Religión y poder en América Latina

El pensamiento emancipador latinoamericano siempre ha tenido presencia en Éxodo, desde la teología de la liberación a cuestiones como la situación de la Amazonía a propósito del Sínodo Amazónico, el problema de la tierra, los movimientos sociales en el Foro Mundial Social de Porto Alegre, así como desde los pensadores latinoamericanos que han colaborado puntualmente con la revista a lo largo de nuestra ya dilatada trayectoria, Leonardo Boff, Enrique Dussel, Franz Hinkelammert, entre otros.

Por primera vez dedicamos un número monográfico a la América Latina, indígena y mestiza, Abya Yala, desde la mirada de las relaciones entre el poder político y las diversas confesiones de un continente profundamente religioso. Desde las antiguas y nuevas alianzas entre el poder y las iglesias cristianas y desde los movimientos de emancipación con un hondo sentido místico y espiritual. Solo por citar un par de ejemplos, entre la pléyade de intelectuales y maestros que se alinearon con la justicia y la liberación recordamos en el espacio católico al obispo ecuatoriano Leónidas Proaño, precursor de la teología de la liberación, y entre los marxistas al peruano Carlos Mariategui, al que debemos una excelente síntesis del sentimiento religioso y la mística revolucionaria.

Este número monográfico, preparado con antelación a las medidas de confinamiento debidas a la pandemia planetaria —la profundidad de cuyas consecuencias aún desconocemos y que afectarán y mucho al continente—, no tiene como objetivo la realidad sociopolítica o económica, pero difícilmente podemos abstraernos del problema que hoy acapara las noticias internacionales y que se planea en algunos de los artículos que componen este número. No podemos dejar pasar por alto cómo dirigentes políticos en algunos países –Brasil, Ecuador, México, Nicaragua, y a la cabeza de todos Trump— recurren a la credulidad de la gente y manipulan los sentimientos religiosos, poniendo en grave riesgo la ya maltrecha salud de los pueblos de América.

Abre este número un artículo de Marcos Villamán, sociólogo y teólogo de la República Dominicana, que analiza, desde una perspectiva continental, “La realidad social latinoamericana y el hecho religioso-eclesial”. Tras un diagnóstico del proceso socio-económico y político y de la aparición de nuevas clases medias llega el autor a la pregunta clave, ¿está Latinoamérica en una nueva situación política, en la perspectiva de una democracia política sin horizonte de transformación social? Una disyuntiva a la que no es ajeno el hecho religioso que sigue siendo un factor de relevancia en la realidad social de la región latinoamericana, aunque su presencia se ha diversificado de manera importante. Una mirada que se amplía en la entrevista con el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. En ella Pérez Esquivel va desgranando el papel de la religión en los procesos de autodeterminación, las conexiones entre el fundamentalismo religioso –instalado en lo que él llama iglesias electrónicas— y el fundamentalismo del mercado, los tímidos pasos dados por el Sínodo Amazónico (ver Éxodo nº 152) y los desafíos de la descolonización y el papel de los pueblos originarios.

La sección “A fondo” ofrece puntos de vista desde Brasil, Ecuador y Bolivia. Se abre con una reflexión de la brasileña Ivone Guevara, teóloga y feminista, sobre la connivencia entre el poder político y poder religioso en América Latina, frente a la que reclama el empoderamiento de los el movimiento feminista, el movimiento negro, el movimiento indígena, el movimiento sin-tierra y sin-techo, el movimiento LGBTQ, y defiende el diálogo interreligioso no institucional. Desde Ecuador, pero con dimensión continental, NIDIA ARROBO RODAS, de la Fundación Pueblo Indio, nos habla de la vida, la espiritualidad y la producción de los pueblos indígenas, de su cosmovisión, de la Pachamama, y de la originalidad y actualidad del pensamiento tradicional indígena en las relaciones entre la sociedad y la naturaleza, un ser vivo. Y concluye, es de las raíces de donde proviene la fuerza para renacer, florecer y fructificar, es la oportunidad de reinventar el mundo. Y el jesuita Víctor Codina, desde su larga experiencia en Bolivia, nos deja un detallado relieve de la presencia actual de la Teología de la Liberación en el continente Latinoamericano —no exenta de autocrítica: la teología de la liberación ha sido elaborada por varones, dice— a través de sus grandes temas. Las profundas transformaciones habidas en el continente a lo largo de los 50 años transcurridos desde los primeros textos fundacionales de este pensamiento teológico, también influyen en el las concepciones religiosas, y aboga por una renovación más simbólica, popular, religiosa, incluso más femenina.

Completamos la presencia y transformación de las relaciones entre el poder político y religioso en América Latina presentando en la sección en la brecha otros testimonios recogidos en diferentes países del continente. El investigador César Moya plantea la creciente articulación de los evangélicos con el poder en Colombia consolidado aún más en los pasados comicios. El teólogo protestante y agrónomo Ematel Benance aborda el impacto de la pandemia en Haití y trae a colación la fuerza cultural-resistente del Voudou, en términos de liberación, componente predominante de la cultura haitiana. Pablo Urquiaga, párroco de la Iglesia de la Resurrección en Caricuao, Caracas, habla de los dos posicionamientos de la iglesia venezolana: la que está en la jerarquía, cómplice de los partidos de oposición al gobierno legítimo de Maduro, y la que está en el pueblo, comprometida con las Misiones Sociales gubernamentales en salud,, educación, cultura y servicios sociales. Por su parte, el periodista cubano Félix Sautié Medero hace una breve historia de las relaciones entre el Estado y las confesiones religiosas presentes en la isla, que finalmente culmina con la proclamación del Estado laico y la normalización de las relaciones entre las iglesias y la actual dirección de la Revolución.

Cierra este número la sección de actualidad con dos colaboraciones: una de Evaristo Villar, pegada a la pandemia que estamos atravesando, con el sugerente título de Espiritualidad en tiempos de fragilidad. Esa cosa que no tiene nombre, y otra de María Laín presentando la edición póstuma, hecha por Salvador López Amal y Jordi Mir García, de los escritos de Francisco Fernández Buey sobre la obra, siempre sorprendente de Simone Weil.