Respuestas ciudadanas a las migraciones y búsqueda de asilo

Dedicamos este número de Éxodo a las respuestas ciudadanas que se están dando ante el fenómeno de las migraciones y el asilo a las personas que buscan refugio. Son estas respuestas, sin lugar a dudas, el territorio donde la cuota de racionalidad y de humanidad raya a mayor altura.

El fenómeno es vergonzante, alarmante… Según el PNUD 2017, cada dos segundos una persona se ve forzada a abandonar, por diferentes motivos, su lugar de residencia. Las cifras siguen exponencialmente creciendo. Actualmente superan los 68.5 millones —lo que supone el 0,93% de la población mundial— con un millón cruzando el Mediterráneo. ¡Estamos ante la mayor crisis de desplazamiento forzoso desde la II Guerra Mundial!

Y hay algo en todo esto que se nos impone con deslumbrante clarividencia: la humanidad no se está cuidando de sí misma; miradas las cosas objetivamente, la sociedad humana está dejando en la cuneta, entregada a su mala suerte, a su parte más débil, a la que se desplaza porque se ve empobrecida.

En esta situación, resulta difícil hablar de lo que debería ser una evidencia y se nos está quedando en mero sueño: que somos de la misma especie, que corre la misma sangre por nuestras venas y los mismos sueños pueblan nuestro cerebro, que pertenecemos a una misma comunidad cosmopolita, que nos asisten los mismos Derechos Humanos, Sociales y Políticos…

No obstante, nuestras instituciones mundiales, europeas, nacionales se muestran incapaces ante este desafío, forzado mayormente por el hambre, los desastres naturales y las guerras. Ni el cierre de las fronteras ni la externalización de su gestión sirven para frenar la avalancha humana que huye de la miseria y la violencia; tampoco las detenciones indiscriminadas, ni la reclusión en los CIE o las devoluciones en caliente —antidemocráticas e inconstitucionales—.

Con independencia de las personas que, con mayor o menor talento y sensibilidad dirigen nuestras instituciones oficiales, hay que decir que el mayor obstáculo en este asunto no son las instituciones sino, previamente, el diagnóstico al que pretenden responder y los objetivos que se persiguen. Se ha pensado en unas herramientas para salir del paso, como si se tratara de una mera coyuntura, y la realidad es que el problema es de mayor calado: las migraciones afectan directamente a la lógica del sistema.

En este sentido y salvando las distancias, estamos repitiendo en nuestros días una actitud similar a la que denunciaba en la sociedad y los dirigentes de su tiempo, hace ya la friolera de treinta siglos, el profeta Isaías: “tienen ojos para mirar y no ven, tienen oídos para oír y no escuchan, ni entienden…” (Is 6,9-10).

Por suerte, hay mucha ciudadanía con los ojos abiertos para ver y el corazón educado para sentir. Hay mucha sociedad que, al margen de las instituciones oficiales, a veces contra sus mismas leyes, se organiza para hacerse cargo de la proximidad, acoger, alojar, alimentar y educar.

A esta ciudadanía organizada hemos prestado las páginas de Éxodo. Porque, además de ser los brazos y pies para el encuentro y la acogida, ella es “los ojos que nos ayudan a educar la mirada”, la conciencia de una nueva sensibilidad que nos llama a superar prejuicios infundados y la clamorosa exigencia a un cambio radical de nuestras leyes e instituciones.