LAICIDAD Y RELIGIÓN: del conflicto a la convergencia

Número 80 (sept.-octub. ’05)
 
TE asomas, querido lector, a un tema de enorme actualidad. Vas a tener la satisfacción de manejar un material consistente,valioso y esclarecedor. Es lo que se precisa. Porque en todas estas cuestiones estamos necesitados de poner en cuarentena nuestras propias reacciones, a veces poco cribadas por la historia, el razonamiento y el sosiego. Hay mucha polémica azorada, con escaso fundamento. Y esto vale sobre todo para muchos hermanos en la fe, que a priori descartan y menosprecian a cuantos no se alinean con ellos. Es, sin duda, una peligrosa hostilidad.

Sería loable que todos conociéramos a fondo los temas, pero al no ser posible recurrimos con gozo a quienes pueden aportarnos datos, luces y claridad. Creemos que, en este número, los colaboradores recibirán espontáneo nuestro agradecimiento: dominan las fuentes, cultivan el estudio y la reflexión esmerada.

El tema laicidad y religión es un tema viejo y que, para sorpresa nuestra, veremos que tiene honda raíz y significado en el Evangelio. Sólo que, a lo largo de la historia, fue asumido desde situaciones y factores muy peculiares que lo fueron velando y olvidando y, como consecuencia, distorsionando.

Sin adentrarse en esa trayectoria histórica resulta difícil conocer los intereses y factores que lo guiaron, la impronta que dejaron en la sociedad y en la cristiandad, la manera como fue afrontado en la modernidad y los efectos profundos que quedaron y aparecen hoy en la crucial cuestión de relacionar laicidad y religión.

Hay que admitir como algo elemental que la evolución histórica alcanza en todos los niveles a la sociedad, las religiones y las iglesias y que esa evolución conlleva cambios, revisiones, conflictos, resistencias, nuevas propuestas. El tema laicidad y religión nos demanda a todos dejar los prejuicios y extremismos,el enfrentamiento del doble fundamentalismo laicista y religioso y avanzar hacia la autocrítica, el diálogo, la colaboración y la convergencia.

Por debajo de nuestras parciales visiones o concepciones, está el tema simple de la laicidad que reclama volver a aceptar nuestra fundamental condición de seres humanos, y desde ella, respetando diferencias de una y otra parte, unirnos en el universal consenso de la dignidad humana, para comprometernos en la lucha por una mayor justicia, solidaridad, emancipación,libertad y paz humanas.

DIEGO GRACIA

Benjamín Forcano

Número 80 (sept.-octub.’05)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Tras el franquismo, los españoles nos embarcamos en la llamada transición democrática, al parecer con bastante buen éxito y como referencia loable para el cambio en otros países. -¿No le parece paradójico que, después de más 25 años, surga ahora en una España moderna con una Iglesia posconciliar el tema de la laicidad?

El hecho de que las fuerzas políticas y sociales, tanto de derechas como de izquierdas, coincidieran en la transición, no significa que renunciaran a sus propios puntos de vista, e incluso a sus sesgos más pronunciados. La derecha española ha seguido siendo muy clerical y bastante fundamentalista, y la izquierda muy anticlerical y también fundamentalista, aunque quizá algo menos. Mi opinión es que la política española se está radicalizando de un modo muy peligroso. Y esto tanto por la derecha como por la izquierda. De tal modo que cuando cualquiera de ellas está en el poder, intenta imponer a la sociedad sus propios valores, a pesar de que ese punto de vista no represente a la mayoría de la sociedad. Esto permite entender los bandazos legislativos que se producen cada cuatro años. Mi opiniónes que la mayoría de la sociedad española no se siente hoy representada por sus políticos. Es una pena, porque esto lo único que demuestra es que son malos políticos.

¿Cuáles serían las razones de fondo que marcarían la aparición del debate en el momento actual?

Supongo que se refiere al debate del laicismo. Que yo sepa, ese debate lo ha iniciado, desde que el partido socialista está en el poder, la derecha, y más en concreto ciertos grupos eclesiásticos que se consideran perseguidos y maltratados. Ven en las decisiones que está tomando el gobierno un deseo de exterminar cualquier vestigio de religión. Ni que decir tiene que esta queja es exagerada. La Iglesia ha gozado de enormes privilegios historicamente, no sólo en tiempo de Franco, y en cuanto ve que peligran, protesta. Las preguntas serían dos: primera, si debe tener esos privilegios; y segunda, si es verdad que quieren acabar con ella. Mi opinión es que la respuesta a ambas preguntas debe ser negativa.

¿Vd. cree que el tema tiene que ver algo con el hecho histórico de las dos Españas?

Pues claro que tiene que ver. El tema de las dos Españas surgió en el siglo XIX, en el contexto de las guerras carlistas, que eran guerras de religión. Como lo fue también la Guerra Civil. El enfrentamiento entre las dos Españas ha sido tradicionalmente unenfrentamiento religioso y azuzado por los líderes religiosos. Esa es una de sus enormes responsabilidades históricas, de las que, obviamente, prefieren no acordarse. Es otro error. Hoy nos parece alucinante que en el Medio Oriente se estén produciendo auténticas guerras de religión, pero éstas se han dado en nuestro suelo hasta hace medio siglo. Y algunos piensan que deberían seguirse dando.

¿Cuál sería su concepto de la laicidad?

El término es malo, como tantos otros del lenguaje eclesiástico. Yo siempre digo que no sé cómo se atreven a hablar tanto de «pastoral», término que, por mucho que se le decore, hace referencia a la relación de los pastores, que naturalmente son ellos, con las ovejas, que somos todos los demás. Me parece un término infame. El de “laicidad” es algo mejor, pero poco. Procede del latín laicus, que significa del común, del pueblo, pero también iletrado, analfabeto, ignorante. En la Edad Media lego era el no letrado, que venía a identificarse con quien no era clérigo. Había clérigos y había legos. En la época de las revoluciones liberales apareció otro término, el de “laicismo”, con el significado de teoría política que no aceptaba la unión de Iglesia y Estado, y que, por tanto, defendía la no confesionalidad del Estado. A eso se lo llamó “Estado laico”.El Estado, la institución “pública” por antonomasia, ha de ser aconfesional, y, por tanto, las iglesias tienen que verse como instituciones exclusivamente “privadas”. Ese es el laicismo político. Junto a él se desarrolló otro laicismo el sociocultural, más ilustrado, más intelectual, que durante el siglo XIX se caracterizó por ser estrictamente antieclesiástico y anticlerical.

Cuando ahora se vuelve a sacar el tema del laicismo suele hacerse en este sentido de lucha contra todo lo que pueda significar clero o institución eclesiástica. Mi opinión es que hoy, a diferencia del siglo XIX, cada vez hay más gente que distingue entre religión e iglesias, y que está a favor de la vivencia religiosa, pero no tanto de las instituciones eclesiásticas. Hay que tener en cuenta que esas instituciones eclesiásticas son poderes sociales, políticos y culturales, incluso Estados, cosa con la que gran parte de la sociedad no está de acuerdo. Para muchos las instituciones eclesiásticas no fomentan la vivencia religiosa, sino que a veces se convierten en un verdadero obstáculo para ella.

El Vaticano II reconoció como valorindiscutible la autonomía de los valores humanos y terrenos. ¿Es un mal la secularización o es una meta irreversible en toda sociedad democrática?

Ahora aparece otrotérmino, el de secularización. Procede, como el anterior, de la jerga eclesiástica medieval. Secular viene de saeculum, siglo, y se opone a “regular”. Están los monjes y frailes, quienes se someten a una regla monástica o eclesiástica, y están los que viven en el siglo. Por extensión, secular se opone a eclesiástico. El orden secular es el orden civil como orden autónomo, no subordinado a la teología o a la autoridad eclesiástica. En el orden político, esto es lo que lograron las revoluciones liberales, liberar la actividad política del yugo de la teología. En el de la gestión del cuerpo y de la sexualidad, de la vida y de la muerte, el proceso de secularización se ha iniciado en estos últimos años, a partir de la década de los sesenta del pasado siglo. Hasta ahora mismo, la gestión del espacio corporal ha estado en manos de sacerdotes, jueces y médicos, no en manos de los ciudadanos. Lo que se está produciendo ahora es una revolución de dimensión no menor a la revolución francesa.

¿La laicidad tiene implicaciones con la Política y la Religión? ¿Cuál sería la relación correcta con una y otra?

Supongo que todos somos hoy conscientes, a la vista de lo que está sucediendo en el Medio Oriente, de la importancia de distinguir política de religión. Son cosas distintas, y confundirlas suele ser trágico. Hay que tener en cuenta que, como ya dijera Kant, las iglesias quieren todas ser universales, y además creen que tienen que trabajar por serlo, razón por la cual acaban considerando lícita la utilización de la fuerza para imponer sus propios puntos de vista, que ellos confunden con redimir a los demás del error y la ignorancia. Religión y política son cosas distintas, pero las religiones no suelen verlo así. La tentación política de las religiones no puede verse como un mero episodio coyuntural y pasado, sino como una tentación permanente, como un problema estructural de todas o casi todas las religiones. A la religión cristiana, por ejemplo, le resulta casi imposible abandonar el constantinismo. Y mi opinión es que ese constantinismo es hoy el mayor argumento en contra de una sincera vivencia de la religiosidad cristiana.

¿Le parece justa la posición de una parte de la cúpula política y eclesial que afirma de España estar sufriendo hoy una ola laicista agresiva, con intento de desterrar o marginar a la religión?

Mi opinión es que los políticos que hoy tenemos en España no representan las posiciones de la sociedad española. Tanto los de un lado como los de otro están tomando posturas ideológicas muy radicales, que desde luego no son las mayoritarias en nuestro medio. Creo que los partidos políticos mayoritarios están dominados ideológicamente por verdaderos grupos fundamentalistas, que quieren a cualquier precio imponer su propia ideología. Esto es lo que está haciendo que la sociedad cada vez se considere más alejada de la vida política. Es una pena.

¿Un Estado laico, a la hora de legislar, tiene un fundamento ético mínimo desde el que atender al bien de todos los ciudadanos?

Esta pregunta es interesante. La tesis que defienden muchos grupos eclesiásticos es que sin la ayuda de la religión, que para cada uno es la suya propia, la vida moral de los ciudadanos y, concretamente, la vida política irán a la deriva. Esto surge de una enorme confusión, la de identificar ética con religión. Mi tesis es que no sólo son distintas, sino en buena medida contrapuestas. La religión nace de la vivencia del don, de la gracia, de lo gratuito en nuestra existencia. Pero no todo es don. Hay también lo no gratuito, lo merecido. Y ese es el espacio de la ética. De hecho, el Estado laico tiene un fundamento ético mínimo, que son los derechos humanos. Todas las constituciones políticas los recogen. Por cierto, que esas tablas de derechos humanos no han sido posibles más que en el interior de la revolución liberal. Y otra cosa: no parece que cuando las iglesias han dominado el espacio político las cosas hayan ido mejor que cuando no. Más aún, cabe pensar lo contrario.

¿El tratar de ordenar jurídicamente temas como el divorcio, el aborto, la eutanasia, la unión de parejas homosexuales, etc., corresponde al Estado o a las Iglesias? ¿Cuál sería el papel de éstas?

No me cabe duda de que la regulación de todas esas actividades es competencia del Estado. Las Iglesias pueden tener sus propias opiniones sobre esas materias, pero nada más. Por otra parte, los Estados no deberían legislar tanto sobre estas materias. Parece como si legislando se arreglaran las cosas, y no es verdad. Cuando las opiniones de la sociedad están muy divididas, como sucede en muchos de estos temas, el Estado debería dejar libertad a sus ciudadanos a que actuaran en conciencia. Sólo se debería legislar en los casos en que el consenso es muy mayoritario. Si no, pasa lo que de hecho está sucediendo en nuestro país, que cada cuatro años cambian las leyes.

La educación de los hijos, entre ellas la educación religiosa, es un derecho de los padres. ¿Cuál sería la solución en una sociedad mayoritariamente católica como la nuestra?

La educación religiosa me parece absolutamente fundamental. Pienso que la dimensión religiosa es importantísima en toda persona, y que un buen programa de formación de los jóvenes debería incluirla. Pero no debemos confundir lo que es la vivencia religiosa con la adscripción a una iglesia determinada. Hay la misma diferencia que entre la dimensión política de los seres humanos y formar parte de un partido político. Una cosa es la política y otra muy distinta los partidos políticos. Pues bien, algo similar sucede en el tema de la religión, aunque en él, como en el de la política, las instituciones se encargan de oscurecer todo lo posible esa diferencia, siempre en beneficio de inventario. En este sentido, creo que habría que organizar la enseñanza religiosa de un modo bastante distinto al tradicional. Pero la confusión es tan grande que lo primero que no habría sería gente preparada para enseñar estas asignaturas. Es, de nuevo, una tragedia.

¿Ve ajustados, dentro del Estado laico de nuestra Constitución, los acuerdos entre España y la Santa Sede de 1979? Los propios acuerdos califican de provisional la contribución tributaria del Estado, previendo que la Iglesia se busque su propia suficiencia financiera.

En principio, las iglesias las tienen que financiar sus propios miembros. Es cierto que la Iglesia católica realiza en nuestro medio y en otros una enorme cantidad de actividades sociales con los enfermos y desfavorecidos, y que eso requiere un apoyo social y económico, ya que es la sociedad la que se beneficia de ello. Yo creo que la sociedad española, cada vez más recelosa con la institución eclesiástica y con lo que suele llamarse “política eclesiástica”, es, sin embargo, muy sensible a esta otra actividad social a favor de los más pobres. Ahí es donde aparece el rostro más evangélico de la Iglesia. Yo creo que la sociedad es sensible a ello. Y no me cabe duda que si las aportaciones privadas no son suficientes para financiar estas actividades, el Estado debe suplir esa deficiencia. Pero nada más.

Una educación laica para la ciudadanía -para una convivencia libre, plural y tolerante desde los derechos y libertades fundamentales- debiera tener en el curriculum escolar un espacio obligatorio?

Por supuesto. La laicidad es educable y debe educarse. Eso no es laicismo, ni tiene nada de peyorativo. Me parece que no acabamos de convencernos que eso de la laicidad no es una excepción, una especie de concesión graciosa no sé de quién, sino el modo normal, libre y autónomo de vivir en sociedad. La laicidad hay que educarla. Lo cual no tiene por qué ser incompatible con una educación religiosa, en los términos antes expuestos.

¿Cree compatible la laicidad y los nacionalismos?

Son cosas distintas. El nacionalismo es una opción política y la laicidad es un modo de vivir las relaciones del orden religioso y el civil. Mi opinión sobre el nacionalismo político (no sobre el cultural) es muy negativa. En general, tengo una opinión muy negativa de la actividad política tal como se desarrolla en los momentos actuales. Y la política nacionalista no se libra de ello. La mayoría de los políticos son gente muy mediocre, de formación muy escasa y con miras bastante estrechas, por no decir otra cosa. Max Weber dividía a los políticos en dos tipos: los que vivían “para” la política y los que vivían “de” la política. Creo que hay más de lo segundo que de lo primero. En el nacionalismo hay mucho de esto.

¿Qué piensa de la presencia pública de los símbolos religiosos en una sociedad y cultura laicas? No hay duda que la religión no puede quedar reducida al ámbito “privado”, y que, por tanto, puede y debe tener presencia “pública”. Pero aquí también se comete un error, que en la mayor parte de los casos creo que es intencionado. Consiste en confundir los dos sentidos que tiene el término “público”, el sociológico y el jurídico. En este segundo sentido, público es sólo lo relativo al Estado. Los símbolos religiosos pueden y deben tener presencia pública, en el sentido sociológico de la palabra, pero no en el jurídico. No es que el Estado no haya de tener valores. Es absurdo pensar que el Estado puede ser neutral en todo. Pero no hay que confundir la neutralidad axiológica con la neutralidad religiosa. Vuelvo a la comparación de las iglesias con los partidos políticos. El Estado tiene que permitir la pluralidad de partidos políticos, sin asumir como propio ninguno de ellos. Pues bien, algo similar tiene que hacer con las iglesias. Lo contrario llevaría al totalitarismo en el orden político, y al constantinismo o a la cristiandad, en el religioso.

¿Cómo interpretar la presencia de las autoridades civiles en las ceremonias religiosas, y viceversa?

Es algo a lo que no puedo acostumbrarme. Me parece que el respeto debido a las creencias y ritos religiosos debería llevar a que no se profanaran las ceremonias, convirtiéndolas en actos sociales. Me refiero sobre todo a las bodas, etc. Esto no hay duda que lo fomenta la propia Iglesia, o que al menos no lo impide. En cuanto a la presencia de autoridades civiles en actos eclesiásticos creo que es otra irregularidad que sólo resulta aceptable por el uso y la costumbre. En el fondo, cada uno intenta utilizar al otro en beneficio propio. Es casi exclusivamente un juego de intereses.

¿Finalmente, Vd. considera que la oposición a la laicidad tiene más razones religiosas que políticas, o al contrario?

No me cabe duda que las raíces históricas son religiosas. Y las actuales, también. En cualquier caso, sigo pensando que en la actualidad es muy difícil diferenciar con claridad el orden religioso del político. Los partidos políticos están dominados por grupos ideológicos muy radicales, que desde luego no representan la opinión de la mayoría. Hoy las guerras de religión son guerras políticas. Sin eso, no se entiende casi nada de lo que está pasando.

LAICIDAD Y RELIGIÓN EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

Juan A. Estrada

Número 80 (sept.-octub.’05)
– Autor: Juan A. Estrada –
 
Las múltiples tensiones políticas y socioculturales de la Iglesia tienen como trasfondo un cambio sociocultural que ha cambiado España. En las sociedades tradicionales, como la española hasta la década de los sesenta, lo religioso era determinante de la vida en todos los aspectos. No había acontecimientos personales ni regulaciones colectivas que no estuvieran impregnadas de elementos religiosos (fiestas, costumbres, leyes, valores). Dios era omnipresente en la vida de los ciudadanos, ya que todo se veía desde la perspectiva de la voluntad de Dios, asumiendo los acontecimientos en relación con su providencia. De ahí el enorme poder social de la Iglesia y sus representantes. El Nacional catolicismo no era sólo el resultante de una victoria militar, sino que correspondía a una manera de concebir la sociedad y estaba avalado por una tradición milenaria. El concordato entre el Vaticano y el régimen de Franco consagraba políticamente una alianza del trono y el altar, avalada por siglos de historia. Se trataba de que colaboraran los dos representantes de Dios, el César y el Papa, en la vieja línea del agustinismo político.

Esta situación comenzó a cambiar en la década de los sesenta. El cambio sociocultural se caracterizó por la triple dinámica de la secularización social, la racionalización de la cultura y la laicidad del Estado. El cambio económico y político, poniendo fin a la autarquía y el aislamiento internacional, favoreció la progresiva transformación del estilo de vida, de la mentalidad ciudadana y de la cultura. Y en este contexto, el Concilio Vaticano II marcó el final de una época, la de cristiandad, y el inicio de otra, el de la misión de las viejas cristiandades europeas. A partir de ahí cambió el panorama español, tanto a nivel político como eclesial.

1. LA LIBERTAD RELIGIOSA EN EL CONCILIO VATICANO II

El texto conciliar sobre libertad religiosa es, junto a la Constitución sobre la Iglesia en el mundo, el que transformó la relación de la Iglesia con la sociedad política . Es un texto muy controvertido, el que generó más rechazos de la minoría conservadora junto al capítulo tercero sobre la Iglesia. Hasta el final luchó la minoría tradicional, con un gran protagonismo de algunos obispos españoles, contra el texto propuesto, contra los miembros de la comisión redactora y finalmente contra su votación, intentando aplazarla primero y luego evitarla. Finalmente, por decisión expresa de Pablo VI, que quería una votación indicativa antes de su viaje a las Naciones Unidas y contra la opinión de 165 obispos que la rechazaban, se sometióa una primera votación el 21 de octubre de 1965 con 1.997 votos a favor y 224 negativos. Tras sucesivas modificaciones fue aprobado el 7 de diciembre, la víspera del fin del Concilio, con sólo 70 votos negativos.

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LAICIDAD Y RELIGIÓN: del conflicto a la convergencia

Varios Autores

Número 80 (sept.-octub. ’05)
– Autor: Varios Autores –
 
EDITORIAL

PUNTO DE MIRA – Laicidad y religión en la sociedad española, Juan A. Estrada

ENTREVISTA A DIEGO GRACIABenjamín Forcano

A FONDO – Catolicismo versus laicismo, Fernando Velasco – Laicidad y emancipación: otro proyecto inacabado de la modernidad, José A. Pérez Tapias – La laicidad compartida: religión y democracia, José María Mardones – La laicidad cristiana, José M. Castillo

EN LA BRECHA – Laicismo y laicidad en el pensamiento budista, Antonio Mínguez Reguera – Laicidad y enseñanza de la religión en la escuela pública, Luis Gómez Llorente – Nacionalismo y democracia: la difícil conquista de la laicidad, Joseba Arregi – Símbolos religiosos en una sociedad secular/laica, Xabier Pikaza – Laicidad, información religiosa y medios de comunicación, José Manuel Vidal – La conquista de la laicidad en la Iglesia, Antonio Zugasti – Laicidad y creencias en bioética, Lydia Feito Grande

LIBROS DE ÉXODO – Religión y laicidad: más allá del conflicto, Juanjo Sánchez