SENTIR AL OTRO COMO EXPERIENCIA DE LO SAGRADO

Jorge Carvajal Posada

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Jorge Carvajal Posada –
 
¿QUÉ ES LO SAGRADO?

Lo sagrado es aquello que toca la esencia que en ti vive, y evoca un sentimiento de pertenencia a algo que está más allá de tus propios límites. Lo sagrado es aquello que te lleva, más allá de las cambiantes olas superficiales, al océano insondable de tus propias profundidades.

Es sagrado aquello que te eleva del deseo a la aspiración y de la posesión al amor. Es sagrado ese sentimiento gozoso de comunión, que te hace sentir que el otro es el sendero que te conduce a Dios.

Sagrado es el fuego que inflama súbitamente tu corazón, cuando puedes sentir adentro la llama inmanente de un Dios interior. Es sagrado ese sentimiento de trascendencia, que nos lleva a participar con reverencia de la danza del Creador.

Sagrado es tanto el nacimiento, como la muerte, cuando aprendemos que son parte del agua abundante de esa Vida que nunca muere.

Sagrado es ese fuego consumidor, que libera del madero de la materia la claridad de la luz y el calor del amor. Sagrada es la mirada de los niños, que reflejan la inocencia del alma. Sagrado es el instante de la oración, que convierte al ser en chispa de una única llama. Sagrado es el tiempo eterno de los instantes vividos con devoción, que hacen de la vida un arte mayor.

Sagrado es aquél presente, único e irrepetible, en el que sólo el amor ha sido posible. Sagrada es la conciencia, cuando refleja, como agua en calma, la luz del alma.

Sagrado es lo profano, cuando es auténtico.

Sagrado es todo acto humano, cuando es de verdad humano. Sagrado es el hogar, cuando es aún hoguera. Hacemos sagrada la tierra cuando comprendemos que es un organismo vivo y que, nosotros todos, somos sus células.

Lo sagrado es como agua en el agua que no se inunda; es como fuego que el fuego no puede quemar. Como es sagrado ese amor que nunca juzga y ya no tiene nada que perdonar.

Así como en todo huracán existe un centro de paz, las tormentas de la vida se pueden experimentar desde ese centro sagrado del ser, donde reina esa paz profunda de la serenidad. De ella nace ese potencial sagrado de amar que nos lleva a darnos en todo dar.

Hay un derecho sagrado que es a la vez un sagrado deber. Es el deber derecho de Ser. No es el derecho a morir, no es aquél de nacer, no es ni siquiera el de vivir, pues todos esos derechos suponen el deber y el derecho sagrado de Ser.

¿DÓNDE SE CONCENTRA LO SAGRADO?

Lo sagrado se concentra en ti, cuando de veras vives, te vives, y dejas a toda vida vivir. Lo sagrado afluye a través de la luz reflexiva de la conciencia de si.

Lo más sagrado de la creación se concentra en la unión creativa de los opuestos, que revelan su unidad esencial en el sexo. Aunque lo reducimos a términos antropomorfos y pretendimos aprisionarlo en el cuerpo, el sexo nada tiene que ver con esa genitalización que ha corrompido el amor. Cuando el amor de verdad es el punto de encuentro, el sexo es una unión creativa que tiene el poder renovador de la vida.

El proceso de la fusión en el sol que lleva a la tierra luz y calor, todo el sendero de ascenso de la conciencia, desde el nivel de moléculas y células al de las sociedades complejas, hace parte del sagrado misterio del sexo.

Lo sagrado está también concentrado en la chispa de la pasión, cuando Eros puede ascender al calor de un fuego de amor genuino. Lo sagrado surge de cada lección aprendida, cuando el dolor revela el amor y da sentido a la vida.

Son sagradas las emociones cuando podemos canalizar su energía de Eros a Logos, para revelar en nosotros el ser que somos.

Lo sagrado se ha concentrado en la piedra preciosa que revela la belleza de la luz. Es sagrada la sabiduría que en la vida recrea la virtud como una forma sutil de esa luz.

Cuando el primer paso en cada jornada se da desde la vida, el espíritu de lo sagrado nos ilumina. La meta es sagrada cuando en ella también alcanzamos el alma.

Más que cada partida o llegada, lo que es sagrado de toda jornada, es el mismo sendero. Cuando nos convertimos en ese sendero, cada uno de nuestros pasos es huella del tiempo eterno, un espacio interior donde cabe el cosmos entero.

El aquí y el ahora son el espaciotiempo de aquello que es sagrado.

¿DE DÓNDE SE DERIVA LA ARTIFICIAL SEPARACIÓN DE LO PROFANO Y LO SAGRADO?

La separación de lo profano y lo sagrado viene de nosotros mismos, cuando separamos la materia del espíritu y desconocemos que cada partícula material es en esencia espiritual.

Del separatismo, que ha dado existencia a la sombra, no sabiendo que la sombra es ausencia de la luz.

De la dualidad, que nos ha dividido entre buenos y malos y se ha inventado el limbo para los tibios.

Esta desafortunada separación de lo profano y lo sagrado es el método del exclusivismo, que conduce al poder de los unos sobre los otros, a través de la explotación, el juicio, y el invento de un castigo eterno. Es el resultado de esa política que reparte el cuerpo de la tierra entre unos pocos; de esa extraña concepción del Karma en que se considera que el hambre y la injusticia, más que nuestra responsabilidad, son un asunto de predestinación.

Esa disociación proviene de la falsa separación de la ciencia y la conciencia. Y una ciencia sin conciencia es como una Física sin materia, o una biología sin vida.

Nada más sagrado que lo profano, cuando reconocemos la corriente de la conciencia como un río continuo de vida que ha partido del mismo átomo. Nada más conmovedor que el encuentro del físico y el místico en las profundidades del mundo subatómico, donde ambos parecen percibir ese pulso de la vida. Cuando podemos ver conmovidos las imágenes de una explosión de supernova, asistimos, desde el mundo profano de la ciencia, al ritual sagrado de la muerte de la estrella que genera las semillas de la nueva vida. Nada más sagrado que el ritual cotidiano de nacimientos y de muertes que a cada instante generan el arte insondable de la vida permanente.

La noche y la oscuridad serían profanas si no advirtiéramos la luz de miles de galaxias; las miradas serían todas profanas si no reconociéramos en toda mirada la luz del alma. La vida sería profana si no tuviera sentido, y todos los sentidos perderían su sentido si no estuvieran dirigidos por el sentido de la mente, que los conecta al inconsciente colectivo.

Todo lo que hemos dado en llamar profano, está unido al cosmos sagrado de los significados, porque todo cuanto percibimos es apenas el símbolo exterior de un orden implícito.

En la profundidad de los significados, todo aquello que una vez llamamos profano es sagrado.

JESÚS DE NAZARETH SUPERÓ ESA DICOTOMÍA

La vida es una corriente que da sentido a las orillas, es un estado de cambio permanente en el que se resuelven todas las dicotomías.

La vida de Jesús simbolizó en su humanidad la esencia divina, enseñándonos que el sendero espiritual no puede ser para nosotros otro que el de ser humanos. ¿ Y, si en lugar de ser mejores o perfectos, simplemente fuéramos humanos ? ¿Y si fuéramos sensibles al amor y así, en vez de la sensiblería de víctimas y verdugos, desarrolláramos la responsabilidad que conduce a la humanización de la vida?

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