es la fraternidad: “El hombre es hermano para el hombre, no lobo”. “Todos vosotros sois hermanos”.

Frente a este valor, lo esencial es que, frente a la realidad pequeña de la patria, del territorio, de la lengua, de la cultura, de la religión, de la política, de los Estados, está la realidad superior a todas ellas: la persona.

3º Norma ética universal primera
La persona, por tanto, debe ser siempre fin, nunca puro medio. Y, dotada de razón y conciencia, está obligada a actuar de forma realmente humana y no inhumana a hacer el bien y evitar el mal. “Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti”.

La jaula de hierro del capitalismo
No se pueden ignorar los grandes cambios operados en la cristiandad con el concilio Vaticano II. La teología moderna, en sus múltiples ramificaciones, ha ido mostrando un nuevo rostro de igualdad y liberación, que ha suscitado temor, denigración y ataque de los Centros más significativos del poder.
Marx hablaba de la religión cristiana como opio del pueblo, Benjamín Walter habla como religión que ha sido parasitada –engullida– por el capitalismo.
El espíritu del capitalismo parte de este supuesto: siempre que las personas tienen éxito en lo económico, que su organización del trabajo les produce y acumula riqueza, es señal de predestinación y del amor de Dios.
Pero, claro, el capitalismo se guarda de no pregonar que la riqueza producida es solo para la burguesía capitalista. La plusvalía se la queda siempre el burgués capitalista y de ahí surge la asimetría en la distribución de la riqueza.

Resulta lógico, por tanto, que si el cristianismo, calvinista sobre todo, se transformó en capitalismo, pasara el capitalismo a ser la nueva religión, una religión que excluye la trascendencia y la reemplaza por un culto permanente, sin descanso ni fiestas, al valor dinero. Sustituye el ser por el tener, los valores culturales y morales por los mercantiles y monetarios.
Si en la política –y en la economía subordinada a la política– es donde más se conculcan hoy los principios de la Ética y del Evangelio, los cristianos tienen que plantar su lucha en el corazón mismo de la política, como lo hizo Jesús, el cual fue crucificado ignominiosamente por el imperio romano y el sanedrín judío.

Con razón, pues, escribe el obispo Pedro Casaldáliga: “Una fe que no es política, no es una fe cristiana”. Se entiende entonces por qué el capitalismo se empeñó en orquestar que toda presencia y relación del Evangelio con la política es espurrea, degradante y negadora de la fe cristiana.

Una manera ésta sobradamente sutil para neutralizar la fuerza subversiva del Evangelio y convertir el cristianismo en opio del pueblo.

4. Clave de espiritualidad liberadora
Juanjo Sánchez

Volver la mirada atrás, a los últimos cincuenta números de nuestra revista ÉXODO, puede causar extrañeza a más de uno. Una revista de inspiración cristiana parece muy poco “religiosa”, precisamente si uno busca los temas religioso-espirituales en los títulos de los diferentes números que se han publicado… No lo disimulamos: nuestra revista ÉXODO es, seguramente, una de las más laicas, seculares, a primera vista “menos religiosas” del panorama. Pero la apariencia, la primera vista, engaña enteramente. La vertiente “religioso-evangélica” de todos sus temas es justamente la más decisiva para ella, la dimensión más profunda, como la llamó el gran teólogo protestante Paul Tillich, la que buscamos en todos los números.

Parece una paradoja, y lo es. Pero no es un juego banal de palabras, sino una exigencia radical que deriva de la singularidad y diferencia del Dios cristiano, del Dios de Jesús. Una exigencia por tanto medular para comprender correctamente la vertiente “religioso-evangélica, la genuina “espiritualidad” en sentido evangélico.

Un par de citas del teólogo-político Juan Bautista Metz iluminan certeramente lo que quiero subrayar:
“’La crisis de Dios’, ¿no se debe, entre otras causas, a una praxis eclesial en la que Dios se ha predicado y se predica vuelto de espaldas a la historia de sufrimiento de la humanidad?” J. B. Metz, La provocación, p. 45

“Se trata de la pregunta acerca de cómo se debe hablar de Dios a la vista de la inescrutable historia de sufrimiento del mundo, de ‘su’ mundo. A mi juicio, esta pregunta es la pregunta de la teología.” J. B. Metz, Memoria passionis, pp. 18s.

“El que habla de Dios y en su hablar no se escucha el eco del sufrimiento del mundo, ése no hace teología, sino mitología.”

Más certeramente no puede expresarse lo que pretendía decir en mi introducción al comentario de la dimensión o clave “religioso-evangélica” de la memoria de los últimos 50 números de nuestra revista ÉXODO: Dicho con Metz: Quien evoca o habla de religión, o de evangelio o de espiritualidad y en su hablar no se escucha el eco del sufrimiento del mundo, ese no habla verdaderamente de la genuina religión y espiritualidad cristianas, no habla del evangelio ni del Dios de Jesús; ése hace mitología.

Pues esa es la clave religioso-evangélica que ha guiado la inspiración y la escritura de todos los números de nuestra revista ÉXODO, también de los cincuenta últimos. Porque es la clave y la inspiración del éxodo histórico, la espiritualidad, la mística de liberación. La paradoja del Dios de Jesús marca también la singularidad de nuestra revista.

Acertaba por eso de lleno el Consejo de redacción que la revista iniciara su centenaria andadura con tres temas, una vez más, aparentemente alejados de la clave “religioso-evangélica”, pues los tres eran, paradójicamente, temas profundamente “espirituales” en el sentido de la genuina espiritualidad y mística del éxodo para la liberación, en sintonía con la fe en el Dios “diferente”, “paradójico” de Jesús: impotente y débil, sensible ante todo ante el sufrimiento de los pobres y oprimidos, de los pequeños y olvidados del mundo

La Memoria Histórica, tema del nº 101, rescataba la esperanza truncada de las víctimas, sin la cual la historia se convierte en un terrible monumento a la injusticia, como en gran parte ya lo es, en radical oposición a la genuina religiosidad y mística del Dios del éxodo. Lo que parece no perturbar seriamente a una mayoría de los representantes oficiales de la religión y la espiritualidad.

El tema del nº 102, Migración y Asilo podría asignarse a la clave sociopolítica, pero no menos a la religioso-evangélica, pues coincide plenamente con la espiritualidad y la mística del éxodo.
Y el Grito de la tierra, tema del nº 103, que bien podría asignarse a la clave económica, política y ética, es el título más logrado para evocar al mismo Dios del éxodo, al Dios que escucha el clamor de su pueblo oprimido bajo la esclavitud, al Dios sensible al sufrimiento de los seres humanos… Los temas aparentemente solo sociales, económicos y políticos se revelan temas religiosos, espirituales y místicos cuando en ellos está en cuestión el sufrimiento de los seres humanos, pues entonces, como subrayaba con gran fuerza y convicción el mencionado teólogo político Juan Bautista Metz, está implicado en ellos Dios mismo, el Dios del éxodo, el Dios de Jesús.

Y así, nuestra revista se fue haciendo, número a número, portavoz de problemáticas sociales, económicas y políticas que afectaban negativamente a los seres humanos, especialmente a las mayorías pobres y marginadas, a los hermanos sufrientes, rescatando con ello y en ello el impulso y el desafío religioso-místico del éxodo, que es, en su expresión culmen, la actitud y la espiritualidad evangélica.

De ahí plantear seriamente si no es hora de promover “otra Iglesia” (nº 118), si no es el “Kairós de Evangelio” (nº 122), de una espiritualidad recia, profunda, evangélica. No una espiritualidad cualquiera, desencarnada y deshistorizada, sino una amasada en la propia espiritualidad de Jesús. De ahí la urgente necesidad de una “vuelta a Jesús” (nº 132), no al Jesús devocional, sino al Jesús histórico, que por practicar la misericordia lo colgaron en la cruz: porque, “la misericordia de Jesús fue misericordia conflictiva”. Como conflictiva fue también la espiritualidad de Jesús: una mística, diría el teólogo Juan Bautista Metz, “de ojos abiertos”. Mística y política, según las mismísimas palabras de Jesús: “Porque tuve hambre y me disteis de comer…” (Mt. 25,35) Esa es la genuina espiritualidad evangélica, la espiritualidad que profesa y a la que quiere ser fiel nuestra revista ÉXODO.

Para lanzarnos al “éxodo”, tras la justicia

Malos tiempos corren para el éxodo. Malos para la experiencia del éxodo, pero paradójicamente “oportunos” para nuestra revista ÉXODO, que quiere ser memoria y profecía. “Donde acecha el peligro, allí se anuncia también la salvación”, decía certeramente el poeta Hölderlin.
Alcanzar los treinta años y los 150 números es una prueba de la idea esperanzadora expresada por el poeta en su memorable frase. Echando la mirada hacia atrás, recorriendo su azarosa, pero consciente y confiada historia, a uno le embarga el asombro y la gratitud: de la experiencia de las dificultades, de la oposición y el desánimo, del sufrimiento y la noche oscura, que dirían los místicos, brotaron una y otra vez la fe en el sentido del camino emprendido –del éxodo– y las energías para alimentar la resistencia y la perseverancia hasta la fecha que ahora celebramos.
No obstante, esta celebración está hoy traspasada, no de pesimismo, pero sí de preocupación: es verdad que “corren malos tiempos para el éxodo”. Preocupación, no tanto por las dificultades o las oposiciones, por el cansancio o el desánimo, sino por razones de más peso. Preocupación por el curso de la historia, por la deriva de los tiempos, por las prioridades y los poderes que se imponen en nuestros días, que son radicalmente opuestos al sentido del éxodo y al anhelo de justicia. Preocupación porque con ello se va cerrando el horizonte de un futuro humano.
Un rostro encarna esa desgraciada y preocupante deriva de los tiempos: Carola Rackete, la capitana naval alemana, a punto de ser condenada a 20 años de prisión por salvar vidas humanas… Y en nuestra propia casa, la retirada de la luminosa pancarta que pendía en la fachada del Ayuntamiento de Madrid dando acogida a los refugiados anunciaba igualmente la quiebra de la lógica del éxodo en favor de una oscura deriva que imponen los poderes emergentes.
¿Hacia dónde nos lleva semejante deriva? Sin duda, en una dirección diametralmente contraria al viento del éxodo… El Éxodo arrancó de aquella ardiente y sorprendentemente nueva experiencia de un Dios que no habla con poder y terror, sino más bien impactado ante el sufrimiento de los seres humanos: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he escuchado el clamor que le arrancan sus capataces…” (Ex.3, 7). Y un Dios que deja el trono y “baja a liberarle de la esclavitud” (Éx. 3,8). De esa experiencia arranca el envío de Moisés –el éxodo– con la misión de “sacar a su pueblo de Egipto” (Éx.,10), de la esclavitud. La nueva experiencia del Dios bíblico va íntimamente unida a la experiencia del sufrimiento de los seres humanos, y de ella brota la interpelación, el mandato, la ética, el compromiso por la liberación. Ese es el viento y el impulso, esa es la lógica y la dinámica del éxodo, que ahora los nuevos oscuros poderes amenazan con quebrar, no sabemos hasta cuándo… Por eso corren malos tiempos para el éxodo.
Pero no es nuestra revista ÉXODO proclive al desaliento, a los brazos caídos. Todo lo contrario. Como decíamos más arriba, al alcanzar los 150 números nuestra revista quiere renovar y revitalizar el que fue desde el número 1, en 1989, su lema y su horizonte: ser memoria y profecía. En esta encrucijada nos aferramos al pensamiento de Hölderlin, arriba mencionado: “Donde acecha el peligro, allí se anuncia también la salvación”.
Y haciendo memoria, recordamos los sencillos, pero clarividentes textos de los inicios de la cultura humana, anteriores incluso al libro del Éxodo, como el memorable Código Hammurabi que abre con las palabras: “He hecho justicia con la viuda, el huérfano, el pobre y el extranjero.” Un Código que legisla “para que el fuerte no oprima al pobre, para hacer justicia al huérfano y a la viuda.” O también el más cercano Libro de los Muertos: “Di pan al hambriento, agua al sediento, vestí al que estaba desnudo y una barca al náufrago…” Luminosos textos que inspirarán más tarde a los grandes profetas de Israel: como en la denuncia de Isaías: “No defienden al huérfano, no se encargan de la causa de la viuda…” (Is. 1,23) o en la insistencia del Deuteronomio: “Hace justicia al huérfano… ama al extranjero y al inmigrante…” (Dt. 10,18-19) y representan una verdadera cima de humanidad. Justamente la misma humanidad de la que arranca el éxodo y la que impulsa y sostiene su dinamismo, pero también justamente la misma que los nuevos oscuros poderes amenazan hoy con quebrar, imponiendo la ley del más fuerte y el imperio del egoísmo, la frialdad y la apatía ante el sufrimiento del débil, del Otro, del inmigrante, el refugiado, el pobre y el oprimido.
Con esta quiebra, la humanidad ha vuelto a retroceder. Pero nuestra revista ÉXODO no solo hace memoria, sino saca de ella vigor para la resistencia e inspiración para la profecía, para la mística y el compromiso. Alcanzar el número 150 queremos que sea motivo “para lanzarnos al éx-odo tras la justicia”, como escribía nuestro compañero José Antonio Pérez Tapias en uno de los mejores artículos que han aparecido en la última etapa de nuestra revista. Tras la justicia, para revertir el curso de la historia y despejar de nuevo el horizonte de la utopía: la liberación del éxodo.