Pedagogías para un uso sotenible y solidario del agua

Laura Pereda y Nikolaus C. Wirth

El agua, como motor de desarrollo y fuente de riqueza, ha constituido uno de los pilares fundamentales para el progreso del ser humano. La ordenación y gestión de los recursos hídricos, que ha sido desde siempre un objetivo prioritario para cualquier sociedad, se ha realizado históricamente bajo directrices orientadas a satisfacer la demanda en cantidades suficientes, bajo una perspectiva política de oferta.

El incremento de la oferta de agua como herramienta para el impulso económico, el mayor nivel de contaminación, irremisiblemente asociado al modelo de desarrollo vigente, algunas características naturales (sequías prolongadas, inundaciones) y en definitiva una sobreexplotación de los recursos hídricos, han conducido a un deterioro importante de los mismos.

En este artículo se desarrollan distintas temáticas relacionadas con el agua, con la intención de ofrecer algunas herramientas, opciones y alternativas que faciliten un uso solidario y sostenible del agua. No obstante, la pedagogía en relación con el agua se tiene que plantear en plural y debe ser flexible para adaptarse a los diversos tipos de destinatarios, lugares, conocimientos previos, etc.

Al alcance de todos está el adoptar actitudes críticas y responsables frente a la problemática del agua, no sin antes adquirir una comprensión global de la situación actual, ya que un cambio en los valores sociales y en las opciones permitirá el desarrollo de comunidades sostenibles y solidarias.

El invaluable valor del agua

El agua es única e irreemplazable. Nada puede sustituirla como soporte de la vida y del progreso. Este recurso integra los diversos componentes del medio ambiente, es el vínculo entre la atmósfera, el océano, la superficie terrestre y el subsuelo, entre lo inanimado y los seres vivos, entre la naturaleza y el ser humano.

Desde el punto de vista de la sociedad, el agua ha sido, es y será un componente básico e insustituible de las actividades socioeconómicas, producción agrícola e industrial, generación de energía y como medio de transporte, entre otros. Por esto se considera que tiene un valor invaluable.

De la abundancia a la escasez, la crisis del agua

La cantidad de agua que existe en el planeta es invariable y el agua dulce de fácil acceso es apenas una fracción diminuta del total. Menos de una diezmilésima parte de ésta se puede usar con facilidad y a un costo razonable. Sin embargo, la población y la demanda para los diferentes usos del agua, al igual que su contaminación, aumentan rápidamente, provocando frecuentes cuadros de escasez.

En este contexto global, la posibilidad de conflictos internacionales en cuencas compartidas por varios países ya es evidente, en especial en zonas con baja disponibilidad de agua. Asimismo, las regiones y países con abundante agua son el objetivo estratégico de poderosos intereses que aspiran a crear un mercado multimillonario basado en el control de un bien indispensable para la vida, convirtiéndolo en una mercancía de la que extraer beneficios.

Gestión del agua y sostenibilidad hídrica

El agua es un recurso con muchos usos y demandas diferentes que requiere una gestión integral, armónica y compartida. La gestión del recurso agua, debe implantarse en todos los sectores y debe abarcar todos los usos, contemplándose las diferentes calidades necesarias para cada uso.

La siguiente figura resume, de manera esquemática, los puntos básicos para avanzar en el camino de la sostenibilidad hídrica, que forma parte de un desarrollo sostenible. Éste sólo se logrará mediante un diálogo sincero y constructivo entre todos los agentes, sociales, técnicos y económicos que intervienen en el ciclo integral del agua y en la actividad económica ligada a él.

Fuente: adaptado de “Uso sostenible del agua: de la discusión a la decisión”, publicado por Emasesa.

La gestión del recurso agua, debe ser integral, a nivel de cuenca, y contemplando los recursos convencionales y los alternativos que deben potenciarse. El precio del agua, en todos los usos ha de ser el equivalente al coste real de todos los procesos que intervienen en el ciclo integral del agua.

La Huella hídrica

El aumento de la población global da pistas relativas a la presión sobre los recursos naturales del planeta. No obstante, la cuestión más relevante se centra en identificar el impacto real de diferentes zonas del mundo sobre sus recursos naturales y cuantificar la huella hídrica generada por los hábitos de producción y consumo de sus habitantes. 1

Cuantos litros de agua se necesitan para…

1 tomate13 l

1 naranja50 l

1 manzana70 l

1 taza café140 l

1 Kg de trigo1.500 l

1 hamburguesa2.400 l

1 Kg carne ternera15.500 l

1 hoja de papel10 l

1 bolsa de plástico185 l

1 camiseta de algodón4.000 l

1 pantalón vaquero10.850 l

La huella hídrica, se presenta como un indicador de sostenibilidad que permite identificar relaciones causa-efecto a nivel socio-ambiental, siendo las actividades socioeconómicas el principal factor de presión sobre los recursos naturales. La conceptualización ayuda a visualizar el uso oculto del agua de diferentes productos y a comprender los efectos del consumo y el comercio frente al agua y su disponibilidad. Ofrece igualmente una visión del agua distinta a la convencional, que facilita detectar impactos sobre el recurso hídrico a causa de los hábitos de consumo de grupos de población en ubicaciones geográficas específicas. De esta forma, se orientan los resultados a generar un cambio en la construcción del discurso, la apropiación de conceptos básicos por parte de los grupos sociales clave; y, por último, derivar una transformación de prácticas cotidianas asociadas a la relación agua-hombre.

Reutilización del agua: ¿sólo una moda o parte de la solución?

Muchos países han integrado la recuperación y reutilización del agua para diversos usos: refrigeración industrial, uso sanitario, riego… El efluente de aguas negras tratadas se considera en estos casos como un recurso hídrico alternativo. La segunda función fundamental es la reducción de la contaminación de cuerpos de agua receptores (ríos, lagos y mares). En lugar de contaminar el medio ambiente se obtiene un agua rica en nutrientes para, por ejemplo, emplear en el regadío. Especialmente en zonas desérticas, como la ciudad de Lima en Perú, se gastan millones de euros en agua y fertilizantes para reactivar la agricultura y la reforestación. En estos casos, el uso controlado de las aguas residuales tratadas puede sustituir la dependencia de nitrito y fosfato artificial, contenido en los fertilizantes químicos. 2

Paralelamente, la recuperación y reutilización del agua se pueden aplicar para varias actividades: riego de zonas verdes urbanas, actividades industriales, recarga de acuíferos y uso recreativo y ambiental (lagunas artificiales, campos de golf, fuentes ornamentales, etc.), siempre en función del grado de tratamiento y la calidad del agua final.

Nueva cultura del agua

La comunidad internacional, severamente preocupada por la crisis del agua, ha visto la urgente necesidad de establecer nuevas formas de relación entre la sociedad y este líquido vital. La nueva cultura del agua se crea con el propósito de superar las amenazas para la calidad de vida y el desarrollo, como resultado de la elevada presión sobre el recurso y su manejo insostenible. Sus principios buscan su sostenibilidad en el tiempo, la racionalidad en su gestión y la equidad en su aprovechamiento. 3

Principios de la “nueva cultura del agua”:

La concepción del agua como un “bien público”.

La priorización en la importancia de sus usos.

La regionalización de la gestión a nivel de cuenca.

La participación de los usuarios en su planificación y administración.

La calidad de acuerdo con los usos del recurso y las condiciones del entorno.

Aplicación del principio del “contaminador pagador”.

El uso racional del recurso.

La reutilización y desarrollo de nuevas fuentes de agua.

Recuperación total de los costos (en la medida de lo posible).

Algunas recomendaciones para implantarla serían: reconocer el acceso al agua de buena calidad como un derecho humano fundamental, entender mejor los complejos sistemas ambientales y los impactos de las actividades humanas, reconocer que los problemas y retos que presenta el agua, tanto sectorial como geográficamente, son interdependientes y no están aislados, entender que el agua se mueve dentro de límites naturales, que generalmente no concuerdan con los límites político-administrativos dentro de los cuales se organizan las sociedades. Por último se requiere un mayor conocimiento y sabiduría para asignar el recurso y usarlo más eficientemente, ya que estamos frente a una situación de demanda creciente y oferta decreciente.

Consejos para el buen uso de agua

Una forma de contribuir a un uso sostenible y solidario del agua es a través de las prácticas cotidianas, tanto en nuestros hogares como en el espacio público, sobre todo en las zonas verdes. A continuación se enumeran algunos consejos que, dentro del ámbito europeo, podrían ser útiles para mejorar nuestra relación cotidiana con este líquido vital.

En el hogar:

Con un solo baño (250 l de agua) una persona podría ducharse hasta 5 veces (50 l).

No es necesario dejar correr el agua mientras uno se lava los dientes o se enjabona. Si un grifo está abierto durante 3 minutos, se gasta en agua el equivalente a 12 botellas de 1,5 l.

Algunos sanitarios tienen un botón doble. Para que salga menos agua, se debe apretar el pequeño, así se consume hasta dos veces de agua menos.

Si se coloca una botella llena de agua, arena o cualquier otro objeto en la cisterna, ésta no se llenará del todo. En una cisterna caben de 8 a 10 litros de agua.

Si se Instala un economizador de agua en los grifos y duchas, se ahorra entre un 30 y un 50% de agua sin que se note apenas la diferencia.

Es preferible utilizar el lavavajillas, siempre que esté lleno, para fregar los platos. Lo mejor es utilizar el modo económico, a la menor temperatura posible, evitar el prelavado y dejar que los platos se sequen de forma natural.

En caso de lavar los platos a mano, en lugar de hacerlo bajo un chorro de agua, se puede taponar el fregadero o usar un balde.

Los productos de limpieza que se utilizan para lavar la ropa, los platos, el suelo, las cañerías o la cocina son detergentes. Normalmente contienen fosfatos, que favorecen los procesos de eutrofización (abundancia anormal de nutrientes en el medio natural). Por ello se recomienda reducir la dosis a la mitad, el resultado será prácticamente el mismo.

Se pueden elegir para limpiar productos más ecológicos, sin fosfatos, que no participan en este tipo de contaminación.

Si se utiliza el agua sobrante de las jarras de las comidas y de lavar las verduras, se ahorrará gran cantidad de agua.

Si se adquiere una lavadora de bajo consumo y con puerta frontal, aunque tenga menos capacidad que las de apertura superior, se utiliza mucha menos agua y energía y son más delicadas con la ropa.

Si se ponen menos lavadoras y se espera a tener la suficiente ropa para llenarla se evitará desperdiciar agua y energía.

No se debe tirar aceite al fregadero: 1 litro de aceite para cocinar vertido por el desagüe o, peor aún, 1 litro de aceite de motor vertido directamente en una cloaca, contamina 10.000 metros cúbicos de agua.

En el jardín/balcón:

Se puede elaborar compost en lugar de utilizar abonos químicos. El compost elaborado con los residuos, aligera la basura de una familia en casi un 40%, una cantidad que no acabará en la incineradora o en el vertedero y evitará usar químicos que contaminan el agua.

Para ahorrar agua en verano es recomendable regar por la noche para evitar que el agua se evapore deprisa. Es útil comprobar la previsión del tiempo antes de regar, así como recoger el agua de lluvia poniendo recipientes en el jardín o balcón.

En lugares públicos:

Se pueden colocar grifos accionados por pedal o sensor, de manera que sólo se enciendan cuando el usuario se encuentre frente de ellos o utilizándolos sin posibilidad de que queden abiertos derrochando litros de agua.

Pueden instalarse cisternas de doble descarga en todos los baños.

Participación activa

Los seres humanos y las actividades humanas juegan un papel clave en el sistema mundial del agua. No sólo afectan al volumen disponible de agua (por ejemplo, mediante el almacenamiento de agua y el uso agrícola), sino también a la calidad, derivada de la contaminación. Las sociedades casi siempre optan por priorizar el crecimiento económico, a pesar de los efectos perjudiciales que tenga asociado, en este caso sobre los sistemas de agua que proporcionan los recursos hídricos. Esto tiene consecuencias negativas para todas las formas de vida, incluyendo la propia humanidad.

Para hacer frente a este desarrollo, se hace necesario invertir en investigación innovadora e integradora para observar la disponibilidad, calidad y uso de los recursos hídricos en todo el mundo y de forma permanente. Sin embargo, para conseguir un uso eficiente de los recursos hídricos y proteger los sistemas de agua, no sólo se requieren cambios tecnológicos e institucionales. La base sobre la que se podría alcanzar un uso sostenible y solidario del agua es la participación activa de todos los seres humanos. No sin antes adquirir una comprensión global de la situación actual, ya que un cambio en los valores sociales permitirá un cambio hacia el desarrollo de comunidades sostenibles y solidarias.

NOTAS

1 www.huellahidrica.org

2 Tesis del Máster Oficial de Gestión Integral del Agua, Nikolaus C. Wirth.

3 “El Agua de los Andes – Un recurso clave para el desarrollo e integración de la región”, publicado por la Secretaria General de la Comunidad Andina.