LA APORTACIÓN DE LA TEOLOGÍA DEL PLURALISMO RELIGIOSO

José María Vigil

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: José María Vigil –
 
En el tema del pluralismo y del diálogo intercultural, abordado por este número de ÉXODO, la «teología del pluralismo religioso» (TPR) tiene algo que aportar, sin duda, por dos razones básicas.

En primer lugar, porque el pluralismo de religiones es el mismo pluralismo cultural, o viceversa: porque no hay prácticamente un pluralismo cultural que no lleve dentro un pluralismo religioso. La TPR, entonces, está en su propio campo -no se entromete donde no debe, y tiene autoridad para hablar- cuando se trata de diálogo o de falta de diálogo entre culturas.

En segundo lugar, la TPR es la rama más joven de la teología. Para los inquisidores actuales, es también su enfant terrible, la que habría sustituido a la teología de la liberación -ya fenecida para ellos- en la vanguardia del peligro de la heterodoxia. Y es que, aunque muchos todavía no lo saben, la TPR no trata temas nuevos (no es una ampliación cuantitativa de la teología), sino que aborda «los temas de siempre» pero desde una epistemología nueva, desnuda de (algunos) axiomas culturales que no eran hasta ahora percibidos, ni mucho menos cuestionados. El resultado de este nuevo abordaje es una meta-teología que ya no puede casarse en exclusividad con una única religión, y que en ese sentido se ubica en lo que llamamos pluralismo religioso y hasta en la «interreligiosidad » -y en ese sentido también en la interculturalidad-. Su visión y su manejo de los distintos paradigmas religiosos puede ser elocuente para quienes se las tienen que ver y manejar distintos paradigmas culturales en conflicto.

Dicho esto para justificar la presencia de esta «aportación de la TPR» en este número de ÉXODO dedicado al diálogo y a los conflictos interculturales, recordaré, en primer lugar, la estrecha relación entre religiosidad e identidad cultural; a continuación pasaré a presentar una selección de las tesis (o mejor, hipótesis) mayores de la TPR, que, según digo, pueden ser elocuentes para quienes tratan los temas y conflictos culturales. Y acabaré subrayando la importancia de la difusión de la TPR, como una tarea concientizadora y liberadora, constructora de la paz intercultural.

Identidad religiosa e identidad cultural

Es bueno recordar y poner inmediatamente sobre la mesa una realidad incontestable: la identidad cultural incluye, en principio, la identidad religiosa. Hasta hoy día -y «todavía hoy día» en la mayor parte de los casos-, toda cultura es, normalmente, cultura religiosa. En el siglo pasado la población del mundo se multiplicó por 3,74, casi se cuadriplicó, pero el sector de población de los «no creyentes» pasó del 0,2%, en 1900, al 12,7% de la población mundial, en el año 2000: un factor de multiplicación de más de 63 veces. Fue, en efecto, el grupo «religioso » que más creció. No obstante, hoy por hoy, casi el 90% de la población mundial está encuadrada en alguna de las grandes religiones mundiales, y las personas se definen a sí mismas como personas con identidad cultural religiosa.

Hay que hacerse consciente también de que, para las personas y culturas que no han pasado todavía por el proceso de la secularización, la religión les aporta siempre la parte más esencial y fundamental de su identidad: les hace sentirse en el mundo verdadero (el mundo religioso y divino, frente al engañoso mundo profano o del mal), funge para ellos como la fuente principal de conocimiento y de valores, y como la fuente del principal conocimiento. Desconocer el papel de la religión en las culturas tradicionales, es desconocer el mundo cultural.

Con un autor poco sospechoso de connotaciones eclesiásticas, Samuel Hungtinton, quiero recordar aquí que «en el mundo moderno, la religión es una fuerza central, tal vez ‘la’ fuerza central que moviliza a las personas… Lo que en último análisis cuenta para las personas no es la ideología política ni los intereses económicos, sino las convicciones de fe, la familia, la sangre y la doctrina. Es por estas cosas por las que las personas combaten y están dispuestas a dar su vida». Afrontar, tratar el tema del diálogo intercultural de espaldas a lo religioso es condenarse de entrada al fracaso.

Pues bien, en este ámbito religioso donde las masas se enfervorizan y adquieren conocimientos revelados y valores absolutos por los que dar la vida o quitarla a los demás, dogmas, exclusivismos, condenaciones y canonizaciones, la TPR viene siendo acusada de introducir el «relativismo» por sus enemigos, y a la vez viene siendo reconocida por sus admiradores como la única salida para la paz del mundo (según el conocido pensamiento de Gandhi popularizado por Küng: «Sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones…»). Ése es un signo de que su aportación puede resultar valiosa para quienes tratan el tema intercultural. Pasemos, por eso mismo, a presentar algunas de sus posibles aportaciones.

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LIBROS DE ÉXODO

Jorge Pixley

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Jorge Pixley –
 
Este es un libro importante de un teólogo que se ha establecido como el coordinador de la Agenda Latinoamericana, un instrumento práctico que ha resultado valioso para la formación teológica de muchas personas. El libro que hoy reseñamos muestra que Vigil es un teólogo de la liberación de primera fila. Tiene la virtud de avanzar la agenda de la TL y no simplemente profundizar temas ya establecidos. ¡Y lo hace con una metodología popular que busca poner este tema novedoso al alcance de personas de nivel académico medio en grupos que pueden ser auténticamente populares!

La importancia del tema de la teología del pluralismo religioso se puede motrar con el hecho evidente, fácil de comprobar en cualquier almanaque, que la población de la India es mayor que la de todas las Américas en su conjunto. Los pobres de ese país superan cuantiosamente a los pobres de América Latina. Y en su gran mayoría no son cristianos, sino hindúes, budistas, musulmanes y sikhs. Siendo esto así, una TL netamente cristiana en sus bases teológicas y su imaginario movilizador es una teología provinciana que no toca las grandes mayorías de pobres en este mundo de Dios. Lo que se requiere es una TL plurirreligiosa que pueda hablarle a masas de pobres de los cuales una pequeña porción es cristiana en su tradición.

Para los cristianos esto exige no solamente un diálogo interreligioso, sino y con más importancia un “intradiálogo” que afirme con convicción la disponibilidad de la salvación para todos los pueblos, cada cual dentro de sus propias tradiciones religiosas. Resulta, entonces, que el encuentro de la TL latinoamericana con las tradiciones religiosas indígenas y las africanas en nuestro continente es una preparación válida que ya plantea la urgencia de revisar nuestros esquemas aprendidos en la infancia de nuestros maestros de religión.

Si hemos de encontrarnos fructuosamente con personas de otras tradiciones religiosas es preciso que concedamos al/a la otro/a el mismo respeto y la misma apertura hacia sus creencias y prácticas que esperamos recibir para nuestras doctrinas y prácticas cristianas. Esto significa reconocer que Dios no pudo solamente ofrecer la salvación por un camino, camino desconocido por la mayoría de las personas. El viejo supuesto de que “fuera de la Iglesia no hay salvación” no solamente se pone en duda sino que se muestra falso. Y allí se abre toda una caja de Pandora de temas teológicos tenidos por incuestionables que requieren examen y algunas veces rechazo. La primera de ellas es, sin duda, la exclusividad de Cristo como medio de revelación y de salvación. Esto excluiría de entrada otros accesos al misterio de Dios y clausuraría el diálogo.

Vigil presenta su material importante, y a veces, explosivo en 24 lecciones sencillas, con sugerencias para discusiones en grupos populares. Con pasos pequeños organizados según la lógica del “ver, juzgar, actuar”, el libro lleva al lector o al grupo de discusión a través de campos minados con una lógica irrebatible y una comprensión pastoral que apela a la experiencia de cada quien. Todo muestra la firme convicción de que el pueblo es capaz de hacer teología. Es algo que hemos afirmado en la TL, pero también es algo que arriesga confrontaciones con las autoridades. Un teólogo de la liberación que no esté listo para enfrentar este reto no merece nuestro respeto. Nadie podrá acusar a Vigil en este renglón. De una forma sencilla lleva a los cristianos populares de la mano para encontrar el misterio de Dios en la pluralidad de religiones, una multiplicidad de tradiciones que no es, asegura Vigil, simplemente un hecho sociológico sino una realidad querida por Dios.

Puedo recomendar sin reserva alguna la lectura y estudio de este libro para biblistas y para los grupos populares con quienes trabajamos. Como dije más arriba, esto avanza la agenda teológica. Por ello hay que agradecer a José María Vigil por su trabajo diligente en un tema que no es periférico en la escena mundial hoy, para biblistas, sociólogos, politólogos, y periodistas, entre otros

MARCELO BARROS

Benjamín Forcano

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Brasileño, monje benedictino, biblista y teólogo, fue en la década de los setenta secretario y consejero de D. Helder Cámara para el ecumenismo y relación con otras culturas y religiones. Es confundador del Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos en Brasil, Consejero nacional por más de 25 años de la Pastoral de la Tierra y de las Comunidades eclesiales de Base, y miembro de la Comisión teológica de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo(ASETT). Ahora trata especialmente de ahondar y esclarecer la relación entre la teología de la liberación y el pluralismo religioso. Autor de unos 30 libros. La entrevista le ha sido hecha en Vitoria, con ocasión del XIV Foro Religioso.

Es un placer, Marcelo, entrevistarte sobre un tema muy de hoy, que tú lo vives con intensidad. Tu experiencia y reflexiones van a servir, no lo dudo, para orientar a mucha gente. Para comenzar, parece un contrasentido hablar de diálogo intercultural cuando se da como un hecho irremediable el choque de civilizaciones.

Yo no creo en un choque de civilizaciones. Esta es la tesis de Huntington en su libro El choque de civilizaciones, que sirve para legitimar la continuidad de la conquista norteamericasna sobre el mundo, el imperalismo. Nada indica un choque entre civilizaciones. La realidad del mundo, en su contexto más hondo y mayoritario, es de encuentro, de sincretismo, de buscar una especie de sincretismo budista, islámico, cristiano que fraguan un fondo común de espiritualidad, acompañada al mismo tiempo de un gran respeto a la autonomía cultural. ¿Qué ocurrió hace 500 años con América Latina? Fue precisamente un aplastamiento de las culturas locales, negras, indígenas. El hecho nuevo del final del siglo XX e inicio del XXI es la revalorización de estas culturas. Los conquistadores sólo nos aportaron el arma de su cultura superior. Es la tesis de Huntington: los colonizadores tienen una cultura superior y es preciso entonces luchar. Pero yo no creo en un choque entre civilizaciones, sino entre el imperio y las culturas oprimidas. La palabra choque de civilizaciones es una palabra errada.

En este supuesto enfrentamiento, interesadamente irremediable, ¿qué factor sería el más importante?

En el enfrentamiento real, el factor fundamental es el económico. Pero se da también un factor político y estratégico, que hoy los Estados Unidos viven como una crisis económica muy fuerte. La crisis les obliga a hacer valer el factor militar, único en el que todavía mantiene una supremacía militar, pues en los demás -social, cultural y político- la ha perdido.

¿Verías alguna relación del factor económico con el terrorismo?

El terrorismo es un hijo del factor económico, un producto de los norteamericanos, incluso de la familia Bush a través de la industria del petróleo, con la que destacados terroristas han tenido estrecha relación. La historia invita a sacar conclusiones: el imperialismo siempre se sirvió del terrorismo cuando no pudo servirse de armas legales, es decir, cuando el brazo de la ley no puede legitimar la conquista, lo hace con las armas del tipo que sean. Es lo que ha hecho en América Latina, matando líderes o invadiéndola siempre que lo han exigido sus intereses.

Entonces, ¿cómo juzgas que el imperio estadounidense organice una campaña mundial antiterrorista?

¡Paradójico! Estados Unidos parece decir al mundo entero: los únicos que tenemos derecho a hacer terrorismo somos nosotros, vosotros no. El terrorismo es horrible, injusto, inaceptable, venga de donde viniere. Pero los maestros en el terrorismo son el gobierno norteamericano, no los islámicos, ni ninguno de los otros.

Dentro del terreno de las religiones, ¿piensas que entre ellas hay algunas más proclives a la exclusión que al diálogo?

Creo que todas las religiones tienen gracia y tienen lo que llamamos pecado. El pecado de la religión es el autoritarismo y el dogmatismo, su faz inicua, que le lleva a administrar el poder en nombre de Dios. Entiendo lo que puede pasar en determinadas situaciones, como la que yo sufrí junto con el arzobispo D. José M.ª Pérez. Apresados, durante cuatro horas, un paramilitar nos puso un fusil en el pecho, tuvimos miedo, nos sentíamos humillados, sabiendo que en cualquier momento podía dispararnos sin que nada le pudiera pasar. Pero, en mi conciencia, yo me sentía tranquilo y hasta feliz, un poco al estilo de lo que cuentan los Hechos de los Apóstoles, que los discípulos salían contentos de poder ser testigos de Jesús.

Pero cuando es la Iglesia la que hace eso, cuando es el obispo el que oprime, no con un fusil, sino con advertencias, con amenazas, con condenas llamándote hereje, eso es muy duro, porque eso atiza la conciencia. Los militares no atizan la conciencia, el arma del terrorismo no atiza la conciencia, el dogmatismo y el autoritarismo sí. Cuando tú dices a una persona tú eres inmoral, o tu ética sexual no es buena, o tú eres un pecador, entonces hieres lo más sagrado de la persona y, en ese aspecto, esa religión o la misma Iglesia Católica Romana no colabora con la justicia, ni con la paz, ni con la libertad humana. Pero quiero subrayar que todas las religiones, las Iglesias cristianas y las otras, tienen, a la vez, la revelación divina, que es amor, y el pueblo de Dios, que es cada vez más ecuménico.

¿Las deformaciones de las religiones provienen de su matriz original o se deben más bien a su aspecto institucional?

La matriz original de la religión no es la religión, sino la espiritualidad, es una mística, la búsqueda de Dios. La humanidad tiene dos millones de años y las religiones más antiguas que se conocen, las orientales, tienen quizás seis mil años, pero no más, son de la era neolítica. La humanidad, por tanto, tuvo durante dos millones de años hasta seis mil años antes de Cristo, una espiritualidad y una búsqueda de Dios sin religión, tal como la conocemos organizada hoy. Si llamamos religiones a las instituciones religiosas, está claro que, en este aspecto, el corazón de la religión no es la religión.

Veo, Marcelo, que eres optimista. Lo comparto. ¿Tienes razones para defender ese optimismo?

Sí. Hay en todas las religiones unos hilos comunes que les dan consistencia: la búsqueda del amor, la sacralidad de la vida, la ética del cuidado, pero cada una arranca de presupuestos culturales distintos, sin que tengan que ser reducidas a un único codificador, defienden su originalidad; pues no es lo mismo, por ejemplo, la compasión budista que la caridad cristiana, o que la justicia judía o que la misericordia islámica.

¿Cómo pueden colaborar las religiones en un consenso ético universal?

Es más lo que nos une que lo que nos diferencia. Si las religiones logran superar, de hecho, el autoritarismo y el dogmatismo, entonces aceptarán ser parte de una orquesta en la que nadie es el maestro. Todas estamos en la orquesta como maestro de nuestro propio instrumento, yo sé tocar uno, tú sabes otro y así los demás, y todos componemos la orquesta. El maestro de la orquesta no es la religión, son los movimientos alteromundialistas, que buscan otra humanidad, otro mundo nuevo; son los foros sociales o los movimientos por la justicia, la humanidad misma, que va más allá de la religión, pero de la cual la religión es también parte.

En este proceso hacia una integración más universal, ¿en qué quedan las categorías clásicas de raza, patria, nación, lengua, territorio, frontera, estado, religión, etc?

Son cosas muy buenas, partes de una herencia humana hoy revalorizadas. Cada pueblo es uno y diverso. Cuando yo era niño se decía que todos los indígenas eran brasileños, incluso los primeros brasileños. Hoy, no; el xavante es xavante y el karajá es karajá. Pero, al mismo tiempo, la identidad de cada uno de nosotros es ser humano, es ser hermano. En Brasil, un sacerdote, actor schow de misa, ha puesto sobre una camiseta “Tengo el orgullo de ser católico”. Debería sentir vergüenza de poner eso. Nosotros no podemos sentirnos orgullosos de ser católicos, sino orgullosos de ser humanos, de ser hermanos.

El nacionalismo es una plaga, una enfermedad que no ayuda a nadie. Las naciones son, como tales, fruto de organizaciones, de conquistas, de guerras. ¿Cuál es la diferencia para un indio yamonani entre Brasil y Venezuela? Él no conoce esa frontera, el río Amazonas no es un muro, los que están de un lado, que es Venezuela, son sus hermanos, su pueblo, su lengua; e igual los que están del otro lado, que es Brasil, el mismo país. Imagínate ahora Africa, cuántas guerras por fronteras artificiales, por países artificiales que no existen. No es esa, ciertamente, la realidad de Europa, definida por naciones de mucha historia, de 500 o más años. Pero, la realidad es la misma, todos deberían ser humanos. Yo no puedo comprender un mundo en que una mercancía, un producto electrónico, de este o aquel lugar, abres su caja y ves que pone estar hecho en Japón, y entonces es mundial, globalizado, en tanto que las personas no pueden rebasar sus fronteras. La ONU ha declarado en 1948 el derecho de todo ser humano a poder vivir en la tierra, en cualquier parte de la tierra.

¿No te da miedo una cierta idolatría de lo propio sobre la universal?

La modernidad se hizo sobre el individualismo, mientras las culturas antiguas están hechas sobre el pensamiento de que lo de cada uno es de todos, el uno es nosotros. Es otro principio. En cada cultura hay una tendencia a autobastarse. Quedé muy impactado hace ya bastantes años cuando estudié qué quería decir, para la Biblia, Jerusalén: “Jerusalén es la fuente del mundo para todos los nacidos, Jerusalén es el centro”. Cuando tú ves a la India, es lo mismo. Cuando ves al Machupichu, te dicen que es el pico del mundo. Todas las culturas tiene un poco la tendencia a decir somos el centro. En cierta ocasión, pregunté a un indígena cayapó qué significaba la palabra cayapó. Me contestó: humano. Entonces dije: yo no soy cayapó, luego no soy humano.

Hoy la centralidad es la centralidad del ser humano, de todo ser vivo. Junto a la tendencia endogámica de cada cultura, existe también la tendencia de encontrar al otro, de realizarse en el encuentro con el otro, es decir, “yo, para ser yo, necesito de todos”.

¿Cuál sería tu balance sobre la teología de la liberación y sus perspectivas de futuro?

Un amigo mío, diputado, me dijo que en Brasil las diferencias sociales son más fuertes que en Europa. Aquí hay pequeñas élites con casas mucho más ricas que en cualquiera de los países de Europa. Entre los 10 hombres más ricos del mundo hay un brasileño, el que es dueño del GLOBO de la TV.

Si hoy tenemos un Lula en el gobierno se debe en buena parte a la Teología de la Liberación. De propio impulso, esa pequeña élite nunca permitiría que un obrero se presentara a presidente de la República, nunca permitiría que en Bolivia un indígena comoEvo Morales fuera presidente. Sabemos de las luchas contra Chávez en Venezuela. Cuando voy a estos países percibo que eso es fruto de la teología de la liberación.

Respondiendo a tu pregunta de hacer balance, puedo decirte que la teología de la liberación bien puede hasta morir, porque ya dio su fruto: apoyar, fortalecer los movimientos populares y cristianos, religiosos y no religiosos. Ahora estamos viviendo el hecho nuevo de la resurrección de los movimientos indígenas y negros. Hace 10 años, en Brasil, cuando a muchos preguntabas cuál era su raza, contestaban: soy moreno o mulato. Moreno o mulato era para no decir negro, porque negro era una palabra menospreciativa. Nadie quería ser negro, sinónimo de indio, que quiere decir bárbaro. Eso hoy ha cambiado. Hay orgullo de ser negro, hay alegría de ser indio, sin caer en nacionalismos fundamentalistas.

¿Señalarías algunas condiciones para avanzar en esta dirección?

Yo creo que todos necesitamos de todos. En un mundo como éste en el que la globalización económico- política e imperial es un hecho preocupante, necesitamos una globalización de la esperanza que nos traiga un nuevo mundo. Los foros sociales están siendo una semilla grande de esta esperanza. Cuando visito la India y veo que por primera vez los puros, aquellos a los que nadie podía decirles ni los buenos días, ni tocarlos porque queda impuro y son ellos los que, ahora, conducen el proceso de formación mundial, y son ellos los que van a Brasil, a Venezuela, gente de los más pobres de la humanidad, me pregunto ¿por qué van a allá? Y respondo, porque hay europeos solidarios, porque hay una solidaridad internacional. Entonces, la solidaridad internacional es el único camino posible para permitir que África y América Latina puedan dialogar y permitir que la medicina indígena llegue a los enfermos de sida en África, que es producto de la industria química suiza o norteamericana, muy cara, inaccesible para los pobres del Congo y de otros países africanos.

Nos queda, pues, como real esperanza el diálogo intercultural, religioso, social, de la vida, del servicio social, de los valores también y hasta de la espiritualidad del amor que cada uno trae en su corazón, de una espiritualidad antropológica, religiosa o no.

¿Quieres añadir alguna cosa más?

Quiero decir una sola cosa, la importancia que tiene para nosotros, para América Latina, una revista como Éxodo, porque justamente hace este trabajo. Leyendo sus números percibo que es un testimonio de apertura, que en España permite ese mar para avance de los pequeños, porque eso es lo más difícil. Todo lo que es europeo tiene una repercusión buena, muy fuerte y hay cosas maravillosas en todo el mundo. Pero, ¿cómo hacer para que este intercambio, esta reciprocidad pueda realizarse y fortalecerse? La revista Éxodo es, para mí,-y de ello os felicito- un ejemplo de espacio cultural que, a través de entrevistas, artículos, experiencias, ofrece puentes, caminos de convergencia, compromisos de solidaridad.

DIÁLOGO INTERCULTURAL

Número 83 (marz.-abril’06)
 
Antes de ser reconocida como un valor o una carencia, la diferencia es una realidad. No hay más que abrir los ojos, despertar el oído, para percibir lo que está sucediendo en el hogar, en la ciudad, en las iglesias, en la tierra toda…Nuestra diversidad se ha acrecentado en estos últimos años con la llegada masiva de extranjeros.

EDITORIAL

PUNTO DE MIRA

- La inmigración que vive en España, Miguel Ángel de Prada

ENTREVISTA

- Marcelo Barros, Benjamín Forcano

A FONDO

- El reconocimiento del otro como exigencia moral, José Antonio Pérez Tapias – ¿Ciudadanos o intrusos? Formas de pensar la presencia de extranjeros, Carlos Pereda – La aportación de la teología del pluralismo religioso, José maría Vigil – La educación intercultural, Manuel G. Guerra

EN LA BRECHA

- La mediación intercultural en la acción de “Andalucía acoge”, Esteban Tabares – Asociación para el Diálogo Interreligioso de la Comunidad de Madrid, Evaristo Villar – La escuela de Seronda: naturalmente intercultural, Luis Nosti – La Alianza de Civilizaciones: un proyecto universal, Carlos Blanco

ACTUALIDAD

- Encuentro de Movimientos Sociales de Madrid, Evaristo Villar – XVIII Premi Internacional Catalunya: Pere Casaldáliga, Benjamín Forcano – Humanizar la humanidad practicando la proximidad, Pedro Casaldáliga

LIBROS

- Miguel, Pilar de y Amell, Josefa, Atreverse con la diversidad. Segundo Sínodo Europeo de Mujeres, Evaristo Villar – Vigil, José María, Teología del pluralismo religioso. Curso sistemático de teología popular, Jorge Pixley

LA MEDIACIÓN INTERCULTURAL EN LA ACCIÓN DE “SEVILLA ACOGE”

Esteban Tabares

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Esteban Tabares –
 
Ante la presencia emergente de colectivos inmigrantes como usuarios e incluso dispensadores de servicios sociales o de otro tipo, constatamos que los profesionales encargados de la integración no están capacitados para afrontar esta tarea por ellos mismos. Por eso, en “Sevilla Acoge” recibimos frecuentes peticiones de asesoramiento a profesionales de diversas instituciones: maestras, trabajadoras sociales, pedagogos, médicos, psicólogas, enfermería, orientadoras laborales, abogados, educadores, etc.

Necesitan la ayuda de mediadores-as interculturales, quienes sí poseen las potencialidades adecuadas para la tarea de acercamiento y compromiso entre la sociedad y las personas inmigrantes. El mediador-a ayuda a los distintos profesionales a una mejor comprensión de los grupos o personas extranjeras; y a los propios inmigrantes les facilita el acercamiento en condiciones de igualdad ante nuestras instituciones. Así contribuye a un diálogo en profundidad y a la búsqueda de espacios comunes de comprensión.

Esa es la principal aportación de la mediación intercultural: su capacidad para acercar dos mundos en desigualdad y distintos: el de la sociedad receptora y el de los colectivos inmigrantes. Labor complicada, pues poner en comunicación ambos mundos es fácil cuando se parte de una situación de igualdad; pero la tarea es muy difícil cuando el desnivel simbólico y real es tan grande como el existente entre la sociedad mayoritaria y los grupos etnoculturales minoritarios (inmigrantes, gitanos, excluidos).

Es necesario, pues, un cambio interno en las instituciones para que se produzca una toma de conciencia sobre la situación de multiculturalidad significativa que va creciendo en nuestra sociedad. No sólo los barrios y las calles se perciben distintas a hace veinte años; también las escuelas van cambiando su composición y sus necesidades; los hospitales se encuentran con pacientes a los que no entienden; los servicios sociales no saben cómo actuar con las personas diferentes que son ahora sus nuevos usuarios, etc. Los cambios en la composición de la sociedad son claros, pero las instituciones no están cambiando con el mismo dinamismo.

Un caso peculiar en esta tarea es “Sevilla Acoge”, que es pionera en la formación y profesionalización de la figura de los mediadores-as interculturales. Es una Asociación dedicada exclusivamente a personas inmigrantes desde hace veinte años y que cuenta con un equipo de mediadores-as que trabaja con entidad propia y en coordinación con otros profesionales de los diversos servicios que ofrece. En la atención directa, las personas o familias inmigrantes generalmente no lo dicen todo, sino sólo aquello que creen que el profesional que le atiende puede entender, lo que consideran que éste espera escuchar para que se les ayude. Con frecuencia, sin que ni uno ni otro sean conscientes de ello, entran en colisión pertenencias grupales frente a individuación, raíces frente a porvenir, interdependencia frente a autonomía.

Lo propio de la función mediadora es hacer que se comprendan las reacciones y actitudes de las dos partes, ayudar a que se descubra el significado de las situaciones, el sentido que cada persona otorga a sus acciones. El mediadora es la persona más indicada para desvelar lo que hay detrás, el porqué, los valores que motivan algunas conductas a veces inexplicables para nosotros y lo que de nuestras actitudes no es inteligible para el inmigrante. El mediadora intercultural posee los recursos apropiados para ayudar al profesional que sea a comprender lo no evidente, ayudando a explicitar las prioridades del usuario. Es también la persona que sabe qué hacer para que el inmigrante diga al profesional, de manera adecuada, ciertas cosas que normalmente no le diría. Sólo así se puede llegar a un diálogo en paridad y a tomar acuerdos admisibles por ambas partes.

El mediador-a funciona desde su propia experiencia de interculturalidad, a partir de la comprensión de su propio proceso de aculturación- adaptación. Del mismo modo que ha sabido tender puentes entre su mundo y el nuestro, negociando interiormente acuerdos y compromisos que le permitan conocerse a sí mismo y reconocer a los otros diferentes, así también en su acción mediadora busca cómo restaurar puentes para encontrar un compromiso negociado entre la sociedad de llegada y las familias inmigradas, y dentro de los propios individuos. De hecho, los mediadores-as formados por “Sevilla Acoge” son fruto del mestizaje cultural a raíz de la propia experiencia de síntesis construida para conservar su identidad de origen y tomar a la vez lo positivo de esta sociedad a la que llegaron.

La intervención transversal de la mediación en todas las acciones de “Sevilla Acoge” creemos que es una positiva aportación al diálogo intercultural. Algo tan necesario hoy en nuestras sociedades, en riesgo siempre de enquistarse en fundamentalismos de todo tipo, que desencadenan violencia simbólica y también real, o dominio cultural de la mayoría sobre las minorías. La apuesta práctica que hacemos en nuestra Asociación por los mediadores-as interculturales, su formación y su reconocimiento profesional, creemos que es una buena contribución para irnos acercando a esa bella utopía que nos mueve: “unir sin confundir y distinguir sin separar”.

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PERE CASALDÁLIGA

Benjamín Forcano

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Es raro en nuestro mundo occidental que a un obispo católico se le conceda un “premio internacional”. Ha ocurrido ahora con Pedro Casaldáliga. Pedro, apodado el “Che” por capitanear entre los claretianos la trinchera renovadora después del Vaticano II, tenía encantamiento entre los más jóvenes por su apertura, su compromiso con la justicia y los más marginados, su sensibilidad poética y su capacidad de dialogar con los problemas de la cultura moderna.

Un día, al regreso de unos Cursillos de Cristiandad dados en Guinea, Pedro escribió: “Siento furiosa la realidad y la llamada del Tercer Mundo. Traigo para siempre en mi corazón, confusamente, como un feto, África, el Tercer Mundo, y esa nueva Iglesia -la Iglesia de los pobres- que diríamos luego a partir del concilio”.

Ya en el Mato Grosso, en uno de sus primeros entierros -los sepultados eran cuatro niñitos de prostitutas- dijo a su compañero Manuel Luzón: “O nos vamos de aquí inmediatamente, o nos suicidamos, o hallamos una solución para todo esto”.

El radicalismo de Pedro proviene de dentro, como de un río secreto que irrumpe cuando circunstancias adversas tratan de desviarlo, pararlo, acallarlo. Cuenta Pedro: “Una vez, tras enterrar a uno de esos peones asesinados, cogí un puñado de tierra de su sepulcro, lo puse sobre el altar y excomulgé a esas haciendas. Pero fue un acto contra las haciendas, no contra las personas”. Y, ante la presión de ciertos latifundistas muy “cristianos”, que lo invitaban a celebrar misa en las capillas de sus haciendas, escribió: “El Evangelio es para los ricos, pero contra su riqueza, sus privilegios, su posibilidad de explotar, dominar y oprimir. Si cada semana voy a la casa de un rico y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ya me he vendido y he negado mi opción por los pobres”.

A los dos años de encontrarse en Brasil, Pedro, nombrado ya obispo, firmó el informe-denuncia (secuestrado por la policía) que recogía en letanía trágica “los casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola, golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno desamparo de la ley, sin derecho alguno, sin humana salida. Hasta el Nuncio me pidió que no lo publicase en el extranjero y uno de los mayores terratenientes me advirtió que no debía meterme en esos asuntos. Pero ahora debemos aplicar nuestra opción: no podíamos celebrar la eucaristía a la sombra de los señores, yo soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Nunca me he olvidado de que nací en una familia pobre. Yo me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo vivir con tres camisas por qué voy a necesitar tener diez en el armario. Los pobres de mi prelatura viven con dos, de quita y pon”.

No es habitual que un obispo no visite Roma, cuando tiene obligación de hacerlo cada cinco años; no es habitual oirle decir que él no viaja porque los pobres no viajan y él es un pobre (ni siquiera cuando murió su madre vino a España); no es habitual que un obispo no tenga vacaciones, pero él ha dicho que “las tendrá bajo los parrales de la gloria”; no es habitual que a un obispo católico lo visiten, lo lean y le pregunten ateos, agnósticos, periodistas, científicos, gentes de otras religiones; no es habitual que alce su voz para corregir al Papa y denunciar los pecados del sistema eclesiástico: “A Juan Pablo II, escribe, al requerirme para que lo visitara, le hablé con mucho cariño, pero con mucha libertad, ejerciendo el derecho de mi corresponsabilidad eclesial y de mi colegialidad apostólica”.

Resulta esclarecedor lo que comenta acerca de la teología de la liberación: “La teología de la liberación nos obliga a analizar la trágica situación de los dos tercios de la humanidad, señalarla como contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticos. Sólo a los enemigos del pueblo no les gusta la teología de la liberación. ¡Celebrarían tanto que los cristianos pensasen sólo en el cielo… despreciando la tierra!”.

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HUMANIZAR LA HUMANIDAD PRACTICANDO LA PROXIMIDAD

Pedro Casaldáliga

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Pedro Casaldáliga –
 
Querido Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, mi presidente. _ Querida Sra. Diana Garrigosa. _ Querida comitiva de la Presidencia y del Jurado del Premio Internacional de mi Cataluña. _ Querido hermano Leonardo. Queridas hermanas y hermanos.

Es mucha deferencia del Gobierno de Cataluña y del jurado venir hasta São Félix do Araguaia para entregarme su Premio Internacional. Me siento abrumado, por eso, y porque este Premio está asociado a personalidades extraordinarias de la filosofía, de la ciencia, de las artes, de la promoción social. Y yo continúo siendo un “fill de Cal Lleter”, un “hijo de la casa del lechero”, de Balsareny, a la orilla del Llogregat, un pequeño arroyo puesto al lado de este Araguaia majestuoso.

Esta deferencia de la Generalitat es motivo, a la vez, para mi gratitud, recibiendo el Premio, y para renovar en la vejez la identidad catalana con sus carismas. “Quan més anem, més tornem”: avanzando en la vida, las personas regresan a los orígenes; el arco de las vivencias se cierra en paz. Nuevo motivo también para reasumir las causas por las cuales, dice el jurado, me otorgan, nos otorgan, este galardón singular.

Las causas de los derechos de las personas y de los pueblos, sobre todo de las personas y pueblos marginados y hasta prohibidos. Causas mías, pero causas de todos nosotros, causas de esta pequeña iglesia de São Félix do Araguaia, que por ellas ya dio sudor y hasta sangre. Causas específicamente de Nuestra América: la tierra, el agua, la ecología; las naciones indígenas; el pueblo negro; la solidaridad; la verdadera integración continental; la erradicación de toda marginación, de todo imperialismo, de todo colonialismo; el diálogo interreligioso, e intercultural; la superación de ese estado de esquizofrenia humana que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo (y un cuarto mundo también) cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hija del Dios de la vida.

Siendo la primera vez que se otorga el Premio a alguien que reside en América Latina, yo, abusando de osadía sentimental, hago cuestión de recibirlo también como “representante adoptivo” de Nuestra América. Mi paisano de Verdú, San Pedro Claver, apóstol de los negros en Colombia, y mi paisano de Sallent, San Antonio María Claret, fundador de mi congregación y arzobispo de Santiago de Cuba, aprobarán sin duda esta osadía.

Nosotros, como Iglesia, lógicamente, abrazamos esas causas a la luz de la fe cristiana, en el seguimiento de Jesús y de su Evangelio: el Evangelio de los pobres, el Evangelio de la liberación.

El Premi Internacional de Catalunya 2006 es nuestro, pueblo mío de la Prelatura de São Félix do Araguaia, nuestra es la gratitud a la Generalitat, nuestro debe ser el renovado compromiso. La danza mayor de Cataluña es la sardana, danza en comunión de un pueblo entero dándose las manos. En la Prelatura, la corresponsabilidad es nuestra danza de celebración y de compromiso. Juntos hemos luchado, juntos recibimos el Premio, juntos seguiremos respondiendo.

El objetivo y la mediación de todas esas causas nuestras se pueden formular en este postulado: Humanizar la Humanidad, practicando la proximidad. ¿Es una utopía? ¡El Evangelio es una utopía mayor! Adaptando la palabra del poeta, titulé así mi última circular: “Utopía necesaria como el pan de cada día”. No la utopía quimérica que arribaría a un “no-lugar”, sino un proceso esperanzado que navega hacia un “lugar-otro”, ¡un “buen-lugar”, eu-topía!

Porque no aceptamos la fatalidad de ese sistema de capitalismo neoliberal que nos imponen, hecha mercado la vida, cuadradas las cabezas en un pensamiento único, bajo un macro-imperialismo político, económico, militar, cultural.

“Es preciso reinventar una economía de convivencia”, pedía Edgar Morin, recibiendo este mismo Premio en 1994. El pueblo guaraní habla de la “economía de la reciprocidad”. Y el pequeño pueblo myky, en este Mato Grosso, proclama como uno de sus dogmas básicos que “vivir es convivir”. Sin prepotencias, sin exclusiones. Todas y todos siendo reconocidos como personas en la radical dignidad de la “raza humana”. Los pueblos indígenas, normalmente, en su autodeterminación, se clasifican como “gente”, como “humanidad”; después viene el nombre, la designación particular de cada pueblo, de cada cultura, de cada historia. Identidades colectivas que configuran la Humanidad una y plural.

La globalización actual, con todos sus pecados, graves, tiene como contrapartida la virtud de hacer que hoy, como nunca, la Humanidad se sienta “una”. Estamos descubriendo, por necesidad, que navegamos en un mismo barco. “El choque de civilizaciones” o “la alianza de civilizaciones” son la alternativa inevitable. Como ahora nos encontramos todos con todos, debemos optar o por chocar unos contra otros, en la intolerancia y en la agresión, o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad. “Las naciones son contenido, no fronteras”, afirma Baltasar Porcel en la presentación de los discursos de los galardonados con el Premi Internacional de Catalunya. Muros, “vallas”, cercas, leyes de intolerancia, no son la solución humana. Los “bárbaros del sur” acabarán rompiendo las fronteras de la separación. “El hambre no tiene fronteras”, gritaba el superviviente de una “patera” africana. Esos nuevos bárbaros acabarán invadiendo la tierra, la casa, la mesa, el alma de los privilegiados de un mundo primero: ¿primero en malgastar; primero en insensibilidad?

La más esencial tarea de la Humanidad es la tarea de humanizarse. Humanizar la Humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso, solamente son dignos de nuestro pensamiento y de nuestras manos si nos humanizan más. Frente a ciertos jactanciosos progresos, las estadísticas anuales de ese profeta laico que es el PNUD deberían provocarnos una indignada vergüenza.

“Otro mundo es posible”, proclaman los foros de la alternatividad. Otro mundo es necesario. Hacer real lo posible es el título del último libro del economista y educador Marcos Arruda: “Una reflexión creativa y propositiva sobre economía…, la praxis de otra economía, ya en marcha, fundada en la cooperación y en la solidaridad y la prospectiva de otra globalización, que valoriza cada persona, cada cultura y cada pueblo. Buscando un proyecto común de Humanidad a partir de la valorización y de la complementariedad de las diferencias”. El Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, Pastor Samuel Kobia, resumía así el tema y el propósito de la IX Asamblea del Consejo, realizada en Porto Alegre, en este mes de febrero: “Transformar el mundo juntos”. El pequeño mundo del propio corazón, del propio hogar, de la vecindad, y el gran mundo de la política y de la economía y de las instituciones internacionales. Otra ONU es posible y necesaria.

Ya es un consenso universal que sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones. Y que sólo habrá paz entre las religiones si hay diálogo entre las religiones. Un diálogo interreligioso, pero que sea generador de Humanidad. Porque no se trata de sentar a las religiones en una tertulia narcisista y aséptica, fuera del mundo de la pobreza, del hambre, de la guerra, del racismo, de la marginación, del miedo. El contenido central de ese diálogo interreligioso ha de ser también humanizar la Humanidad, en nombre de Dios. Nuestro Joan Maragall, el gran poeta humanohumanista de Cataluña, formulaba lúcidamente un principio para toda fe religiosa: “Home sóc i és humana ma mesura/per tot quant pugui creure i esperar” (“Hombre soy y es humana mi medida/para todo cuanto yo pueda creer y esperar”).

Para nuestra fe cristiana el propio Dios tomó la dimensión humana del hombre Jesús de Nazaret. Infelizmente, durante siglos, y todavía hoy, las religiones vienen siendo, con demasiada frecuencia, fundamentalismo, división y hasta guerra. Es hora de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor y de practicar la religión como justicia, servicio y compañía. Un Dios que separa la Humanidad es un ídolo mortífero.

Esa tarea primordial y común de humanizar la Humanidad se hace practicando la proximidad. El Evangelio de Lucas (10, 25-37) nos ofrece la parábola paradigmática para esa praxis humanizadora. El maestro de la ley responde correctamente a la pregunta de Jesús sobre los mandamientos. Sabía el catecismo, por lo menos en su letra. Pero “para justificarse” el doctor en religión pregunta a su vez: “¿Y quién es mi prójimo?” La respuesta de Jesús es desconcertante y provocadora; para el doctor de la ley, para todo el pueblo que escucha “en aquel tiempo” y también para nosotros que la escuchamos hoy, aquí. Prójimo es aquél o aquélla a quien yo me aproximo y, en primer lugar, los caídos en el camino, las personas al margen, las mujeres violentadas y sometidas, los emigrantes sospechosos, los extraños de quien no quiero ni saber, ocupado como estoy en mis negocios o tal vez con mi culto…

Yo me debo hacer prójimo descubriendo al prójimo, buscándolo, acogiéndolo, dando y donándome en su servicio. Sin hacer acepción de personas. Sin miedo de contaminarme con un samaritano heterodoxo. Solamente amo al prójimo en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del prójimo, aproximándome a él, aproximándolo a mí.

No se humaniza la Humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo. Humanizar la Humanidad, practicando la proximidad. La Teología de la Liberación nos ha recordado que la verdadera ortodoxia se verifica en la ortopraxis. El propio ser de Dios “consiste en estar amando”, nos dice en el Nuevo Testamento la primera carta de Juan (4, 8-16).

Haber salido de Cataluña, de España, de Europa, pasar por África y venir a vivir definitivamente en este brasileño Mato Graso de esta Nuestra América, me ha universalizado el alma. Y el contacto apasionado con la causa indígena y la causa negra me han ayudado a redescubrir la identidad de las personas y de los pueblos como alteridad y como complementariedad. Aproximarme “al poder de los sin poder” (Václav Havel), en la opción por los pobres, en el movimiento popular, en las comunidades de base y en las pastorales sociales, me despertó definitivamente a la indignación y al compromiso; y también a la esperanza.

Agradeciendo de corazón este Premi Internacional, quiero pedir a mi Cataluña que continúe siempre abierta al mar; que, desde el alero de la casa solariega (des de l’eixida pairal), se abra siempre más al infinito mundo. Dentro y fuera de casa; con “els altres catalans” y con los emigrantes que van llegando y con toda la Humanidad. Siendo ella, libre, justa, humanizada y haciéndose proximidad de todos los pueblos de la tierra. “La clau i la lletra” de la escultura del maestro Tàpies es también una parábola de apertura y de comunicación; llave para abrir, letra para hablar.

Humanicémonos siempre más, humanicemos siempre, practicando la proximidad. Muchas gracias.

São Félix do Araguaia, 9 de marzo de 2006