JESÚS DE NAZARET EN LA VIDA DE PEDRO CASALDÁLIGA

José Antonio Pagola

Exodo (nov.-dic) 2010
– Autor: José Antonio Pagola –
 
Basta asomarse a la trayectoria vital de Pedro Casaldáliga y leer sus escritos para encontrarnos con un creyente apasionado, un seguidor fiel de Jesús, identificado radicalmente con su proyecto del reino de Dios. Pienso que Pedro Casaldáliga es en estos momentos un testigo singular de seguimiento a Jesús, que nos puede estimular como pocos a promover la conversión que más necesitamos en la Iglesia: volver a Jesús, el Cristo, para centrar nuestra fe con más verdad y más fidelidad en su persona y en su proyecto del reino de Dios.

Mi objetivo y mi deseo en esta breve comunicación es que podamos escuchar esta llamada a una conversión radical a Jesucristo. Sólo podré apuntar algunos rasgos.

1. FE APASIONADA POR JESÚS

Jesús es la pasión de Casaldáliga. Por eso desea contagiar a todos no una fe rutinaria, apagada y gastada, sino su fe ardiente, la que le quema a él por dentro:

Ya sé que hace mucho que lo sabéis, que os lo dicen, que lo sabéis fríamente porque os lo dicen con palabras frías…

Yo quiero que lo sepáis de golpe, hoy, quizá por primera vez, absortos, desconcertados, libres de todo mito…

Quiero que os lo diga el Espíritu ¡como un hachazo en tronco vivo! Quiero que lo sintáis como una oleada de sangre en el corazón de la rutina.

Quiero que tropecéis con Él como se tropieza con la puerta de la Casa… Quiero que lo encontréis, en un total abrazo, Compañero, Amor, Respuesta…

No podéis negarme que lo estáis esperando, con la loca carencia de vuestra vida repudiada como se espera el aliento para salir de la asfixia…

Se llama Jesús Se llama como nos llamaríamos si fuéramos de verdad nosotros. (Al acecho del Reino, pp. 332-333).

2. ¿QUIÉN ES JESÚS?

¿Quién es este Jesús, al que, según Pedro Casaldáliga, esperamos “como el aliento para salir de la asfixia”, al que podemos encontrar “en un total abrazo: Compañero, Amor, Respuesta”? Así lo describe Pedro en poema dirigido a María.

Enséñanos aquel Jesús verdadero, carne de tu carne, raza de tu pueblo, Verbo de tu Dios; más nuestro que tuyo, más del pueblo que de casa, más del mundo que de Israel, más del Reino que de la Iglesia. (Pedro Casaldáliga, p. 96).

Este es el Jesús que necesitamos recuperar en la Iglesia. Un Jesús vivo y concreto, que atrae e interpela, que sacude y enamora, un Jesús al que se puede seguir y amar como a nadie.

3. FIDELIDAD A JESÚS

Toda la vida de Pedro está transida por el deseo de ser fiel a Jesús, de seguir siempre sus pasos, creer sólo en su Dios. Así habla en un pequeño poema titulado “Jesús de Nazaret”.

¿Cómo dejarte ser sólo tú mismo, sin reducirte, sin manipularte? ¿Cómo creyendo en Ti no proclamarte, igual, mayor, mejor que el Cristianismo?… (Al acecho del Reino, p. 328).

Hemos de recuperar a Jesús como lo mejor, lo más valioso que tenemos en la Iglesia. Recuperar nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Caminar hacia una nueva fase de cristianismo, más inspirado y motivado por Jesús.

4. AL ACECHO DEL REINO

Seguir a Jesús significa para P. Casaldáliga identificarse con el proyecto del Reino de Dios y vivir entregado enteramente a construir un Reino de igualdad y fraternidad. El reino de Dios es el horizonte de todo su ser y su hacer. Lo dice continuamente:

Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia vestida sólo de Evangelio y sandalias, de creer en la Iglesia, a pesar de la Iglesia algunas veces; de creer en el Reino, en todo caso caminando en la Iglesia. (Todavía estas palabras, p. 56)

5. LO PRIMERO, LOS POBRES

La prioridad pastoral y evangélica de Pedro Casaldáliga han sido los pueblos indígenas. Por dos motivos: Primero porque son los más pobres, como personas y como pueblo. Segundo, porque “son los seres más evangélicos, porque siendo los más pobres, los más pequeños, los más desamparados, son también los más libres de espíritu, los más comunitarios y los que viven más armoniosamente con la naturaleza, con la tierra, con el agua, con la luz, con la fauna y con la flora” (Al acecho del Reino, p. 86). “Si la opción por los pobres es ponerse al lado de los pobres y contra su pobreza y marginación, la opción que también se haga por los ricos deberá ser al lado de sus personas, pero contra su lucro y privilegio” (Al acecho del Reino, p. 49).

Sólo voy a recoger aquí un grito de Pedro: “Todo es relativo menos Dios y el hambre”. El único absoluto es Dios, Dios al lado de las víctimas, los hambrientos, los últimos.

6. LA PASIÓN DE LA ESPERANZA

Pedro Casaldáliga vive habitado por la pasión de la utopía. Una utopía que describe así: “Una pasión escandalosamente inactual en esta hora de pragmatismos, de productividad, de mercantilismo total, de postmodernidad desesperanzada. Pero es, en otros términos, la pasión de la Esperanza; es, en términos cristianos, la pasión por el Reino, que es pasión de Dios y de su Cristo. Una pasión que, en primera y última instancia, coincide con la mejor pasión de la Humanidad misma, cuando quiere ser plenamente humana, auténticamente viva y definitivamente feliz” (Pedro Casaldáliga, p. 65).

Esta pasión por la Utopía está sostenida y alimentada por su esperanza en el Resucitado:

Yo pecador y obispo, me confieso… de cultivar la flor de la Esperanza entre las llagas del Resucitado. (“Yo, pecador y obispo, me confieso”, en Todavía estas palabras, p. 56).

Para conocer su esperanza militante, termino con un poema, que es todo un programa de vida de un testigo de esperanza:

Yo me atengo a lo dicho: La justicia, a pesar de la ley a pesar del dinero y la limosna La humildad, para ser yo, verdadero. La libertad para ser hombre, y la pobreza, para ser libre La fe cristiana para andar de noche, y, sobre todo, para andar de día. Y, en todo caso, hermanos yo me atengo a lo dicho: ¡La Esperanza! (Epílogo abierto de “Tierra Nuestra, Libertad” en Pedro Casaldáliga, p. 203).

QUIÉN ES JESÚS PARA TI EN TU TRABAJO…

Luis Sandalio

Exodo (nov.-dic) 2010
– Autor: Luis Sandalio –
 
En nuestra casa de acogida y reciclado de personas hemos hecho esta pregunta y la primera reacción de Santiago, un hombre que pasa de los sesenta, fue así: “Nunca me había planteado así la pregunta: ‘QUIÉN’ es Jesús para mí…”

La mayoría lo van descubriendo poco a poco, muy poco a poco, y en esta lentitud tienen que desprenderse, como la culebra de su camisa, de muchas ideas equivocadas, de muchos prejuicios que se les han apegado y que dificultan enormemente la recomposición de la figura de Jesús allá en el hondón del alma donde surge.

¿Quién puede presumir de tener allá dentro la imagen de Jesús definida o acabada? ¡Si cuanto más agrandamos nuestro mundo interior, nuestro mundo de acogida, más necesidad sentimos de ayuda, de fortaleza, de esperanza, de sabiduría… para afrontar tantos retos, tantos obstáculos, tanta urgencia de encontrar nuevos caminos para no seguir desbarrando como siempre!

Y esto no lo dan los evangelios escritos ni las “vidas de Jesús” ni las imágenes prefabricadas según las necesidades o caprichos, acaso resbaladeros, de otras épocas… Esto sólo viene de ese brote que nace en los adentros y nos va configurando, mientras crece en nosotros, a su imagen y medida. Re-conocerlo a Él (siempre creciente) es re-conocernos a nosotros mismos (siempre cambiantes). Es dejarnos guiar mientras exploramos nuestras propias capacidades de respuesta. ¿Quién hay tan ignorante, sea cual sea la edad que tenga, que puede pretender tener la idea de sí mismo ya compuesta?

Así vamos aprendiendo a manejar esa otra barca sin remos ni motor ni timón que es nuestra Vida cuando ha fracasado después de tantas veces, tantos años… haber usado los remos sólo a fuerza de brazos y el motor sobreacelerado y el timón agarrotado por las prisas y las ansias. Pero poca gente se cree que hay otra forma diferente de que la barca nos lleve… Poca gente.

En nuestra casa vamos aprendiendo poco a poco y sin que nadie nos empuje, a invitar a Jesús a nuestra barca… (el mismo Santiago me decía hace un mes: “me tiene que enseñar a rezar, porque desde hace un mes y pico rezo todos los días; pero siempre lo mismo y eso no… no…” y no sabía acabar).

Primero para que la pacifique y nos enseñe dónde encontrar la paz, luego para que nos ayude a reparar las averías y calafatear las grietas; pero sobre todo para que la lleve Él, que es Espíritu y Vida; pues la mayoría de nosotros no hemos sabido qué hacer con nuestra vida; pero tampoco queremos repetir los mismos fallos.

La pregunta crucial que nos hacemos “¿Qué es lo que quiero realmente hacer con mi vida ahora que siento que puedo cambiar de rumbo?” va encontrando su destino: Jesús.

Algunos ya se la han contestado, otros le han visto merodear muy cerquita de su barca varada y rota, y sienten como que tienen ganas de repararla para invitarle a montar… Otros le ven a lo lejos pero les da miedo o cierto respeto… y algunos tienen incluso fecha exacta de cuándo se les subió a la barca y pusieron el timón en sus manos (Él, naturalmente, no lo cogió, sino que mirándole a los ojos le señaló claramente la dirección).

Entre todos estos que viven con nosotros y aquellos otros que pasan por nuestra casa o a los que nos encontramos en diversos sitios, nosotros, digo, vivimos el día a día con las orejas tiesas (como las ardillas, como las liebres); pero no para escapar a la menor señal de peligro, sino para no perdernos ninguna de las orientaciones, las señales y los hallazgos sorprendentes con los que el Gran Jefe nos regala cada día.